Mesa redonda en torno a Joseph Conrad
CAS
viernes, agosto 17, 2007
Carlos Monsiváis sobre Sergio Pitol
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"Nadie como Pitol en la tarea de desenmascarar a sus personajes. Recuerdo ahora lo que me refirió Margo Glantz de un viaje que hicieron a Cadaqués: Sergio la convenció de que dos dulces viejecitas que administraban un hotel eran una pareja de monjas húngaras que habían huido del convento por el temor a amanecer un día convertidas en santas. Y en ese mismo viaje Pitol concluyó del trajín de los meseros de un restaurante decadente su pertenencia a una organización secreta que a la medianoche le rendía homenajes poéticos a la comida indigerible, la que le preparaban a los clientes ya tan perdidamente adictos que se quedaban a vivir en Cadaqués para siempre".
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lunes, junio 04, 2007
Bienvenida, Juno
________"Transportarán un cadáver por expreso". Las horas han dejado de contarse en bloque; ahora los segundos se miden por suspiros insoslayables. Uno, dos; uno, dos. Hablemos, pues, de los náufragos invisibles y del preludio inacabable de lo que vendrá al rato. La sugerencia es la siguiente: saltémonos el verano y que venga octubre como bala de cañón. No sólo es el calor, sin embargo, el que enllaga las voluntades; hay también otras certezas que se abonan al tiempo diluido en la acera de enfrente. Vamos a recapitular. Hoy mataron a balazos a dos personas en una funeraria que está a seis cuadras de mi casa. No puedo tomarlo de otra manera más que como una señal divina: me salvé. Bueno, en realidad no tenía nada qué hacer en ese lugar, pero fue muy cerca, y quién quita que en una de ésas yo fuera pasando por ahí o se me ocurriera hacer una crónica o simplemente fuera a chupar un poco de café con ron ahora que mi cava está vacía. Pero no fue así; entonces congratulémonos de las veces en que me he salvado los últimos meses.
Ante todo, y es necesario dejar en claro mi posición, trato de ser escéptico en la vida, y digo trato porque desde que me obligaron a ser padrino en un bautizo hace un año, el trato con Nuestro Señor ha sido un poco más afable, un poco más fluido y en una de ésas hasta me convence. Pero como todavía no sucede, hay que enumerar los hechos uno por uno: me he querido matar a mí mismo tres veces distintas. Y es importante acotar el "matarme a mí mismo" porque es un acto que nada tiene que ver con el suicido; el suicidio es voluntario y normalmente uno tiene éxito (aunque existen tarados que no lo logran). "Matarse a sí mismo" es un acto involuntario, como es menester narrarlo a continuación. La primera vez ocurrió cuando se me olvidó cerrar la llave del filtro que uso para beber agua purificada. Como los dos pinches cuartos de azotea que forman mi célebre penthouse están uno al lado del otro, y la recámara está a tres metros de la cocina, el agua estuvo a punto de llegar adonde están todos los cables (así se va a llamar mi siguiente libro, Todos los cables): el de la tele, la compu, un adaptador de picos, el regulador, la impresora, la contestadora, el sacapuntas, etc. Sobra decir que si el agua hubiera llegado me rosariocastellanizo en el acto y en tres cuadras a la redonda se hubiera ido luz.
La segunda vez fue un acto de despiste similar pero mucho más misterioso. Cuando me levanto en las mañanas suelo poner la cafetera para empezar a trabajar. Aquel día, como todos, llevé a cabo la misma rutina, salvo por un pequeño detalle: no puse el recipiente del café. Entonces el café recién hecho de los Altos de Chiapas empezó a expandirse por varios aparatos eléctricos sobre los que está la cafetera. Insisto en la corta extensión de mi casa, así que para caber más o menos, la distribución de la cocina debe ser exacta. Está el refrigerador; encima, el horno de microhondas; arriba, la cafetera y la licuadora. A un lado, del horno hay un adaptador de picos en donde están las conexiones de los aparatos. El tema fue que el café de los Altos empezó a caer allá en los ídem y mojar sucesivamente la cafetera, la licuadora, el horno y la parte frontal del refrigerador. Estoy seguro de que fue ese conato de volverme converso en el bautizo, lo que hizo que el café no llegara a la cosa de picos y mi casa no se convirtiera en la bolsa de palomitas más grande de la historia. Ya veía los titulares del día siguiente con su encabezado bodegonezco: "Palomitas al café con escritor".
La última vez ocurrió hace poco. Yo venía de chupar tranquilo con unos amigos, como siempre lo ha exhibido mi conocida efigie de hombre íntegro. Como no había cenado, abrí el refrigerador para tomar un vaso de leche. Sin embargo, debido a que muy probablemente le había caído algo de café a la maquinaria del refri, mis alimentos, incluida la leche en su tetrapack metalizado, estaban congelados. Fue así como realicé uno de los actos más estúpidos de los que se tenga memoria en varias vidas: metí la leche deslactosada y sin grasa al horno de microhondas. No hubo de otra: el horno empezó a tronar como si sus entrañas sufrieran una sesión de fuegos artificiales de época. Al principio pensé que la leche en hielo y el calor del microhondas no se llevaban; ya después dije sapientemente que era el tetrapack metalizado. Apagué el horno, corriendo el riesgo de nuevo de rosariocatellanizarme, y saqué le leche. Seguía echa hielo. La tiré y me dormí todavía pensando en fuegos artificiales.
Después de la narración-terapia de estás tres anécdotas, he concluido que no se me da eso de matarme a mí mismo, aunque lo haya intentado con diligencia. Para ello será necesario un factor externo que colabore en la tarea, algo así como la mancha voraz, el tapiz macabro o el yogurt asesino. Así las cosas, no hay más que darle la bienvenida a junio, mes del calendario gregoriano en honor a Juno, diosa de la maternidad (chet) y protectora de las mujeres (doble chet). También otra manera de matarse a sí mismo es echándose la soga al cuello.
CAS
________"Transportarán un cadáver por expreso". Las horas han dejado de contarse en bloque; ahora los segundos se miden por suspiros insoslayables. Uno, dos; uno, dos. Hablemos, pues, de los náufragos invisibles y del preludio inacabable de lo que vendrá al rato. La sugerencia es la siguiente: saltémonos el verano y que venga octubre como bala de cañón. No sólo es el calor, sin embargo, el que enllaga las voluntades; hay también otras certezas que se abonan al tiempo diluido en la acera de enfrente. Vamos a recapitular. Hoy mataron a balazos a dos personas en una funeraria que está a seis cuadras de mi casa. No puedo tomarlo de otra manera más que como una señal divina: me salvé. Bueno, en realidad no tenía nada qué hacer en ese lugar, pero fue muy cerca, y quién quita que en una de ésas yo fuera pasando por ahí o se me ocurriera hacer una crónica o simplemente fuera a chupar un poco de café con ron ahora que mi cava está vacía. Pero no fue así; entonces congratulémonos de las veces en que me he salvado los últimos meses.
Ante todo, y es necesario dejar en claro mi posición, trato de ser escéptico en la vida, y digo trato porque desde que me obligaron a ser padrino en un bautizo hace un año, el trato con Nuestro Señor ha sido un poco más afable, un poco más fluido y en una de ésas hasta me convence. Pero como todavía no sucede, hay que enumerar los hechos uno por uno: me he querido matar a mí mismo tres veces distintas. Y es importante acotar el "matarme a mí mismo" porque es un acto que nada tiene que ver con el suicido; el suicidio es voluntario y normalmente uno tiene éxito (aunque existen tarados que no lo logran). "Matarse a sí mismo" es un acto involuntario, como es menester narrarlo a continuación. La primera vez ocurrió cuando se me olvidó cerrar la llave del filtro que uso para beber agua purificada. Como los dos pinches cuartos de azotea que forman mi célebre penthouse están uno al lado del otro, y la recámara está a tres metros de la cocina, el agua estuvo a punto de llegar adonde están todos los cables (así se va a llamar mi siguiente libro, Todos los cables): el de la tele, la compu, un adaptador de picos, el regulador, la impresora, la contestadora, el sacapuntas, etc. Sobra decir que si el agua hubiera llegado me rosariocastellanizo en el acto y en tres cuadras a la redonda se hubiera ido luz.
La segunda vez fue un acto de despiste similar pero mucho más misterioso. Cuando me levanto en las mañanas suelo poner la cafetera para empezar a trabajar. Aquel día, como todos, llevé a cabo la misma rutina, salvo por un pequeño detalle: no puse el recipiente del café. Entonces el café recién hecho de los Altos de Chiapas empezó a expandirse por varios aparatos eléctricos sobre los que está la cafetera. Insisto en la corta extensión de mi casa, así que para caber más o menos, la distribución de la cocina debe ser exacta. Está el refrigerador; encima, el horno de microhondas; arriba, la cafetera y la licuadora. A un lado, del horno hay un adaptador de picos en donde están las conexiones de los aparatos. El tema fue que el café de los Altos empezó a caer allá en los ídem y mojar sucesivamente la cafetera, la licuadora, el horno y la parte frontal del refrigerador. Estoy seguro de que fue ese conato de volverme converso en el bautizo, lo que hizo que el café no llegara a la cosa de picos y mi casa no se convirtiera en la bolsa de palomitas más grande de la historia. Ya veía los titulares del día siguiente con su encabezado bodegonezco: "Palomitas al café con escritor".
La última vez ocurrió hace poco. Yo venía de chupar tranquilo con unos amigos, como siempre lo ha exhibido mi conocida efigie de hombre íntegro. Como no había cenado, abrí el refrigerador para tomar un vaso de leche. Sin embargo, debido a que muy probablemente le había caído algo de café a la maquinaria del refri, mis alimentos, incluida la leche en su tetrapack metalizado, estaban congelados. Fue así como realicé uno de los actos más estúpidos de los que se tenga memoria en varias vidas: metí la leche deslactosada y sin grasa al horno de microhondas. No hubo de otra: el horno empezó a tronar como si sus entrañas sufrieran una sesión de fuegos artificiales de época. Al principio pensé que la leche en hielo y el calor del microhondas no se llevaban; ya después dije sapientemente que era el tetrapack metalizado. Apagué el horno, corriendo el riesgo de nuevo de rosariocatellanizarme, y saqué le leche. Seguía echa hielo. La tiré y me dormí todavía pensando en fuegos artificiales.
Después de la narración-terapia de estás tres anécdotas, he concluido que no se me da eso de matarme a mí mismo, aunque lo haya intentado con diligencia. Para ello será necesario un factor externo que colabore en la tarea, algo así como la mancha voraz, el tapiz macabro o el yogurt asesino. Así las cosas, no hay más que darle la bienvenida a junio, mes del calendario gregoriano en honor a Juno, diosa de la maternidad (chet) y protectora de las mujeres (doble chet). También otra manera de matarse a sí mismo es echándose la soga al cuello.
CAS
viernes, mayo 11, 2007
Las amargas lágrimas de un próximo doctor en letras
CAS
El mayor problema de la escritura son las equivocaciones visibles que, paradójicamente, nunca son vistas. Por ejemplo, como ya lo hemos sugerido, se puede escribir Sake speare en lugar de "Shakespeare" o pisco analítico en lugar de "psicoanalítico", deslices, por lo demás, justificables. Cuando los dislates son ubicados y corregidos, no hay problema alguno. No obstante, puesto que a Nuestro Señor se le olvidó un punto fundamental cuando creó al ser humano, ergo, la perfección, hay que lidiar de repente con los desaguisados propios de nuestra esencia terrenal. Hoy día en que recibo varias señales providenciales para hacer mi futuro inmediato más halagüeño (entre otras, que el Cruz Azul ganará el campeonato), he notado un error incorregible que hace que un mamotreto de casi cuatrocientas páginas pierda sentido lógico y vivencial: en un apartado mínimo y casi irrelevante, en lugar de poner la palabra "objeto" escribí "espejo". Sin quererlo, he escrito La invención de Morel II. Ya los segundos empiezan a repetirse...
CAS
viernes, abril 20, 2007
martes, abril 10, 2007
jueves, abril 05, 2007
Simpleza
CAS
Ahora que los sistemas futbolísticos son rebuscados y obtusos (arítmética pura, pues: 4-4-2, 3-5-2, 4-5-1, 4-3-1-2, etc.), me viene a la mente una frase del gran bigotón Vicente del Bosque. Cuando le preguntaron al discreto y humilde entrenador español cómo era posible que el Real Madrid jugara también, él respondió con absoluto sentido común: "Mi trabajo es muy sencillo: se trata sólo de armonizar 11 voluntades".
CAS
jueves, marzo 08, 2007
Porn movies
CAS
Lo más emblemático de las películas porno son los nombres. Entre los de las mujeres encontramos actrices de época llamadas Serenity, Mary Carey, Sydney Steele, Dru Berrymore o Nikita Denise y, entre los actores, que en realidad son los partiquinos porque el consumo de porno es mayoritariamente masculino, están el legendario Ron Jeremy, Randy Spears, Tommy Gunn o Evan Stone. Pero el tema no se reduce a los pornstars: también los nombres de las películas adquieren relevancia notabilísima en nuestras sociedades. Así, encontramos títulos como Todos los hoyos, Ass-hole mío, She´s not lesbian... she´s a vaginatarian, Red Hot Chili-Chochos o I saw mommy eating Santa Claus (esta última censurada por las denuncias de traumas infantiles en las cortes gringas). No obstante estas joyas, los productores del cine porno no dejarán de sorprendernos. Hace poco, después de salir del doctor, me encontré un título que jamás me hará regresar a un consultorio médico: Abre la boca y di "Ah".
CAS
lunes, febrero 19, 2007
Traducciones
CAS
Una de las mejores frases de esa película As good as it gets, que en México se llamó Mejor ... imposible, es aquélla entre Jack Nicholson y una muchachita afuera de un elevador. Nicholson hace el papel de un escritor histérico y la muchachita es la secretaria de su editora. Al no poder aguantar más, la chamaca se acerca a Nicholson para preguntarle: "¿Cómo consigue describir tan perfectamente a la mujer?" El gran Jack, sin pensarlo, responde: "Pienso en un hombre y le quito la inteligencia y la responsabilidad". En los subtítulos de la versión en español aparece así, tal como está en el original. Por pura ociosidad esperé esa escena ahora que el canal 7 de TvAzteca daba la película. En el doblaje la frase de Nicholson aparece así: "Pienso en un hombre y le quito la razón y discernimiento". No cabe duda de que a algunos traductor@s les falta razón y, de repente, una pizca de discernimiento.
CAS
miércoles, enero 17, 2007
La mente del poeta
"When oxygen and sulphur dioxide are mixed in the presence of a filament of platinum, they form sulphurous acid. This combination takes place only if the platinum is present; nevertheless the newly formed acid contains no trace of platinum, and the platinum itself is apparently unaffected; has remained inert, neutral, and unchanged. The mind of the poet is the shred of platinum. It may partly or exclusively operate upon the experience of the man himself; but, the more perfect the artist, the more completely separate in him will be the man who suffers and the mind which creates; the more perfectly will the mind digest and transmute the passions which are its material".
T. S. Eliot, "Tradition and the individual talent".
CAS
martes, enero 09, 2007
Ni modos IV (hay que vivir de algo)
¿Cuáles son los lamentos más comunes de un corrector de textos?
R= ¡Mi espada y mi corona por una miserable coma! ¡Mi reina y sus púberes doncellas por un modesto punto y coma! ¡Mi reino y sus vasallos indomables por un insignificante, Dios mío, punto y seguido!
No obstante, está claro que hoy día nadie quiere ingresar en la realeza, ni siquiera los escritores.
CAS
¿Cuáles son los lamentos más comunes de un corrector de textos?
R= ¡Mi espada y mi corona por una miserable coma! ¡Mi reina y sus púberes doncellas por un modesto punto y coma! ¡Mi reino y sus vasallos indomables por un insignificante, Dios mío, punto y seguido!
No obstante, está claro que hoy día nadie quiere ingresar en la realeza, ni siquiera los escritores.
CAS
jueves, enero 04, 2007
miércoles, diciembre 20, 2006
lunes, diciembre 04, 2006
viernes, diciembre 01, 2006
Morir en el asfalto
Tres veces he estado a punto de morir atropellado por personajes célebres. El primero en intentarlo fue Paco Palencia, cuando todavía era jugador del Cruz Azul. Enfrente de la librería Gandhi, detuvo su Corvette rojo a veinte centímetros de mi culo. Como me di cuenta de quién era, me quedé con la mentada en la garganta y el traidor siguió su camino. Ya veía los titulares de la prensa: "Escritor vándalo abolló coche de futbolista". La segunda vez ocurrió cerca de mi casa. Yo estaba cruzando la calle después de los cinco segundos de rigor que tras el alto deben esperarse (en México, la luz amarilla preventiva sólo sirve para que el automovilista aceleré y logre pasar la calle antes de la roja). Cuando bajé la banqueta, como otras tantas veces en las que he estado a punto de morir, sentí que me hablaba la virgen de Fátima (es la única en la que creo). Se trataba ni más ni menos de un individuo que tuvo la osadía de expulsar al maestro Zinedine Zidane en un Mundial: Arturo Brizio Cárter. Y como ahora al que había estado a punto de expulsar, pero de este mundo, era a mí, a él sí se la menté, total, un árbitro es el único ser humano capacitado para recibir mentadas. Sólo sonrió entredientes pensando "Lo hubiera ensartado en la defensa y después hubiera barrido el asfalto con su cráneo". La última vez fue hace algunos años. Digamos que el país se encontraba un poco menos convulsionado que hoy y uno cruzaba las calles con más tranquilidad. Craso error. Pondré los antecedentes: exactamente en contraesquina de mi edificio estaba la sede nacional del PAN, un lugar histórico para los panistas. Después se fueron a un búnker que construyeron también en la Del Valle, pero mucho más ostentoso. De hecho mi casa estuvo franqueada los últimos meses por la casa de campaña de Felipe (a dos cuadras y en donde más de una vez quisieron golpearme) y la de transición (a diez cuadras y que los últimos días estuvo resguardada por más granaderos que los que hay en una manifestación en la embajada gringa). Pues bien, corría alguno de estos años y yo cruzaba una calle. Sin saber cómo, tuve que realizar una evolución propia del más diestro clavadista para que una suburban, que seguro ya me había centrado, no llevara a cabo la fábula de "La aplanadora y el colchón" en seres humanos. Insulté al conductor; él no se inmutó. Cuando puede levantarme, noté que el potencial asesino era el tipo más insignificante y de bajos vuelos que había visto en mi vida. Y sin embargo lo conocía bien: se llamaba Felipe Calderón, líder del PAN en ese momento. Ahora, como en toda empresa privada, lo han ascendido. Por eso, de esta experiencia y con la seriedad que me da mi reconocida cualidad de hombre íntegro, sólo puedo concluir una cosa: el presidente de México me quiso matar.
Tres veces he estado a punto de morir atropellado por personajes célebres. El primero en intentarlo fue Paco Palencia, cuando todavía era jugador del Cruz Azul. Enfrente de la librería Gandhi, detuvo su Corvette rojo a veinte centímetros de mi culo. Como me di cuenta de quién era, me quedé con la mentada en la garganta y el traidor siguió su camino. Ya veía los titulares de la prensa: "Escritor vándalo abolló coche de futbolista". La segunda vez ocurrió cerca de mi casa. Yo estaba cruzando la calle después de los cinco segundos de rigor que tras el alto deben esperarse (en México, la luz amarilla preventiva sólo sirve para que el automovilista aceleré y logre pasar la calle antes de la roja). Cuando bajé la banqueta, como otras tantas veces en las que he estado a punto de morir, sentí que me hablaba la virgen de Fátima (es la única en la que creo). Se trataba ni más ni menos de un individuo que tuvo la osadía de expulsar al maestro Zinedine Zidane en un Mundial: Arturo Brizio Cárter. Y como ahora al que había estado a punto de expulsar, pero de este mundo, era a mí, a él sí se la menté, total, un árbitro es el único ser humano capacitado para recibir mentadas. Sólo sonrió entredientes pensando "Lo hubiera ensartado en la defensa y después hubiera barrido el asfalto con su cráneo". La última vez fue hace algunos años. Digamos que el país se encontraba un poco menos convulsionado que hoy y uno cruzaba las calles con más tranquilidad. Craso error. Pondré los antecedentes: exactamente en contraesquina de mi edificio estaba la sede nacional del PAN, un lugar histórico para los panistas. Después se fueron a un búnker que construyeron también en la Del Valle, pero mucho más ostentoso. De hecho mi casa estuvo franqueada los últimos meses por la casa de campaña de Felipe (a dos cuadras y en donde más de una vez quisieron golpearme) y la de transición (a diez cuadras y que los últimos días estuvo resguardada por más granaderos que los que hay en una manifestación en la embajada gringa). Pues bien, corría alguno de estos años y yo cruzaba una calle. Sin saber cómo, tuve que realizar una evolución propia del más diestro clavadista para que una suburban, que seguro ya me había centrado, no llevara a cabo la fábula de "La aplanadora y el colchón" en seres humanos. Insulté al conductor; él no se inmutó. Cuando puede levantarme, noté que el potencial asesino era el tipo más insignificante y de bajos vuelos que había visto en mi vida. Y sin embargo lo conocía bien: se llamaba Felipe Calderón, líder del PAN en ese momento. Ahora, como en toda empresa privada, lo han ascendido. Por eso, de esta experiencia y con la seriedad que me da mi reconocida cualidad de hombre íntegro, sólo puedo concluir una cosa: el presidente de México me quiso matar.
CAS
lunes, octubre 30, 2006
Shit happens II
CAS
El gran problema de disfrutar cotidianamente las olimpiadas etílicas es que las gratificantes pruebas iniciales como Levantamiento de tarro, Barra libre o Lanzamiento de jaibolina, siempre terminan con competencias menos dignas, verbigracia, Medio litro cúbico de regurgitación bien puesta, Bateo triple en la pista de baile y los famosos Diez metros con obstáculos de arrastre de lengua para llegar al coche.
CAS
viernes, octubre 20, 2006
Veracruz-Cruz Azul
CAS
Hace unos 15 años estaba en el puerto de Veracruz. Mientras esperaba que mis amigos salieran de trabajar para agarrar la farra de carnaval, decidí de una vez por todas conocer el legendario estadio Pirata Fuente. Digamos que en esas épocas los Tiburones no le ganaban a nadie (ahora siguen sin hacerlo pero su uniforme está bonito) y su mayor fan, como buen gobernador, era Dante Delgado (después Dante fue a parar a la cárcel; desde ahí armó un partido político que hoy lo tiene posicionado en la cámara de diputados). Eran como las dos de la tarde. El sol era atenazador: los cuarenta grados estaban cerca. Llegué al estadio; intenté entrar: no había nadie. Le di la vuelta y encontré una puerta abierta. Seguía sin haber nadie. La entrada dirigía directo a la cancha (se trataba de aquella famosa puerta por la que en una ocasión un árbitro no quiso iniciar el segundo tiempo de un partido. La razón: en el primero había estado cerrada y ahora la habían abierto. El árbitro argumentó que eso era inequitativo para alguno de los dos equipos, sin explicar bien a bien para cuál. El segundo periodo inició cuando por fin la cerraron). Caminé hacia la línea de meta y la crucé con el pie derecho. El estadio estaba vacío y desde el córner contrario se podían escuchar mis suspiros. Arriesgándome a una inevitable insolación, caminé hacia la media cancha. Llegué al círculo central y me paré en el manchón de inicio. Ahí concluí que debía hacer algo que sublimara mi presencia en ese lugar sagrado. Así, sin más, me acosté al borde del ecuador de la cancha y extendí los brazos a mis anchas para dejar que el cielo iluminara de azul celeste mi crucifixión. Acto seguido, enterré en el césped un amuleto que llevaba en el pantalón: era un escarabajo de plástico que mi primera novia me había regalado. Después de colocarlo lo más profundo posible, inicié el conjuro: "¡Que en 15 años el Cruz Azul masacre a los Tiburones y clave un gol por cada año que pase desde esta fecha! ¡Que clave 15 goles, carajo, si es que hay un Dios en la tierra!". Alea jacta est. El sábado sabremos si Dios existe, aunque el cielo, ¡goddamn!, seguirá siendo azul y no rojo.
CAS
martes, octubre 10, 2006
"El loco"
Marcelo "El loco" Bielsa es un entrenador de futbol sui géneris. Técnico de la selección nacional de Argentina durante muchos años, Bielsa es quizás uno de los mayores estudiosos del balompié, pues sus estrategias renovaron las tácticas modernas de juego. También, según la prensa intolerante, se caracterizaba por su testarudez. En el Mundial de 2002, por ejemplo, se negó a cal y canto a poner juntos a Batistuta y a Crespo, cuando el clamor popular lo exigía a gritos. Pero no sólo es un gran técnico sino que su mayor cualidad como ser humano es la histeria. Cuando dirige un partido desde la banca no deja de dar vueltas como loquito y su ritmo cardiaco se acelera considerablemente. Un día, en el linde de la ansiedad, no soportó más y tuvo que salir de la cancha, ¡en pleno juego!, y darle un par de vueltas al estadio. Al regresar sólo dijo "Ya me siento mejor". Hoy día está retirado de los terrenos de juego y vive en la campiña argentina. Ahí se dedica a leer y escribir. Además, desde hace algunos meses, no ve un solo partido de futbol. Pero para perfilar claramente a nuestro letrado entrenador, basta citar una de sus frases célebres. Corría un partido de la selección argentina y la albiceleste era un desastre: perdían balones, no llegaban al área e iban perdiendo. Entonces, en un arrebato ya no se sabe si de lucidez o de desubicación mental, Bielsa le gritó a Carlos Tévez: "¡Carlitos, verticalizá la oferta de pases!". Es fecha que el ahora jugador del West Ham sigue preguntándose qué le habían querido decir.
CAS
jueves, septiembre 21, 2006
Calderón y Stalin
Una reflexión sugerida por mi gurú, Slavoj Zizek, ha impedido que termine mi torta de pavo. Cito textual un fragmento del volumen La suspensión política de la ética: "En Historia del partido comunista (bolchevique) de la URSS, la biblia stalinista, se encuentra una paradoja única cuando Stalin (que es el verdadero autor del libro) describe el resultado de la votación en el congreso del partido a finales de la década de 1920: 'con una enorme mayoría, los delegados aprobaron unánimemente la resolución propuesta por el comité central'. Si el voto fue unánime. ¿dónde desapareció la minoría? Lejos de traicionar cierto giro 'totalitario' perverso, esta identificación es constitutiva de la democracia como tal". No es por ser pesimista, pero todo apunta a que la estrategia de Felipe Calderón cuando sea presidente de México será ésa: invisibilizar a la banda crítica, aun cuando ésta sea, como se ha visto, mayoría. En lo sucesivo, la frase de los panistas en el Congreso mexicano será, con toda seguridad, "ganamos por una mayoría unánime". Bien dice Zizek que en estos tiempos postideológicos la característica por antonomasia de la ideología es el cinismo, la ironía. Por eso mi siguiente libro se titulará, sin más, De Karl a Groucho.
CAS
lunes, septiembre 18, 2006
martes, septiembre 12, 2006
Alcoholismo inconsciente
Después de citar el siguiente pasaje:
Do not forget. This visitation
Is but to whet thy almost blunted purpose.
But, look! Amazement on thy mother sits;
O, step between her and her fighting soul;
Conceit in weakest bodies strongest works:
Speak to her, Hamlet.
escribí, por un error de dedo, que el autor se llamaba William Sake spear.
Habla con él, Hamlet, que tiene un cuerpo débil.
CAS
Después de citar el siguiente pasaje:
Do not forget. This visitation
Is but to whet thy almost blunted purpose.
But, look! Amazement on thy mother sits;
O, step between her and her fighting soul;
Conceit in weakest bodies strongest works:
Speak to her, Hamlet.
escribí, por un error de dedo, que el autor se llamaba William Sake spear.
Habla con él, Hamlet, que tiene un cuerpo débil.
CAS
jueves, septiembre 07, 2006
Señales (I´m back)
Jamás he creído en las señales del más allá; tampoco en las circunstancias inverosímiles de la vida, pues siempre las pensé meras coincidencias, caprichos mafiosos del azar. Sin embargo, hay convenciones de las uno no escapa y atentan claramente en contra del escepticismo. Y a veces triunfan. Lo vaticinios, por tanto, en la medida que se cumplan, se convierten en mecanismos de cohesión social. Ya lo había dicho el gran sabio mexicano, Ángel Fernández: "Lo peor de pedirle milagros a un santo es que nos los cumplan". Desde hace algunos meses me había negado a aceptar la realidad que acompaña la puerta de salida de mi casa porque la consideraba, perdón por el adjetivo pero ya me daban ganas de usarlo, espuria. Afuera de la casa, allá por donde están los tanques de gas que más de una vez han sido impregnados de aromas licenciosos, tengo una planta de sol y sombra (creo que así les dicen; por lo demás, la protejo a cal y canto; si algún truhán arremete contra a ella y pretende olerla, la defiendo a capa y espada. Los sablazos, se sabe, van a diestra y siniestra. Por eso la vida con mi planta es, sin más, a sol y sombra. ¡Que ha crecido en mi frente una planta pa' dentro!, ¡carajo!). Ahí, por obra y gracia de algún espíritu suicida, germinó hace algunos meses un trébol de cuatro hojas. Ahora, tiempo después y con mi ateísmo vulnerado, he visto crecer un bosque de tréboles de cuatro hojas en la maceta de mi planta a sol y sombra. Ante esta desgracia, y no pasa otra cosa por mi cabeza, mi penthouse será dentro de poco tomado por la rebeldía de esos trifolios insensatos, que además crecen igual de rápido que una uretra adolescente (también apuntan al noreste). Y puesto que la connotación de los tréboles de cuatro hojas es obvia, me pregunto hoy día que termino de releer a Althusser y acabo de comerme un chile en nogada, si la sucesión de tréboles no anulará el efecto favorable de encontrar uno. Sin más, concluyo lo siguiente: tener un trébol de cuatro hojas es señal de buena suerte; tener un bosque de tréboles en la maceta de una pía planta a sol y sombra, lo único que augura es el juicio final. Ahora mismo el cielo se ha ennegrecido y en los truenos se percibe una frase meláncolica que interpreto como "Yo soy el que soy". Althusser, que no era Dios pero de repente sabía lo que hacía, mató a su mujer. A mí me queda sólo una cosa por hacer antes de que los ríos de sangre inunden mi azotea: matar a mi vecina Juanita y tener unos segundos de bienestar y gracia en esta vida.
CAS
jueves, agosto 31, 2006
Before the rain
Se dice que cuando Toussaint Louverture, el gran prócer de la independencia haitiana, determinó que la lucha había terminado, le escribió a Napoleón Bonaparte una carta. También se dice que esa carta selló su destino, pues empezaba así: "Del primero de los negros al primero de los blancos". La respuesta de Napoleón fue muy sencilla: envió a su yerno, el mariscal Leclerc, al mando de varias divisones del ejército francés para recuperar Haití . La manera de desembarcar de Leclerc en Puerto Príncipe fue sintomática: en una mano llevaba una constitución; en la otra, una guillotina. El ejército francés retomó la isla con relativa facilidad y a Louverture lo recluyeron en una cárcel de los Alpes franceses, en donde murió poco después por no estar acostumbrado al frío. Como la historia es circular, ahora que Felipe Calderón tome posesión como presidente de México, la imagen de la constitución y la guillotina se transformará en algo que todo mexicano ya conoce: la legalidad y la mano dura. Así, no queda otra que reconocer que nuestra vida política hasta hora es un inocuo chipichipi que vaticina, sin más, una tormenta inicua de seis años. No es por ser pesimista pero creo que durante ese tiempo también habrá una escasez de paraguas.
CAS
lunes, julio 24, 2006
Shit
CAS
Las desavenencias en la vida vienen por donde menos se esperan. No obstante, hay puntos determinantes que indican si las cosas tienen su origen en la tragedia o en la comedia, según las enseñanzas de ese conocido materazzi de la filosofía llamado Hegel. Así, también, habría que pensar que el mal no existe y los aparentes halos perniciosos que prefiguran a los hombres buenos son inducidos por un Dios idiota. Para muestra un botón: ayer no sólo volvieron a robarme la pimienta de la alacena sino que además me puse las gotas para los oídos donde van las de los ojos.
CAS
martes, julio 11, 2006
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