Mercados en México
Recién salió mi último libro: Mercados en México. Festín de los sentidos. Helo aquí.
lunes, enero 04, 2016
El Bibliotecario 98 y 98
En este momento puede consultarse en línea las dos últimas colaboraciones de mi columna "De la tinta al celuloide": "Cine y bibliotecas. La vida entre libros" y "Entre la letra y la imagen. El arte de dar y tomar". Pícale en los títulos.
CAS
martes, noviembre 24, 2015
jueves, noviembre 12, 2015
CAS en la FILIJ
Ahora mismo puede escucharse el podcast de la entrevista que me hicieron en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la ciudad de México. Pícale aquí.
Bety Soto, CAS y Erika Burgos en la FILIJ
CAS
Ahora mismo puede escucharse el podcast de la entrevista que me hicieron en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la ciudad de México. Pícale aquí.
Bety Soto, CAS y Erika Burgos en la FILIJ
CAS
sábado, noviembre 07, 2015
lunes, octubre 26, 2015
viernes, octubre 16, 2015
Escritores de película
Ya puede leerse mi columna "De la tinta al celuloide" en la revista de la DGB, El bibliotecario. El título de esta colaboración es "Escritores de película. De mitos y otras yerbas". Acá el link.
CAS
lunes, septiembre 28, 2015
lunes, agosto 17, 2015
martes, julio 21, 2015
Aguas con el fuego. El
diablito anda suelto
El principal enemigo de los mercados mexicanos no son las insalubres ratas
de las cañerías ni las malhechoras que acechan para atracar a incautos. La
mayor amenaza, que se repite como el día y la noche, es el fuego. Será difícil
encontrar un mercado en el país que no haya sufrido un incendio; algunos han
tenido varios y solo su pujante estructura los ha mantenido en pie: una
chamuscada, dirían algunos marchantes, no va a tumbar este templo. Pero hay
otros que se acaban caprichosamente y no vuelven a renacer jamás de sus escombros.
¿Por qué se queman los mercados? Sin duda apelaríamos a los descuidos, a la
falta de protocolos de seguridad, a la desidia de algunos vendedores. Quizás a
colillas de cigarros, cortos circuitos, fuegos artificiales, pólvora o gatos
que prenden el interruptor de una luz cercana a una piñata. Hace algunos años,
uno de los tantos incendios del talante brumoso de La Merced fue provocado por
unos diablitos. La pregunta de los locatarios fue: ¿unos diablitos? ¿Ésos de
carga? Estaba claro que esos diablitos, los que dan el golpe pero hasta ahí en
los fervorosos pasillos de La Merced, nunca habrían empezado un fuego. El
incendio y su hechura apocalíptica había sido invocado por otros diablitos, más
eléctricos y profanos, que se colocan en las alturas de los postes callejeros
para robar un poco de energía eléctrica. Ahí la luz hizo al fuego nuevo por un
diablo mal puesto y alumbró el nacimiento del flamante y flameante mercado, que
como todas las aves fénix del mundo, renació una vez más de sus cenizas
invisibles.
CAS
jueves, junio 04, 2015
CAS en la Cineteca
CAS
El próximo martes 9 de junio impartiré la conferencia "De la tinta al celuloide. Literatura y cine mexicano". La plática versará sobre Dos crímenes de Jorge Ibargüengoitia y la versión cinematográfica dirigida por Roberto Sneider en 1993. La cita es a las 18:00 hrs. en la sala Arcady Boytler de la Cineteca Nacional. Naturalmente después de la charla se proyectará la película. Abajo la programación completa de las confes de junio.
CAS
Stefan Zweig y El gran Hotel Budapest
CAS
En este momento puede leerse mi texto sobre El gran Hotel Budapest de Wes Anderson en la edición febrero-abril de la revista El bibliotecario de la Dirección General de Bibliotecas. Aquí el enlace de la revista competa.
CAS
viernes, mayo 01, 2015
Once we were young
CAS
Mi querida amiga Bety Palacios desempolvó esta foto tomada hace casi 15 años en Ciudad Juárez. No sé si llamarnos escritores incipientes, pero lo cierto es que no éramos famosos (como acotación, yo sigo sin serlo, aunque sabemos que la esperanza es lo último que muere). Entre otros amigos están Luigi Amara, Estrella del Valle, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, Fernando de León, la mismísima Bety Palacios, Miriam Mabel Martínez, Maricarmen Sánchez Ambriz y Juanjo Rodríguez. Éramos jóvenes y flacos. Yo aparezco a la izquierda con anteojos, la demodísima barba de candado y hace unos kilos.
CAS
viernes, abril 17, 2015
CAS en Bellas Artes
El próximo domingo 19 de abril estaremos celebrando los veinte años del Programa Nacional de Salas de Lectura en la explanada del Palacio de Bellas Artes. El evento coincidirá con los festejos adelantados por el Día Mundial del libro y del Derecho de autor. A mí me tocará entrevistar a algunos de los autores que pertenecen al acervo de Salas de lectura. Entre otros escritores, nos acompañarán María Baranda (Diente de león), Luis Felipe Lomelí (Indio borrado) y Luigi Amara (A pie). Os esperamos a partir de las 11 de la mañana.
CAS
jueves, abril 09, 2015
Otra vez el Loco
CAS
Hace ya algunos años escribí sobre Marcelo "El Loco" Bielsa, un entrenador distinto en todo el sentido de la palabra. Hoy día, como entrenador del Olympique de Marsella, vuele a sorprenderme con la sapiencia de sus palabras. He aquí su arenga en el vestidor después de haber perdido un partido: "Acepten la injusticia, muchachos. Traguen veneno. Aunque les resulte imposible no reclamen nada. Al final todo se equilibra".
CAS
miércoles, marzo 11, 2015
Tu barro suena a plata. El Santo revisitado
Una máscara. Una tapa que
habla entre incienso. Un misterio inexistente, pues la incógnita se presenta
como verdad palmaria, señera. El rostro no importa: no ha lugar a la duda sobre
una persona, sobre el contorno epidérmico debajo del trapo plateado. Cara y
tela se mimetizan en una sola expresión de firmeza y perennidad. Así, debajo de
la máscara hay otra más, y abajo otra, y abajo otra. ¿Por qué importa tanto el
talante cuando, sin el enigma del paño, sería uno más de los rostros anónimos
que adoquinan el mapa de las lamentaciones cotidianas, el subtexto vivencial en
el que se muere porque que no hay leyenda que mantenga la huella transcurrida?
Todo semblante se desvanecerá como los de los sueños, el crimen perfecto de
realidades que no fueron plateadísimas, argentas de sangre, corazón y lona. Y
hay pocos así, de trascendencia férrea y fugitiva. Nadie recuerda el rostro de
Rudy Guzmán; sin embargo, todos en México conocen la careta del Santo, el enmascarado
de plata.
A 31 años de su muerte, su hechura sigue vigente, más viva y
actual que nunca. El Santo cristalizó una de las consignas sagradas de la lucha
libre: la eterna rivalidad entre el Bien y el Mal. El encordado luchístico es
el último reducto en el que ocurre esta dualidad elemental de la vida: la
representación de la buenaventura como deber ser y la atomización de las
fuerzas del mal por parte de rudos encarnizados y de un réferi que jamás será
el abanderado de la justicia. Ahí el Santo era idolatrado, incluso en esos
momentos de amnesia o problemas pasajeros de identidad que le hacían coquetear
con el lado oscuro: siempre regresó al sendero de la bonhomía y ahí se mantuvo,
con arte y presteza, sorteando todo tipo de desavenencias bizarras.
El punto relevante fue cuando tuvo que combatir a sus enemigos más allá del ring, cuando la ignominia venía de poderes siniestros que atentaban en contra de la humanidad. En esos momentos de zozobra aparecía el Santo conduciendo un descapotable a gran velocidad para llegar a enfrentarse a mujeres vampiro, zombies chilangos o momias de Guanajuato. ¿Qué ocurría en estas representaciones entre lo bueno y lo malo? El Santo, a diferencia de los superhéroes gringos, era de carne y hueso, podía ser lastimado, sufría como cualquier otro ser humano, pero se levantaba del perjuicio para salir victorioso de gestas destinadas, en principio, al naufragio. Por eso en la lucha libre nunca han sido famosos gladiadores llamados Batman, Robin o Linterna verde: ellos pertenecen a la ficción. El Santo, sin embargo, es real. Y sólo hay uno. Para muestra un botón: los superhéroes gringos salieron de la artificialidad de un cómic para luego tener presencia de carne y hueso; el Santo, en cambio, a partir de su lidia en el cuadrilátero y el cine, apareció en las historietas. El héroe de carne y hueso fue representado en la gráfica para darle mayor impacto, para que se conocieran sus hazañas, se supieran sus desafíos como ola expansiva. La culminación de esa sinergia entre el lector del cómic y su personaje querido es que el fin de semana esas proezas estarían en la arena en la función dominical, se podría pedirle autógrafo al ídolo amado y constatar, después de unas palmadas en la espalda sudada, que en realidad sí existía.
Hay que hacer notar que el mismo nombre Santo le hace guiños
a la divinidad, a esa aspiración mágica de la religión católica que busca el
bienestar terrenal. Decía el gran cronista deportivo Ángel Fernández: “Lo peor
de pedirle deseos a un santo es que te los cumpla”. Desde luego, porque para el
devoto sería la constatación de la existencia de una deidad omnímoda, aunque
para el escéptico seguiría siendo una coincidencia o un paso más del azaroso
recorrido del destino. La gran virtud del Santo era que los deseos o peticiones
se hacía más reales, más posibles, más vertiginosos. El ícono de la iglesia se
trasladó al ícono de la cultura popular y su pináculo tuvo efectos más
efectivos y verosímiles en la sociedad. La gente iba a la arena para ver ganar
al Santo; sabía que, como persona de sangre y músculo, sería presa del dolor,
pero también que al final su sufrimiento, como aquellos que fueron clavados a una
cruz, tendría una razón de ser que crearía sentido beatífico en una comunidad y
siempre, por sobre todas las cosas, arribaría a buen puerto.
El 12 de septiembre de 1982, el Santo se retiró para siempre
de los encordados. Sus compañeros en la lucha estrella en relevos atómicos
fueron el Huracán Ramírez, el Solitario y su gran pareja de años atrás y a
quien habían sacado del retiro para que luchara en el festejo, Gory Guerrero. Hace
más de treinta años de ello y ninguno de estos luchadores vive hoy día. Sus
rivales fueron Los Misioneros de la muerte (el Signo, el Texano y el Negro
Navarro), jóvenes que subían como la espuma, y el célebre Can de Nochixtlán,
don Pedro “el Perro” Aguayo. La lucha fue una masacre. Los Misioneros y el
Perro, valiéndose de todas las tretas y amaños posibles, golpearon y vejaron a
cuatro leyendas de la lucha mexicana y al final perdieron por descalificación
en dos caídas seguidas. La sensación, sin embargo, de quienes vimos esa lucha
fue de orfandad, un extraño ánimo que corría por la venas mexicanas como
malestar solidario; nunca más el Santo subiría al ring a defender el honor y el
emblema de las causas justas; no obstante había estado ahí, una vez más, con el
misticismo de su tapa plateada para sufrir y triunfar ante sus últimos rivales en
el pancracio. Dos años más tarde, el Santo el insigne enmascarado de plata,
sufriría un infarto devastador y su corazón dejaría de latir. La gran hombrada,
desde el Más allá y como voluntad celestial de un santo, fue que el corazón le salió
del pecho y siguió latiendo y compartiendo sus venturas y aventuras en el territorio
de lo fugitivo. Por eso el Santo vive. Por eso estamos aquí hablando de él, por
una necesidad cultural y vivencial que nos hace mentar de nuevo su nombre. He
aquí, entonces, uno de los sinónimos de la inmortalidad.
En “Suave patria”, el gran poeta zacatecano Ramón López
Velarde escribió:
Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.
La tapa plateada del
Santo viene del barro de esta tierra, de sus calles como espejos y de la vida diaria,
como el santo olor de la panadería. Por esas razones, por aquello de las llaves
mal habidas, los lances inesperados de la brega cotidiana y la evoluciones
malsanas desde la tercera cuerda, siempre habrá que pensar, como forma de salir
al paso, en una De a caballo bien puesta. Por ello también, por las dudas de
los misioneros de la muerte y otros oficiantes igual de pecaminosos, habría que
decir hoy y para siempre que todos somos el Santo, ¡el enmascarado de plata!
CAS
martes, marzo 10, 2015
viernes, febrero 27, 2015
CAS sobre El Santo en la Condesa
Mi querido Maestro Daniel Téllez, exluchador y excelente poeta, organiza el ciclo El Santo, el enmascarado de plata. La idea es reflexionar sobre la figura del legendario luchador desde la mirada literaria. A mí me toca estar el martes 10 de marzo a las 7 de la tarde y compartiré mesa con Roberto López Moreno, Javier Perucho y el mismísimo Téllez. Aunque no sean nombres muy taquilleros, la buena noticia es que el Maestro Hijo del Santo estará en todas las sesiones. Arriba el ciclo completo.
CAS
Mi querido Maestro Daniel Téllez, exluchador y excelente poeta, organiza el ciclo El Santo, el enmascarado de plata. La idea es reflexionar sobre la figura del legendario luchador desde la mirada literaria. A mí me toca estar el martes 10 de marzo a las 7 de la tarde y compartiré mesa con Roberto López Moreno, Javier Perucho y el mismísimo Téllez. Aunque no sean nombres muy taquilleros, la buena noticia es que el Maestro Hijo del Santo estará en todas las sesiones. Arriba el ciclo completo.CAS
Música para camaleones
Mi querida amiga Bety Palacios me invitó a participar en su sección de recomendaciones musicales de la Revista Ibero, que dirige mi querido Maestro Juan Domingo Argüelles. Aquí el link.
CAS
Mi querida amiga Bety Palacios me invitó a participar en su sección de recomendaciones musicales de la Revista Ibero, que dirige mi querido Maestro Juan Domingo Argüelles. Aquí el link.
CAS
lunes, febrero 09, 2015
martes, enero 27, 2015
¡Cínicos!
CAS
Y para muestra un botón: he aquí el ominoso video de la investigación de la PGR.
Una vez más queda comprobada mi trágica máxima: el cinismo es la religión posmoderna. Hace algunas horas el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, ratificó la versión de que los estudiantes de Ayotzinapa habían sido asesinados y quemados. Asimismo, dejó en claro que el Ejército no había tenido nada que ver con la desaparición (qué manera tan poco sutil de deslindar a los militares) y que los asesinos eran integrantes de Guerreros Unidos, a orden específica de El Cepillo, líder de los sicarios del grupo y recientemente aprehendido. Al terminar la conferencia de prensa, Murillo Karambas dijo: "Ésta es la verdad histórica de los hechos". Aunque seguramente Murillo Karambolas jamás leyó a Dilthey o a Heiddeger, el subtexto de la (perdón por el insolente juego de palabras) lapidaria frase es "He dicho", "So be it" o "Háganle como quieran, pinches culeros". En la más pura línea del amo del cinismo y los chinchones, Emilio Chuayffet, Murmullo Káram le da carpetazo a una de las mayores ignominias que ha tenido la historia reciente de este país. Y lo hace cuando no se ha documentado ni una sola evidencia de los cadáveres de los jóvenes. Además de que se pasaron por alto los comentarios de expertos científicos que decían que 43 cadáveres no se queman en 12 horas si no se usan varias toneladas de algún producto altamente inflamable, como llantas de coche. Esto independientemente de que se hubiera generado una llamarada que la gente de la región o los pilotos que en ese momento sobrevolaron la zona en helicópteros hubieran notado. Pero no, el argumento ni siquiera jurídico sino legaloide es "la verdad histórica", como si estuvieran juzgado a Nerón, Hitler, Milosevic o Calderón. La verdad histórica durante miles de años le hizo pensar a los seres humanos que la Tierra era plana. Y la historia no absolverá al procurador, desde luego; sólo hará en lo sucesivo que su mote, de aquí a la eternidad y verdad histórica o no, sea Murillo Karma.
CAS
Y para muestra un botón: he aquí el ominoso video de la investigación de la PGR.
lunes, enero 26, 2015
Fragmento de Nuestra cerámica
Los
cinco elementos
La cerámica es del lodo y de
las manos que lo cargan. Pero éste se desliza entre los dedos como amante clandestino,
como lo hace el agua cuando se la pretende dominar, asir. No basta entonces el
agua y la tierra. ¿Cómo se sostiene el líquido para que no fluya entre la piel
como el río y el tiempo? Se llama al fuego que es llama y al viento que la
incendia con categórica armonía. Agua, tierra, aire y fuego. Y las manos que
los subyugan para darle alma entre sus yemas. Por los dedos cae el agua. Y a
las manos regresa para ser bebida en la vasija por el aire, fuego, agua y tierra
que se inventa en la memoria de las palmas. Y por la gracia de una pieza que no
existiría sin los cinco elementos que le dan vida en los dedos de una mano, se
presenta la creación como quien lo hizo a su imagen y semejanza un séptimo día.
CAS
martes, enero 20, 2015
CAS en Zacatecas
El siguiente jueves estaré en la ciudad de Zacatecas para impartir la conferencia "Literatura y transgresión". La cita es en la Biblioteca Mauricio Magdaleno a las 5 de la tarde. Más información aquí. Os espero.
CAS
El siguiente jueves estaré en la ciudad de Zacatecas para impartir la conferencia "Literatura y transgresión". La cita es en la Biblioteca Mauricio Magdaleno a las 5 de la tarde. Más información aquí. Os espero.
CAS
martes, noviembre 25, 2014
Vuelos II. En el aire con Pedrito
De nuevo ignoro cuántos vuelos he
tomado últimamente. Ayer regresé, dormí en mi cama por primera vez en una
semana y heme ahorita otra vez en el aire. Hoy por primera ocasión me detuvieron en
la revisión de rayos equis. Pensé que me inspeccionaban por los granos de café con
chocolate para mi postre con los que suelo viajar. Pero no. El policía hurgó un poco más en mi
mochila y encontró un cuchillo de mesa sin filo y con el que no se podía cortar
un limón. Lo sabía porque me lo había robado del restaurante de mi último hotel:
mis alumnos me esperaban con unos tequilas y limones para ser cortados en la
alberca del techo. Lo curioso fue que el cuchillo, que estaba en mi backpack quién
sabe por qué sibilina razón, lo había pasado sin saberlo en el último viaje:
nadie en el aeropuerto de Guadalajara se había dado cuenta de que introducía un
objeto, ni punzo ni cortante pero arma blanca al final, a la sala de espera. Ya
en el DF me lo quitaron y el numerito no pasó a mayores. No obstante, sigo
siendo hijo de los aeropuertos y me pasan cosas que debo entender, no hay
de otra, como señales providenciales.
Verbigracia:
a últimas fechas me he encontrado seguido a un muchacho que fue
estrella infantil del cine y la canción, y según por el número de autógrafos
que le piden comprendo que sigue siendo famoso: Pedrito Fernández. Me he
topado con Pedrito en los aeropuertos cinco veces en los últimos cuatro
meses. En realidad no sé qué haga, pero seguramente no lo que yo: un servidor
se dedica decorosa y honorablemente a la literatura, ergo, embaucar a incautos
a lo largo y ancho de un país en forma de cuerno. Supongo que lo de Pedrito
será más fecundo y enriquecedor (para mí esta última palabra sólo tiene una
acepción: engrosar nuestras cuentas de banco). No sé si alguna vez me haya visto y me
haya pensado como su redentor, palabra que primero tendríamos que explicarle
(mi look actual ha pasado del Gigante egoísta wildeano al de Hagrid
harrypotteriano); pero el tema es que ahí está, da autógrafos y posa como divina
garza que, ya sabemos por un escritor jalapeño, no puede ser domada.
Hace
algunas semanas yo regresaba no sé de dónde y ahí estaba Pedrito en la sala de
espera. La verdad me dieron ganas de saludarlo, sacudirnos la mano solos o
acompañados y crear finalmente el vínculo fraternal que él seguramente anhelaba
cinco aeropuertos atrás. Naturalmente no lo hice: ¡ya parece que yo iba a
estar saludando al pinche Pedrito Fernández, ni que fuera ese cabrón de
Ricky Martin! Le di carpetazo al asunto y me subí al avión. Todo iba bien hasta
que él se subió a la misma aeronave seguramente nada más para molestarme y abriera de nuevo la
carpeta. Despegamos y todo, salvo las turbulencias (¡coño! ¡Juro no tratar más a mis alumnos como lo que realmente son ―idiotas― si diosito las desaparece!) iba miel sobre hojuelas. Lo fue hasta que, una vez más, fui testigo de la ruindad humana. Al
lado mío, cruzando el pasillito, estaba un cuate que tenía ganas de hacer plática
(en viajes de una hora debería existir una bula papal que prohibiera platicar
con el compañero de asiento). Vio mis manos psoriásicas y dijo: “Así habrá
quedado el güey al que le pegaste”. En lugar de responderle seriamente y
decirle que todavía no pasaba eso pero podría suceder antes de aterrizar,
sonreí como idiota. Tomé un trago de mi bourbon y le expliqué sobre mi
condición (enfermedad autoinmune, llagas en las manos, hidrografía severa en
los codos, individuo en vías de ser el Guapo Ben etc.). Acto seguido, como si
estuviéramos compitiendo por patologías a 12 mil pies, contraatacó: “Yo he
tenido dos infartos y dos operaciones a corazón abierto”. Obviamente, a pesar
de la buena forma de mis nudillos graníticos, no había duda de quién había
ganado. Cedí estoico ante un contrincante de ligas mayores y con toda decencia
contribuí a la causa con un muy buen puesto y digno ¡Uy!
El
tipo, que tenía a su mujer al lado (muy parecida a la esposa de Goebbels, por
cierto), siguió con la perorata de que si alguien sabía de enfermedades era él.
Fue entonces cuando un espíritu del aire a corazón abierto lo iluminó, y sacó
su celular del saco. Pensé que me enseñaría pornografía protagonizada por él y
frau Goebbels pero no: con aires de grandeza, me empezó a mostrar fotos de
mujeres “buenas” a las que había fotografiado en el aeropuerto. Mientras lo
hacía su mujer no se inmutaba y seguía leyendo sobre los hoteles ecoturísticos
en la revista de la compañía aérea. Yo, por mi lado, le quería pegar y sacarle de
una vez por todas el corazón abierto y facilitarle la siguiente operación al
cirujano. Me tenía prendado del brazo en el pasillo y le escuchaba resignado: Ésta
entró al baño, Ésta es del Starbucks, Ésta se agachó y, como ves, yo me agaché
más. Estaba por zafarme hasta que arribó a donde quería llegar desde un
principio: el selfie con Pedrito Fernández. “¿Tú no te tomaste una?”, preguntó
ufano. Pedrito en imágenes y en la vida real me acechaba.
A
estas alturas, y a ésas del avión, es importante hacer un largo y
sustancial paréntesis. (La banda suele
creer que uno tiene que fotografiarse con toda persona famosa que ande por ahí.
El punto es, sin ánimo de ser aguafiestas, cómo saber si es famosa; más aun: por
qué vamos a querer tomarnos una foto con ellos. Yo lo haría si se tratara del
Conejo Pérez, pero ahí sería un razonamiento válido y contundentísimo: me sacaría
la foto para que mi sobrino se muriera de celos al enseñársela. En una ocasión
mi querido Maestro Toño Ramos Revillas, escritor de cepa que recibe cuantiosas
regalías anualmente para-que-yo-me-muera-de-envidia, se encontró en un
aeropuerto al jugador del Monterrey, Humberto el “Chupete” Suazo. Al verlo,
Toño (regiomontano que le va a la pandilla) goteó en silencio. Y empezó a
planear la estrategia para abordar al futbolista chileno y fotografiarse con
él. Rápidamente la tuvo: en una evolución vil, Toño sacó de sus
ropajes su último libro para niños, Puppy
Love, y clandestinamente se le acercó no al Chupete sino al hijo de éste (como cuando uno quiere hacerse amigo
del perro de la mujer guapa y lleva un poco de tocino en la bolsa del
pantalón). Suazo, pelón pero no pendejo, dejó los autógrafos y reaccionó ante
las malas intenciones de un rufián que pretendía embaucar a su hijo. Al verlo
llegar, Toño tuvo que reaccionar rápidamente ante la inminencia del chupetazo y
le dijo que era escritor de libros infantiles, que sólo le había regalado el
libro al niño. El Chupete, ya más tranquilo y como alguien que llega a un entretiempo después de una lucha sorda en media cancha, hojeó el libro y dijo
gracias. El buen Toño, ya entrado en materia y sin estar preparado, sacó dos libros
más de su morral y se los obsequió al chileno. Obviamente, después de semejante
bajeza, al futbolista no le quedó de otra que hacerse unas fotos con Toño. Mi
querido Maestro Ramos Revillas las subió ipso facto a su facebook con una
inscripción que parecía cuerpo del delito: “Aquí en el aeropuerto con mi cuate
el Chupete Suazo”. Cuando me contó su
historia sólo pensé que hubiera sido más fácil retratarse con el Conejo Pérez).
Le
dije al pasajero que yo no era muy fan de Pedrito pero solía encontrármelo seguido
en los aeropuertos. El hombre peló los ojos, se le hinchó el pecho como pura
sangre, se chupó los labios como evitando un síncope y me observó unos segundos auscultándome la sien. “¿Quién eres?”, espetó como si la confusión en su vida
fuera un dogma de fe. Carlos Antonio... ¿Pero qué haces? Soy escritor, maestro y
me dedico a la literatura en todas sus rusticidades. Volvió a observarme de
arriba a abajo y dijo para sí en voz baja: “También es famoso…”. La escena a continuación
se intituló Por qué todos los que se
toman fotos con Pedrito Fernández en los aeropuertos tienen que ser lanzados al
océano en pleno vuelo. El hombre, ya a punto de aterrizar, se quitó el
cinturón de seguridad y se me abalanzó. ¡Tú también eres famoso! ¡Necesito una
foto contigo! Al tiempo que la mesera peleaba con él y yo lo alejaba del cogote:
¡Señor, no puede pararse! ¡Póngase el cinturón! ¡Necesito mi foto con él!
¡Señor, no puede usar su aparato ahorita. Los equipos electrónicos tienen que
estar apagados! El fan por fin logró el selfie conmigo y regresó a su asiento.
Más tranquilo me tomó del brazo, me agradeció y me dio su tarjeta de presentación.
“Soy asesor legal. Háblame si tiene algún problema”. Asentí al tiempo de que
dábamos la vuelta arriba de mi casa en la Del Valle y aterrizábamos. Del
incidente se enteraron sólo algunos. Pedrito, que se había dormido durante el
vuelo, se levantó del asiento, se estiró y dio un par de autógrafos más. Yo me
sentía humillado: un hombre descorazonado me había puesto en la eternidad de su
celular al lado de una estrella infantil de la canción que no podía salir de la
nomenclatura del diminutivo (Pedritos hay más célebres y juegan en el Barcelona).
Agradecí el vuelo corto. Tras de mí solo escuché que la mesera le preguntaba
al hombre que tenía un affaire con la esposa de un nazi y dos corazones mal habidos:
“Oiga, ¿quién es ése con quien se tomó la foto? ¿Pepe Aguilar? ¿Aleks Syntek?”.
Sufrí un poco más, como lo he hecho consuetudinariamente en esta vida, y salí como
alma en pena a buscar mi valija.
CAS
jueves, noviembre 06, 2014
Sobre Doctor Zhivago
En este momento puede leerse mi texto "Pasternak, la CÍA y el libro prohibido" en el portal de la revista Letras libres. Pínchale aquí y si le quieres echar un ojo.
CAS
lunes, octubre 27, 2014
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Daniel Téllez, Roberto López Moreno y Carlos Antonio de la Sierra

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