jueves, agosto 31, 2006

Before the rain
Se dice que cuando Toussaint Louverture, el gran prócer de la independencia haitiana, determinó que la lucha había terminado, le escribió a Napoleón Bonaparte una carta. También se dice que esa carta selló su destino, pues empezaba así: "Del primero de los negros al primero de los blancos". La respuesta de Napoleón fue muy sencilla: envió a su yerno, el mariscal Leclerc, al mando de varias divisones del ejército francés para recuperar Haití . La manera de desembarcar de Leclerc en Puerto Príncipe fue sintomática: en una mano llevaba una constitución; en la otra, una guillotina. El ejército francés retomó la isla con relativa facilidad y a Louverture lo recluyeron en una cárcel de los Alpes franceses, en donde murió poco después por no estar acostumbrado al frío. Como la historia es circular, ahora que Felipe Calderón tome posesión como presidente de México, la imagen de la constitución y la guillotina se transformará en algo que todo mexicano ya conoce: la legalidad y la mano dura. Así, no queda otra que reconocer que nuestra vida política hasta hora es un inocuo chipichipi que vaticina, sin más, una tormenta inicua de seis años. No es por ser pesimista pero creo que durante ese tiempo también habrá una escasez de paraguas.

CAS

lunes, julio 24, 2006

Shit

Las desavenencias en la vida vienen por donde menos se esperan. No obstante, hay puntos determinantes que indican si las cosas tienen su origen en la tragedia o en la comedia, según las enseñanzas de ese conocido materazzi de la filosofía llamado Hegel. Así, también, habría que pensar que el mal no existe y los aparentes halos perniciosos que prefiguran a los hombres buenos son inducidos por un Dios idiota. Para muestra un botón: ayer no sólo volvieron a robarme la pimienta de la alacena sino que además me puse las gotas para los oídos donde van las de los ojos.

CAS

martes, julio 11, 2006

Alea jacta est
Confesión de mi amiga Turner unos días antes de la gran final: "Soñé que ganábamos el Mundial... pero sin el águila y la serpiente".
CAS

lunes, julio 03, 2006

Felipe Houdini II
He did it. It's time to leave the country.
CAS

miércoles, junio 28, 2006

Felipe Houdini

De cómo se puede evaporar un día de la semana, caso concreto el jueves, aunque sea de Corpus con Fiscalía especial, y de cómo las decisiones para consensar las semanas de seis días se dirimen en urnas seculares. También de cómo, así como se desaparecen los días de la semana a golpes de discursos en plazas medio llenas medio vacías, se pueden regalar los meses y hacerlos, sin más, julios regalados.

"No hay mañana. ¡El mañana se decidirá el domingo 2 de julio!"

Frase dicha por Felipe Calderón, candidato del PAN a la presidencia, hoy hoy hoy miércoles.

CAS

lunes, junio 19, 2006

Posgrado hirsuto

El Fuc y yo hicimos un pacto: no nos rasuraremos hasta que terminar nuestras respectivas tesis de doctorado. No es por ser pesimista, pero si los productores de la siguiente película de Harry Potter necesitan un nuevo Hagrid, ya saben dónde encontrarme.

CAS

martes, junio 13, 2006

Sorry again

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador:

"Índice de mortalidad e inmortalidad en México".

Ora sí que debiéramos tomar más en serio aquello de "Zapata vive".

CAS

lunes, mayo 29, 2006

Así nomás

"La ignorancia es la ignorancia".

Sigmund Freud, "El porvenir de la ilusión".

CAS

martes, mayo 23, 2006

Confesión escrita en un papiro Faulkner

Un hombre es la suma de sus desdichas y de sus imágenes primeras. Por suerte, las desdichas siempre terminan con una última imagen primera: la del ataúd.

CAS

martes, mayo 16, 2006

¡TIJUANA, SÁLVAME!

Presentación del libro
BAJO EL VOLCÁN Y EL OTRO LOWRY
De Carlos Antonio de la Sierra
Viernes 19 de mayo de 2006, 19:00 horas.
CENTRO CULTURAL TIJUANA
Av. Paseo de los Héroes y Mina Zona Río
TIJUANA, Baja California Norte
Entrada libre


CAS

miércoles, mayo 03, 2006

El mito del hablador y las visitadoras

Decir "verbo mata cara" es un lugar común, uno de tantos mitos urbanos que adoquinan la esencia de sociedades en decadencia. Dicho con todas sus letras: es un recurso barato de los feos para justificar su monstruosidad y pavonearse socialmente con la bandera del gran orador. "Denme un balcón y yo recupero la presidencia", decía el exmandatario ecuatoriano Velasco Ibarra. Recuperaba la presidencia pero no necesariamente a su mujer. La persuasión del discurso tiene límites, fecha de caducidad. Su potencia se atomiza cuando la palabra cuelga de una aureola inexistente. La elocuencia, por esa causa, se va por la ramas (ramas secas) y provoca hilaridad por sus falencias. El disertante, entonces, pescado por su propio anzuelo, modula su voz por la penetración del garfio en la garganta y se convierte en el "perfecto hablador".

Enunciar esa típica frase haría pensar, así mismo, que las mujeres no son tontas y cuando se fijan en un hombre lo hacen viendo la espiritualidad de su interior, aunque sea un close up del colon. Así, suelen decir a menudo "No es nada superficial" o "Es un hombre interesante", en abierta intención de enarbolar la vieja cursilería de Pascal de "El corazón tiene razones que la razón no entiende". Pero también sostener esta vacilada puede, desde otra perspectiva, iluminar un aspecto normalmente imperceptible para la sociedad mexicana: su carga misógina. "Verbo mata cara" es una manifestación machista. Mirad: cuando se alude al dicho nunca se piensa en una mujer, es decir, se piensa en la mujer pero como el objeto de deseo, no como el sujeto activo de la seducción. Dicho de otro modo: es difícil concebir que una mujer fea pueda conquistar a un metrosexual de pasarela a través de las palabras. Esto por dos razones: 1) los metrosexuales son tarados y caminan para adelante porque para allá tienen los ojos y 2) los hombres sólo andan con mujeres feas porque ya no les queda otra y no porque así lo hayan deseado en principio. Jamás será porque ellas hagan una radiografía posmoderna de La crítica de la razón pura o por decir bajezas lascivas al oído. Estamos ante el mito del hablador y sus visitadoras.

De esta forma, no sólo aparece en el horizonte una fábula genial (quien hable bien tiene el salvoconducto perfecto para la alcoba de la mujer seducida) sino también la reproducción de otra forma de discriminación genérica (me viene a la mente un caso similar: cuando un hombre anda con una mujer veinte años menor, se le respeta y se le da su correspondiente acatempazo; cuando una mujer hace lo mismo, se dice "Pobre chamaco, esa vieja loca se está aprovechando de él"). No obstante, más allá de este efímero consuelo, se pueden sugerir otro tipo de motivos por las que las mujeres los prefieren feos. Me refiero a uno en particular, siniestro y foucaultiano, el tema del poder (aunque otro poder bien podría ser, como diría mi siempre fino y documentado amigo Gerardo de la Cruz, el poder de la verga).

La lógica urbana construye el siguiente razonamiento: varo mata cara; verbo mata varo; el bailarín se la mata al verbo; y, por último, el tamaño es un asesino serial que elimina en cuestión de segundos a todos los anteriores. Se trata de un silogismo casi indiscutible si se lo mira con naturalidad. Ahora bien, tengo la impresión de que aun aceptando estas condiciones, hay un factor epistémico que derrumba las tesis anteriores: que el hombre feo, como ese góber cuya mayor ironía es haber nacido precioso, tenga poder, aunque sea podercillo, como el de Felipillo. La circunstancia del hombre con poder, en cualquier ámbito, aventaja a las otras; es más: ni siquiera lidia con ellas. Por ejemplo, ¿quién en su sano juicio puede pensar que la señora Marta se casó con Vicente (ese viejo zorro borguesiano) porque se enamoró de él? Sólo José María Aznar, insigne testigo de boda que también le hace honor a su apellido. O Diego Rivera, desvirgador de alcurnia, ¿habría sido el legendario amante sin su presencia, impacto e influencia en los círculos artísticos, intelectuales y políticos de su época? En otro contexto, algún biólogo despistado habría sugerido, sin dudarlo, que su media naranja estaba en la familia de los batracios.

Pero vayamos adelante, y me excuso de antemano por las referencias personales, pero servirán para ejemplificar mi teoría: una vez una exnovia me dejó por un individuo que sirvió de modelo para una canción del maestro Rockdrigo (aquí dos nuevas excusas: 1] no es que me considere un majo pero los contrastes siempre tienen sus ventajas y 2] sé que a veces es de mal gusto aludir al físico de las personas, pero como éste es un texto sobre feos no hay manera de solventar el exabrupto; además siguen siendo feos). Su forma de conquistarla fue sencilla: el rufián ubicó perfectamente los detalle románticos que yo no practicaba, o me negaba a hacer, y empezó a llenar los vacíos existentes (all of them), entre otros, mandarle mensajes al celular con leyendas propias de paje insatisfecho, como "te extraño demasiado mi princesa diamantina". Independientemente de saber que nada más por dejarse seducir por esta frases tenía yo razones radicales para terminarla, me pareció indignante rivalizar, sobre todo a esas alturas, con alguien de una taxonomía zoológica dudosa (un amigo que lo conoció lo apodó "Excrecencias"). Lo curioso fue que, al principio del cortejo, ella me enseñaba los mensajes de texto que, su ahora novio, le enviaba cada diez minutos. Ambos nos reíamos de las cursilerías que se podían decir en una pantallita de teléfono. Ella cínicamente me mencionaba cosas como "Mi maestro cree que voy a andar con él", porque, hay que decirlo, era su maestro. De hecho, yo también lo fui, pero ese es otro tema. Por lo demás, el resto es historia: tanto fue al cántaro al agua que, en efecto, me dejó por él. Pero avancemos en la argumentación.

Usted, ínclito lector, podrá imaginar que, como diría el excanciller Castañeda, estoy ardido y aprovecho el espacio que me da blogger para disertar chabacanamente sobre un tema serio. En efecto: puedo estarlo, aunque no me estoy aprovechando del espacio (como nota a pie aunque sea entre paréntesis diré que la ardidez se quita; lo feo, ¡jamás!). Mi tesis al respecto, sin embargo, pasa por un planteamiento más escrupuloso. Si bien puede pensarse que el antes aludido bergante hizo su luchita con un lenguaje florido expuesto en un móvil, y si bien ella tuvo casi toda la culpa por dejarse cortejar como si fuera bella durmiente, sostengo que haberse ido con él no obedeció a su hipotética labia sino a su estatus social y laboral. Más de una vez escuché decirle "Me invitó [aquí evito su nombre, no por eludir hacerle mala fama sino para no manchar de excrecencias este honorable espacio] a una exposición en la que estará Fox y a otra que inaugurará Encinas" o "Es amiguísimo de no sé qué pintor" o "Normalmente se mueve con puros dealears de arte". Más allá de que yo sea un humilde escritor a quien la inopia alcanzará cuando usted termine de leer este texto, era claro que no me enfrentaría a algo así. No se trataba, por tanto, ni de varo, ni cara, ni de si bailara bien, mucho menos de elocuencia (aquí desconozco el tema del tamaño pero me justifico diciendo que Ron Jeremy sigue soltero) sino de un interés profesional mucho más significativo, que él le daba y yo no. En todo caso, entiendo que a una estudiante de veinte años le haya interesado mucho más el glamour y el vedetismo sin importar que su galán fuera el doble de las escenas peligrosas del Hombre elefante, y maquillara su inseguridad con un discurso artificial pero extraordinariamente prediseñado para conquistar mujeres bellas.
Repetir ad infinitum "choro mata cara" no sólo es una dinámica que se inserta una dialéctica utópica de mal gusto, sino que también propaga esquemas ajenos a una relación entre dos personas; es, más bien, una explicación desvergonzada y rústica a lo sorprendente de ciertas situaciones amorosas. Su perfil misterioso siempre tendrá una razón de ser, originada en trasfondos más contundentes que lo distancian del discurso vacío, aunque éste se enuncie con pinceladas retóricas. Termino mi reflexión con una anécdota que haría pensar a más de un feo. Una vez mi primo Cacho conquistó con cartas a una señorita. Y aunque eran de una elocuencia y vigor prosístico admirabilísimo, la damisela nunca sospechó que no eran de él y sus veinte años a cuestas. Se trataba, ni más ni menos, de la correspondencia completa de Simón Bolívar a Manuela Sáenz. Cuando rompieron, Cacho, en un gesto ya no sé si de honestidad o de estupidez, le dijo a la doncella la verdad (lo de las cartas y, quizás lo más importante, "No es lo que tú estás pensando", cuando lo encontró con las manos en la masa de un seno ajeno). Su reacción, aunque algo salvaje, la justifico a cabalidad: de una mordida le arrancó un pedazo de carne del antebrazo; acto seguido, en un momento de lucidez sólo entendible en una mujer engañada, le dijo a la amiga que la acompañaba: "Vamos a quemarlo". Mientras ambas buscaban un poco de gasolina, Cacho logró escapar, aunque dejara un pedazo de sí en ese memorable sitio. Desde ese día, sufre erupciones epidérmicas consuetudinarias si escucha la expresión "cacho de carne asada". Es el mito del hablador y sus visitadoras.
Texto publicado en la revista Picnic del mes de mayo.
CAS

martes, mayo 02, 2006

Traducciones

Versión en castellano actual de la célebre "To be or not to be, that´s the question":

"Lo que realmente me saca de onda ahora es si debo matarme o no".


Y a propósito de suicidios:

Curso sobre escritores suicidas
Mtro. Carlos Antonio de la Sierra
I n g e n i e r í a C u l t u r a l, S. C.
Orizaba No. 127, Col. Roma, México, DF.
Tel. directo: 55.84.87.83 (fax) y 55.74.06.34 / 52.64.30.39
Inicio: 16 de mayo de 2006

CAS

martes, abril 25, 2006

...
Siempre he pensado que los suicidas son unos miserables. Varias veces he impartido cursos sobre escritores suicidas e invariablemente concluyo que, más allá de su literatura, jamás compartiría su opción de vida. El sábado mismo platicaba con unas amigas sobre un compañero de la primaria que se voló la tapa encefálica en una sala de cine; su mamá estaba al lado. Hoy día voy llegando a la casa y me entero de que un gran amigo se quitó la vida. Cosas veredes: independientemente de los motivos, los suicidas son unos miserables, pues son causantes, aunque no lo sepan (ya qué les importa), del sufrimiento y zozobra de los otros.

CAS

jueves, abril 20, 2006

Coincidencias
Ayer se cumplieron ocho años del fallecimiento de Octavio Paz. El 20 de abril, un día después de su muerte, fue velado en el Palacio de Bellas Artes. Como buen joven emprendedor de la letras, estuve ahí. Sucedieron varias cosas: 1) me encontré a una amiga con quien había tenido un encontronazo místico: nuestr@s respectiv@s ex cumplían años el mismo día. Para evitar hablarles (nos habían hecho mucho daño) nos pusimos una borrachera de época el día del cumpleaños de ambos; 2) al azar había hecho que Paz fuera velado el día del nacimiento de Hitler. Todo hubiera sido un velorio normal si no hubieran aparecido los neonazis mexicanos que, cada aniversario de su señor führer, se reúnen en el monumento a Beethoven, que está enfrente de Bellas Artes, para gritar consignas fascistas. La anécdota, no obstante, fue más allá, como si necesitara la cereza del pastel: en ese tiempo yo escribía en el suplemento "Lectura" de un periódico que todos, por obvias razones, conocíamos como El Nazi. El siguiente texto apareció hace ocho años, a proposito de la muerte de Octavio Paz, en el hoy desaparecido periódico El Nacional.


Octavio Paz: el oficio de vivir

para Fabiola, por las coincidencias

Hay que sincerarnos: en definitiva los versos de viva voz del poeta no acompañarán más la visión de su alma. Ha escampado, como se sabía que algún día no muy lejano sucedería. Las gotas de Paz son ahora rocío perenne. Así, los que estuvimos en el Palacio de Bellas Artes para percibir el último suspiro de un cuerpo mallugado, cruel como el de todos, indulgente entre la niebla y el hedor de las lágrimas, supimos que el cielo ya no sería para nosotros.

Octavio Paz ha muerto y en el resquicio de su mirada ausente se percibe todavía un parpadeo sospechoso que sólo Dios podría definir. Únicamente los avezados, los de mente preclara y lúcida, aquéllos ingratos que han flagelado eternamente a las palabras, sometiéndolas con mala intención y ejemplificando el sentido de vivir con intensidad, son los que se acercarían acaso al sentido exacto de sus letras, si es -desde luego- que en el mundo sensible existe la exactitud. Tres minutos decía Baudelaire; tres también argucía el viejo Paz. Las palabras, las putas, sus putas, las de todos y de nadie; de inconformidad, de paciencia, de tolerancia, de denuncia casi ensangrentada. Corriente alterna. Paz, el hacedor de la lluvia. Paz, el domador de las llamas.

Por él aprendí que los signos de tinta, esos símbolos obtusos en ocasiones infieles, son la panoplia que acoge la hospitalidad de mi entrecejo ante la adversidad de los instantes. También, entre la bruma del silencio, entendí que los rostros se reconocen por el tacto, del tacto, de la palma trastornada, de la yemas, con la yemas pequeñas que ofrecen el perdón a los iniciados. La siluetas del sonido son la libertad bajo palabra del difunto.

Bastará sólo una voz, un solo vocablo aperdigado, un término claramente balbuceante para descender al blanco paralelo que construye la memoria; para rehacer una piedra de sol que alguna vez fue de luna; para incendiar los senderos oscuros de las trampas de la fe. La consigna es arribar a ese lugar inimaginado e indescriptible; ahí donde se encontrará un rincón inhóspito, decididamente sulfuroso, inicuo, vedado para los privilegios de la vista.

El tiempo se nubla constantemente y sabemos que seguirá lloviendo; lloviznando en veredas pedregosas o en fango alienado donde las penas no son producto de los vicios, sino del recelo de los hombres débiles. Por eso Paz, osado transgresor de lo oculto, evocó eternamente circunstancias fortuitas: las vicisitudes ineluctables de los hombres de azar.

Ha muerto el poeta. ¿Acaso las lágrimas serán necesarias para debatir la idea del olvido y apoltronarnos indiscriminadamente sosteniendo que la vida se ha detenido? ¿O, como hijos de las casualidades, tendremos que jugarnos el destino en un volado, en un águila o sol? Las coincidencias son justas, como justo también es el destino, el de Héctor. Aunque no por ello intuimos que la suerte de los libros es asimismo justa. Será pero en el sentido de Sócrates, una suerte, entonces, casi divina. Los libros de Paz la tendrán en la medida que su misericordia se los permita, y será una justicia palmaria, indiscutible. Son volúmenes refugio de hombres lánguidos, de esos que creamos laberintos eternos en una soledad imaginaria, abyecta. Octavio Paz no sólo escudriñó con pulcritud cada uno de los oficios del alma, también documentó con sabia precisión lo que Pavese alguna vez llamó el oficio de vivir. Un arquitecto certero de su vida y sincronizador de los segundos de los otros en la ladera este de los corazones fracturados.

Ha muerto el poeta. Le subsisten las peras del olmo, los monos gramáticos, los hijos del limo, del aire y de Rapacini. También hay noticias de que todavía viven, todos de su estirpe, un ogro filantrópico, unos hombres en su siglo y una llama doble, perversa, insana, que logra apaciguar la fiebre maligna del deseo porque lo explica con metáforas pecaminosas, la mejor forma de explicar las cosas cotidianas. Ha muerto el poeta. Que Dios nos agarre confesados ahora que las putas no saldrán mas de su inefable boca.
CAS

martes, abril 11, 2006

Argentinian way of life

De los argentinos se pueden enunciar muchos lugares comunes, entre otros que, así como los mexicanos descendemos de los aztecas, ellos, a su vez, descienden de los barcos. O, parafraseando a Umberto Eco: "Un argentino es un hombre preguntándose en la barra de un bar qué es un argentino". O eso de que nos haríamos millonarios si compramos a un argentino en su verdadero valor y lo vendemos en lo que él cree que vale. En fin: innumerables patrañas, convenciones infamantes que, como buenas mentiras, siempre tienen algo de verdad. Hay, sin embargo, un tema novedoso que sería susceptible de más de un estudio antropológico. Anoche, platicando con mi amigo Gabriel, pianista argentino radicado en Austria, me enteré de una nueva forma de ver el futbol. Gabriel, hincha moderado de Boca, tenía cuatro años de no regresar a su tierra. Más allá del recibimiento familiar, natural para cualquier hijo pródigo, hubo un detalle que le llamó la atención: la flamante modalidad para transmitir los partidos de futbol. "Hay un canal, me decía, que durante el partido lo único que transmite es a la hinchada en las gradas. Si querés ver ese partido, vos tenés que pagar. Como la mayoría de la gente no tiene dinero, ahora el grueso de los argentinos ve los partidos de la tribuna y reacciona de acuerdo con los gestos de los hinchas". Sin decirle que en México se podría reducir el índice de delincuentes en la ciudad nada más transmitiendo a la porra del América durante noventa minutos, me vino a la mente lo siempre dicho por Ángel Fernández cuando decidió ser cronista de futbol. El gran maestro del mircrófono se dio cuenta de que el verdadero espectáculo no estaba en la cancha sino en la tribuna. Esto cuando vivió en carne propia el incendio del viejo parque Asturias. Y no estaba equivocado: cuando el futbolista millonario aduce que el futbol es sólo un juego y no pasa nada si pierde su equipo, debiera entender que, por extensión, ellos son también los motivadores de las alegrías y tristezas de una comunidad. En Argentina, ese potencial estado de bienaventuranza no pasa ya por lo que ocurra en la cancha sino por el momento de comunión y solidaridad que se puede encontrar con alguien que comparta el mismo goce, el mismo desencanto o el mismo sueño. Por eso no podemos hablar de futbol cuando se celebra un partido a puerta cerrada. Aunque la televisión diga lo contrario, se tratarán siempre de encuentros que nunca existieron.

CAS

domingo, abril 02, 2006

El hombre de La esquina del mal y otros artificios para recuperar el Yo

El otro día Sandrine me preguntó: "¿Tú sabes quién eres?". La pregunta no sólo me cayó por sorpresa sino que me desconcertó porque era demasiado temprano para ese tipo de increpaciones. Balbuceando, y después de darle un trago a mi pulque de avena, le dije que la vida se me había ido tratando de resolver el enigma (todo empezó, no obstante, por una canción de Nacha Pop llamada "¿Quién soy?"). Recurrí, entonces, a la vieja frase del Ojitos Meza para considerar el intríngulis: "Todo está escrito pero no todo está leído". Acto seguido, consideré que la respuesta podía estar en las últimas tres veces que visité la Esquina del Mal (dicho sea de paso, un sitio en donde he documentado a plenitud la vileza humana; otro día, no tan de paso, platicaré mis motivos). Una noche, mi amigo Carlos Martínez Rentería, y a increpación expresa de mi parte por considerarlo foxista, me dijo "Tú no sabes quién soy yo". Segundos más tarde, me injurió mientras daba la vuelta a una de las tantas esquinas malignas que tienen esos congales. Una semana después me lo encontré en el Covadonga; vino a mi mesa y se disculpó por el exabrupto, lo cual no impide que yo lo siga considerando foxista. La penúltima vez fue un poco más peligroso pero igualmente edificante. Mientras yo bailaba un poco, tranquilo como lo demuestra mi siempre conocida efigie de hombre íntegro, se me acercó un narco con su guarura; me increpó, creo, o me dijo algo que ahora no recuerdo porque, aunque hombre íntegro, mi estado en ese momento era poco conveniente. Más adelante entendí lo que había pasado y me acerqué a su mesa; se paró; su guarura hizo lo mismo llevándose la mano a un costado. Sin embargo, su jefe lo atajó y le dijo que no había problema. Discutimos. Le hice ver que uno puede ser generoso con la banda, aun estando en la Esquina del mal, y cohabitar armónicamente con los numerosos rara avis que acuden con regularidad. Concedió. Nos acatempeamos. Ya cuando me iba me dijo: "¿Tú sabes quién soy yo, verdad?". Asentí al tiempo que él hacía un gesto de apuntarme con una pistola y disparar. La última revelación fue la semana pasada. Yo estaba chupando tranquilo con María y, de buenas a primeras, alguien me brinca al cuello, me da un abrazo efusivo y me dice: "Tú y yo somos iguales". Después de decirle que yo no podía ser igual a nadie, precisamente por las particularidades de mi ya mencionada naturaleza de hombre íntegro, observé que era un individuo al que yo había visto desnudo en una publicación poco seria. Era Pancho Cachondo. Después de seguir brindando por algún rato, me dio su teléfono. "Podemos hacer muchas cosas juntos", dijo.

Leemos en el Quijote: "Yo sé quién soy". Más allá de considerar que la conclusión del maestro Alonso Quijano era un artilugio para despistar al enemigo, no nos ayuda mucho para resolver el dilema. Quizás si acudimos a la vieja frase "No sé lo que soy, no soy lo qué sé", acuñada por ese viejo lobo franciscano Angelus Silesius en el siglo XVII, nos acercaríamos un poco más. Sin embargo, está claro que, al final, para saber quién es uno, hay que acudir siempre a la sabiduría de Nuestro Señor. Cuando Moisés, en el Sinaí, le preguntó a Dios quién era, Nuestro Señor, con su bien conocida solvencia, respondió: "Yo soy el que soy". Pasado el lapsus, le dije a Sandrine que debíamos probar el curado de maracuyá. Estuvo muy bueno, por cierto.

CAS

lunes, marzo 27, 2006

...
Se ha escrito mucho sobre la memoria. Hoy día, y lo considero una tautología, me vinieron a la mente esos momentos en que me gustaron las ardillas. Aunque rabiosas, sabría también lidiar con ellas. Aunque rabiosas...
CAS

miércoles, marzo 08, 2006

Futbol de cama
Entre las miles de connotaciones ocultas del futbol, las sexuales tienen un lugar especial. En principio los futbolistas suelen definir el gol como un orgasmo. Más allá de la vaguedad conceptual, y si bien la analogía es válida para una comunidad delimitada (los niños, por ejemplo, no saben qué es un gol), la comparación no es gratuita (por lo demás, está claro que un gol anulado es equivalente a un coitus interruptus). Así, en el entendido de que todo futbolista tiene como objetivo la penetración... de la portería, la simbología del juego no pasa como una práctica erótica sino como sexo duro.

En el futbol hay circunstancias, dentro y fuera de la cancha, que se convierten en íconos de un deseo muy extraño. De esa forma, David Beckham es más famoso por casarse con una Spice girl y ser el estereotipo de algo llamado metrosexual y no por sus virtuosos tiros libres. Hombres, mujeres y quimeras se humedecen cuando el Spice boy sale con poca ropa en una revista o yace en la cancha después de una patada violenta. Tengo amigas que pretenden ver qué hay más allá de su entrepierna y se agachan un poco delante del televisor. Un futbolista es el referente de fortaleza, virilidad y billetes verdes. Por eso el mediocampista del Arsenal, el sueco Freddie Ljungberg, además de desbordar por la banda derecha de Highbury, modela la ropa interior de Calvin Klein.

El futbolista, a su guisa, aviva sensaciones lujuriosas. Una vez Madonna dijo: "Siempre que veo a Iván Zamorano pienso en sexo". El chileno, en ese momento en el Inter de Milán, agradeció la deferencia con una sinvergüenzada poco cortés: "Y eso que no me ha visto desnudo". La euforia, el orgasmo, el olor del sudor, de repente son representados de manera gráfica para que el público entienda qué es estar en el campo. Hace algún tiempo, Martín Palermo -memorable jugador argentino que falló tres penales en un partido y un día se fracturó la pierna cuando pateó una tribuna y ésta se le vino encima- tenía insatisfecha a la afición del Boca (insatisfacción=sequía-de-goles=a ya sabemos). Cuando después de mucho tiempo marcó un gol, el festejo fue así: corrió hacia el banderín de corner y se lanzó de avioncito sobre el césped. Antes de eso, en un momento de inspiración ilustrado, decidió enfrentar su bronca con una respuesta fálica. Entonces se bajó el pantaloncillo celeste y, por unos segundos, dejó al descubierto el miembro de los verdaderos orgasmos. Sus compañeros, al ver la imprudencia, se lanzaron sobre él, no precisamente en un gesto de "ésta es nuestra oportunidad" sino para evitar que el árbitro lo viera.

Las situaciones pasadas de tono son cotidianas. Quién olvida el ilustre beso francés entre Maradona y Caniggia o el mítico bocinazo de testículos de Michel a Carlos Valderrama en 1989. Hace un par de años un jugador del Sevilla festejaba un gol. En la euforia, sus compañeros se le echaron encima. Uno de ellos, -el conocido criminal de las canchas, Javi Navarro-, decidió pasar a los anales con una rauda maniobra: ubicó el pene del anotador con la mano; acto seguido, para constatar -como el dinosaurio- que todavía seguía ahí, lo mordió con placidez. En general los festejos suelen ser orgasmos sostenidos: muchos son los jugadores que se tocan los genitales para decir que lo hicieron con sus "desos" (no puedo olvidar la última final que perdió la gloriosa máquina celeste. El gol del gane anotado por Alejandro Glaría fue, literalmente, pitero).

Aunque las situaciones eróticas o sexuales son interminables, sostengo que la mejor es el calendario de las Matildas, la selección australiana de mujeres, quienes se desnudaron para obtener dinero para sus viáticos. En fin, como uno no es inmune al futbol de cama, ahora cada vez que voy a un estadio, mi súplica es mínima: "Un orgasmito, por amor de Dios".
CAS

lunes, marzo 06, 2006

Desamor y consecuencias
En dos meses he bajado 15 kilos de peso. Ni duda cabe: debo terminar más seguido con mis novias.
CAS

miércoles, marzo 01, 2006

Buscadores

Perdón, pero es necesario. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en buscadores de la red:

-"Redacción de mi Tecate"
-"Encontré a mi esposa cogiendo"
-"Fornicar sin pecar"
-"¿Cómo matar a mi esposa?"
-"Carlos Antonio de la Sierra puto"

CAS

viernes, febrero 03, 2006

¿Cómo olvidar?

El cielo se ha adentrado en una de sus tantas tonalidades grises. Sin saberlo, es ya el compañero ideal para visualizar un horizonte imposible, aunque tampoco intuya que el fuego real desanida el cuerpo por dentro. ¿Cómo olvidar?, es la súplica de la epidermis. ¿Cómo hacerlo sin dejar de ser justo y el palmo de piel menos visible quede fuera de una eclosión siniestra? El tema no es el vigor de los hombres íntegros o la falsa ilusión de una antigüedad reciente o borrar la cinta de la memoria como se lo haría con la palabra escrita a lápiz. El conflicto, mayor y solitario, es saberse desprendido del palmo de piel y seguir siendo hombre: desajustar la cuerda que sostiene el pasado como hilo perenne, como enlace sublime con lo que alguna vez fue bello. ¿Cómo olvidar?, pregunto de nuevo y el halo de la respuesta me cercena como si de cortar gargantas se tratara, como si el tiempo detenido se remitiera sólo a la lágrima en el pómulo, fría, indecisa, estancada eternamente. Gota, agua, río eterno. ¡Por dios, pongo mi cabeza en la tabla para que el cauce fluya! ¿Cómo olvidar, carajo?, si entre la bruma perpetua estarán las efigies e instantes que construyeron el esbozo de las miradas, la complicidad magnífica de lo sabido, el silencio pobre y obtuso que llama a los mortales a su inevitable lecho. La perversión domina de nuevo los cuerpos débiles y oculta el sufrimiento. Y sigue ahí, en un lugar intacto llamado huella. ¡Malaya sea el tiempo! ¡Va mi espada en prenda por una pedestre cicatriz! Pero la sangre fluye por fuera, crea formas perniciosas en las monturas y lanza su ingenuidad hacia fuera para reafirmar su presencia. Raudo carmesí. ¿Cómo es el dolor si el pasado lo muestra opaco, como si por una genialidad cruel hubiera saltado los años? Ahora la conmoción es otra, más rabiosa, más entera, acaso también, quiero creerlo, más noble, de esa nobleza que sin embargo no eclipsa el puñal que cortará las venas. ¿Cómo olvidar? Házmelo saber, señor, y empeñaré mi palabra, pondré mis sílabas al amparo y voluntad del juez perfecto. Soy, lo sé, un bombero que no puede, no sabe, apagar el fuego. Por favor, quiero saber cómo olvidar y prometo ser hombre muerto.

CAS

jueves, enero 26, 2006

Sólo Dios sabe

Encontré en mi clóset un brasier negro. Le dije a mi mujer que lo había olvidado en mi casa. "Yo no dejé ningún brasier, mucho menos negro". El misterio se intensificó, pues la fidelidad es la única virtud que he alcanzado a mis 33. ¿Cómo habría llegado? Ella, extrañamente, no buscó el cuchillo para cortarme el cuello o sacó la vajilla barata para vaciármela en el parietal. No. Ella, por el contrario a cualquier reacción violenta que yo, aunque inocente de los cargos imputables, habría sufragado, sólo dijo "tíralo a la basura". Y ahí fue a dar, entonces, ese brasier negro y la culpa ajena.

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lunes, enero 02, 2006

Diario de Carolina III

Cuando un mexicano está en el extranjero es natural que le hagan referencias convencionales acerca de su país. Una vez Epigmenio Ibarra, durante la guerra de los balcanes, se salvó de que las tropas serbias lo pasaran por las armas cuando el sargento en turno vio su pasaporte. "¿Mexicano? ¡Hugo Sanchez!", dijo sin más, y abrazó eufórico al reportero mexicano. Conmigo la referencias a mi país no han sido tan gloriosas o, para decirlo más claramente, entusiastas. Hace un par de noches, en una fiesta donde los convidados sumaban mas de diez nacionalidades, la anfitriona me dijo "A ver Carlos, aquí están los ingredientes: haz margaritas". Sobra decir que nadie me había informado que debía embriagar a la gente, entre otras motivos porque 1) el tequila que yo había llevado era para tomarse solo y 2) nunca había preparado una margarita. Pero era obvio que mis razones no importarían en ese momento, así que puse cara de yes, metí la mezcla gringa de margarita recién comprada en un Food Lion en la blender (aparato adquirido ex profeso para la ocasión) y un tequila regular mexicano, comprado también ex profeso en caso de que se me presentaran situaciones como éstas. Las margaritas fueron un éxito, esto es, la banda se había emborrachado con dos tragos, todos dijeron que estaban excelentes (aunque creo que a la eslovena a la que me quería ligar le faltó una más para que me dijera que yes y abandonara a su novio holandés, que había vivido en Australia y hablaba con pedante suficiencia sobre los aborígenes australianos) y, a la postre, me hermané con uno que otro convidado, como Prakash, ese viejo lobo de India que afirmaba que si, de él dependiera, le regalaba Cachemira a los pakistaníes y que me abrazó diez minutos seguidos cuando le dije que habia leído con mucho cuidado a Rabindranath Tagore (intenté explicarle que teníamos una primera dama que pensaba que Tagore, además de mujer, era rabina pero no lo entendió bien a bien). Ya al final, no sé como (el efecto de las margaritas me había alcanzado), entendí un poco más acerca de Carolina del Norte y su esencia, un lugar en donde para sobrevivir sólo hay que hablar con personas marginales. Por eso cuando me despedía, y sin que hubiera más razón que mi arduo y largo deseo de ser fiel a la verdad, confesé: "Las margaritas son gringas".

CAS

sábado, diciembre 24, 2005

Diario de Carolina II

El tiempo en la montaña dura distinto. En las mañanas es apacible; por las noches, vertiginoso. No hay nada que prologue el atardecer ni que reafirme el aura. Las horas en la montaña son acéfalas, indecifrables. Hay, por demás, varias inclinaciones anímicas motivadas por este caos rutinario. Las horas muertas sirven, entre otras cosas, para notar que los temas importantes en la vida tienen que ver con los dolores y resistencias de los seres queridos y no con las minucias y pequeñeces personales. El sufrimiento tiene sus decibeles, y mi escala sigue siendo nimia. Aquí en Asheville, lugar donde nació Thomas Wolfe, desde esta colina inmensa donde escribo, me he propuesto recuperar la sobriedad de mis juicios y la templaza de mi conducta (acaso nunca la tuve). Desde aquí también, en esta pequeña atalaya donde he radiografiado los incendios cotidianos del sol, se mira mi tierra y sus tribulaciones; ese lugar habitado por los otros seres queridos que cada vez son menos. Aquí en Carolina del Norte, un lugar donde la fauna es variada, hay una ardilla que me observa juguetona. La pobre pretende verme la cara.

CAS

miércoles, diciembre 21, 2005

Diario de Carolina I

Dos ardillas se comen entre ellas. Lucía dice que así es. Siempre. Daler, de Tajikistan, se acaba de ir. Se asombraba porque yo bebía con mi mamá. "En mi país no puedo beber con mi padre; más bien le sirvo los tragos", dijo. Me acordé cuando en una cantina de Praga conocí a un maestro de Arabia Saudita que debía que viajar por algún tiempo con su papá. "No mames", le espete, "¿Por qué debes, man?". "Porque tengo que cargarle su pinche equipaje". Ahora, a la distancia, sonrío anárquicamente sin de nuevo entender bien a bien qué pasa. Siempre pensé así, en ubicar los tonos jerárquicos, en saber sobre los temas mundanos que van más allá de un vaso de tequila. Pero soy intolerante: Amal sigue insistiendo en que su país (Palestina) no existe. Me incomodo un poco y transgredo mis límites. Sólo digo I agree y termino el tequila. Mañana vamos a Asheville; dicen que es frio. Ya compraré unos guantes.

CAS

lunes, diciembre 12, 2005

Ni modo...

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "¿Cómo puedo dejar de amar?". Tengo que empezar a cobrar.

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jueves, noviembre 17, 2005

Confesión
Los nombres de libros siempre me vienen a la mente antes de escribirlos; sin pecar de inmodestia, podría hacer uno completo con los títulos de los volúmenes que me faltan por redactar. En la portada se leería, a secas, It. Pero como de libros no vive una persona seria (tema por el que me he quedado afónico tratando de convencer a mis alumnos), he pensado ya en el nombre del bar que me sacará de pobre y abriré tan pronto me den el changarro-crédito que pedí: Todos contentos y yo también.
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lunes, octubre 31, 2005

Dicho por Hugh

Releyendo un pasaje de la novela que estoy trabajando (lo he aceptado: el sino de mi vida), encontré una frase que sintetiza los misteriosos eventos ocurridos los últimos años en un penthouse de la colonia Del Valle de la ciudad de México: "Si nuestra civilización tornara a la sobriedad por un par de días, al tercero, moriría de remordimiento".

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jueves, octubre 27, 2005

So be it
La ingenuidad no es un tema cultural. El punto pasa, en contraste, por una dinámica fundamentalista. Cuando se cree estar cerca de Dios, la mano invisible cercena mitos y creencias que se ubican al amparo de las divinidades. En la ciencia providencial no se contempla asumir con supuesta seriedad un fanatismo chafa. De ello se desprende, por tanto, la siguiente pregunta: ¿acaso esos pendejos del América creyeron que podían ganar en el heroico Estadio Azul? El mundo está lleno de ingenuos.
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lunes, octubre 24, 2005

Buscador
Perdón, había prometido no volver a hacerlo pero la realidad me ha rebasado de nuevo. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Cómo hacer un pacto con el diablo para hacerse millonario".
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