martes, abril 25, 2006

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Siempre he pensado que los suicidas son unos miserables. Varias veces he impartido cursos sobre escritores suicidas e invariablemente concluyo que, más allá de su literatura, jamás compartiría su opción de vida. El sábado mismo platicaba con unas amigas sobre un compañero de la primaria que se voló la tapa encefálica en una sala de cine; su mamá estaba al lado. Hoy día voy llegando a la casa y me entero de que un gran amigo se quitó la vida. Cosas veredes: independientemente de los motivos, los suicidas son unos miserables, pues son causantes, aunque no lo sepan (ya qué les importa), del sufrimiento y zozobra de los otros.

CAS

jueves, abril 20, 2006

Coincidencias
Ayer se cumplieron ocho años del fallecimiento de Octavio Paz. El 20 de abril, un día después de su muerte, fue velado en el Palacio de Bellas Artes. Como buen joven emprendedor de la letras, estuve ahí. Sucedieron varias cosas: 1) me encontré a una amiga con quien había tenido un encontronazo místico: nuestr@s respectiv@s ex cumplían años el mismo día. Para evitar hablarles (nos habían hecho mucho daño) nos pusimos una borrachera de época el día del cumpleaños de ambos; 2) al azar había hecho que Paz fuera velado el día del nacimiento de Hitler. Todo hubiera sido un velorio normal si no hubieran aparecido los neonazis mexicanos que, cada aniversario de su señor führer, se reúnen en el monumento a Beethoven, que está enfrente de Bellas Artes, para gritar consignas fascistas. La anécdota, no obstante, fue más allá, como si necesitara la cereza del pastel: en ese tiempo yo escribía en el suplemento "Lectura" de un periódico que todos, por obvias razones, conocíamos como El Nazi. El siguiente texto apareció hace ocho años, a proposito de la muerte de Octavio Paz, en el hoy desaparecido periódico El Nacional.


Octavio Paz: el oficio de vivir

para Fabiola, por las coincidencias

Hay que sincerarnos: en definitiva los versos de viva voz del poeta no acompañarán más la visión de su alma. Ha escampado, como se sabía que algún día no muy lejano sucedería. Las gotas de Paz son ahora rocío perenne. Así, los que estuvimos en el Palacio de Bellas Artes para percibir el último suspiro de un cuerpo mallugado, cruel como el de todos, indulgente entre la niebla y el hedor de las lágrimas, supimos que el cielo ya no sería para nosotros.

Octavio Paz ha muerto y en el resquicio de su mirada ausente se percibe todavía un parpadeo sospechoso que sólo Dios podría definir. Únicamente los avezados, los de mente preclara y lúcida, aquéllos ingratos que han flagelado eternamente a las palabras, sometiéndolas con mala intención y ejemplificando el sentido de vivir con intensidad, son los que se acercarían acaso al sentido exacto de sus letras, si es -desde luego- que en el mundo sensible existe la exactitud. Tres minutos decía Baudelaire; tres también argucía el viejo Paz. Las palabras, las putas, sus putas, las de todos y de nadie; de inconformidad, de paciencia, de tolerancia, de denuncia casi ensangrentada. Corriente alterna. Paz, el hacedor de la lluvia. Paz, el domador de las llamas.

Por él aprendí que los signos de tinta, esos símbolos obtusos en ocasiones infieles, son la panoplia que acoge la hospitalidad de mi entrecejo ante la adversidad de los instantes. También, entre la bruma del silencio, entendí que los rostros se reconocen por el tacto, del tacto, de la palma trastornada, de la yemas, con la yemas pequeñas que ofrecen el perdón a los iniciados. La siluetas del sonido son la libertad bajo palabra del difunto.

Bastará sólo una voz, un solo vocablo aperdigado, un término claramente balbuceante para descender al blanco paralelo que construye la memoria; para rehacer una piedra de sol que alguna vez fue de luna; para incendiar los senderos oscuros de las trampas de la fe. La consigna es arribar a ese lugar inimaginado e indescriptible; ahí donde se encontrará un rincón inhóspito, decididamente sulfuroso, inicuo, vedado para los privilegios de la vista.

El tiempo se nubla constantemente y sabemos que seguirá lloviendo; lloviznando en veredas pedregosas o en fango alienado donde las penas no son producto de los vicios, sino del recelo de los hombres débiles. Por eso Paz, osado transgresor de lo oculto, evocó eternamente circunstancias fortuitas: las vicisitudes ineluctables de los hombres de azar.

Ha muerto el poeta. ¿Acaso las lágrimas serán necesarias para debatir la idea del olvido y apoltronarnos indiscriminadamente sosteniendo que la vida se ha detenido? ¿O, como hijos de las casualidades, tendremos que jugarnos el destino en un volado, en un águila o sol? Las coincidencias son justas, como justo también es el destino, el de Héctor. Aunque no por ello intuimos que la suerte de los libros es asimismo justa. Será pero en el sentido de Sócrates, una suerte, entonces, casi divina. Los libros de Paz la tendrán en la medida que su misericordia se los permita, y será una justicia palmaria, indiscutible. Son volúmenes refugio de hombres lánguidos, de esos que creamos laberintos eternos en una soledad imaginaria, abyecta. Octavio Paz no sólo escudriñó con pulcritud cada uno de los oficios del alma, también documentó con sabia precisión lo que Pavese alguna vez llamó el oficio de vivir. Un arquitecto certero de su vida y sincronizador de los segundos de los otros en la ladera este de los corazones fracturados.

Ha muerto el poeta. Le subsisten las peras del olmo, los monos gramáticos, los hijos del limo, del aire y de Rapacini. También hay noticias de que todavía viven, todos de su estirpe, un ogro filantrópico, unos hombres en su siglo y una llama doble, perversa, insana, que logra apaciguar la fiebre maligna del deseo porque lo explica con metáforas pecaminosas, la mejor forma de explicar las cosas cotidianas. Ha muerto el poeta. Que Dios nos agarre confesados ahora que las putas no saldrán mas de su inefable boca.
CAS

martes, abril 11, 2006

Argentinian way of life

De los argentinos se pueden enunciar muchos lugares comunes, entre otros que, así como los mexicanos descendemos de los aztecas, ellos, a su vez, descienden de los barcos. O, parafraseando a Umberto Eco: "Un argentino es un hombre preguntándose en la barra de un bar qué es un argentino". O eso de que nos haríamos millonarios si compramos a un argentino en su verdadero valor y lo vendemos en lo que él cree que vale. En fin: innumerables patrañas, convenciones infamantes que, como buenas mentiras, siempre tienen algo de verdad. Hay, sin embargo, un tema novedoso que sería susceptible de más de un estudio antropológico. Anoche, platicando con mi amigo Gabriel, pianista argentino radicado en Austria, me enteré de una nueva forma de ver el futbol. Gabriel, hincha moderado de Boca, tenía cuatro años de no regresar a su tierra. Más allá del recibimiento familiar, natural para cualquier hijo pródigo, hubo un detalle que le llamó la atención: la flamante modalidad para transmitir los partidos de futbol. "Hay un canal, me decía, que durante el partido lo único que transmite es a la hinchada en las gradas. Si querés ver ese partido, vos tenés que pagar. Como la mayoría de la gente no tiene dinero, ahora el grueso de los argentinos ve los partidos de la tribuna y reacciona de acuerdo con los gestos de los hinchas". Sin decirle que en México se podría reducir el índice de delincuentes en la ciudad nada más transmitiendo a la porra del América durante noventa minutos, me vino a la mente lo siempre dicho por Ángel Fernández cuando decidió ser cronista de futbol. El gran maestro del mircrófono se dio cuenta de que el verdadero espectáculo no estaba en la cancha sino en la tribuna. Esto cuando vivió en carne propia el incendio del viejo parque Asturias. Y no estaba equivocado: cuando el futbolista millonario aduce que el futbol es sólo un juego y no pasa nada si pierde su equipo, debiera entender que, por extensión, ellos son también los motivadores de las alegrías y tristezas de una comunidad. En Argentina, ese potencial estado de bienaventuranza no pasa ya por lo que ocurra en la cancha sino por el momento de comunión y solidaridad que se puede encontrar con alguien que comparta el mismo goce, el mismo desencanto o el mismo sueño. Por eso no podemos hablar de futbol cuando se celebra un partido a puerta cerrada. Aunque la televisión diga lo contrario, se tratarán siempre de encuentros que nunca existieron.

CAS

domingo, abril 02, 2006

El hombre de La esquina del mal y otros artificios para recuperar el Yo

El otro día Sandrine me preguntó: "¿Tú sabes quién eres?". La pregunta no sólo me cayó por sorpresa sino que me desconcertó porque era demasiado temprano para ese tipo de increpaciones. Balbuceando, y después de darle un trago a mi pulque de avena, le dije que la vida se me había ido tratando de resolver el enigma (todo empezó, no obstante, por una canción de Nacha Pop llamada "¿Quién soy?"). Recurrí, entonces, a la vieja frase del Ojitos Meza para considerar el intríngulis: "Todo está escrito pero no todo está leído". Acto seguido, consideré que la respuesta podía estar en las últimas tres veces que visité la Esquina del Mal (dicho sea de paso, un sitio en donde he documentado a plenitud la vileza humana; otro día, no tan de paso, platicaré mis motivos). Una noche, mi amigo Carlos Martínez Rentería, y a increpación expresa de mi parte por considerarlo foxista, me dijo "Tú no sabes quién soy yo". Segundos más tarde, me injurió mientras daba la vuelta a una de las tantas esquinas malignas que tienen esos congales. Una semana después me lo encontré en el Covadonga; vino a mi mesa y se disculpó por el exabrupto, lo cual no impide que yo lo siga considerando foxista. La penúltima vez fue un poco más peligroso pero igualmente edificante. Mientras yo bailaba un poco, tranquilo como lo demuestra mi siempre conocida efigie de hombre íntegro, se me acercó un narco con su guarura; me increpó, creo, o me dijo algo que ahora no recuerdo porque, aunque hombre íntegro, mi estado en ese momento era poco conveniente. Más adelante entendí lo que había pasado y me acerqué a su mesa; se paró; su guarura hizo lo mismo llevándose la mano a un costado. Sin embargo, su jefe lo atajó y le dijo que no había problema. Discutimos. Le hice ver que uno puede ser generoso con la banda, aun estando en la Esquina del mal, y cohabitar armónicamente con los numerosos rara avis que acuden con regularidad. Concedió. Nos acatempeamos. Ya cuando me iba me dijo: "¿Tú sabes quién soy yo, verdad?". Asentí al tiempo que él hacía un gesto de apuntarme con una pistola y disparar. La última revelación fue la semana pasada. Yo estaba chupando tranquilo con María y, de buenas a primeras, alguien me brinca al cuello, me da un abrazo efusivo y me dice: "Tú y yo somos iguales". Después de decirle que yo no podía ser igual a nadie, precisamente por las particularidades de mi ya mencionada naturaleza de hombre íntegro, observé que era un individuo al que yo había visto desnudo en una publicación poco seria. Era Pancho Cachondo. Después de seguir brindando por algún rato, me dio su teléfono. "Podemos hacer muchas cosas juntos", dijo.

Leemos en el Quijote: "Yo sé quién soy". Más allá de considerar que la conclusión del maestro Alonso Quijano era un artilugio para despistar al enemigo, no nos ayuda mucho para resolver el dilema. Quizás si acudimos a la vieja frase "No sé lo que soy, no soy lo qué sé", acuñada por ese viejo lobo franciscano Angelus Silesius en el siglo XVII, nos acercaríamos un poco más. Sin embargo, está claro que, al final, para saber quién es uno, hay que acudir siempre a la sabiduría de Nuestro Señor. Cuando Moisés, en el Sinaí, le preguntó a Dios quién era, Nuestro Señor, con su bien conocida solvencia, respondió: "Yo soy el que soy". Pasado el lapsus, le dije a Sandrine que debíamos probar el curado de maracuyá. Estuvo muy bueno, por cierto.

CAS

lunes, marzo 27, 2006

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Se ha escrito mucho sobre la memoria. Hoy día, y lo considero una tautología, me vinieron a la mente esos momentos en que me gustaron las ardillas. Aunque rabiosas, sabría también lidiar con ellas. Aunque rabiosas...
CAS

miércoles, marzo 08, 2006

Futbol de cama
Entre las miles de connotaciones ocultas del futbol, las sexuales tienen un lugar especial. En principio los futbolistas suelen definir el gol como un orgasmo. Más allá de la vaguedad conceptual, y si bien la analogía es válida para una comunidad delimitada (los niños, por ejemplo, no saben qué es un gol), la comparación no es gratuita (por lo demás, está claro que un gol anulado es equivalente a un coitus interruptus). Así, en el entendido de que todo futbolista tiene como objetivo la penetración... de la portería, la simbología del juego no pasa como una práctica erótica sino como sexo duro.

En el futbol hay circunstancias, dentro y fuera de la cancha, que se convierten en íconos de un deseo muy extraño. De esa forma, David Beckham es más famoso por casarse con una Spice girl y ser el estereotipo de algo llamado metrosexual y no por sus virtuosos tiros libres. Hombres, mujeres y quimeras se humedecen cuando el Spice boy sale con poca ropa en una revista o yace en la cancha después de una patada violenta. Tengo amigas que pretenden ver qué hay más allá de su entrepierna y se agachan un poco delante del televisor. Un futbolista es el referente de fortaleza, virilidad y billetes verdes. Por eso el mediocampista del Arsenal, el sueco Freddie Ljungberg, además de desbordar por la banda derecha de Highbury, modela la ropa interior de Calvin Klein.

El futbolista, a su guisa, aviva sensaciones lujuriosas. Una vez Madonna dijo: "Siempre que veo a Iván Zamorano pienso en sexo". El chileno, en ese momento en el Inter de Milán, agradeció la deferencia con una sinvergüenzada poco cortés: "Y eso que no me ha visto desnudo". La euforia, el orgasmo, el olor del sudor, de repente son representados de manera gráfica para que el público entienda qué es estar en el campo. Hace algún tiempo, Martín Palermo -memorable jugador argentino que falló tres penales en un partido y un día se fracturó la pierna cuando pateó una tribuna y ésta se le vino encima- tenía insatisfecha a la afición del Boca (insatisfacción=sequía-de-goles=a ya sabemos). Cuando después de mucho tiempo marcó un gol, el festejo fue así: corrió hacia el banderín de corner y se lanzó de avioncito sobre el césped. Antes de eso, en un momento de inspiración ilustrado, decidió enfrentar su bronca con una respuesta fálica. Entonces se bajó el pantaloncillo celeste y, por unos segundos, dejó al descubierto el miembro de los verdaderos orgasmos. Sus compañeros, al ver la imprudencia, se lanzaron sobre él, no precisamente en un gesto de "ésta es nuestra oportunidad" sino para evitar que el árbitro lo viera.

Las situaciones pasadas de tono son cotidianas. Quién olvida el ilustre beso francés entre Maradona y Caniggia o el mítico bocinazo de testículos de Michel a Carlos Valderrama en 1989. Hace un par de años un jugador del Sevilla festejaba un gol. En la euforia, sus compañeros se le echaron encima. Uno de ellos, -el conocido criminal de las canchas, Javi Navarro-, decidió pasar a los anales con una rauda maniobra: ubicó el pene del anotador con la mano; acto seguido, para constatar -como el dinosaurio- que todavía seguía ahí, lo mordió con placidez. En general los festejos suelen ser orgasmos sostenidos: muchos son los jugadores que se tocan los genitales para decir que lo hicieron con sus "desos" (no puedo olvidar la última final que perdió la gloriosa máquina celeste. El gol del gane anotado por Alejandro Glaría fue, literalmente, pitero).

Aunque las situaciones eróticas o sexuales son interminables, sostengo que la mejor es el calendario de las Matildas, la selección australiana de mujeres, quienes se desnudaron para obtener dinero para sus viáticos. En fin, como uno no es inmune al futbol de cama, ahora cada vez que voy a un estadio, mi súplica es mínima: "Un orgasmito, por amor de Dios".
CAS

lunes, marzo 06, 2006

Desamor y consecuencias
En dos meses he bajado 15 kilos de peso. Ni duda cabe: debo terminar más seguido con mis novias.
CAS

miércoles, marzo 01, 2006

Buscadores

Perdón, pero es necesario. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en buscadores de la red:

-"Redacción de mi Tecate"
-"Encontré a mi esposa cogiendo"
-"Fornicar sin pecar"
-"¿Cómo matar a mi esposa?"
-"Carlos Antonio de la Sierra puto"

CAS

viernes, febrero 03, 2006

¿Cómo olvidar?

El cielo se ha adentrado en una de sus tantas tonalidades grises. Sin saberlo, es ya el compañero ideal para visualizar un horizonte imposible, aunque tampoco intuya que el fuego real desanida el cuerpo por dentro. ¿Cómo olvidar?, es la súplica de la epidermis. ¿Cómo hacerlo sin dejar de ser justo y el palmo de piel menos visible quede fuera de una eclosión siniestra? El tema no es el vigor de los hombres íntegros o la falsa ilusión de una antigüedad reciente o borrar la cinta de la memoria como se lo haría con la palabra escrita a lápiz. El conflicto, mayor y solitario, es saberse desprendido del palmo de piel y seguir siendo hombre: desajustar la cuerda que sostiene el pasado como hilo perenne, como enlace sublime con lo que alguna vez fue bello. ¿Cómo olvidar?, pregunto de nuevo y el halo de la respuesta me cercena como si de cortar gargantas se tratara, como si el tiempo detenido se remitiera sólo a la lágrima en el pómulo, fría, indecisa, estancada eternamente. Gota, agua, río eterno. ¡Por dios, pongo mi cabeza en la tabla para que el cauce fluya! ¿Cómo olvidar, carajo?, si entre la bruma perpetua estarán las efigies e instantes que construyeron el esbozo de las miradas, la complicidad magnífica de lo sabido, el silencio pobre y obtuso que llama a los mortales a su inevitable lecho. La perversión domina de nuevo los cuerpos débiles y oculta el sufrimiento. Y sigue ahí, en un lugar intacto llamado huella. ¡Malaya sea el tiempo! ¡Va mi espada en prenda por una pedestre cicatriz! Pero la sangre fluye por fuera, crea formas perniciosas en las monturas y lanza su ingenuidad hacia fuera para reafirmar su presencia. Raudo carmesí. ¿Cómo es el dolor si el pasado lo muestra opaco, como si por una genialidad cruel hubiera saltado los años? Ahora la conmoción es otra, más rabiosa, más entera, acaso también, quiero creerlo, más noble, de esa nobleza que sin embargo no eclipsa el puñal que cortará las venas. ¿Cómo olvidar? Házmelo saber, señor, y empeñaré mi palabra, pondré mis sílabas al amparo y voluntad del juez perfecto. Soy, lo sé, un bombero que no puede, no sabe, apagar el fuego. Por favor, quiero saber cómo olvidar y prometo ser hombre muerto.

CAS

jueves, enero 26, 2006

Sólo Dios sabe

Encontré en mi clóset un brasier negro. Le dije a mi mujer que lo había olvidado en mi casa. "Yo no dejé ningún brasier, mucho menos negro". El misterio se intensificó, pues la fidelidad es la única virtud que he alcanzado a mis 33. ¿Cómo habría llegado? Ella, extrañamente, no buscó el cuchillo para cortarme el cuello o sacó la vajilla barata para vaciármela en el parietal. No. Ella, por el contrario a cualquier reacción violenta que yo, aunque inocente de los cargos imputables, habría sufragado, sólo dijo "tíralo a la basura". Y ahí fue a dar, entonces, ese brasier negro y la culpa ajena.

CAS

lunes, enero 02, 2006

Diario de Carolina III

Cuando un mexicano está en el extranjero es natural que le hagan referencias convencionales acerca de su país. Una vez Epigmenio Ibarra, durante la guerra de los balcanes, se salvó de que las tropas serbias lo pasaran por las armas cuando el sargento en turno vio su pasaporte. "¿Mexicano? ¡Hugo Sanchez!", dijo sin más, y abrazó eufórico al reportero mexicano. Conmigo la referencias a mi país no han sido tan gloriosas o, para decirlo más claramente, entusiastas. Hace un par de noches, en una fiesta donde los convidados sumaban mas de diez nacionalidades, la anfitriona me dijo "A ver Carlos, aquí están los ingredientes: haz margaritas". Sobra decir que nadie me había informado que debía embriagar a la gente, entre otras motivos porque 1) el tequila que yo había llevado era para tomarse solo y 2) nunca había preparado una margarita. Pero era obvio que mis razones no importarían en ese momento, así que puse cara de yes, metí la mezcla gringa de margarita recién comprada en un Food Lion en la blender (aparato adquirido ex profeso para la ocasión) y un tequila regular mexicano, comprado también ex profeso en caso de que se me presentaran situaciones como éstas. Las margaritas fueron un éxito, esto es, la banda se había emborrachado con dos tragos, todos dijeron que estaban excelentes (aunque creo que a la eslovena a la que me quería ligar le faltó una más para que me dijera que yes y abandonara a su novio holandés, que había vivido en Australia y hablaba con pedante suficiencia sobre los aborígenes australianos) y, a la postre, me hermané con uno que otro convidado, como Prakash, ese viejo lobo de India que afirmaba que si, de él dependiera, le regalaba Cachemira a los pakistaníes y que me abrazó diez minutos seguidos cuando le dije que habia leído con mucho cuidado a Rabindranath Tagore (intenté explicarle que teníamos una primera dama que pensaba que Tagore, además de mujer, era rabina pero no lo entendió bien a bien). Ya al final, no sé como (el efecto de las margaritas me había alcanzado), entendí un poco más acerca de Carolina del Norte y su esencia, un lugar en donde para sobrevivir sólo hay que hablar con personas marginales. Por eso cuando me despedía, y sin que hubiera más razón que mi arduo y largo deseo de ser fiel a la verdad, confesé: "Las margaritas son gringas".

CAS

sábado, diciembre 24, 2005

Diario de Carolina II

El tiempo en la montaña dura distinto. En las mañanas es apacible; por las noches, vertiginoso. No hay nada que prologue el atardecer ni que reafirme el aura. Las horas en la montaña son acéfalas, indecifrables. Hay, por demás, varias inclinaciones anímicas motivadas por este caos rutinario. Las horas muertas sirven, entre otras cosas, para notar que los temas importantes en la vida tienen que ver con los dolores y resistencias de los seres queridos y no con las minucias y pequeñeces personales. El sufrimiento tiene sus decibeles, y mi escala sigue siendo nimia. Aquí en Asheville, lugar donde nació Thomas Wolfe, desde esta colina inmensa donde escribo, me he propuesto recuperar la sobriedad de mis juicios y la templaza de mi conducta (acaso nunca la tuve). Desde aquí también, en esta pequeña atalaya donde he radiografiado los incendios cotidianos del sol, se mira mi tierra y sus tribulaciones; ese lugar habitado por los otros seres queridos que cada vez son menos. Aquí en Carolina del Norte, un lugar donde la fauna es variada, hay una ardilla que me observa juguetona. La pobre pretende verme la cara.

CAS

miércoles, diciembre 21, 2005

Diario de Carolina I

Dos ardillas se comen entre ellas. Lucía dice que así es. Siempre. Daler, de Tajikistan, se acaba de ir. Se asombraba porque yo bebía con mi mamá. "En mi país no puedo beber con mi padre; más bien le sirvo los tragos", dijo. Me acordé cuando en una cantina de Praga conocí a un maestro de Arabia Saudita que debía que viajar por algún tiempo con su papá. "No mames", le espete, "¿Por qué debes, man?". "Porque tengo que cargarle su pinche equipaje". Ahora, a la distancia, sonrío anárquicamente sin de nuevo entender bien a bien qué pasa. Siempre pensé así, en ubicar los tonos jerárquicos, en saber sobre los temas mundanos que van más allá de un vaso de tequila. Pero soy intolerante: Amal sigue insistiendo en que su país (Palestina) no existe. Me incomodo un poco y transgredo mis límites. Sólo digo I agree y termino el tequila. Mañana vamos a Asheville; dicen que es frio. Ya compraré unos guantes.

CAS

lunes, diciembre 12, 2005

Ni modo...

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "¿Cómo puedo dejar de amar?". Tengo que empezar a cobrar.

CAS

jueves, noviembre 17, 2005

Confesión
Los nombres de libros siempre me vienen a la mente antes de escribirlos; sin pecar de inmodestia, podría hacer uno completo con los títulos de los volúmenes que me faltan por redactar. En la portada se leería, a secas, It. Pero como de libros no vive una persona seria (tema por el que me he quedado afónico tratando de convencer a mis alumnos), he pensado ya en el nombre del bar que me sacará de pobre y abriré tan pronto me den el changarro-crédito que pedí: Todos contentos y yo también.
CAS

lunes, octubre 31, 2005

Dicho por Hugh

Releyendo un pasaje de la novela que estoy trabajando (lo he aceptado: el sino de mi vida), encontré una frase que sintetiza los misteriosos eventos ocurridos los últimos años en un penthouse de la colonia Del Valle de la ciudad de México: "Si nuestra civilización tornara a la sobriedad por un par de días, al tercero, moriría de remordimiento".

CAS

jueves, octubre 27, 2005

So be it
La ingenuidad no es un tema cultural. El punto pasa, en contraste, por una dinámica fundamentalista. Cuando se cree estar cerca de Dios, la mano invisible cercena mitos y creencias que se ubican al amparo de las divinidades. En la ciencia providencial no se contempla asumir con supuesta seriedad un fanatismo chafa. De ello se desprende, por tanto, la siguiente pregunta: ¿acaso esos pendejos del América creyeron que podían ganar en el heroico Estadio Azul? El mundo está lleno de ingenuos.
CAS

lunes, octubre 24, 2005

Buscador
Perdón, había prometido no volver a hacerlo pero la realidad me ha rebasado de nuevo. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Cómo hacer un pacto con el diablo para hacerse millonario".
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lunes, octubre 17, 2005

Groucho Marx

Conocí a Groucho Marx en Chihuahua hace tres años. En realidad no era el verdadero maestro Marx, pero con esas espesas cejas y pronunciadas entradas en la frente, consideré que con un bigote bien puesto y un puro entre los dientes sería el doble de ese viejo lobo de la comedia. Las enseñanzas de Groucho, entonces, se contaron por montones desde nuestro primer encuentro en las Barrancas del Cobre. De entrada dio cátedra de los principios fundamentales para ser millonario. "Hay que dejar la literatura y ser empresarios", dijo con la solvencia propia de alguien que sabe aprovechar in extremis los beneficios de la plusvalía. "Pero si tú eres editor de una transnacional culera", respondí en defensa de mi inopia. "Pues sí, pero tú no tienes mil cabezas de ganado en Nogales". Tuve que capitular: no sólo era, y sigue siendo, el segundo de abordo en Random House-Mondadori sino que se había revelado como un próspero ganadero del norte mexicano. Nuestra experiencia chihuahueña (todo mundo sabe que la gente de Chihuahua considera este gentilicio como una ofensa; "no somos perros", aducen. Y aunque prefieran "chihuahuenses", los chihuahueños siguen siendo perros caros y de moda, aunque sean aterradores) terminó con un encuentro con el ejército mexicano. En la sierra, rumbo al pueblo de Creel, nos topamos con un retén militar. Un sargento subió al camioncito repleto de escritores drogadictos y, ante el pavor de los ídem por que fueran a revisar el equipaje, le preguntó al conductor: "¿Es usted el chofer?" Está claro, por este tipo de preguntas, que el ejército mexicano se encuentra entre los menos capaces del mundo y un solo contingente de artillería de la milicia hondureña acabaría con el total de efectivos mexicanos en una semana. Sin embargo, fue Groucho el que evitó que nos pasaran por las armas (cualquiera que éstas hayan sido). El sargento lo vio, lo auscultó con la pericia de alguien que ve por primer vez a un cíclope y le preguntó a su cabo: "Oye, cabrón, ¿no es éste un actor muerto hace algunos años?" El cabo, fiel al designio de no contradecir a un superior, asintió sin más. Así, después de que el sargento olió a Groucho un poco más, determinó que no éramos narcos y podíamos seguir nuestro camino si el actor era lo suficientemente generoso y le daba un autógrafo.

No obstante, la presencia providencial de sus cejas y entradas en la frente tipo trompa de camión foráneo, contrasta con su actitud ante la vida. Dicho por una amiga, Groucho, después de David Beckham, es el estereotipo del metrosexual. Imaginad, fiel lector, lo siguiente. Un hombre sale de su casa y desayuna un café con bollos y un poco de huevo con machaca; antes de llegar a la oficina, compra un bocadillo para la media mañana, léase las 11, para que la digestión no se suspenda. A la una y media en punto, la hora del lunch, sale a comer no un lunch sino una bien preparada y nutrida comida que alimentaría con creces a dos bueyes maduros de la huasteca potosina. Café y regreso al trabajo con el tentempié de media tarde. A las siete u ocho, merienda de churros con chocolate caliente y a las diez, cena fuerte de bife de medio kilo casi crudo. Y es que Groucho tiene mal el metabolismo y, aunque eso no lo hace metrosexual, es un primer dato que denota su exquisitez culinaria. Una vez en Morelia observó el menú y una sonrisa envidiable evidenció sus dotes histriónicas. "Voy a tomar el cocodrilo", le dijo al mesero. Así, en lo sucesivo recorrió la carta de comida exótica que preparaban en ese lugar y no regresó al DF hasta que pudo probar todos los platillos. Cuando por fin estuvo de vuelta, le preguntamos cómo había estado la cocina exótica. "Estuvo bien, salvo por las tapas de escorpión, eran nada más tres y costaron cuatrocientos pesos". "¿Y a qué sabían?" "Pues a escorpión, pero me tocaron unos un poco salados".

El punto culminante de su esencia como metrosexual, amén de su guardarropa de Soho o las cremas nocturnas traídas de Marrakech, lo ubiqué la semana pasada. Nos invitó a una carne asada en su casa. "Les voy a preparar carne sonorense y van a ver lo que es una verdadera parrillada: carne, tortillas y salsa, y ya". La experiencia no fue mala, incluso puedo decir que resultó insuperable en muchos aspectos, incluso en los detalles técnicos: cuando Groucho vio que el fuego de la carne no iba a prender de ninguna forma, recurrió a un recurso implacable, propio únicamente de un habitante de time square: sacó del baño la secadora de pelo y encendió el fuego para asar más memorable que jamás existió en la colonia Del Valle de la ciudad de México. Y con la aparato en la mano, una arrachera seca por el aire caliente, diez beodos discutiendo sobre el fin del arte, un alma en pena puso en el estéreo "Light my fire" de los Doors. Sin embargo era la rola equivocada: sin dejar que terminara la canción, la música dio una vuelta de tuerca generacional y, los presentes, ya borrachos o algo, comenzamos a bailar la épica "Fuego" de Menudo.

CAS

jueves, septiembre 29, 2005

De cómo se puede dominar la voluntad humana en el Más Allá

"Yo no declino en favor de Roberto Madrazo, ni vivo ni muerto", Arturo Montiel.

CAS

jueves, septiembre 22, 2005

El lenguaje mexicano I

Es de sobra sabido que para los mexicanos el acuerdo internacional más importante es el que su país sostiene con la divina providencia. Y esto no es porque nos saque de pobres mañana mismo, eufemismo que debe utilizarse al llegar a Los pinos, sino porque ha facilitado nuestra comunicación a través de los años. Esto es: la conexión lingüística de todo mexicano para comunicarse con su prójimo pasa por un designio fundamental acuñado en el Más Allá. Empecemos por el principio, por la más pequeña y breve construcción lingüística del castellano: la palabra "no". La negación para el mexicano es una categoría cósmica que se representa invariablemente con su contraparte afirmativa: en México "no" quiere decir en realidad "si". Cuando la mamá le dice al invitado a comer de su hijo, "¿te sirvo un poco más de chayotes, Pedrito?" y el susodicho responde "No, gracias", se sabe con certeza que en el plato aparecerán dos chayotes más. Si se dice, "Vamos al cine, ¿no?" Ese no es asimismo un . El momento culminante es cuando se pretende confundir mañosamente al contrincante y se le aplica el inefable "¿sí, no?"

Hay, de igual forma, construcciones que se han revelado como sublimes conceptos filosóficos. Por ejemplo suceden cuando les aplico un examen oral a mis alumnos y me responden inicialmente con "te lo voy a decir con mis propias palabras, profe". No cabe duda de que estamos ante una nueva definición del tópico "propiedad privada" y hay que empezar a considerar el válium como opción matutina. Más allá de decir la obviedad ("¿con qué otras palabras que no sean las tuyas me lo vas a decir, so güey?") asiento de manera republicana y responden con SUS propias palabras. Otra categoría definitoria de la mexicanidad es la frase que se escucha cotidianamente en los medios de comunicación: "¡Estamos ante un acontecimiento histórico!" Siempre me he preguntado qué piensa la gente cuando se dice esta frase. ¿Será que en efecto todos estamos expulsados de la historia y sólo ciertos eventos podrían ser considerados como históricos? Quizás la coyuntura actual haga repensar las dinámicas cotidianas al grado de concluir la historia de México es la transición a la democracia, y ya ya ya. "El 2 de julio de 2000, se dice, fue un hecho histórico". Menos mal pues de repente podríamos pensar que el sobrenombre de Fox pudiera ser Juan Preciado with boots. Lo notable es que el origen de la transición a la democracia (whatever that fuckin' means in this fuckin' country... club) es cada vez más lejana. La génesis de la alternancia (siempre quise utilizar esta palabra) en México, según un reciente discurso del presidente Fox, está en los terremotos del 85 (de nuevo aquí hay dos cambios políticamente correctos: durante años, los mexicanos utilizamos la palabra "temblor del 85" para referirnos a la tragedia natural más terrible que ha vivido el país; también nos referíamos a un solo "temblor". Hoy día ya hablamos de los dos que hubo con su correspondiente y correcto apelativo genérico: terremoto y terremota).

Existe un apartado del lenguaje mexicano que no hay que pasar por alto: el de los políticos. No haré de nuevo referencia al presidente Fox, pues es inmoral hacer leña del árbol caído (me acordé de la famosa frase de Gonzalo N. Santos: "la moral es un árbol de moras"), pero sí de su exsecretario de Gobernación: el siniestro y escalofriante Santiago Creel. Antes del debate y la primera derrota en la urnas panistas, Creel sostuvo un ilustrado debate con su redentor, Felipillo Calderón. Cuando el equipo de asesores de Creel sacó la famosa playera con la "S" impresa en el pecho, en clara alusión a Supersantiagocreel, Felipe aceleró el envío de kriptonita que ya había conectado en Tepito; acto seguido, dijo: "Tengo la kriptonita para vencer a Santiago". Era obvio que Creel tenía un plan "B" y raudo respondió: "Yo quisiera decirle a mi amigo Felipe que la kriptonita nunca venció a Superman, ni los cuentos ni mucho menos en la realidad". Ya vemos que por lo menos en la realidad sí lo venció. Esto me recuerda a una lección que la gente de mi generación aprendió de una película fundamental: Stand by me. Uno de los niños protagonistas le pregunta a otro:

--¿Quién es más fuerte, Superratón a Supermán?

La sapiente respuesta ante semejante perogrullada no se hizo esperar.

--Pues es obvio que Supermán; Superratón es sólo una caricatura.

Y como el exabrupto se ha convertido en una constante en mi vida, dejo por momentos el tema para regresar a él más tarde. Eso de los abusos no es conveniente, aunque ante ellos me viene una frase patentada por este muchacho delincuente que debiera estar en la cárcel, Óscar Espinosa Villarreal. Sobre los conflictos que le causaba la polícía cuando era regente del DF, dijo: "El problema es que hemos dejado que la policía se corrompa en exceso".

CAS

miércoles, agosto 31, 2005

Dicho por Bush

Por lo menos ya sabemos quién es el autor de los últimos atentados terroristas: Katrina.

CAS

domingo, agosto 28, 2005

Pumas 0, Cruz Azul 5

¿Algún minino tiene algo que decir?

CAS

viernes, agosto 19, 2005

Existe el fetichismo, goddamn!

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Vista aérea de mujeres encueradas".

CAS

lunes, agosto 08, 2005

Ociosidades y perversiones literarias en la colonia Del Valle

D. H. Lawrence era un hombre disoluto que tenía una mujer llamada Frieda. Durante muchos años, un escritor católico converso, conocido en el mundo del espionaje como Graham Greene, tuvo a su servicio a Frieda, sirvienta que le sacaba de apuros a la hora de ir al mercado. El hermano del mencionado renegado había sido bautizado como Hugh, mismo nombre del hermano menor del excónsul Geoffrey Firmin, que según consta en una novela intitulada Bajo el volcán -escrita por un tal Malcolm Lowry- había tenido sexo con la esposa del excónsul. Los tres narradores antes aludidos son ingleses; los tres escribieron sobre México; los tres también, last but no least, se pusieron de acuerdo en el Más Allá para tener puntos en común y hacerle la vida de cuadritos a un bergante malintencionado que pretende escribir majaderías sobre ellos. La única conclusión que se desprende de las observaciones anteriores es que, el antes citado bergante, tiene ya el nombre de su siguiente novela: Frieda y Hugh.
CAS

miércoles, julio 20, 2005

Cruz Azul casi roja

Dopados, secuestrados, procesazos... Ni duda cabe: hay un compló contra la Máquina.

CAS

martes, julio 19, 2005

Julio regalado

Las horas se cuentan en bloque y la humedad del verano bien podría ingresar en las prácticas de tortura del nazismo. Es cierto: bastaría sólo un puñado de playa para ahorrarse los exabruptos y pensar en la indulgencia de un país bananero (aunque al pintoresco señor Fox le hace falta sólo una declaración veraniega más para convertirse en el clon de Batista, Somoza o Trujillo; debiera tener cuidado, pues el señor Aguilar [Talamontes] está de vacaciones). Ni modos: va mi reino por seguir el laberinto entre nubes y halos solares. Aun así, quedan en puerta una tesis de doctorado y una estrella más en el pecho (será la comprobación, señores, de que Dios es de sangre azul). Julio, a los ojos de cualquier gente decente, es un mes regalado por los hacedores onomásticos. ¿Qué se hace en ese mes? Viajar a las playas como cualquier griego rupestre, matar al gato de la familia con una sobredosis de eructos sabor a chile relleno, redactar capítulos doctorales sobre escritores incomprensibles, esperar agosto -que siempre está más cerca de septiembre y del inicio de las posadas, perdón, de las fiestas patrias- y, por último, que escampe por las noches para fornicar en el jardín sin temor a que nos parta un rayo.

Haré un ejercicio al azar para clarificar mi pesadumbre. Cuando empezaba a publicar, digamos hace unos 15 años, ver mi texto impreso incluso en cualquier pasquín era equivalente a una sucesión de orgasmos con las top models de la época; después, su lectura era la repetición de esos orgasmos cinco minutos más tarde (sobra decir, también, que los tiempos de joven mancebo en los que eran posibles esas hazañas ha quedado atrás). Ahora esa dinámica es radicalmente opuesta, pues de repente hay que coadyuvar con las causas justas -aunque la justicia personal en ese tenor sea equivalente a una suerte de imbecilidad rutinaria- y enviarles textos a los amigos que se lanzan en una nueva empresa literaria (el mayor eufemismo existente en castellano). Para ser claros: no se puede cobrar, lo cual, a estas alturas del partido en que cualquier mozalbete de veinte años le dice a uno "señor", es alarmante. Lo peor es cuando hay personas que creen que uno ha perdido sus contactos con el medio literario y ha pasado a ser un fósil más de la vieja guardia y no un joven emprendedor de mañas antesalistas. En realidad, y es como comentario al paso, por lo que a mi respecta nunca tuve contactos con el medio literario, pues siempre me causó una pereza mayúscula; y lo afirmo convencido, aunque en boca de alguien que, como un servidor, vive (nuevo eufemismo) de la literatura, suene a una frivolidad cartesiana. Pero regresando al ejercicio (la digresión es parte de mi estado de ánimo, una flama al acecho de una sapiencia apócrifa), tengo frente a mí diez ejemplares de una revista en la que colaboré hace un año y me acaban de enviar. Es la publicación del instituto de cultura de un estado desértico del país. Lo primero que me vino a la mente cuando las recibí es ¿qué voy a hacer con tantas revistas? Después, evitar leer a toda costa lo que publiqué ahí (en realidad no me acuerdo) e impedir que alguien cercano lo intente. Me causa temor releer algo que escribí hace tiempo, sobre todo cuando no sé qué es. Los tiempos de joven escritor han pasado, pues con los quinientos pesotes que me pagaron hace un mes por dicho texto, no porque fueran buenas gentes sino porque tenían que justificar ante hacienda el presupuesto otorgado, bien pude irme de vacaciones años atrás.

Julio, el mes con nombre de escritor-argentino-que-fumaba-mariguana, se viene sobre los hombros como figuración malsana, como espectro apócrifo, como papá de Hamlet con sombrero de charro. En las próximas semanas veré a mis amigos que triunfan en el extranjero y han venido a México nada más para constatar que uno sigue en caída libre. Mi amigo Raúl, clavecinista que vive Ámsterdam junto a dos vitrinas en la zona roja, recién ganó un importante concurso con su ensamble; Adriana y Gabriel, pianistas de Graz, acaban de ser contratados en Barcelona para dar varios conciertos; en el verano usualmente los llaman para tocar en Ibiza. Jerónimo, ese viejo lobo fotógrafo, empieza a exponer con éxito en Berlín y Colonia. Y todos vienen a México a visitar a los amigos y hacerles ver un poco más acerca de su desazón, su abatimiento, su medianía. Así, escribir sobre escritores ingleses malos, como lo he hecho durante los últimos cinco años, no pasa de nuevo de una frivolidad necia que nunca hará que me aplaudan en Praga, Viena o Atenas. Ale jacta est. Entonces, ahora que el panorama es claro como el agua, lo mejor será lanzarme a la Comercial Mexicana y comprar esa promoción de Johnny Walker con dos Guinness por 136 pesos: estamos a mitad de mes y queda poco tiempo de ofertas.

CAS

jueves, junio 02, 2005

Todos los nombres

Tengo una alumna que se llama Guadalupe Félix Cruz. Al principio pensé que ella era "él" porque en la lista escribía su nombre como Félix Cruz Guadalupe. Por supuesto cuando dije "el alumno Félix" nadie contestó hasta que agregué "el alumno Félix Cruz". Sabiendo que me refería a ella, dijo soy yo y me vino a la mente aquel muchacho futbolista, exdefensa central de los Mininos y de la selección nacional y que fue pretendido por un equipo inglés. En realidad no era muy bueno pero, cómo todo minino, le echaba ganas. Le dije que había un futbolista con su nombre. "No, maestro", dijo un poco ofendida por compararla con un futbolista malo. "Mi nombre es Guadalupe. Los demás son mis apellidos". Ya entonces caché que escribía su nombre empezando por el apellido, que también es nombre. Aprovechando un poco la supuesta sapiencia de los que están en el estrado, le sugerí la cualidad dual de sus tres nombres: "¿Te has dado cuenta de que tus nombres, además de ser nombres y apellidos indistintamente, pueden ser usados tanto por hombres como por mujeres? Tampoco le hizo gracia mi sugerencia y subió un poco las cejas como diciendo "mi reino por un poco de inteligencia". Dicho en mi defensa, debo agregar que no tengo la culpa de que haya hombres Guadalupes, como aquel prócer de la Independencia de México y primer presidente del país, Guadalupe Victoria. De hecho se trataba de un seudónimo, pues Victoria en realidad se llamaba Félix, Manuel Félix Fernández para ser exactos. No estaría mal que mi alumna se pusiera nada más Lupe, como el gran Lupe Pintor, que tuvo bien matar a un adversario en el ring y del que mi amigo Sergio estaba haciendo su biografía; una biografía que nunca salió y que más bien fue el pretexto perfecto utilizado por Sergio durante años para no pagarme los tragos que me debía por el sinnúmero de veces que perdió las apuestas futbolísticas. "Tengo que ver al maestro Pintor, se ufanaba". Hablando de pintores, me acuerdo de un Pintor que trabajaba antes en mi casa; aunque no se llamaba así (se llamaba Luis pero había tres Luises más, aunque sin números romanos), su profesión era pintar, así que le decíamos Pintor. Nunca hizo otra cosa. Un día desapareció y nunca volvió a la casa. Mi papá siempre dijo que lo mataron en una cantina. Pero regresando Félix Cruz Guadalupe, creo que se molestó bastante con aquello de su naturaleza dual y, en lo sucesivo, sus trabajos los firmó aleatoriamente como sigue: Cruz Félix Guadalupe, Félix Guadalupe Cruz y Guadalupe Cruz Félix. Un día, incluso, firmó Guadalupe Cruz Feliz, así, a secas. En realidad el único nombre que me perturba un poco es Cruz, pues de inmediato pienso en la gloriosa máquina celeste; también en mi amigo Gerardo de la Cruz, otro que dobletea su apelativo, pues su nombre de pila es "Gerardo de la Cruz", como San Juan de la Cruz o los Juanes de Dios, de los que nunca se especifica bien a bien de qué Dios hablamos y luego nos endilgan a cualquier mocoso. Pienso, asimismo, en el hijo natural de Pedro Infante ("hijo natural" es un concepto que hace que se me ericen los pelitos de la nuca y piense en Raymond Carver y pavorreales) y luego en la Cruz(ada), que tienen como actor a otro muchacho llamado Bloom, quien es el descendiente idiota de dos luminarias fundamentales: Alan y Harold. Por cierto, el joven Orlando, al que sin duda hay que decirle quién es Ariosto y Virgina Woolf, es especialista en profesiones de alto riesgo: herrero (Cruzada y Piratas del Caribe), arquero (El señor de los anillos) y cobarde (Troya). Sobra decir que en esta última se mueve como pez en el agua. Recién termino de calificar el examen final de Guadalupe Félix Cruz y donde va el nombre hay una suerte de oda al cubo Rubik:

GFC
FCG
CGF

No lo leí y acepté con cabeza baja mi derrota. Así, sin más, le puse 10.

CAS

PS. Para los curiosos que se preguntan por qué firmo CAS, es simplemente porque soy fan de Cien años de soledad.

martes, mayo 03, 2005

Trivia

¿Quién dijo hoy en la mañana "me siento más empresario que político"? No es por hacer leña del árbol caído, pero el interfecto tiene la astucia de un zorro.

CAS

jueves, abril 21, 2005

Érase alguna vez una cosa llamada México

Ayer, dos asambleístas del PAN pagaron la fianza de Andrés Manuel López Obrador para que éste no fuera encarcelado. Lo curioso fue que tan pronto se presentó el expediente ante el juez, a los asambleístas les bastó unos cuantos minutos para presentarse en el juzgado y pagar la caución correspondiente. Dijeron que se trataba de un gesto de buena fe (algo así como fuego amigo defeño). El subprocurador Vega Memije aseguró que la fianza era para velar por los derechos humanos del tabasqueño. El procurador Macedo de la Cancha, a su vez, declaró que López Obrador nada más quería ir a la cárcel porque "eso le va a dar la posibilidad de seguir siendo víctima".

Desde las épocas de La Paca, cuando el entonces fiscal especial Chapa Bezanilla armó un operativo espectacular porque una vidente les había dicho dónde estaba la osamenta del diputado Muñoz Rocha, no asistíamos a un momento histórico-literario tan memorable. Veamos. Los legisladores panistas son aquellos que en algún momento quisieron irrumpir violentamente las ahora viejas conferencias matutinas de Peje. Nunca los dejaron entrar y, en un momento de lucidez, afirmaron que nadie les podía impedir la entrada a la conferencia, pues eran ciudadanos común y corrientes y, además... tenían fuero. Acto seguido les cerraron la puerta en las narices (perdón, lector, por el recurso retórico. No es que crea que los legisladores panistas tienen dos narices sino que eran dos). Esa táctica de utilizar a militantes panistas de baja estofa como punching bags no es cosa nueva. Recordemos que Federico Döring fue el emisario de Diego Frenández de Cevallos para llevar a la televisión los videos de René Bejarano y su famosísimo maletín del dinero.

Por otro lado, quién en su sano juicio va a creer que no se les instruccionó con tiempo y tiento a los antes mencionados asambleístas, excluidos por supuesto de tener juicio y acaso de estar sanos por aquello de las dos narices, y se les ordenó que fueran a pagar la fianza. Nadie. El léon (los panistas) creen que todos (los mexicanos) son de su condición (idiotas). La razón es que ahora sí alcanzan a ver al final de horizonte algo que siempre negaron como posibilidad real: una cosa quimérica llamada costo político. Se dieron cuenta de que un Peje en la cárcel podría tener mucha más fuerza que la que tiene ya hoy día. Aquí es cuando la iluminada declaración del titular de la Procuraduría adquiere una dimensión de cámara de notables. "Quiere ir a la cárcel porque eso le dará la oportunidad de seguir siendo víctima". Todos los mexicanos sabemos que Macedo de la Cancha es, por principio de cuentas, un hábil jugador de futbol; después General de División del H. Ejército Mexicano (hay que mencionar que en México hay más generales que soldados rasos). En sus ratos libres es (¡por favor, si todos tenemos derecho a divertirnos!) Procurador General de la República.

La denuncia contra Peje-my-man fue hecha por la Procuraduría General de la República. Esto es: aquéllos que solicitaron ante la Cámara el desafuero y presentaron el expediente ante un juez para exigir la orden de aprehensión son precisamente empleados del llamado abogado del país. Luego entonces, y es que, mi querido procurador, no son ganas de chingar pero la neta los silogismos no me salen, ¿no es la Procuraduría la que ha estado pugnando por que el exjefe de gobierno vaya a la cárcel? Porque eso, hay que saberlo, no le ocurre a cualquiera; sólo a los que han cometido algún supuesto delito (ya sabemos que México es el único país del mundo en el que todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario). Por eso quiero pensar que ayer, cuando el general-procurador dio su conferencia de callejón del área, le vino un lapsus pernicioso, una laguna mental que le ocurre a pocos, un halo de insuficiencia que sólo padecen aquéllos que manejan un país como si fuera un changarro. El procurador dice que López Obrador quiere ir a la cárcel porque quiere hacerse víctima cuando es él mismo quien lo está mandando tras la rejas. Ahora sí, señores míos, estamos ante una historia que ni La Paca hubiera imaginado, ni La Paca.

CAS

PS. Pregunta para gente sabia: ¿cómo se llama la Fiscalía especial encargada de los delitos de López Obrador, apoyada por un poco de aparato de Estado?

R= Peje R (si ya hay un Big Brother 3-R, ¿por qué no puede haber una Peje R?)