martes, noviembre 24, 2015

Nuevo libro























Recién sale de la imprenta el libro que escribí para Actinver sobre artistas plásticos mexicanos, Orgullo mexicano. Entre otros artistas están Francisco Toledo, Alejandro Santiago, Jorge Marín y Rafael Cauduro.


CAS

jueves, noviembre 12, 2015

CAS en la FILIJ

Ahora mismo puede escucharse el podcast de la entrevista que me hicieron en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la ciudad de México. Pícale aquí.

Bety Soto, CAS y Erika Burgos en la FILIJ

CAS

sábado, noviembre 07, 2015

lunes, octubre 26, 2015

CAS en Aguascalientes en octubre























A partir del miércoles 28 de octubre estaré impartiendo un taller de creación literaria en la ciudad hidrocálida. Os espero.

CAS

viernes, octubre 16, 2015


Escritores de película






















Ya puede leerse mi columna "De la tinta al celuloide" en la revista de la DGB, El bibliotecario. El título de esta colaboración es "Escritores de película. De mitos y otras yerbas". Acá el link.

CAS

lunes, septiembre 28, 2015

Un poema

Cuanto
Te guste a Ti,
Me gusta
A mí
Así
Que
Procura
Que aquello que te guste
Te merezca.

Francisco Cervantes, “Un Horus secreto”.

CAS 

lunes, agosto 17, 2015

CAS en Aguascalientes en septiembre





















CAS

martes, julio 21, 2015

Aguas con el fuego. El diablito anda suelto

El principal enemigo de los mercados mexicanos no son las insalubres ratas de las cañerías ni las malhechoras que acechan para atracar a incautos. La mayor amenaza, que se repite como el día y la noche, es el fuego. Será difícil encontrar un mercado en el país que no haya sufrido un incendio; algunos han tenido varios y solo su pujante estructura los ha mantenido en pie: una chamuscada, dirían algunos marchantes, no va a tumbar este templo. Pero hay otros que se acaban caprichosamente y no vuelven a renacer jamás de sus escombros. ¿Por qué se queman los mercados? Sin duda apelaríamos a los descuidos, a la falta de protocolos de seguridad, a la desidia de algunos vendedores. Quizás a colillas de cigarros, cortos circuitos, fuegos artificiales, pólvora o gatos que prenden el interruptor de una luz cercana a una piñata. Hace algunos años, uno de los tantos incendios del talante brumoso de La Merced fue provocado por unos diablitos. La pregunta de los locatarios fue: ¿unos diablitos? ¿Ésos de carga? Estaba claro que esos diablitos, los que dan el golpe pero hasta ahí en los fervorosos pasillos de La Merced, nunca habrían empezado un fuego. El incendio y su hechura apocalíptica había sido invocado por otros diablitos, más eléctricos y profanos, que se colocan en las alturas de los postes callejeros para robar un poco de energía eléctrica. Ahí la luz hizo al fuego nuevo por un diablo mal puesto y alumbró el nacimiento del flamante y flameante mercado, que como todas las aves fénix del mundo, renació una vez más de sus cenizas invisibles.

CAS

jueves, junio 04, 2015

CAS en la Cineteca








El próximo martes 9 de junio impartiré la conferencia "De la tinta al celuloide. Literatura y cine mexicano". La plática versará sobre Dos crímenes de Jorge Ibargüengoitia y la versión cinematográfica dirigida por Roberto Sneider en 1993. La cita es a las 18:00 hrs. en la sala Arcady Boytler de la Cineteca Nacional. Naturalmente después de la charla se proyectará la película. Abajo la programación completa de las confes de junio.























CAS
Stefan Zweig y El gran Hotel Budapest























En este momento puede leerse mi texto sobre El gran Hotel Budapest de Wes Anderson en la edición febrero-abril de la revista El bibliotecario de la Dirección General de Bibliotecas. Aquí el enlace de la revista competa.

CAS

viernes, mayo 01, 2015

Once we were young



Mi querida amiga Bety Palacios desempolvó esta foto tomada hace casi 15 años en Ciudad Juárez. No sé si llamarnos escritores incipientes, pero lo cierto es que no éramos famosos (como acotación, yo sigo sin serlo, aunque sabemos que la esperanza es lo último que muere). Entre otros amigos están Luigi Amara, Estrella del Valle, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, Fernando de León, la mismísima Bety Palacios, Miriam Mabel Martínez, Maricarmen Sánchez Ambriz y Juanjo Rodríguez. Éramos jóvenes y flacos. Yo aparezco a la izquierda con anteojos, la demodísima barba de candado y hace unos kilos.

CAS

viernes, abril 17, 2015

CAS en Bellas Artes

El próximo domingo 19 de abril estaremos celebrando los veinte años del Programa Nacional de Salas de Lectura en la explanada del Palacio de Bellas Artes. El evento coincidirá con los festejos adelantados por el Día Mundial del libro y del Derecho de autor. A mí me tocará entrevistar a algunos de los autores que pertenecen al acervo de Salas de lectura. Entre otros escritores, nos acompañarán María Baranda (Diente de león), Luis Felipe Lomelí (Indio borrado) y Luigi Amara (A pie). Os esperamos a partir de las 11 de la mañana.



















CAS
El Santo

El martes pasado terminó con éxito en el Centro Cultural del Bosque el ciclo Santo, el enmascarado de plata. Muchas felicidades a mi querido Maestro Daniel Téllez y sus buenos oficios para organizarlo.
























CAS 

jueves, abril 09, 2015

Otra vez el Loco

Hace ya algunos años escribí sobre Marcelo "El Loco" Bielsa, un entrenador distinto en todo el sentido de la palabra. Hoy día, como entrenador del Olympique de Marsella, vuele a sorprenderme con la sapiencia de sus palabras. He aquí su arenga en el vestidor después de haber perdido un partido: "Acepten la injusticia, muchachos. Traguen veneno. Aunque les resulte imposible no reclamen nada. Al final todo se equilibra". 

















CAS

miércoles, marzo 11, 2015

Tu barro suena a plata. El Santo revisitado

Una máscara. Una tapa que habla entre incienso. Un misterio inexistente, pues la incógnita se presenta como verdad palmaria, señera. El rostro no importa: no ha lugar a la duda sobre una persona, sobre el contorno epidérmico debajo del trapo plateado. Cara y tela se mimetizan en una sola expresión de firmeza y perennidad. Así, debajo de la máscara hay otra más, y abajo otra, y abajo otra. ¿Por qué importa tanto el talante cuando, sin el enigma del paño, sería uno más de los rostros anónimos que adoquinan el mapa de las lamentaciones cotidianas, el subtexto vivencial en el que se muere porque que no hay leyenda que mantenga la huella transcurrida? Todo semblante se desvanecerá como los de los sueños, el crimen perfecto de realidades que no fueron plateadísimas, argentas de sangre, corazón y lona. Y hay pocos así, de trascendencia férrea y fugitiva. Nadie recuerda el rostro de Rudy Guzmán; sin embargo, todos en México conocen la careta del Santo, el enmascarado de plata.
         A 31 años de su muerte, su hechura sigue vigente, más viva y actual que nunca. El Santo cristalizó una de las consignas sagradas de la lucha libre: la eterna rivalidad entre el Bien y el Mal. El encordado luchístico es el último reducto en el que ocurre esta dualidad elemental de la vida: la representación de la buenaventura como deber ser y la atomización de las fuerzas del mal por parte de rudos encarnizados y de un réferi que jamás será el abanderado de la justicia. Ahí el Santo era idolatrado, incluso en esos momentos de amnesia o problemas pasajeros de identidad que le hacían coquetear con el lado oscuro: siempre regresó al sendero de la bonhomía y ahí se mantuvo, con arte y presteza, sorteando todo tipo de desavenencias bizarras.


El punto relevante fue cuando tuvo que combatir a sus enemigos más allá del ring, cuando la ignominia venía de poderes siniestros que atentaban en contra de la humanidad. En esos momentos de zozobra aparecía el Santo conduciendo un descapotable a gran velocidad para llegar a enfrentarse a mujeres vampiro, zombies chilangos o momias de Guanajuato. ¿Qué ocurría en estas representaciones entre lo bueno y lo malo? El Santo, a diferencia de los superhéroes gringos, era de carne y hueso, podía ser lastimado, sufría como cualquier otro ser humano, pero se levantaba del perjuicio para salir victorioso de gestas destinadas, en principio, al naufragio. Por eso en la lucha libre nunca han sido famosos gladiadores llamados Batman, Robin o Linterna verde: ellos pertenecen a la ficción. El Santo, sin embargo, es real. Y sólo hay uno. Para muestra un botón: los superhéroes gringos salieron de la artificialidad de un cómic para luego tener presencia de carne y hueso; el Santo, en cambio, a partir de su lidia en el cuadrilátero y el cine, apareció en las historietas. El héroe de carne y hueso fue representado en la gráfica para darle mayor impacto, para que se conocieran sus hazañas, se supieran sus desafíos como ola expansiva. La culminación de esa sinergia entre el lector del cómic y su personaje querido es que el fin de semana esas proezas estarían en la arena en la función dominical, se podría pedirle autógrafo al ídolo amado y constatar, después de unas palmadas en la espalda sudada, que en realidad sí existía.
         Hay que hacer notar que el mismo nombre Santo le hace guiños a la divinidad, a esa aspiración mágica de la religión católica que busca el bienestar terrenal. Decía el gran cronista deportivo Ángel Fernández: “Lo peor de pedirle deseos a un santo es que te los cumpla”. Desde luego, porque para el devoto sería la constatación de la existencia de una deidad omnímoda, aunque para el escéptico seguiría siendo una coincidencia o un paso más del azaroso recorrido del destino. La gran virtud del Santo era que los deseos o peticiones se hacía más reales, más posibles, más vertiginosos. El ícono de la iglesia se trasladó al ícono de la cultura popular y su pináculo tuvo efectos más efectivos y verosímiles en la sociedad. La gente iba a la arena para ver ganar al Santo; sabía que, como persona de sangre y músculo, sería presa del dolor, pero también que al final su sufrimiento, como aquellos que fueron clavados a una cruz, tendría una razón de ser que crearía sentido beatífico en una comunidad y siempre, por sobre todas las cosas, arribaría a buen puerto.


         El 12 de septiembre de 1982, el Santo se retiró para siempre de los encordados. Sus compañeros en la lucha estrella en relevos atómicos fueron el Huracán Ramírez, el Solitario y su gran pareja de años atrás y a quien habían sacado del retiro para que luchara en el festejo, Gory Guerrero. Hace más de treinta años de ello y ninguno de estos luchadores vive hoy día. Sus rivales fueron Los Misioneros de la muerte (el Signo, el Texano y el Negro Navarro), jóvenes que subían como la espuma, y el célebre Can de Nochixtlán, don Pedro “el Perro” Aguayo. La lucha fue una masacre. Los Misioneros y el Perro, valiéndose de todas las tretas y amaños posibles, golpearon y vejaron a cuatro leyendas de la lucha mexicana y al final perdieron por descalificación en dos caídas seguidas. La sensación, sin embargo, de quienes vimos esa lucha fue de orfandad, un extraño ánimo que corría por la venas mexicanas como malestar solidario; nunca más el Santo subiría al ring a defender el honor y el emblema de las causas justas; no obstante había estado ahí, una vez más, con el misticismo de su tapa plateada para sufrir y triunfar ante sus últimos rivales en el pancracio. Dos años más tarde, el Santo el insigne enmascarado de plata, sufriría un infarto devastador y su corazón dejaría de latir. La gran hombrada, desde el Más allá y como voluntad celestial de un santo, fue que el corazón le salió del pecho y siguió latiendo y compartiendo sus venturas y aventuras en el territorio de lo fugitivo. Por eso el Santo vive. Por eso estamos aquí hablando de él, por una necesidad cultural y vivencial que nos hace mentar de nuevo su nombre. He aquí, entonces, uno de los sinónimos de la inmortalidad.
         En “Suave patria”, el gran poeta zacatecano Ramón López Velarde escribió:

Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.

La tapa plateada del Santo viene del barro de esta tierra, de sus calles como espejos y de la vida diaria, como el santo olor de la panadería. Por esas razones, por aquello de las llaves mal habidas, los lances inesperados de la brega cotidiana y la evoluciones malsanas desde la tercera cuerda, siempre habrá que pensar, como forma de salir al paso, en una De a caballo bien puesta. Por ello también, por las dudas de los misioneros de la muerte y otros oficiantes igual de pecaminosos, habría que decir hoy y para siempre que todos somos el Santo, ¡el enmascarado de plata!
  

Texto leído en el Ciclo El Santo, el enmascarado de plata, el 10 de marzo de 2015 en el Centro de creación literaria Xavier Villaurrutia de la ciudad de México.

CAS 

martes, marzo 10, 2015

Hoy en la Condesa con el Santo

















CAS

viernes, febrero 27, 2015

CAS sobre El Santo en la Condesa

Mi querido Maestro Daniel Téllez, exluchador y excelente poeta, organiza el ciclo El Santo, el enmascarado de plata. La idea es reflexionar sobre la figura del legendario luchador desde la mirada literaria. A mí me toca estar el martes 10 de marzo a las 7 de la tarde y compartiré mesa con Roberto López Moreno, Javier Perucho y el mismísimo Téllez. Aunque no sean nombres muy taquilleros, la buena noticia es que el Maestro Hijo del Santo estará en todas las sesiones. Arriba el ciclo completo.

 CAS
Música para camaleones












Mi querida amiga Bety Palacios me invitó a participar en su sección de recomendaciones musicales de la Revista Ibero, que dirige mi querido Maestro Juan Domingo Argüelles. Aquí el link.

CAS

lunes, febrero 09, 2015

Una verdad

Lo más profundo que hay en el ser humano es la piel.

Paul Valéry, La idea fija

CAS

martes, enero 27, 2015

¡Cínicos!

Una vez más queda comprobada mi trágica máxima: el cinismo es la religión posmoderna. Hace algunas horas el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, ratificó la versión de que los estudiantes de Ayotzinapa habían sido asesinados y quemados. Asimismo, dejó en claro que el Ejército no había tenido nada que ver con la desaparición (qué manera tan poco sutil de deslindar a los militares) y que los asesinos eran integrantes de Guerreros Unidos, a orden específica de El Cepillo, líder de los sicarios del grupo y recientemente aprehendido. Al terminar la conferencia de prensa, Murillo Karambas dijo: "Ésta es la verdad histórica de los hechos". Aunque seguramente Murillo Karambolas jamás leyó a Dilthey o a Heiddeger, el subtexto de la (perdón por el insolente juego de palabras) lapidaria frase es "He dicho", "So be it" o "Háganle como quieran, pinches culeros". En la más pura línea del amo del cinismo y los chinchones, Emilio Chuayffet, Murmullo Káram le da carpetazo a una de las mayores ignominias que ha tenido la historia reciente de este país. Y lo hace cuando no se ha documentado ni una sola evidencia de los cadáveres de los jóvenes. Además de que se pasaron por alto los comentarios de expertos científicos que decían que 43 cadáveres no se queman en 12 horas si no se usan varias toneladas de algún producto altamente inflamable, como llantas de coche. Esto independientemente de que se hubiera generado una llamarada que la gente de la región o los pilotos que en ese momento sobrevolaron la zona en helicópteros hubieran notado. Pero no, el argumento ni siquiera jurídico sino legaloide es "la verdad histórica", como si estuvieran juzgado a Nerón, Hitler, Milosevic o Calderón. La verdad histórica durante miles de años le hizo pensar a los seres humanos que la Tierra era plana. Y la historia no absolverá al procurador, desde luego; sólo hará en lo sucesivo que su mote, de aquí a la eternidad y verdad histórica o no, sea Murillo Karma. 

CAS

Y para muestra un botón: he aquí el ominoso video de la investigación de la PGR.


lunes, enero 26, 2015

Fragmento de Nuestra cerámica


Los cinco elementos

La cerámica es del lodo y de las manos que lo cargan. Pero éste se desliza entre los dedos como amante clandestino, como lo hace el agua cuando se la pretende dominar, asir. No basta entonces el agua y la tierra. ¿Cómo se sostiene el líquido para que no fluya entre la piel como el río y el tiempo? Se llama al fuego que es llama y al viento que la incendia con categórica armonía. Agua, tierra, aire y fuego. Y las manos que los subyugan para darle alma entre sus yemas. Por los dedos cae el agua. Y a las manos regresa para ser bebida en la vasija por el aire, fuego, agua y tierra que se inventa en la memoria de las palmas. Y por la gracia de una pieza que no existiría sin los cinco elementos que le dan vida en los dedos de una mano, se presenta la creación como quien lo hizo a su imagen y semejanza un séptimo día.

CAS 
Mi último libro: Nuestra cerámica























CAS

martes, enero 20, 2015

CAS en Zacatecas



















El siguiente jueves estaré en la ciudad de Zacatecas para impartir la conferencia "Literatura y transgresión". La cita es en la Biblioteca Mauricio Magdaleno a las 5 de la tarde. Más información aquí. Os espero.

CAS

viernes, noviembre 28, 2014

CAS sobre Rojo y negro de Stendhal en diciembre























CAS

martes, noviembre 25, 2014

Vuelos II. En el aire con Pedrito

De nuevo ignoro cuántos vuelos he tomado últimamente. Ayer regresé, dormí en mi cama por primera vez en una semana y heme ahorita otra vez en el aire. Hoy por primera ocasión me detuvieron en la revisión de rayos equis. Pensé que me inspeccionaban por los granos de café con chocolate para mi postre con los que suelo viajar. Pero no. El policía hurgó un poco más en mi mochila y encontró un cuchillo de mesa sin filo y con el que no se podía cortar un limón. Lo sabía porque me lo había robado del restaurante de mi último hotel: mis alumnos me esperaban con unos tequilas y limones para ser cortados en la alberca del techo. Lo curioso fue que el cuchillo, que estaba en mi backpack quién sabe por qué sibilina razón, lo había pasado sin saberlo en el último viaje: nadie en el aeropuerto de Guadalajara se había dado cuenta de que introducía un objeto, ni punzo ni cortante pero arma blanca al final, a la sala de espera. Ya en el DF me lo quitaron y el numerito no pasó a mayores. No obstante, sigo siendo hijo de los aeropuertos y me pasan cosas que debo entender, no hay de otra, como señales providenciales.
         Verbigracia: a últimas fechas me he encontrado seguido a un muchacho que fue estrella infantil del cine y la canción, y según por el número de autógrafos que le piden comprendo que sigue siendo famoso: Pedrito Fernández. Me he topado con Pedrito en los aeropuertos cinco veces en los últimos cuatro meses. En realidad no sé qué haga, pero seguramente no lo que yo: un servidor se dedica decorosa y honorablemente a la literatura, ergo, embaucar a incautos a lo largo y ancho de un país en forma de cuerno. Supongo que lo de Pedrito será más fecundo y enriquecedor (para mí esta última palabra sólo tiene una acepción: engrosar nuestras cuentas de banco). No sé si alguna vez me haya visto y me haya pensado como su redentor, palabra que primero tendríamos que explicarle (mi look actual ha pasado del Gigante egoísta wildeano al de Hagrid harrypotteriano); pero el tema es que ahí está, da autógrafos y posa como divina garza que, ya sabemos por un escritor jalapeño, no puede ser domada.
         Hace algunas semanas yo regresaba no sé de dónde y ahí estaba Pedrito en la sala de espera. La verdad me dieron ganas de saludarlo, sacudirnos la mano solos o acompañados y crear finalmente el vínculo fraternal que él seguramente anhelaba cinco aeropuertos atrás. Naturalmente no lo hice: ¡ya parece que yo iba a estar saludando al pinche Pedrito Fernández, ni que fuera ese cabrón de Ricky Martin! Le di carpetazo al asunto y me subí al avión. Todo iba bien hasta que él se subió a la misma aeronave seguramente nada más para molestarme y abriera de nuevo la carpeta. Despegamos y todo, salvo las turbulencias (¡coño! ¡Juro no tratar más a mis alumnos como lo que realmente son idiotas― si diosito las desaparece!) iba miel sobre hojuelas. Lo fue hasta que, una vez más, fui testigo de la ruindad humana.  Al lado mío, cruzando el pasillito, estaba un cuate que tenía ganas de hacer plática (en viajes de una hora debería existir una bula papal que prohibiera platicar con el compañero de asiento). Vio mis manos psoriásicas y dijo: “Así habrá quedado el güey al que le pegaste”. En lugar de responderle seriamente y decirle que todavía no pasaba eso pero podría suceder antes de aterrizar, sonreí como idiota. Tomé un trago de mi bourbon y le expliqué sobre mi condición (enfermedad autoinmune, llagas en las manos, hidrografía severa en los codos, individuo en vías de ser el Guapo Ben etc.). Acto seguido, como si estuviéramos compitiendo por patologías a 12 mil pies, contraatacó: “Yo he tenido dos infartos y dos operaciones a corazón abierto”. Obviamente, a pesar de la buena forma de mis nudillos graníticos, no había duda de quién había ganado. Cedí estoico ante un contrincante de ligas mayores y con toda decencia contribuí a la causa con un muy buen puesto y digno ¡Uy!
         El tipo, que tenía a su mujer al lado (muy parecida a la esposa de Goebbels, por cierto), siguió con la perorata de que si alguien sabía de enfermedades era él. Fue entonces cuando un espíritu del aire a corazón abierto lo iluminó, y sacó su celular del saco. Pensé que me enseñaría pornografía protagonizada por él y frau Goebbels pero no: con aires de grandeza, me empezó a mostrar fotos de mujeres “buenas” a las que había fotografiado en el aeropuerto. Mientras lo hacía su mujer no se inmutaba y seguía leyendo sobre los hoteles ecoturísticos en la revista de la compañía aérea. Yo, por mi lado, le quería pegar y sacarle de una vez por todas el corazón abierto y facilitarle la siguiente operación al cirujano. Me tenía prendado del brazo en el pasillo y le escuchaba resignado: Ésta entró al baño, Ésta es del Starbucks, Ésta se agachó y, como ves, yo me agaché más. Estaba por zafarme hasta que arribó a donde quería llegar desde un principio: el selfie con Pedrito Fernández. “¿Tú no te tomaste una?”, preguntó ufano. Pedrito en imágenes y en la vida real me acechaba.
         A estas alturas, y a ésas del avión, es importante hacer un largo y sustancial paréntesis.  (La banda suele creer que uno tiene que fotografiarse con toda persona famosa que ande por ahí. El punto es, sin ánimo de ser aguafiestas, cómo saber si es famosa; más aun: por qué vamos a querer tomarnos una foto con ellos. Yo lo haría si se tratara del Conejo Pérez, pero ahí sería un razonamiento válido y contundentísimo: me sacaría la foto para que mi sobrino se muriera de celos al enseñársela. En una ocasión mi querido Maestro Toño Ramos Revillas, escritor de cepa que recibe cuantiosas regalías anualmente para-que-yo-me-muera-de-envidia, se encontró en un aeropuerto al jugador del Monterrey, Humberto el “Chupete” Suazo. Al verlo, Toño (regiomontano que le va a la pandilla) goteó en silencio. Y empezó a planear la estrategia para abordar al futbolista chileno y fotografiarse con él. Rápidamente la tuvo: en una evolución vil, Toño sacó de sus ropajes su último libro para niños, Puppy Love, y clandestinamente se le acercó no al Chupete sino al hijo de éste (como cuando uno quiere hacerse amigo del perro de la mujer guapa y lleva un poco de tocino en la bolsa del pantalón). Suazo, pelón pero no pendejo, dejó los autógrafos y reaccionó ante las malas intenciones de un rufián que pretendía embaucar a su hijo. Al verlo llegar, Toño tuvo que reaccionar rápidamente ante la inminencia del chupetazo y le dijo que era escritor de libros infantiles, que sólo le había regalado el libro al niño. El Chupete, ya más tranquilo y como alguien que llega a un entretiempo después de una lucha sorda en media cancha, hojeó el libro y dijo gracias. El buen Toño, ya entrado en materia y sin estar preparado, sacó dos libros más de su morral y se los obsequió al chileno. Obviamente, después de semejante bajeza, al futbolista no le quedó de otra que hacerse unas fotos con Toño. Mi querido Maestro Ramos Revillas las subió ipso facto a su facebook con una inscripción que parecía cuerpo del delito: “Aquí en el aeropuerto con mi cuate el Chupete Suazo”. Cuando me contó su historia sólo pensé que hubiera sido más fácil retratarse con el Conejo Pérez).
         Le dije al pasajero que yo no era muy fan de Pedrito pero solía encontrármelo seguido en los aeropuertos. El hombre peló los ojos, se le hinchó el pecho como pura sangre, se chupó los labios como evitando un síncope y me observó unos segundos auscultándome la sien. “¿Quién eres?”, espetó como si la confusión en su vida fuera un dogma de fe. Carlos Antonio... ¿Pero qué haces? Soy escritor, maestro y me dedico a la literatura en todas sus rusticidades. Volvió a observarme de arriba a abajo y dijo para sí en voz baja: “También es famoso…”. La escena a continuación se intituló Por qué todos los que se toman fotos con Pedrito Fernández en los aeropuertos tienen que ser lanzados al océano en pleno vuelo. El hombre, ya a punto de aterrizar, se quitó el cinturón de seguridad y se me abalanzó. ¡Tú también eres famoso! ¡Necesito una foto contigo! Al tiempo que la mesera peleaba con él y yo lo alejaba del cogote: ¡Señor, no puede pararse! ¡Póngase el cinturón! ¡Necesito mi foto con él! ¡Señor, no puede usar su aparato ahorita. Los equipos electrónicos tienen que estar apagados! El fan por fin logró el selfie conmigo y regresó a su asiento. Más tranquilo me tomó del brazo, me agradeció y me dio su tarjeta de presentación. “Soy asesor legal. Háblame si tiene algún problema”. Asentí al tiempo de que dábamos la vuelta arriba de mi casa en la Del Valle y aterrizábamos. Del incidente se enteraron sólo algunos. Pedrito, que se había dormido durante el vuelo, se levantó del asiento, se estiró y dio un par de autógrafos más. Yo me sentía humillado: un hombre descorazonado me había puesto en la eternidad de su celular al lado de una estrella infantil de la canción que no podía salir de la nomenclatura del diminutivo (Pedritos hay más célebres y juegan en el Barcelona). Agradecí el vuelo corto. Tras de mí solo escuché que la mesera le preguntaba al hombre que tenía un affaire con la esposa de un nazi y dos corazones mal habidos: “Oiga, ¿quién es ése con quien se tomó la foto? ¿Pepe Aguilar? ¿Aleks Syntek?”. Sufrí un poco más, como lo he hecho consuetudinariamente en esta vida, y salí como alma en pena a buscar mi valija.


CAS  

jueves, noviembre 06, 2014

Sobre Doctor Zhivago

En este momento puede leerse mi texto "Pasternak, la CÍA y el libro prohibido" en el portal de la revista Letras libres. Pínchale aquí y si le quieres echar un ojo.

CAS

lunes, noviembre 03, 2014

CAS sobre Las flores del mal en la Capilla Alfonsina



































CAS

lunes, octubre 27, 2014

CAS en Aguascalientes en noviembre























CAS

jueves, octubre 16, 2014

CAS sobre Trópico de cáncer en la Capilla Alfonsina



































CAS

jueves, septiembre 18, 2014

María en la UNAM

Mi querida amiga griega María Jaidopulu estará en México para dar dos conferencias en la UNAM. He aquí las invitaciones:
























CAS