lunes, agosto 13, 2012

CAS en el CCE

Hemos empezado un taller de iniciación a la creación literaria en el Centro Cultural España (atrás de Catedral). Hay de entrada buenos augurios. Sólo espero que los textos toleren los malévolos sablazos de tinta para no engrosar el volumen intitulado "De cómo fui desertor antes que escritor".
















CAS

viernes, julio 27, 2012

Siempre 26 II

Ayer regresé a la barra. Ya no estaba Benito: Robert, el cantinero que tiempo atrás se había convertido en el de todas mis confianzas, había regresado de su día de descanso.

─Qué onda, Robert, ¿te acuerdas de mí? ─apelé a esa circunstancia extraña de la vida que nos hace creer inolvidables─. Estuve aquí hace dos años.

─Perdón, señor, no me acuerdo ─con falsa incredulidad─. ¿Sabe la cantidad de personas que han pasado por aquí en los últimos dos años?

─Lo sé, Robert ─inicié el contraataque─. Pero te vas a acordar porque me dijiste que yo era el único en este lugar que tomaba el whisky solo con un chaser de agua mineral. Además te daba buenas propinas.

─Ah, como que me empiezo acordar ─comprobando la ínclita frase de Piporro de "With the money dance the dog".

─Te aseguro que así será, Robert. Dame un etiqueta negra doble, por favor. Pero antes de eso, ando haciendo una encuesta: ¿por quién votaste?

─Pues por Peje, señor, ¿por quién va a ser? Pero ese pendejo de ahí voto por el PAN.

─¿Quién es?

─Mi jefe.

─No te preocupes, Robert, todos los jefes son iguales: suelen alcanzar un grado de estulticia inusitado.

Y así transcurrió la noche, con Robert sin permitir que mi vaso de scotch se vaciara y quejándose por no tener un chalán que le lavara los vasos, yo bebiendo esos vasos inacabables y pensando en que las mujeres son crueles y el jefe panista en la hesitación absoluta por no saber qué diablos estarían diciendo sobre él esos dos pendejos de la esquina.

Y siempre 26.

CAS

jueves, julio 26, 2012

Siempre 26

Desde hace 15 años llevo un diario de viaje. Lo empecé en Montreal. Como viajaba solo y tenía mucho tiempo para reflexionar seriamente sobre los diminutos shorts y sucintas faldas de las quebecois, los festivales de verano y la muestra completa de Alberto Giacometti en el museo de Beaux Arts, me pareció adecuado registrar esas experiencias. Y a la fecha lo he seguido, aunque sin regresar religiosamente sobre mis pasos: no he releído una sola línea de esos cuadernos (no quiero espantarme de las fechorías lingüísticas de un escritor incipiente). Así, cada verano escribo las tribulaciones de un escritor demediado (uno de los oficios que más respeto es el de mediero; es más: en mi otra vida seguro fui uno). Cada año escribo que julio es el mes que más me gusta y más odio. Y éste no será la excepción. Quizás hoy día en que me encuentro en una maravillosa bahía de Huatulco debería sólo ceñirme a las bondades del mes, pero no es así: ¡cómo podría ser así si un país en forma de Cuerno está por hundirse y hacer de Estados Unidos y Canadá un nuevo continente! Pero independientemente de ello, hoy hay por primera vez sol y, salvando las distancias porque aquí no hay ninguna Derek 10 (¿acaso te sientes el único, Diego?), me siento un poco Dudley Moore y un poco Brian Dennehy, o la síntesis de ambos, aunque con traje de baño (tengo una diseñadora-costurera que me los hace a la medida) y el agua que sube y baja indiferente, con la gran testarudez propia de la marea del Pacífico, y un aire cálido y frío, que atenta en contra de la brisa convencional, ese airecito que uno espera para ser acariciado (ah qué palabra tan soez para apelar a la actividad del viento). Y ya son de nuevo dos, tres tónicos como amatistas, y los que faltan a la orilla del mar y allá en el bar, porque acá tenemos una barra beatífica y un cantinero fundamental que es más Benito Juárez que Brian Dennehy, pero al que yo le insisto que en nombre de la patria me sirva otro whisky 12 años, que no sea así, que le redacto una nueva ley de Reforma, o que si quiere simplemente tomamos la avenida y hacemos un planctón (si estamos en el mar, chingao). Y él tan fácil, vanagloriando su máxima sobre el respeto y la paz, me sirve otro etiqueta negra doble, para luego hablar de nuevo sobre el amor (¿de qué hablamos cuando hablamos de amor, Maestro Carver?). Pero en la barra estoy solo: a nadie le interesa estar ahí. Y Bomberito, No se preocupe, Señor: todo va a estar bien. No me digas Señor, Benito. Me llamo Carlos. O qué:te gustaría que te dijeran Brayan. ¡No, qué pasó Señ... Carlos! Y así ha empezado la semana de finales de julio, que ya se va con el pelón de las ofertas y los pasos de fuego, y el grito enhiesto de un país que pensó ingenuamente en una utopía llamada esperanza. No mames, pinche Benito, si la onda es contigo. Y un nuevo 12 años doble, double , como tú, dos Benitos. Y por la nada se sabe de aquellas argucias, de aquellas triquiñuelas perniciosas que nos harán más hombres porque los errores serán señalados, degustados; por todas las veces que mencioné tu nombre para olvidarlo por siempre (soy el pozolero del amor). Pero también soy de esa banda de descastados, ese grupúsculo malsano de los que sólo en julio escriben tu nombre para decir morituri te salutant. Y siempre 26.

CAS

lunes, julio 02, 2012

Elecciones III

Si una profesión no fue hecha para mí es esa de ser pitoniso. Y como hay que adoptar el lenguaje televisivo desde ya ya ya, no me queda más que apelar a la conocida invocación al Chapulín colorado: ¿Y ahora quién podrá defendernos? Como supongo que ese bicho subnormal jamás lo hará, habría que pensar en otros personajes menos valientes pero acaso más efectivos para enfrentarse al Copete asesino: la abeja Maya, Katy la Oruga, la Hormiga Atómica o de perdis Pepe Grillo.

CAS

lunes, junio 25, 2012


Elecciones II

El último fin de semana estuve dando un curso en Cuautla. Independientemente de que la gente del hotel donde me hospedé haya pretendido matarme al dejar una laja suelta (pisé la piedra, ésta se fue el fondo con mi pierna y un esguince de segundo grado), no pude faltar a mi espíritu coyuntural y democrático. El ejercicio fue el mismo: un simulacro de elecciones. He aquí la evidencia:

Peje 13 votos
Josefina 3 votos
EPN 2 votos
Quadri 0 votos
Nulos 2 votos

El Peje sigue ganando.No conozco a nadie que vaya a votar por Peña Nieto (bueno, ni siquiera aquellos que reciben el mote de "mis conocidos"). A una semana de las elecciones la suerte está echada. Y creo que no hay vuelta de hoja: a menos de que algo siniestrísimo ocurra (como un enfrentamiento dantesco aunque desigual entre un dinosaurio y un pejelagarto), López Obrador será el nuevo presidente de este país.

CAS

martes, junio 12, 2012

Elecciones

El fin de semana estuve impartiendo un curso en Los Mochis. Como no he conocido a nadie que vaya a votar por Enrique Peña Nieto (aunque las encuestas lo sigan ubicando arriba), decidí proponer un ejercicio democrático: un simulacro de elección entre los integrantes del taller. Así, armamos una pequeña urna y cada quien depositó en ella un papelito con el nombre de su candidto. Cabe acotar que, históricamente, Sinaloa ha sido un bastión priista y nuestro grupo era más bien heterogéneo, de orígenes y filiaciones diversas. El resultado, que comparto a continuación, si bien no definitivo, sí es un termómetro sintomático de lo que ocurre más allá del centro del país:

Peje: 18 votos
Copetes boy 9 votos
Chepina: 4 votos
Quadro: 1 voto
Nulos: 3 votos

La euforia que se desató en la clase después de conocer los resultados fue inesperada, acaso por estimar que todavía hay esperanza, acaso porque aunque sean ficticias y mínimas las alegrías siempre hay que gozarlas. En el barullo, escuché una voz anónima llena de incredulidad: "¿por qué los intelectuales votan por López Obrador". Y sin embargo, en ese grupito plácido y cálido de Mochis, no había ningún intelectual. Era, Dios bendito, pura gente común y corriente.

CAS

lunes, junio 04, 2012

Héroes del costalazo

Durante la presentación de Pasiones desde ring side la semana pasada: Carlos Antonio de la Sierra, El fantasma, Mixus, Daniel Téllez y Carlos Maldonado.














CAS

martes, mayo 22, 2012

Lucha libre y literatura

La siguiente semana presentamos Pasiones desde ring side, compilación de mi querido Maestro Daniel Téllez y Carlos Maldonado. Estaremos en el cuadrilátero con el Maestro Fantasma y Mixus. Va la información completa.


CAS

viernes, mayo 18, 2012

Balada del hombre piedra II

Nuevos brotes adoquinan el pavimento de mi piel. Desde que me quitaron la mancha voraz del labio, la aparición de la escama no había sido tan violenta, tan visible. Se lo dije a Homero y peló los ojos: "Sí, las últimas gotas que te receté fueron para tratar de esparcir las placas y que no se manifestaran tan ferozmente en un solo lugar. Espero que desaparezcan". Hace cuatro meses de eso y los brotes, en efecto, se han esparcido pero no se han ido. En la espinilla y sus alrededores han florecido otras membranas rasposas; también un par en los muslos. El hormigón en los nudillos ha aumentado y las ranuras de las articulaciones me hacen tener las manos eternamente extendidas: si las cierro como para protestar en el primero de mayo o para lanzar unos bien puestos y contundentes caracoles, el surco se abre y la sangre brota como una afrenta abierta hacia las flexiones del mundo. Y el dolor vuelve a ser extensivo al resto del cuerpo porque las manos enllagadas ya son de comarcas fosilizadas, grutas insomnes; mi piel es guante y sigue siendo una fantasía lacerante. Y un sufrimiento lánguido, tenue, versátil. Ahora ya veo que el sangrado es permanente; mi hemofilia, sin embargo, es mental. El último dermatólogo al que vi dijo que me asoleara con frecuencia. Veinte minutos diaros, concluyó con la sapiencia de alguien que jamás ha tenido un problema en la piel. He intentado hacerlo pero, en la confusión de los carácteres, ya estoy de nuevo todo lo iguana que se puede y por el tamaño ya no soy el Guapo Ben ni Mafafa Musguito sino el célebre aunque erróneamente vilipendiado Maestro Godzilla, o su huella y osamenta (preferiría os amante), y sin japoneses a la vista; siendo sinceros se me antojan más unos aqueos, de ahí que envidie también al gran Polifemo y su festín de casi la tripulación completa (no os fiéis de los borregos), ésa que se comió en cachitos, aunque eso sí, siempre dejó los fémures para el final. Los rayos solares no han resuelto nada y ya soy vaca de sol y tendré que enfrentarme de nuevo a ese bergante malnacido que tenía una mujer que tejía y destejía (las malas lenguas, querido Ulises, ésas que siempre tendrán que ser cortadas, dicen que Penélope jamás tejió y destejió en solitario).

Hoy día la psoriasis tiene una nueva residencia: el cuero cabelludo. Cuando tenía veinte años, me preocupaba quedarme calvo: tenía poco cabello y se me caía en manojos cada vez que lo lavaba. Me unté todo lo indicado: jabón de cacahuananche, jitomate saladet, yogurt de búlgaros, epazote fermentado. Nada sirvió. Decidí, entonces, que si tenía que quedarme calvo no importaría. Santo remedio: desde esa imberbe edad tengo el mismo cabello. Ahora, con la dilecta Vía Appia que ha surgido en mi parietal, esas épocas de desesperación me vienen con suma nostalgia y asumo de nuevo soy una víctima más de Medusa (Laocoonte sin vástagos). Tengo una enfermedad crónica, autoinmune, sin origen preciso. Se dice que es más común en gente gorda, aunque no está muy claro. El punto nodal es que los seres humanos, fieles a su costumbre de sentirse hechos a imagen y semejanza de Nuestro Señor, pretenden ser él y siempre tienen una solución al respecto: "Es nervioso", apuntan con docta suficiencia. "Ponte esta crema; es buenísima". "Tómate dos litros de este té y te desaparecerá luego luego". Como la edad me ha eximido de esa extraña cualidad por la que cayeron grandes civilizaciones llamada rebeldía, me he vuelto crédulo y le entro con intrepidez a todo. Y lo hago con asidua volición para que puedan cumplirse correctamente los augurios. A la fecha nada ha funcionado pero, por primera vez y sin traicionar mi agnóstico alien interior (y el exterior también, por aquello de las escamas), ando con la fe intacta. La grieta sigue y vuelvo a ser hombre roca que se acerca al oceano: un Juan Soriano viviente. Ya soy coral de dos piernas y un nuevo tripulante del Holandés Errante (part of the ship, part of the crew). Heme arrecife.

CAS 

sábado, abril 14, 2012

Pasiones desde ring side



Acaba de aparecer Pasiones desde ring side. Literatura y lucha libre, antología realizada por mi querido Maestro Daniel Téllez. El libro incluye mi cuento "Adiós a Lizmark". Que la lucha sea, pues.

CAS

miércoles, abril 11, 2012

Cristiano Ronaldo

Después de ganarle al Atlético de Madrid, anotar un hat trick y exhibir la fortaleza de su cuadríceps para deleite de sus fans, el modesto Cristiano Ronaldo dijo en una entrevista: "Le pegué bien y el balón hizo lo que tenía que hacer". Así es: Ronaldo es un jugador tan insoportable que termina cayendo bien. Un mal necesario, pues. Y también una bestia amaestrada para pegarle a la redonda.

CAS

lunes, marzo 26, 2012

Balada del hombre piedra

Hombre piedra. Porque es la piel abandonada; más bien la que ha desatendido su humanidad para hacerse reptil. Mi mutación es paulatina, como si de emparentar con una estalactita se tratara. Es primero el cocodrilo en movimiento; después mimetizado con el fruto de la caverna. En la antigüedad solía confinarse a los leprosos a las catacumbas, lugares mohosos donde la luz del sol era una utopía. Ahí permanecían porque habían sido tocados por el dedo gangrenado de la divinidad, por la llaga indemne de los altísimos, el vacilar omnímodo de los nortes. Y ahí morían: con la mancha blanca en la carne y la carne en la mancha blanca. Ahora en mi talante hay variaciones (siempre las hubo pero no en mis manos): la psoriasis la padecen aquéllos que han despertado el monstruo adentro, el alien encapsulado en busca de la luz matinal, el sistema inmunológico compartiendo el disfraz del cuerpo mallugado. Soy hombre piedra, piedra porosa, piedra de la piel caída, cambio de piel. Soy serpiente mineral escrita por sí misma. Soy medusa prosa. Soy el guapo Ben. Hablaré del nacimiento de la escama. En la coyuntura, ahí dónde se distinguen los hombres de los animales, el pellejo deja su membrana de poros y sufre la metamorfosis. Dura poco y su alumbramiento es imperceptible. De pronto la capa epidérmica se ha decolorado y el blancuzco adoquina las falanges de un presidiario inocente (las grietas de Lord Byron en el castillo de Chillón). Y el tac, tac, tac pavimenta mi silueta cada nacimiento del sol. Por eso en las mañanas, manos y codos me dicen que la única manera de bajar de la cama, de la excama, es arrastrándome. Soy un ofidio informe y el pecho tierra es mi hábitat, una nueva evolución de esta tierra y esta Tierra. Ésa es la batalla cotidiana: luchar contra el lagarto interior para recuperar mi piel. Pero soy ranuras de sangre, humanidad incomprendida, insuficiente. Y soy escama que sigue. Y duele como el carajo pero ya soy dolor. Hombre piedra, pirita piedra, pirita piedra, pirita hombre. ¡Ayúdame, pinche palabra! Soy mármol de zarpas enllagadas, de codos graníticos. Soy cuero enmohecido y curtido de los amaneceres lánguidos (esa extraña cecina del Bajío). Soy roca y su caída. Sísifo andrógino. ¿Desaparecerá la escama? Yo volveré a quitarla y sangrarán sus surcos centelleantes. Y ella saldrá otra vez para hacerme hombre piedra, piedra hombre y reptil vibrante. Y estaré, lo sabemos, todo lo iguana que se pueda. Quizás ser caimán no sea tan malo.

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martes, marzo 20, 2012

Temblor

Hoy más que nunca tenemos que recordar esa joya urbana del maestro Chico Che: ¿Dónde te agarró el temblor?



CAS

viernes, marzo 09, 2012

CAS en El estanquillo

Hemos comenzado el taller de iniciación a la creación literaria en el museo de El estanquillo. Lo bueno: la vista excepcional del Centro Histórico; lo malo: el organillero que no deja de tocar y al que tendré que eliminar dentro de poco.






CAS

martes, febrero 14, 2012

¡Salú, Maestro!

El poeta Jeremías Marquines ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2012 por su poemario Acapulco golden. Y aunque festejo que se lo hayan otorgado, no deja de darme envidia los 250 mil morlacos que acompañan el galardón. He aquí una estampa del día que conocí a mi querido Maestro Marquines. ¡Loor de nuevo a la palabra!

CAS

viernes, febrero 10, 2012

En busca del nombre perdido II

Busco un nombre. Lo hago con prestancia y no pienso en el latido perpetuo; tampoco en la savia empírica que se presenta invisible. He de decir que en sus letras no hay torrente sanguíneo ni su pronunciación aturde con golpes de pecho las conciencias inicuas: la certeza de una felonía en el vientre es de otras épocas. Busco hacia adentro en cavidades inconclusas que apenas vaticinan palabras (no hay alfabeto en su regazo). Y lo busco para opacar los constantes amaneceres en caída libre: acaso logre intercambiar el candor de sus sílabas por bienandanza, por armonía. Busco un nombre que, sin embargo, ya conozco. Ahora sólo se trata de recapitular su contorno y hacer que se diga a sí mismo para que allá, en la lejanía, nos sorprenda con un sigiloso y magnífico parto semántico. Pero no sé si podré enunciarlo. Soy ya rehén de la búsqueda. Y es el nombre de una mujer.

CAS
En busca del nombre perdido I

"No sé lo que soy no soy lo que sé".

Angelus Silesius

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viernes, enero 13, 2012

El cinismo cabalga de nuevo

Un texto del siempre lúcido Robert Fisk sobre los marines meones.

CAS


Rechacemos la excusa de "las manzanas podridas"

Ahora son imágenes de marines estadunidenses orinando sobre cadáveres de afganos. Supongo que no es tan grave como las imágenes de soldados estadunidenses que asesinaron a un adolescente afgano inocente en marzo del año pasado. O la oficial que posó con el prisionero iraquí muerto en Abu Ghraib. Sin mencionar la matanza de Haditha o los videos captados de los efectivos estadunidenses lanzando granadas contra un anciano pastor en Irak. Lo que nos recuerda también la matanza de Mai Lai o los refugiados en Corea que fueron asesinados por fuerzas estadunidenses, o bien los aldeanos malayos asesinados por soldados británicos; así como el Domingo Sangriento, en que soldados británicos mataron a 14 católicos en Derry en 1972. Por favor tómese nota de que no he mencionado el nombre de Baha Moussa.

La respuesta de los marines a las imágenes de los soldados que orinaban fue ¡ay! tan típica. Se nos informó que “estos hombres no respetaron los ‘valores fundamentales’ del cuerpo militar al que pertenecen”. La vieja historia de siempre: “una unidad de indisciplinados”, “unas cuantas manzanas echadas a perder”, “huevos podridos”, quizá.

Pero si existe una fotografía de soldados jugando a orinar sobre los muertos, ¿cuántos juegos más pudo haber sin que se tomaran imágenes? ¿Cuántos pastores más fueron destrozados por granadas en Irak? ¿Cuántas matanzas como la de Haditha han ocurrido? Se perpetraron bastantes Mai Lais.

A medida que la filmografía de laptop mejora, también hay cada vez más descuidos y ocurren violaciones y asesinatos, sí, como la lapidación de una joven a manos del talibán por supuesta conducta sexual inapropiada en Afganistán, y ejecuciones de Al Qaeda y degollamientos en Irak.
No, los estadunidenses no son los nazis y los británicos no son los paramilitares franceses en la Argelia de los años 60 (desde luego no estamos comparando a los nazis con los paramilitares). Los canadienses entregaron prisioneros a matones afganos para ser sometidos a brutales interrogatorios, pero los canadienses no son como la policía secreta de Saddam Hussein. Supongo que el talibán no es la NKVD estalinista ni la KGB de Putin (antes que éste se volviera jefe de Estado). No pueden compararse, desde luego, a los invasores soviéticos de Afganistán de 1979 con Gengis Kan.

Hagamos un pequeño juego de adivinanzas. Un dominical británico difunde espantosas revelaciones de torturas y quemaduras de cigarros, de un abuso físico brutal que causó que prisioneros fueran hospitalizados durante una semana, víctimas de posibles tormentos con electricidad. Respuesta: ¿los franceses en Argelia? ¿los Mujabarat de Saddam? Incorrecto.
Se trata de un reporte publicado por el Sunday Times el 7 de mayo de 1972. Las víctimas eran, claro, sospechosas de pertenecer al Ejército Republicano Irlandés en Belfast. ¿Una “unidad de indisciplinados”? ¿“Unas cuantas manzanas podridas”? Lo dudo.

Cuando el regimiento de Gloucestershire arrasó las cercanías de las planicies de Divis y destrozó todas las ventanas de las calles un día antes de que se les retirara de Belfast, la explicación cambió: habían estado bajo “enorme presión”. ¿Acaso no se trataba de “los gloriosos de Gloucester”, famosos por su actuación en el río Imjin? Y los paramilitares de Derry ¿no fueron los mismos paramilitares que actuaron en el puente de Arhem?

Y así podríamos seguir. Sí, soldados estadunidenses asesinaron a prisioneros de las SS tras el desembarco en Normandía, de la misma forma en que lo hizo el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Todo esto es más de lo mismo, ¿no?

Dresde fue peor que la sola blitz pero ¿quién comenzó? Hiroshima fue peor que Pearl Harbor solo (ídem). Los canadienses ejecutaron con bayonetas a los prisioneros alemanes en la Primera Guerra Mundial pero los alemanes habían cometido atrocidades en Bélgica, en 1914. ¿Y qué hay de Waterloo?¿Qué hicimos con las montañas de franceses muertos? Pues los honramos enviando esos cadáveres a Lincolnshire, donde los usamos como abono en los campos del este inglés.

Si la guerra no se tratara, de por sí, del fracaso total del espíritu humano, habría algo grotescamente cómico en la reacción estadunidense ante las imágenes de los soldados orinando los cadáveres. Nótese que no fue el asesinato de esos hombres lo que preocupó a los marines de Estados Unidos, sino el acto de orinar. El asesinato no contravino en nada “los valores fundamentales” de los marines; nomás que no hay que orinar sobre los cadáveres. O lo que es más exacto: ¡no hay que hacerlo frente a las cámaras!

Demasiado tarde: a eso se ha llegado. Los ejércitos son horribles criaturas y los soldados hacen cosas perversas, pero cuando aceptemos las mentiras sobre “las manzanas podridas”y las excepciones dentro de los crímenes de guerra, así como la típica explicación dictatorial de “tal vez se cometieron algunos excesos...”, estamos aceptando la guerra y la deshonestidad que conlleva. Hacemos que los asesinatos y violaciones sean más fáciles y posibles, más excusables y frecuentes.

¿Cómo deberían responder los ejércitos? Con una palabra: culpabilidad.

martes, enero 10, 2012

2012

El otro día estuve hablando con Morc sobre las mujeres malas. Aunque en principio consideramos que el concepto era en sí una tautología, más adelante estimamos que acaso, por justicia o algo (las ominosas historias de nuestra piel), teníamos que precisar la categoría. Entonces hablamos del dolor, ése de cuando a uno lo hacen sufrir gratuitamente por razones oscuras que residen, claro, en un hoyo negro. Pero luego, como dilectos tripulantes del Mayflower, fuimos iluminados por los buenos oficios de la virgen de la Del Valle y concedimos que todo aparente acto de maldad se realiza por 1) cinismo troyano, 2) ignorancia epícurea, 3) inocencia albonívea, 4) convicción pírrica o 5) fanfarroneo apolíneo. Después están los verdaderos actos de maldad sin adjetivos que se ejecutan sin matices pero siempre bajo la careta de la bohnomía. Cuando Hamlet convence a los cómicos nómadas de representar El asesinato de Gonzago, dice que el Diablo suele presentarse de manera amable: “El espíritu que he visto bien podría ser el Diablo, pues que al Diablo le es dado presentarse de forma grata”. Por eso, con los partidos de comodines de futbol americano como fondo, discurrimos que en general las mujeres con las que habíamos estado no eran malas absolutas, sino simplemente querían hacernos daño por alguna fisura tóxica del pasado que se reflejaba en su presente, ergo, nosotros (he de decir que entre Morc y yo hay una diferencia rigurosa para sobrellevar y solventar nuestras aflicciones. Empero, tras años de experimentación, determinamos que el mejor antídoto es un single malt). Así, después del show del maestro Drew Brees, convencí a Morc de escuchar un cuento de mi gran amigo José Abdón Flores, que había pasado el día anterior por la casa y me había regalado su último libro: Mántica. Después de la lectura nos quedamos sin hablar varios minutos; en esa taciturnidad calculamos sin manifestarlo que Abadalón podría ser un hombre malo. No obstante, interrumpí a Morc en sus pensamientos y podé un poco sus arbustos mentales: "No creo que sea malo: sólo es un gigoló". Las enseñanzas de una encerrona de machos para ver los partidos del fin de semana fueron gratificantes, enriquecedoras, verbigracia: las mujeres no son malas en general, aunque a veces pretendan hacernos sufrir por alguna de las causas expuestas en la antes mencionada taxonomía (claro que a veces con excesos, como el de una amiga que intentó atropellar a la esposa de un exnovio. Hasta aquí, por mínima justicia, yo hubiera sufragado la decisión y la hubiera visto como un acto audaz, valiente; el problema fue que la quiso atropellar con todo e hija. Obviamente falló si no ya me vería en la visitas dominicales del Reclusorio Norte). La nota al pie es que a veces la necesidad por hacernos daño viene con conciencia de causa. El dato revelador, y hay que leerlo a la inversa de cualquier aseveración machista, es: lo hacen porque nos quieren. Si no les importáramos, ni siquiera se molestarían en hacernos pasar un mal trago. La moraleja, consejo o sugerencia constrictiva para este 2012 es, entonces, que si nos enfrentamos a una situación de éstas, inducida por celos escandinavos, traumas proustianos o un día de orfandad en la cama, hay que aguantar estoicos la reprimenda, acostumbrarse al sofá, saber que acaso la computadora acabará en el piso (para lo cual siempre hay que tener un disco duro externo de, mínimo, un tera escondido en la caja fuerte) y aguantar las frases hirientes que pretenden ser ironías. Si se mantiene esa actitud a cal y canto, siempre podremos ver, sin remordimientos, el siguiente partido de futbol.

CAS

domingo, enero 08, 2012

Confesión

Tengo 39 años. En mi vida he amado a cinco, seis mujeres. De ellas, sólo volvería con una: con el tiempo, el sufrimiento y la amnesia suelen mimetizarse.

CAS

lunes, diciembre 05, 2011

Sócrates




El doctor Sócrates caminó desde el mediocampo hasta el manchón penal. Su paso era desgarbado y en busca de equilibrio, propio del contraste entre su espigada figura de 1.91 m y sus mínimos botines del cinco y medio. Antes de tocar la pelota, Sócrates recordó con fruición a Garrincha, otro contrahecho jugador brasileiro cuya mayor virtud era confundir a sus rivales con un regate chueco: tenía una pierna seis centímetros más grande que la otra y cuando apuntaba el desborde hacía un lado, se lanzaba para el otro. El doctor tomó el balón para acomodarlo sobre la cal y las garotas que habían colmado el estadio Jalisco en el Mundial del 86 respiraron tranquilas: sabían que observarían un disparo quirúrgico, estetoscópico. Sócrates, sin embargo, acaso por no haber bebido las cervezas de rigor después de los tiempos reglamentarios, lanzó su disparo a media altura y Joel Bats, el portero francés que hoy día está en las enciclopedias por ser uno de los peores guardavallas de la historia, alzó el brazo por instinto y detuvo el obús: el gran Maestro del Timão había fallado un penal que a la postre le significaría a la verdeamarela la eliminación del campeonato (ya no importó que el mismísimo Michel Platini errara posteriormente su penal).

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, uno de los mayores estetas de las medias canchas, falleció hace unos días por un choque séptico causado por una bacteria intestinal. Y aunque su muerte conmocionó a los que lo vimos jugar, tampoco nos extrañó: el médico egresado de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, bebedor de cepa desde los 24 años, entraba y salía constantemente de los hospitales porque desde hacía años arrastraba una fiera cirrosis. Jugador emblemático del Corinthians, Sócrates había vaticinado su muerte: en una entrevista del año 83, cual pitoniso paulista, profetizó: "Quiero morir en domingo y con el Corinthians campeón". Después del minuto de aplausos en su memoria, y los noventa restantes, el Timão levantaba su quinta copa del Brasileirao el mismo día que el doctor dejaba de respirar.

Cada vez que Sócrates anotaba, levantaba el puño en señal de protesta en contra de la última dictadura brasileña y normalmente salía con cintas en el pelo con leyendas políticas. Cuando el Corinthians ganó el campeonato en 1982, los jugadores festejaron el triunfo con una palabra impresa en su camiseta: "¡Democracia!". El doctor dijo que había sido el momento más feliz de su vida. Un año más tarde, en un partido entre el Timão y São Paulo, un jugador largo y elegante, de cabellera ensortijada y barba raída, saltó solitario al césped del estadio Pacaembú con el puño en alto. Llevaba en la playera una frase que resumía su participación política dentro y fuera de las canchas: "Ganar o perder, pero siempre con democracia". Eso era lo que reflejaba el movimiento Democracia corinthiana, una práctica que Sócrates impulsó con otro jugador del equipo, Wladimir, para que las decisiones en el Timão fueran colegiadas y participarán de ellas desde utileros y jardineros hasta jugadores y directivos. En 1985 veía cristalizada su contribución a la transición del país con el triunfo en las elecciones de Tancredo Neves y José Sarney.

Amigo personal de Lula, Sócrates fue bandeirante a ultranza de la famosa frase de Telé Santana, técnico de Brasil en el Mundial de 1982: "No hay que jugar para ganar sino para que no te olviden". Y no te olvidamos, doctor, tú que dijiste que el mejor psicólogo era un vaso de cerveza y peleaste por hacer del jogo bonito y la justicia una forma natural de goce y vida. Cuando Sócrates le puso a uno de sus hijos Fidel, su madre le dijo: "Es un nombre un poco fuerte para un niño". Él, sin saber que su propio nombre tendría hilos beatíficos en el entramado de la memoria, contestó: "Madre, mira lo que me hiciste a mí". A los diez años, Sócrates había asistido a una escena pronosticada por Ray Bradbury en Farenheit 451: la recién instalada junta militar brasileña robó y quemó sus libros frente a él. Fue así como decidió, como lo hizo su antecesor algunos miles de años atrás, luchar a su guisa en contra de las injusticias y hacer de su brega, a falta de documentos salidos de la suya mano, un libro abierto de faenas, experiencias y conjeturas ecuánimes. Y como su antecesor, murió bebiendo, no una dosis decisiva de cicuta sino una rubia y fresca cerveza del trópico.

CAS

martes, noviembre 15, 2011

Miguel Ángel Cañizo (1942-2011)

Creo que la pregunta vuelve a estar de más; no obstante, en tanto siga realizándose, podrán mantenerse vivos los últimos rasgos de humanidad entre nosotros: ¿por qué son los justos los que se van antes de tiempo? Cuando mi papá murió a los 58 años le pregunté a mi mamá si no era muy joven para irse. Ella, con su sapiencia acostumbrada, respondió tajantemente: ¿cuándo se es joven para morir? ¿Cuándo, si ves que se trata de una vida que tocó y conmovió a todos los que estuvieron a su lado y dejó ahí una parcela de su bonhomía, de su inteligencia, de su cariño? Miguel Ángel Cañizo tenía 68 años cuando su corazón se detuvo hace un par de semanas. Lo primero que nos preguntamos, again and again and again, fue si no se había ido muy pronto. Incondicional de la familia durante más de treinta años, fue uno de los mejores amigos de mi padre. Al morir mi papá, y como una transición natural, la relación se ensanchó con el corazón en la mano hacia mí, mi mamá, mis hermanas, últimamente mi sobrino. Él y su amorosa esposa Lupita, a veces sus hijos Migue y Sofía, pasaron navidades y años nuevos con nosotros; numerosos asados con tequila y cervezas muertas; interminables veladas con los acordes de su guitarra y los boleros que cantaba con su voz rasposa, seca, llegadora y enllagadora. Porque hay que decir que con Miguel Ángel redescubrí el bolero y el frenesí de las canciones tradicionales mexicanas; también, como suele ser con los amigos que nunca se irán, la amistad ciega y plagada de fruición de los que llamamos seres queridos. Lo vi por última vez en mi casa de Cuernavaca dos semanas antes de que muriera. Vino con Lupita y Sofía. Y, como solíamos hacerlo, radiografiamos la situación política del país; vaticinamos la coyuntura de las elecciones del siguiente año; nos lamentamos, como toda la última década, de vivir en un país al que ya se lo había llevado la chingada. Y luego cantamos al amparo de unos tequilas, él de unas cubas, Lupita y Sofía de las insignes pero devastadoras palomas que prepara mi mamá. Nos despedimos en ese estado de fascinación sólo causado por el placer de la compañía y les dije que al día siguiente los esperábamos para nadar. Miguel Ángel se disculpó: ya tenían un compromiso. En la mañana nos dimos cuenta de que había dejado su gorra (siempre utilizaba una). Dijimos que en el transcurso del día volvería por ella como antes lo había hecho por una chamarra, por un viejo capotraste. Jamás regresó; la dejó como un pedazo de su alma, como un símbolo inequívoco del recuerdo perenne. Hace unos días, Miguel Ángel pintaba la pared de su casa. Para alcanzar mejor le amarró una varilla al rodillo. Y fue un descuido, una mala broma acaso de los hacedores de la creación, el que hizo que la escalera se moviera y, por acto reflejo del destino, el rodillo tocara indiferente un cable de alta tensión. Llegó al hospital todavía conciente pero ya la descarga le había incendiado el cerebro. Su fortaleza hizo que sobreviviera cuatro días. Ahora, con la tristeza que sólo el tiempo podrá disipar, he de decirte, mi querido Maestro, que ya nos tocará de nuevo reorganizar el mundo al son de vivificantes cubas libres, el "Amor, amor" de Gabriel Ruíz y la conversación interminable. Espero, sin embargo, que no sea pronto.

CAS

viernes, noviembre 04, 2011

Enrique Romo (1960-2011)

Hace una semana que Epigmenio León me escribió para decirme que Enrique Romo había fallecido, entendí por fin que, a veces, la vida no vale nada. Amigo durante los últimos diez años, Enrique fue un incansable promotor cultural que se formó al amparo de, quizás, el hombre que más sabe de difusión de la cultura en México: Víctor Sandoval. Pero más allá de eso, faceta como se le ha recordado los días recientes, Enrique fue una excelente persona y mejor amigo. Hace un mes había hablado con él y me dijo que estaba por salir la reedición de una antología de crónicas sobre la ciudad de México, en la que, hacía un año, había tenido la generosidad de invitarme. Jamás imaginé que no volvería a escuchar su voz. Y fue precisamente en la presentación de la primera edición de esa antología, la última vez que lo vi. Fuimos a comer al Gallo de oro en el centro de la ciudad de México y nos pusimos al corriente. Me dijo que llevaba varios meses sin beber y no había tenido ninguna recaída últimamente. También, con una tranquilidad de alma sólo ocasionada por la bonhomía, el rostro se le iluminó cuando me habló de su nueva experiencia como abuelo y de que estaba feliz porque su hija y esposo se habían ido a vivir con él. Me comentó sobre los nuevos proyectos que pretendía mostrarles a las autoridades culturales en turno para obtener financiamiento y poder cristalizarlos. Por último me platicó de una reciente relación que había tenido que terminar porque se sentía acosado. Fue una confesión de un espíritu sobrio. Mientras, como ahora me arrepiento, yo me embriagaba a briosos corcelazos de tequila. Camino al metro le pregunté cómo se sentía por la reciente muerte de su hermano, el trovador Marcial Alejandro. Hasta ahora comprendo su respuesta, incómoda cuando la dijo: "En realidad creo que no lo he digerido; no he pensado ni siquiera en entristecerme porque nos veíamos poco y pienso que con tan sólo con levantar la bocina, él va a estar ahí". Ésa es la sensación en mi pellejo por la partida de Enrique: la testaruda negación de que nuestra gente ha decidido una ruta que no tiene marcha atrás. Es hora, pues, de que la conmoción causada por la marcha de la gente justa como Enrique se mantenga por la vía adecuada e insista en eso que él enarboló a lo largo de su vida: el trote lento pero constante y seguro de la promoción de la cultura y el resplandor omnipresente de la amistad sin cortapisas.

CAS

jueves, octubre 27, 2011

CAS en Coyoacán

El próximo martes primero de noviembre presento el libro Archivo Lowry de mi querido amigo Raúl Ortiz y Ortiz. Me acompañarán en la mesa Alberto Rebollo y Ángel Cuevas. Raúl es el traductor de Bajo el volcán de Malcolm Lowry y, sin que suene a exabrupto, es la mejor traducción al español que he leído. En Archivo Lowry, Raúl publica una serie de textos inéditos de Lowry y documentos poco conocidos sobre su vida. Se trata de un volumen fundamental y obligatorio para todos los interesados en la obra de Lowry. La presentación será a las 12 del día en la Casa Azul, alias Museo Frida Kahlo (Londres 247, esq. Allende, Col. del Carmen, Coyoacán, DF).

CAS

jueves, octubre 20, 2011

De regreso al quirófano (o algo)

Una mancha negra en el labio inferior. Homero dijo Ve con un dermatólogo para descartar cualquier cosa. Fui. Le hablé de la flamante mancha, de la psoriasis. Desvístase dijo con estetoscópica puerilidad. Lo hice y me acosté en la mesa de exploración (casi me parto la madre al pasarme de largo: sobra decir que soy un poco grande para esas camas). Me auscultó transformándose en gambusino californiano que examina las condiciones de su pepita de oro y concluyó: lo de la psorasis está localizado y no es tan grave, además es muy común en gente gorda (aquí utilizó otra palabra como robusta pero sabemos que a los médicos no les queda eso de la gentilidad); lo del punto negro lo más probable es que sea benigno pero no está de más quitarlo y mandarlo a analizar. Lo podemos hacer cuando usted quiera, ¿Ahorita puede ser, doctor? Sí, Haga pues lo que tenga que hacer. El médico pidió un equipo para biopsia y me inyectó anestesia en el labio. Después de unos segundos y sentirme Angelina Jolie³, sólo alcancé a observar que se me acercaba con otro instrumento pernicioso (todos los instrumentos médicos lo son, desde el bisturí hasta el estetoscopio. Quizás resuelven los problemas, pero por lo general son portadores de malas noticias antes, durante y después de ser utilizados, como el electrocardiógrafo y su tenebrosa línea horizontal). Cerré los ojos y esperé a que Dios decidiera. Y la decisión tardó: el médico, que en principio me había convencido de la cirugía por la vehemencia de su discurso, empezó su labor. Era obvio que me estaba haciendo una incisión para quitarme ese lunar inocuo que acaso había sido causado por la mordida de alguna novia antropófaga, pero como mi apellido ya era Jolie³ no sentí absolutamente nada. El problema fue cuando intentó quitar el pedazo de carne. Como siempre he sido muy celoso de cualquier parte de mi cuerpo que tengan a bien podarme, mi epidermis adoptó una diestra estrategia defensiva para repeler al agresor. Fue así como supe que había un contratiempo: la mancha voraz se transformó en sanguijuela testaruda que tenía como consigna un beso francés ad infinitum. Entonces a jalar con más fuerza y ya no eran el labio lo que estiraba sino toda la cabeza, como felación bocarriba. Y vamos de nuevo y nomás me faltaba el aro en las encías para ser parte de un ritual africano. Y una vez más y el bicho por fin capituló ante las falanges ensagrentadas de un galeno que festejó su batalla más encarnizada sostenida con un lunar. Lo aisló en un tubito de ensayo como de muestra de perfume y dijo Los resultados están en unos días. Ahora, mientras espero los análisis, he de residir en esa conocida y extraña ambivalencia del Bien y el Mal, como aquel otro muchacho que también tenía una mancha, perdón, que era de La Mancha y tampoco sabía qué pasaba. El labio, mientras tanto, tiene tres puntos de sutura e hilos por todas parte. Aunque me sienta más pavo relleno que otra cosa, en la colonia ya me empiezan a llamar, con justa razón, el Frankenstein de la Del Valle o el Prometeo hirsuto.

CAS


PS. Mis pasos por las salas de operaciones, quirófanos y consultorios que tienen equipos para biopsias, me hicieron recordar uno de los mejores cuentos que he leído. Es de mi querido amigo, que en paz descanse, Sergio Galindo. Se llama "El esperante" y puede leerse aquí.

martes, septiembre 27, 2011

El ermitaño

Hay un terciario que me cree Jesucristo, lo cual, como tú sabes, todavía no soy.
Malcolm Lowry, "Carta a Conrad Aiken", 1937.

El cuerpo parece salirse de sí mismo (deja la roca en las extremidades). La pesadez doblega la entereza, y la necesidad de moverse se ancla sin éxito en el eje de las piernas. Se dice que el hombre está solo (¿cuál será la escrupulosa definición de soledad?). Lo cierto es que las evacuaciones han regresado a su intermitencia voluntaria: hay una decantación del alma que sospechosamente hace pensar que ésta existe.

El problema ha sido, como siempre y acaso nunca más, los principios dobles. Al comienzo, pues, estaba una carta sin destinatario y de remitente dudoso. Se rumora, y es una hipótesis asequible, que Dios antes de crear el mundo, la escribió. La incógnita, y ésa es naturalmente el secreto de la creación, es a quién estaba dirigida (quizás el mayor misterio hierático junto al origen de la esposa de Seth). En ella se narraba la epifanía por la que se creó el universo. Antes de eso, y puesto que hablamos de un personaje omnipotente, Nuestro Señor inventó el lenguaje (más tarde lo atomizaría con una broma tan feroz como categórica llamada Babel). Yo soy el que soy (el antecendente inmediato de You know who, alias el Maestro Voldemort) concibió el lenguaje para poder expresarse con espontaneidad y reflexionar sobre su labor. Las conclusiones de los expertos sobre el episodio son reveladoras: Dios le escribió la carta a una mujer y le confió su mundo nuevo: fue incapaz de quedarse callado sobre la existencia y autoría de su obra maestra; también, por adición natural que hubiera entendido un niño recién nacido (detalle que no estuvo contemplado en la Creación*), fue la confirmación de que Nuestro Señor estaba enamorado.

Creo que hoy día, en las postrimerías de septiembre, ésa es mi condición: ser como Dios y su soledad pero sin ser él, ostentar en las llagas de los dedos una carta sin destinatario y remitente, estar enamorado sin saber de qué (ya decir quién sería de un optimismo crudelísimo) y, como no le ocurriría a ninguna divinidad seria, padecer las inclemencias de un estómago sucio.

CAS


*De hecho, ésta es una nueva confirmación de que el actual debate en México sobre el aborto, sobre todo si pensamos en la postura y ¿razonamientos? de los católicos, no ha lugar. Si a Dios le hubiera interesado el tema como condición sine qua non de la Creación, hubiera fecundado un cigoto para colocarlo ex profeso en el vientre de sus confianzas (sobra decir que también manufacturado por él). En cambio, optó por crear a un hombre a su imagen y semejanza (claro que fue sutilmente travieso: no lo hizo Dios) y a una mujer que moldeó de una costilla del susudicho, como si fuera res, y no de una porción mínima del cerebro o el corazón (de ahí que se desprenda la conocida tesis de que Nuestro Señor es el primer machista que conocemos). Por eso Dios, como su viejo camarada de grandes batallas, el Diablo, siempre ha sido un gran lingüista. De esta manera, se concluye que la fecundación (hoy día le llaman concepción; de cariño le podríamos decir Conchita) es el mito genial de la creación y el argumento subnormal, apócrifo y baladí de los antiabortistas (amén de que no hablan de los cien mil espermatozoides que asesinó un cabrón fratricida en la carrera por echarse el óvulo).

sábado, julio 30, 2011

Diario de la Toscana II

Mi sobrino Noel no habla español; el italiano es su primera lengua y Nicla, su mamá, le ha hecho aprender francés. Noel tiene debilidad por dos personajes indiscutiblemente célebres: el maestro Alessandro del Piero y las iguanas guerrerenses. También, a su escasa edad, ha cometido un triste y lamentabilísimo error del que se arrepentirá el resto de sus días: en una decisión tan rotunda como ridícula, ha concluido que su equipo de futbol en México serán los Mininos de la UNAM (uno más: ¡mi reino por un poco de inteligencia en este mundo!). Noel tiene ocho años y el otro día fuimos a jugar futbol al parque. Ahí me enteré de una segunda, penosa, equivocación: me confesó que si a algún jugador mexicano escogería en su videojuego de futbol, ése sería un conocido traidor llamado Paco Palencia. Pero Noel es un buen niño: lo único que pide cuando vamos al súper es un chocolate Kínder, ésos que tienen un juguetito para armar en sus entrañas. Como está de vacaciones me llevó a conocer el museo de sitio del anfiteatro romano que está detrás de su casa. De hecho, cuando Nicla se enoja con su hijo, suele arrojarle los juguetes al anfiteatro, ahí donde épicos gladiadores godoteaban estoicos para jugarse la vida. Él naturalmente se enoja y lanza un ¡Vaffanculo! y alguna increpación en español (las majaderías tepiteñas son los únicos términos en mexicano que conoce. De hecho se le ha desarrollado el hábito de pinchearme con lingüística suficiencia). Pero el último gran problema de Noel no tiene que ver con sus preferencias futbolísticas (olvidaba mencionar que cuando le dije que había escogido el equipo equivocado y le hablé de la eterna seguridad que le daría irle a la gloriosa Máquina Celeste, espetó con certeza etrusca: "¡Pinche Cruz Azul!") es que en su repertorio de canciones sólo existen dos: "Redemption song" y "La marsellesa". Ambas las tararea o canta según su estado de ánimo y no hay poder humano que lo calle o le haga cambiar de canción (bueno, dos veces entonó el "Guacaguaca" de Shakira con ilustres gritos toscanos). Pero lo realmente calamitoso de esa tendencia de Noel por el himno francés es que me he cachado cantándolo más de una vez, bueno tarareándolo porque desconozco su libertaria letra. Eso, a su vez, ha provocado dos situaciones siniestrísimas: que odie a los franceses un poco más y el reconocimiento apriorístico de que el 5 de mayo jamás existió y todos llevamos un pequeño Abraracurcix en nuestro ser. Cuando Noel vaya a México, para que entienda de una vez por todas cómo están las cosas y, como si fuera un Alex Nadsat DeLarge posmoderno, le haré pasar por sesiones intensivas de partidos del Cruz Azul (ya tengo las gotas para los ojos). La música de fondo no será la novena de Beethoven sino una refinada selección de Juanga y Los Tigres del Norte. A ver de qué cuero salen más correas, pues.

CAS

martes, julio 26, 2011

Diario de la Toscana I

La psoriasis ha brotado de nuevo. Su presentación es más violenta, más escandalosa. Desde que abandoné las gotas de mi energía líquida pasada por pelo de oso polar, la grieta se ha endurecido y profundizado. La lucha es entre dos paredes babilónicas al interior de mis nudillos. Además he vuelto a sudar por las noches. La almohada amanece húmeda en su totalidad, como si la hubiera hecho naufragar en el bidé de la casa: todo hogar italiano tiene uno; de hecho los habitantes de aquí se sorprenden cuando se enteran de que en otros lados (todos los demás países, por ejemplo) no suelen existir. Nicla, la esposa de mi primo Michael, me pregunta desconcertada: "¿Cómo se lavan la cola cuando van a salir?".

El sudor no es cosa nueva: de día, cuando la conciencia evita el sueño del naufragio, el agua salada brota de igual forma, como si se exprimiera una esponja, como si se expulsara la vida. La grieta y el oceano nocturno no han eclipsado, sin embargo, la felicidad cotidiana: esa sensación de bienestar y fruición que sólo ocurre cuando las piezas del rompecabezas vivencial se colocan correctamente con los ojos cerrados.

CAS

martes, julio 19, 2011

Apuntes teutones

Desde la segunda Guerra Mundial, Alemania es un país que no está acostumbrado a perder (creo que en la gran Guerra tampoco lo estaba pero lo tomaron con sabiduría ecuménica). De las tantas actividades en la vida hay una en la que particularmente no le suceden los fracasos muy a menudo: el futbol. Como todavía es julio, mi mes favorito y el idóneo para los lugares comunes, me iré con el célebre del exfutbolista inglés Gary Lineker: "El futbol es un juego de 11 frente a 11 en el que siempre gana Alemania". Aunque, insistiremos en ello, hace ya algún tiempo que los anales no merecen su presencia grabada en letras doradas. El punto es que últimamente suelen salir vencidos, aunque mientras participen en un torneo el pueblo alemán siempre tendrá la firme certeza e inmarcesible convicción de que el tarro será levantado (por favor, si son visigodos posmodernos: dejémosle las copas a los franceses). El Mundial de 2002 me tocó durante un largo viaje por Europa. Después de ver la final Brasil-Alemania con unos amigos en Maastricht, por obra y gracia de algún holandés que detectó el 15 por ciento de mi sangre alemana (los holandeses practican un oído peculiar hacia los alemanes por 1.-Holanda no es un país y 2.-cuando los han invadido, en particular los alemanes, no han metido las manitas y acto seguido les entregan el país), me embriagó con un coctel que incluía Amstel, Heineken y un hash marroquí dudosísimo y me depositó en el primer tren a Munich. Amanecí en la estación bávara sin saber bien a bien dónde estaba hasta que una multitud enclavada en el centro de la estación hizo el favor de, por sus loas, darme razón del lugar. Había una pantalla gigante a la mitad del pasillo principal en la que se transmitían escenas de la llegada de un avión. La gente estaba a la expectativa y vio atenta y en silencio el aterrizaje de la aeronave, cómo se acomodó al lado de la pista y el momento en que se abrió la puerta principal. Se trataba de la llegada de la selección alemana de futbol a su tierra. En condiciones normales, el primero en salir hubiera sido el entrenador, en esa época el gran maestro Rudi Vöeller; pero no fue así. En un acto que sólo se interpreta como una reafirmación nacionalista o un misterioso gesto de indulgencia nibelunga, Vöeller tomó del brazo al capitán del equipo, Oliver Kahn, y lo lanzó al ruedo como primer espada para bajar del aeroplano. Recordemos que Kahn (ningún parentesco, concesivo lector, con el Gran Gengis), en la final de ese Mundial, había cometido un error grosero en el primer gol de Brasil, que le abrió el camino a la verdamarela para conquistar el pentacampeonato. Así las cosas, Kahn se presentó en su país y, sin haber tocado tierra, recibió la más larga ovación que ha existido para alguien que en otro contexto merecería la horca (fue un yerro imperdonable para alguien que se vanagloriaba de ser el mejor portero del mundo). Ahí, en la estación de trenes de Munich, atestigüé de nuevo los contrastes mundanos de la vida: los alemanes recibían con furor a un héroe trágico y el portero, cual avestruz resucitada salida de una obra de Peter Handke, saludaba a la plebe como hijo pródigo (cabe señalar que, aunque capitán, Kahn tenía serías dificultades para hilar dos frases seguidas en su idioma natal; para ser más específicos, se expresaba peor que Bastian Schweinsteiger, nuevo portador del gafete, que en su juventud había sido pastor de ovejas en las dehesas de Bavaria). Un dato fundamental que ejemplifica la debacle teutona del siglo XXI fue que en 2006, cuando el Mundial se celebró en Alemania, festejaron el tercer lugar como si hubieran su primer campeonato.

Pues bien, hace algunos días estaba en Alemania. Fui a visitar a mi amigo Jerónimo que vive en Dusseldorf. Ahí me alcanzó Anne, amiga berlinesa y ciudadana del mundo, que hacía un curso como negociadora (os lo juro) en un pueblo rabón cerca de Colonia. Como es de sobra sabido, en estos días se festeja el Campeonato femenil de futbol en Alemania y el pueblo alemán tenía otra oportunidad de reafirmación nacionalista: los automóviles, como en 15 de septiembre, mostraban ufanos su bandera tricolor en el parabrisas. Al llegar a Dusseldorf, el tema natural de conversación fue el Mundial Femenil: Jermoc, en un plan categóricamente germanófilo pero con sapiencia contundentísima, me platicó todos los detalles de la selección femenil alemana: que la portera era novia de la defensa central y la celaba por los fajes que les metía a las delanteras; que la mejor jugadora, Birgit Prinz (creo que era su fan porque se llama igual que su esposa) la habían sentado por sus malas actuaciones y que al día siguiente SU selección golearía a Japón para que de una vez por todas los nipones entendieran cuál había sido el único pilar trascendental del Eje Berlín-Roma-Tokio. Cuando llegó Anne, mi sorpresa se incrementó: mi muy querida amiga Anófeles Becker estaba al tanto de todo y, cómo no, también esperaba con ansiedad el encuentro. Decidimos, entonces, ir a un tugurio llamado Zakk, en donde una semana después tocaría Molotov. En el escenario habían colocado una pantalla gigante (les reteencantan ese tipo happenings a los alemanes) y el público se sentó en unas banquitas de madera puestas muy artesanalmente y que seguro quitarían para recibir a los merluzos decadentes de Molotov-que-le-van-a-los-Mininos. Ante ese ritual a gran escala, no me quedó de otra que reccionar con el mayor decoro al que aspira un mexicanito en el extranjero:

-Yo le voy a Japón.

Jermónimo y Anófeles se miraron con el máximo gesto piadoso del Ruhrgebiet y siguieron bebiendo su Franciscana. Cuando cayó el gol de la japonesas hubo un rumor de incomprensión y un grito ahogado del mexicanito que, aunque fervoroso, no era estúpido porque obviamente en el congal había un habitación en donde se podía armar, ipso facto, una cámara de gas. Jermoc empezó a exigir en fino mexicano "Mete a Birgit, pendeja; métela" y Anófeles a hacer un ejercicio tántrico para evitar las lágrimas. La árbitra pitó el final del partido y, contrariamente a lo que hubiera pensado, ningún corazón a la orilla del Rhin dejó de latir; estaba ante una nueva y ya conocida realidad de los alemanes en el deporte: esa común, aunque triste sensación, de acostumbrarse a perder. Saliendo del Sakk no hubo ningún auto con banderita, ningún claxon que se perdiera en su carrera ni una sola voz anónima dicendo prost que retumbara en esa célebre cantina del mundo llamada Dusseldorf. Jermoc y Anne caminaron delante de mí sin decir palabra. Yo me apiadé de su desgracia hasta que el sentido común pudo más que la taciturnidad de la noche: "Pues una última chela, ¿no?". Ellos, como la única frase que alguna vez citaré de Benedetti, cerraron los párpados pesados como juicios.

CAS

lunes, julio 18, 2011

Brasil-Paraguay


¿Cómo se puede ganar cuando tienes en tu equipo a un Ganso, un Pato, un Lucas y encima de ellos (o abajo, para que no terminen chorreados) a Elano (que dejó fuera a Kaká)? ¿O cómo se puede ganar cuándo tienes en la portería a un hombre Justo? You tell me...

CAS