Del Valle notes

lunes, noviembre 02, 2009

 

Todo a pulmón



Así es, pequeña D, la vida a veces oscila entre un curado de apio y otro de piñón. Salú por esa viscosidad gloriosa.
CAS



posted by Carlos Antonio at 11/02/2009 10:19:00 PM

martes, octubre 27, 2009

 

El agricultor
Entre sus múltiples ocupaciones, Jacinto Modesto tenía la de olvidar su historia reciente. Para ello, con precisión matemática, había diseñado un sistema en el que el sueño constituía un componente capital: cuando el sol estaba por ocultarse, Jacinto aromatizaba su casa con efusiones de epazote hervido y se recostaba en su cama de madera; después, con la naturalidad alcanzada tras años de práctica, jugaba a soñar. Pero no era un sueño en el que controlara por completo los hilos de la ficción; se trataba, por el contrario, de una estrategia disuasiva que pretendía confundir al verdadero sueño de su inconsciente. Jacinto le llamaba error americano, pues consideraba su sistema como un juego de béisbol. Esa mínima expresión lúdica que incorporaba al mecanismo onírico era su bateador designado. El procedimiento nocturno (entre otras minucias distinguido por el brote simultáneo de dos Jacintos) hacía que, por una reacción estrictamente química, al siguiente día no recordara lo ocurrido antes de esa mañana. Para evitar la desaparición definitiva de su historia previa, enfrente de su cama tenía una pizarra en la que escuetamente había escrito detalles sobre su vida que le permitieran sobrevivir el trajín cotidiano. El texto empezaba: "Te llamas Jacinto Modesto. Eres agricultor y tienes propensión al epazote". Más adelante estaba escrita una breve descripción sobre sus múltiples ocupaciones y un matiz particular en cierta técnica para poder olvidar. Al final se leía: "La noche te absolverá". Jacinto Modesto fue feliz durante muchos años. Pero una mañana fresca, de cúmulos empenachados por un gris violento, Jacinto amaneció ciego. Intentó pararse y tuvo la misma sensación de un bebé cuando sale del útero materno. Lo detuvo un miedo encanecido y se desplomó sobre el camastro: quedó inmóvil el resto del día. En la noche, ante el inminente desamparo de la respiración, tuvo el único destello que lo vinculó con su pasado: recordó el olor del epazote. Sonrió, y con la justeza unánime de una corte de notables, Jacinto Modesto cerró los ojos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/27/2009 10:43:00 AM

domingo, octubre 11, 2009

 

Cinismo, la religión intocable

"Una cadena vale lo que su eslabón más débil", decía Lenin (una de las pocas frases célebres de don Vladimir). Felipe Calderón está hablando sobre el golpe a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Todavía no acaba su mensaje y es la mayor muestra de cinismo que he escuchado desde hace como 35 años (tengo 36). Para el presidente las verdaderas causas del catarrito (acordémonos que fue una tosecita carstensiana, que en buen español se llama tsunami financiero en un corno tropical) es Luz y Fuerza (perdón pero los locutores de noticias son analfabetas; acabo de escuchar a uno que se refirió a la quiebra de la empresa paraestatal como "decreto expropiatorio"). También, el antes mencionado personaje, que suele robarle las prendas de vestir a Tontín de Blanca Nieves, dijo que no era una empresa rentable, que no producía lo necesario para mantenerse (como Microsoft) y que recibía un subsidio mayor al de la UNAM. Me parece muy bien pero es un disparate. En efecto: el gobierno subsidiaba una empresa que le pertenecía, para lo cual aportaba una cantidad determinada al consumo de cada contrato, esto es, existía un subvención estatal a la energía eléctrica. Que no fuera una empresa rentable tenía que ver con las tomas piratas como diablitos, desperdicio de energía (a mayor gasto mayor subsidio) y de repente por ineficiencia, cualidad extensiva a la burocracia en general. Lo curioso fue que no hubo una inversión considerable que mitigara esos vicios.
Vamos a ver: es obligación del Estado -está en la Constitución- asignarle un subsidio a la energía eléctrica en el entendido de que los precios de la misma son altísimos; por eso vivimos en una república federal y existen recursos de otros ámbitos para ser destinados a los servicios públicos que así lo requieran, como el metro del DF. En ese sentido es una nueva tontería argumentar que se trata del doble del presupuesto de la UNAM (dinero que no es una dádiva para la Universidad; es una obligación del Gobierno dárselo. Nueva actitud cínica: los conspicuos panistas pretenden reducirle la partida presupuestaria a la Universidad). Entre mañosos te veas (¿y cuánto es por el rescate carretero o por las exenciones fiscales de los grandes contribuyentes?). Además el argumento final de Felipe, que naturalmente se caracteriza por su cinismo implacabalísimo, es que de seguir subsidiando Luz y Fuerza ¡se tendrían que aumentar los impuestos! ¡NO MAMEMOS, PINCHE GÜEY DESVERGONZADO, DESVENTURADO Y DESVERGADO! Perdón por mi exceso de sutileza pero es inconcebible. Pero ahí no termina la cosa: al declararse en quiebra, que sería la figura jurídica adecuada (nueva desfachatez), el gobierno ofrece liquidar conforme a la ley a los trabajadores. Está muy bien, salvo por un detalle: ¿cuando se les acabe la liquidación de qué van a vivir 66 mil trabajadores y sus familias? Más allá de eso: no crearán antigüedad, por tanto el Estado no pagará sus jubilaciones, y tampoco se les darán prestaciones constitucionales; también se desarticulará uno de los sindicatos más fuertes que hay en el país. Cualquier parecido con ley del ISSSTE, afores, Fobaproa no es coincidencia (al respecto, recuerdo que cuando el Fobaproa se hizo deuda pública, Guillermo Ortiz, secretario de Hacienda y mejor conocido como Roban, dijo "el Fobaproa no lo pagará el pueblo, lo pagaran los contribuyentes". Menos mal). La cereza en el pastel fue cuando Tontín conminó a los trabajadores recién despedidos a que regresaran a trabajar en la CFE para aportar sus conocimientos en la materia; por último, que si querían laborar como pequeños empresarios en la distribución y venta de energía eléctrica también lo podrían hacer.
En fin, todo esto sucedió el mismo día en que una selección de futbol vestida de verde calificó al Mundial de Futbol, un bunch de desarrapados decía "Viva México" en el Ángel de la Independencia y un pelotón de mil efectivos de la Policía Federal tomaba las instalaciones de un lugar que daba de sesenta mil fuentes de trabajo. Pero como los miembros de gabinete son estultos de época, piensan que los ciudadanos creerán que el rey va vestido con un traje de piedras preciosas: se habla de Luz y Fuerza como una empresa ajena a ellos o que era un sindicato plagado de privilegios (aunque la indemnización ofrecida sea excesivamente privilegiada); pero no se señala que, al ser el gobierno el prestador del servicio de energía eléctrica, éste no mejorará si no hay una inversión adecuada para que la estructura cambie (a menos de que Felipe ya haya firmado en lo oscurito un contrato con el mago de Oz, el Genio de la lámpara o, de perdis, Harry Potter). Una cadena vale lo que su eslabón más débil, decía Lenin. Con la extinción abrupta de Luz y Fuerza se corta por lo más delgado. Y la cadena ya está rota.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/11/2009 09:05:00 PM

martes, octubre 06, 2009

 

Instantáneas del Defe VI

-¡Súbale, súbale! Directito al metro Nativitas. Sin asaltos, sin tráfico, sin choques! ¡Súbale, súbale!

Después de que ha entrado el pasaje, el chalán del chofer sube una pierna y permanece por algunas cuadras con medio cuerpo fuera del pesero. Tras subir a nuevos pasajeros, dice “ya estuvo” y se acomoda con diligencia enfrente del conductor. Una vez hallado el lugar ideal, comienza a abrir y cerrar las piernas como puertas cabalísticas que invitan a alguna evolución pecaminosa. Adquiere su mayor distinción por la paleta tutsi pop que no se saca de la boca.

–No mames, güey –no hay duda: la paleta semeja un testículo en el cachete–. Tuvo, ca’on.

–¿Sí?

–Sí, no mames, güey –dijo con seguridad implacabilísima–. Pero la culpa la tuvo el Mai.

–¿Qué hizo el güey?

–Pinche culero, sus pinches mamadas de siempre.

–Sí, ya me imagino.

–Y pues le dije que no mamara, que le parara a su pinche nave porque si no a puro pan y verga me lo iba a tener.

–Pos sí, pinche puto.

–Y parece que se alivianó; pero que no mame, güey, si nomás me tiré una vez a su pinche vieja.

–A güevo, pinche pasado de verga.

–¡No mames, güey: ahí viene. Clávate ahorita, güey, en chinga. No lo dejes pasar.

La bola en las mejillas y su oscilación inquebrantable desapareció en el rostro del hombre de la esquina; una vez que estuvo en igualdad de circunstancias, como por un resorte fue expulsado de nuevo hacía fuera del microbús.

–No mames, la neta le faltan güevos a ese güey. ¡Súbale, súbale! Directito el metro Nativitas. Sin asaltos, sin tráfico, sin choq...
CAS


posted by Carlos Antonio at 10/06/2009 11:54:00 AM

viernes, septiembre 18, 2009

 

Chilango bad boys

Era cumpleaños de Groucho y, como buen sonorense afincado en el Defe, sabía que el único lugar donde podía degustar una correcta nalga de vaca de un kilo era un restaurante con carne de Sonora. Y fue la única costumbre que mantuvo de su estado natal (todo mundo sabe que cualquier lugar pasando el Toreo de Cuatro Caminos es Alaska), pues las bermudas las abandonó cuando una novia de la Universidad del Claustro de Sor Juana abrió su guardarropa y descubrió que sólo había bermudas, tenis y un pantalón roto. Ah, y gorras de beisbol. La susodicha salió en puntas de pie del vestidor, al día siguiente cambió todas las clases que tomaba con él y cuando lo veía cerca enviaba a un grupo de matones de a la vuelta del Claustro para que lo mantuvieran alejado. Años más tarde los desaguisados siguieron. Su mayor dolor, confesado en una larga sesión de bacanoras dobles, fue cuando un empleado de Office Max, que le llevaba un escritorio recién comprado, se cayó por la escalera de caracol de su casa. El resultado fue devastador: el escritorio pasó por encima del cargador y tiró un librero que estaba al lado de la escalera. Hasta aquí Groucho sólo hubiera corrido a patadas al chalán sin darle propina. Pero las consecuencias siguieron: el librero, con toda su colección de malas traducciones de Anagrama, se había desplomado en cámara lenta sobre las sillas Gehry de cartón corrugado que le habían mandado unas semanas atrás y por las que había pagado una millonada. Groucho agarró en vilo al muchacho sin percatarse de si estaba fracturado o algo, lo sacó de su casa y lo estrelló contra el parabrisas más cercano. Acto seguido, habló a Office Max para decirles que iniciaría una demanda en su contra. El litigio continua y Groucho insiste en que tiene buenas posibilidades de ganar. Pero antes de eso era su cumpleaños y había ido a festejarlo con su hermano, F, y con su novia del momento, M.

Después del atracón carnívoro, seis tintorros y un pomo de bourbon canadiense, lo digno era seguirla en casa de Groucho en la Del Valle.

–Estamos muy borrachos –le dijo Groucho a su hermano–. Deja el coche aquí y mañana pasamos por él. Al cabo estamos a cinco cuadras.

–No mames, güey –contestó F con la sapiencia del beodo que sabe lo que dice–. Si estoy bien. Puedo manejar sin pedos. O no, ¿M?

–Yo creo que sí, amor –asintió M, pasándole la mano por la cintura–. Deja que maneje, no pasa nada.

Groucho concedió mientras observaba que los valets parking sonreían siniestramente alzando los hombros.

Avanzaron un par de cuadras con la bien conocida destreza de un borracho al volante: en zig-zags, pasándose los altos y rechinando los rines contra la banqueta. Entonces ahí, sobre División de Norte, a un par de cuadras de la casa, un automovilista despistado que iba en el carril central recordó que tenía que doblar a la izquierda e hizo la maniobra defeña por antonomasia: se le metió a F en su carril sin poner la direccional o algún aviso civilizado. F, también sonorense, que almuerza todos los fines de semana en el Rosita de la Portales y que cuando se case antes de jardín y alberca tendrá un corral para su caballo aunque sea en un departamento, dijo ni madres y aceleró: el coche compacto de aquel que había osado invadir un carril ajeno quedó en forma de escuadra. Al Montecarlo 1981 de F ni siquiera le tembló el quemacocos. Lo que ocurrió después forma ya parte del adoquinado ominoso de una colonia panista de la ciudad de México.

M dijo Vámonos, que la culpa la tuvo ese güey, y Groucho, No mamen, espérense, que tal si está muerto, No lo está, dijo F, mira nomás, sólo tiene unas gotitas de sangre en la ceja y puede mover el brazo. Yo digo que nos pelemos, pinche pendejo, Sí, vámonos. Además ya estamos bien cerca de la casa y nadie vio nada, Órale, pues, pero en chinga, no vaya ser que llegue la patrulla y nos apañe a todos. Acuérdense que estamos bien pedos. Ándale, güey, por allá antes de que… “El Montecarlo blanco oríllese. No puede irse. Oríllese”.

En la confusión del choque ninguno notó a la patrulla de enfrente que había sido testiga del accidente. “Oríllese, no queremos utilizar la fuerza”. Se miraron temerosos sin decir una palabra. Acto seguido, F comprobó que dentro de un coche la democracia es una perfecta utopía y que existen jerarquías mundanas: manda quien tenga el volante. El Montecarlo arrancó sin rumbo claro, y en un raudo gesto le asignó a la insigne avenida de División del Norte (¡damm!, si al menos don Doroteo hubiera sido sonorense) los calificativos rápida y furiosa. Los policías prendieron torreta y sirena, pidieron refuerzos y comenzó la persecución. ¡Toma Gabriel Mancera, No, síguete derecho, Aquí a la derecha, Vamos a la casa, No mames, van a saber dónde vivo. No se te ocurra, cabrón, Pues pa’dónde, güey, dime, ojete. Ya traemos tres patrullas encima, Aquí, en chinga, date vuelta, No mames, güey, viene una patrulla de frente, Mete reversa, mete reversa, cabrón, nos van a apañar, Ora síguete otra vez derecho, No mames, y esos güeyes de dónde salieron, Son judas, cabrón, No mames, nos van a matar, Métete en Nicolás San Juan, no mames, cuál es ésa, La que viene, Aquí, aquí. Dobla, cabrón, No mames qué es ese ruido, ¿Cuál?, No mames, ÉSE. No mames, nos están disparando y M, ¿de veras?, Sí, párate, güey, Párate, nos van a matar, No oigo nada, Párate, hijo de la chingada!

El Montecarlo se detuvo a la altura del Club Suizo de San Borja, exactamente enfrente de un oxo. El dependiente, pensando que venían por él, se había escondido debajo de la caja registradora. Las patrullas rodearon el Montecarlo.

–¡Bájense, hijos de su pinche madre! ¡Bájense, si no quieren que los plomeemos!

–Cuando se bajen, tírense al piso –ordenó Groucho.

–Párense, ojetes. Las manos atrás de la cabeza. ¡Dónde están las armas!

–¿Cuáles armas? No traemos armas.

–No se hagan pendejos. ¿Dónde están las armas?

–Pues aquí están –dijo Groucho, agitándose los genitales.

–¡No te hagas el chistoso, pinche puto! –culatazo en el vientre, mientras F estaba detrás de una patrulla siendo golpeado en el cráneo por judas y preventivos.

–¿Cómo se llaman?

Groucho contestó con su nombre su pila y M, después de unos jaloneos con las policías con honorables ¡Suéltame, pendeja!, dijo: “Me llamo África Dorian”, al tiempo que Groucho la veía con ojos empistolados pues el arma que no era la suya estaba en su sien. M, África o lo que fuera, sólo respondió con tono gangsteril de altos vuelos: “Todo fue tu culpa, pendejo”.

El caos del momento se aclaró los días posteriores. La persecución había iniciado, en efecto, porque unas briagos se habían dado a la fuga. Los policías preventivos, testigos presenciales del desaguisado, llamaron a los refuerzos. Pero en el proceso persecutorio se toparon con una patrulla de judiciales que, a su vez, llamó a sus propios refuerzos. La colonia Del Valle de la ciudad de México se transformó, por unos minutos aciagos, en un espectáculo de luz y sonido que envidiaría Quetzalcóatl. Ambos cuerpos policiacos se dieron a la tarea de detener a los forajidos. Como un Montecarlo era un auto compacto que naturalmente pasaba por cualquier callejón estrecho (así estaba redactado en el parte policiaco, presentado días después), los bandoleros lograron escabullirse; lograron hacerlo hasta que respondieron con armas de fuego, según la versión de ambas corporaciones. Es probable que alguno de los integrantes de las policías, al saberse idiota porque unos briagos en un yate sobre ruedas les estaban viendo la cara, haya iniciado el tiroteo. Pero las verdaderas razones fueron reveladoras: tanto judiciales como preventivos pensaron que las balas provenían del interior de un Montecarlo blanco 1981, manejado por maleantes que quién sabe qué habían hecho pero debían ser masacrados. Así empezó el fuego cruzado y los maleantes se detuvieron; más adelante los golpearon pero dejaron ir a dos de ellos: F, golpeado y lo que fuera, sólo pasó una noche en los separos, pagó su multa y salió sin mayor problema. ¿Qué sucedió en realidad? Como no había ningún indicio de que los pasajeros del Montecarlo hubieran realizado balazos, cuando ambas corporaciones detuvieron el vehículo, empezó el jaloneo entre ellas para llevarse a los malhechores. Pero el saldo ya no era blanco: en el fuego cruzado un policía preventivo había sido herido en un hombro, a una mujer judicial le habían fracturado un brazo en el alboroto y otro preventivo, al querer sacar su pistola de la funda, se había disparado accidentalmente en el pie y se estaba desangrando. El Montecarlo fue decretado por el seguro con pérdida total y en el peritaje las autoridades concluyeron que el vehículo había recibido 64 impactos de bala de distintos calibres. Groucho dijo después que uno de ellos le había pasado a diez centímetros de la cabeza; además insistió en que alguna divinidad desubicada pero bondadosa lo quería y que en lo sucesivo lo más cercano que estaría de un corte sonorense sería el pasto que comiera el animal en turno.

Del insigne acontecimiento se desprendieron varias situaciones: cinco policías fueron consignados penalmente por lo ocurrido y su lugar de residencia en la actualidad es el Reclusorio Norte; además, cada seis meses más o menos, Groucho recibe la visita tanto de judiciales como de preventivos que lo conminan a ir a declarar por haber sido testigo presencial. Pasan por él a su casa, lo llevan a los juzgados del Reclusorio y lo regresan al terminar su declaración. Por supuesto que no puede aplicar al pie de la letra la máxima básica de “jamás subirse a una patrulla”, sobre todo porque cuando pasan por él los policía son lo suficientemente cuidadosos en dejar al descubierto su pistola. Como es común en este país, el proceso penal sigue, y mientras se determina quiénes son los verdaderos culpables, los policías siguen en la cárcel. Hoy día, Groucho recuerda aquel evento como nebuloso, como si hubiera ocurrido en otra vida. La única evidencia del día de cuando pudo pasar, ahí sí, a esa otra vida, es la nota que apareció en La Prensa unos días después y que Groucho guarda como fetiche a la mitad de un libro de Danilo Kiš. Hay una imagen de Groucho y su novia dentro de una patrulla; abajo, el pie de foto y el inicio eterno de la rueda de la fortuna: “África Dorian, líder de una de las mayores bandas de delincuencia organizada en la ciudad, y uno de sus secuaces”.
CAS


posted by Carlos Antonio at 9/18/2009 09:51:00 AM

lunes, septiembre 07, 2009

 

Instantáneas del Defe V

Tan se mueven con pulcritud por cordones desgastados como visualizan los alientos cotidianos desde su atalaya encubierta. Son los amos cromáticos y en la grasa llevan la penitencia de sus cepillos ilustrados. Para ellos mirar hacia arriba no es sinónimo de sumisión obtusa sino de certera bonhomía: son los guardianes de los pasos, los cancerberos del avance perpetuo. El visto bueno, entonces, les viene con naturalidad desgarbada: sólo un golpecito bondadoso en el empeine y ya está, joven. En su cajón o en su silla vigorizan y encumbran la profesión; además saben, como otras tantas verdades en el mundo, que quien no lea La Prensa jamás será un bolero.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/07/2009 11:25:00 AM

viernes, septiembre 04, 2009

 

Incredulidad compartida

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador de la red: "¿Por qué Felipe Calderón nos odia y nos quiere destruir?". Chez pas.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/04/2009 12:08:00 PM

sábado, agosto 15, 2009

 

Botellas al mar

IX. The last empty bottle


La isla se acerca al continente. Los últimos meses a la deriva, en aguas cerriles y turbulentas, parecen eclipsarse. He retomado el cabotaje. Y aunque la costa se vea a lo lejos y esporádicamente se pierda, la corriente ahora es clemente (decidí ponerle un altar a Bartolomé Díaz y ha funcionado). La isla se acerca al continente. Pero no se mueve sino que el puente creado por las botellas ha hecho un paso viable y seguro. Behring de cristal. Hace ya años del naufragio y el ropaje está marchito; la piel, lo suficientemente rugosa para encender un cerillo. Pero todos los días por la mañana aparecían una nueva botella y un papiro amarillento expulsados de la arena tras unos meses de germinación artificial (nunca, extrañamente, vi su desove). Y ahí se iban las notas de ayuda, notasdelvalluda, fatuas, abatidas, sucias; pedazos de papel en un recinto en donde lo único permitido era aguardiente enmohecido. La mímesis con la isla fue, entonces, natural: tomé el timón de sus palmeras y navegamos a babor. El viaje no fue, sin embargo, el deseado. Muchas veces estuve por zozobrar pero la sapiencia y fortaleza de mis cumbres rocosas lo impidieron. Yo isla evité el naufragio día a día. Largos fueron los años hasta que la circularidad de mi trayectoria (nunca me decidí a ir a estribor) se volvió monótona, letárgica, literalmente sin sentido. Fue así cuando desde mis cavernas más afligidas, mis riachuelos más celosos, mi frondosidad más hermética, grité para no ser oído: “¡No seré más un tubo de ensayo!”. Escuchado por la divinidad debida, dejé de ser isla humana, hombre roca, reptil pensante y y fui de nuevo corazón latente y latiente. Aunque todavía no puedo ver, escuchar, o no distingo el olor a café ni registro el rostro de una mujer bella, ya se acerca el día en que el cabotaje me arrastre a la corriente justa y pueda acercarme a un cabo beatífico, un puerto que me bastará verlo en el horizonte para tener la certeza de que ya no hay palmeras colgando de mis omóplatos, playas cristalinas en lugar de piernas y arrecifes malsanos en la pared plegada de mi frente. La isla se acerca al continente. Va la última botella vacía, la que se hundirá al instante y no terminará el puente. No importa, pues como en una fotografía de Cartier Bresson, también se puede brincar el charco.

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/15/2009 11:08:00 AM

jueves, agosto 06, 2009

 

Guardagujas

Échale un ojo al
Guardagujas, nuevo suplemento cultural de La Jornada Aguscalientes que dirige mi amigo Edilberto Aldán. Alea jacta est, pues.

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/06/2009 12:01:00 PM

miércoles, julio 22, 2009

 

Nazareth

El hombre de calzón azul iba hacia adelante. El menor alcance de sus brazos lo obligaba a batirse en el terreno corto. El contrincante, más alto y con extermidades más largas, pretendía imponer el ritmo de la pelea pero el ímpetu y las agallas jalicienses de su rival se lo impedían. En uno de los primeros rounds, el hombre de calzón rojo, a sabiendas de que tenía el apoyo de su gente y sin perder la oportunidad, por segunda vez, de enfrentarse al hijo de una leyenda boxística, sacó bufonescamente su lengua bípeda y se la mostró con ojos abotagados al otro boxeador. Nadie vaticinaba que sería su última burla en un ring (la vida, se sabe, es la metáfora perfecta de un cuadrilátero de boxeo). El hombre de calzón rojo, rústico aprendiz de una familia de estetas, acudió al golpe por antonomasia patentado por su padre: el gancho al hígado. No funcionó. Fue así, como una pelea preliminar en Puerto Vallarta se convirtió en algo que con el tiempo se llamará El club de las cabezas danzantes. Los golpes venían de todas partes en combinaciones bastardas que hubieran aturdido a los grandes campeones del pugilismo: los volados terminaban en jabs misteriosos; los uppers se transformaban en golpes de conejo; los rectos inconcebiblemente se volvían ganchos al cuerpo. Fue al final del cuarto de los seis rounds cuando los semblantes entonaron la oda de agradecimiento a las musas de la arena. El hombre de calzón rojo conectó al de azul una, dos, tres veces; la testa se le iba para atrás como pupilo del Exorcista y regresaba mágicamente a su lugar. Otro golpe, ahora con la parte interna del guante, con lo que fuera porque, sabía, que una de las dos cabezas terminaría rodando por el ring. El referee detuvo la pelea: el hombre de calzón rojo había ganado por knockout técnico. Nunca, sin embargo, pudo derribar a su rival. El hombre de calzón azul fue llevado a su esquina para ser revisado; nadie sabía qué le pasaba. Lo único visible fue que se sentaba en una cuerda cada vez más abajo. Llegó a la lona. Jamás estaría otra vez de pie: tres días después moría de una derrame cerebral. Sus ojos, antes de cerrarse por última ocasión, los había postrado, como el Minotauro, en el rostro desfigurado de su redentor.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/22/2009 01:19:00 PM

lunes, julio 13, 2009

 

Botellas al mar

VIII. Entre aguas

Julio es el mes que más me gusta. También el que quisiera suprimir del calendario. Es un periodo de impasse en el que básicamente no ocurre nada: hay vacaciones, es cierto, y uno las puede utilizar para trabajar o verse el dedo gordo el pie (se trata de una contradicción nauseabunda pero los que nos dedicamos al negocio de la escritura o de la academia siempre anhelamos estos momentos para terminar los proyectos pendientes. En realidad nunca hacemos nada y los mediodías se van entre un pulque de apio y otro de avena). En julio las cosas son ambiguas: el dilema es salir de vacaciones o ver llover. En época de crisis, en la que las distracciones se han acabado (no hay influenza, elecciones ni futbol, porque eso de la Copa de Oro no es futbol), a lo que puede aspirarse es a lanzar volados en la lluvia con una de esas monedas de veinte pesos en las que sale Octavio Paz. No hay vacaciones pero se puede escribir un soneto intitulado "I'm gambling in the rain with Peace". Pero más allá de eso, en julio pueden hacerse varias cosas: aprovechar las ofertas de la Comercial y comprarse camisetas de dos por uno (ésa es una parte nodal de mi naturaleza que mi desarrapados amigos no entienden: uso camiseta debajo de la camisa, pañuelo y billetera -además de cartera; voy al barbero, me pongo loción y algo que ellos en su vida usarían: desodorante. Dicen que no hay cosa más desagradable que una camiseta de cuello en V, a lo cual respondo que seguramente tienen calvicie infantil en el pecho o que nunca se han puesto una guayabera. Cosas veredes); también, llegar a la preparación de la pizza perfecta. Emiliano, amigo de origen argenmex, compró un terreno en Tlayacapan. Antes de construir la casa, diseñó y armó lo más importante: el asador. Él y una inconforme Ana tuvieron que acampar varias semanas al amparo de brasas revolucionarias y choripanes nocturnos. Ahora hay casa, asador y en estos días está por terminar el horno. Durante una semana tendremos un encierro onda La gran comilona (averígüelo, Vargas) y trataremos de llegar a la pizza perfecta. Por excepción, caeremos en las provocaciones machinas y habrá una competencia para ver quién hace la mejor pizza y quién el mejor asado. Otra posibilidad es encontrar el mejor mezcal. Como en todo post soy capturado por mi hemisferio derecho, hago una pausa sentimental para hablar de las mieles agaveras.

El mezcal, ya lo decía ese viejo bribón de Cheshire, hace brincar de un sonambulismo a otro. El primer trago, largo, certero, crea anticuerpos contra la exaltación de los músculos. Como otras tantas veces, hace de la carne un cuerpo cruel. Ahí está la creación de puentes entre onirismos perversos. ¿Qué pasa entonces? Que se camina dormido, que los silencios tenues, descollantes, inútiles en la confrontación etílica cara a cara, sobran. Otro mezcal y el universo se torna verde. Pero dígale que no, no al vaso que ya está lleno otra vez sino a la estampa clorofílica que no comprende el farewell. En julio el mezcal sabe distinto a los demás meses. La humedad hace que la caída por la garganta sea más lenta; la bebida adquiere una densidad misteriosa que queda en el paladar y forma estalactitas: la úvula se calcifica y se reproduce con diligencia. El bebedor de mezcal en el verano tiene grutas milenarias en su esófago, cuevas por las que no pasa cualquier brebaje. De ahí que se hable con voz cavernosa, de ahí que se le diga que tiene lagañas en las carcajadas. Por eso hay que empezar siempre por un minerito para abrir paso a lo que venga, dinamite la rugosidad de las cuerdas vocales y nos hagan seres humanos otra vez. Ya después vendrán las pechugas, los añejados. El mezcal se empieza a tomar a la una de la tarde, quizás no con el sol a plomo pero sí con el fuego fatuo de nuestros cuerpos aromatizando la atmósfera. También por eso el buen mezcal se mezcalará con la temperatura del ambiente y, en lugares beatíficos como Oaxaca o Cuernavaca, su consistencia será de una tibieza incómoda, una sensación de estar echándose un huevo pasado por agua (como sucede con el primer trago de pulque). Pero entonces el sabor sale al quite y grita a los sures que no hay bebida más potente e incendiaria. ¡Si habita un gusano en sus profundidades, pardiez! Y la borrachera es otra, más elástica pero unidireccional; más robusta pero introspectiva; más sapiente pero explosiva. ¡Déme, pues, el mezcal exacto para esta garganta gangrenada y le diré qué hace a un hombre!

Julio es el mes que más me gusta; también el que más odio. Se odia lo que se acaba, pues se aspira a que los momentos de felicidad se extiendan para siempre. De mis mayores momentos felices fueron en dos islas griegas, Santorini y Folegandros. Había amigos, cerveza. tzatziki, tintorros fríos, ouzo, raki, arena roja, negra, y otra vez amigos. Ya escribiré ampliamente sobre ese viaje, que fue en julio, agosto, ya no lo sé, pero será un tiempo que, en algún arrebato de paciencia enmascarada, borraré del calendario.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/13/2009 11:30:00 AM

miércoles, mayo 20, 2009

 

Botellas al mar

VII. De gatos y sueños

Mi primer y único libro de cuentos se llama Cuentos de cuarto de baño. Fue, naturalmente, el típico lapsus de un joven-man-cebo al que se le cuecen las habas por publicar. Tenía 22 años. El primer cuento del volumen es sobre un tipo que, en un sueño, se ahoga en sus propios orines. Lamentable. Como ya lo sugería el gran Luigi Pirandello, hoy en la mañana desperté con una sensación similar a la de ese personaje (me buscó por años y el miserable por fin me encontró), no por tener una regresión húmeda a la lactancia sino por el sueño que tuve ayer. Lo he intitulado "Del onirismo mal entendido. Borges estaba equivocado". Ocurrió así. Me paré a orinar a media noche. Cuando levanté la tapa vi que dentro del inodoro estaba un gatito, un cachorrito que no podía salir y pedía ayuda con miaus tenaces. Como no tenía la menor intención de convertirme en salvavidas de gatos en mis propios orines y tampoco ganas de echar unos lodos que le sirvieran de troncos para no ahogarse, le jalé a la palanca para que se fuera. Craso error: el gatito logró driblar el remolino y salir del escusado. Me miró con obscenidad. Acto seguido, en una sucesión extravagante aunque armónica, varios gatitos mojados salieron del fondo de escusado. Había negros, blancos, cafés; uno dorado de pelo resplandeciente con el que me pasó por la mente hacerme una bufanda; bicolores, etc. Los últimos en salir fueron unos siameses que, de todos, fueron los que me parecieron más simpáticos. Lo fueron hasta que, en una abierta confirmación de que si la Tierra es invadida por extraterrestres los gatos serán sus primero cómplices, me brincaron: se me lanzaron furibundos pero no para sacarme los ojos o algún tipo de maniobra más honorable. No. Se avalanzaron sobre salva sea la parte y, cada uno como pudo pero con elegancia, se colgó de mi escroto. Sin saberlo, los siameses habían inaugurado una nueva profesión: voladores de Papantla en mi genitales. Fue muy doloroso. Pero lo que verdaderamente me dio miedo fue cuando los vi con intención de dejar el vuelo y practicar el alpinismo en lo más apreciado de mi virilidad. Desperté. De inmediato, teniendo un deja vú no mío sino de un sujeto mal habido llamado John Wayne Bobbit, revisé que todo estuviera en su lugar. Sí: era una pesadilla. De eso hace algunos minutos y está claro que los gatos se metieron en mis sueños por lo que alguna vez hice con uno de sus familiares. La conclusión es única, implacable y terriblemente desoladora: los gatos dominan el mundo, incluso el de los sueños. Beware.

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/20/2009 08:20:00 AM

lunes, mayo 04, 2009

 

Botellas al mar

VI. Aujourd'hui on the rocks

Las últimas cinco novelas que he leído empiezan en la mesa de un bar. Mis amigos, seres básicamente inestables, dicen que no se trata de ninguna novela sino de mi vida cotidiana. No es así: por alguna razón mística, las mesas están, los beodos también y lo tragos van desde anís hasta ajenjo; además se habla de quinina, una de mis palabras favoritas y que es el principal ingrediente del agua quina; también, por extraña añadidura, del vodka y gin tonics. La quinina, como bien saben los ingleses y ahora deberían saberlo mejor por ese extraño virus que mutó en los cerdos para luego ir a los verdaderos cerdos, se usaba en el siglo XIX y principios del XX para prevenir enfermedades apocalípticas como el paludismo. Cuando, en 1783, a Johann Jacob Schweppe se le ocurrió poner anhídrido carbónico en el agua embotellada, y más adelante quinina al refresco de naranja, no sólo concibió el agua quina sino que inició la decadencia del imperio inglés en las colonias de ultramar. En sus ratos de ocio, los soldados al servicio de la corona británica decidieron mezclar ginebra con quina al son de "God save the queen", y ya no murieron de malaria o paludismo sino de congestiones alcohólicas. Los ingleses, más que los rusos o los polacos, son los mayores borrachos de la historia. En el siglo XIX inventaron un trago llamado grog -de ahí el término grogui-, que consiste en ron, azúcar, un poco de limón y agua hirviendo. Era el trago por excelencia de la estirpe decimonónica de distinguidos y facundos sirs como Walter Raleigh y Francis Drake (piratas mal habidos con licencia real). El único problema de los ingleses fue que nunca supieron beber alcoholes serios; cuando lo hicieron, siempre se emborracharon de manera epifánica para terminar de dos formas: lamiendo las banquetas de su cuadra o ahogados en las olas de su propio vómito. De ahí que sean sólo grandes bebedores de pints de cerveza tibia, y ya, como el gran maestro Paul Gascoigne, al que por lo menos deberían construirle una estatua. Mucho se rumora que por ebrios fueron acribillados por los zulús cuando pretendían apropiarse del sur de África. Las narraciones británicas de la guerra contra los zulús en 1879 son reveladoras. La estrategia zulú era llevar a cabo la llamada formación “cuerno de búfalo”: rodear el campamento rival y atemorizar psicológicamente a sus contrincantes con el sonido intermitente de los tambores cada vez más cerca de las filas enemigas. Después de un par de horas, los zulús masacraron a los británicos, en parte porque eran más, en parte por la ineptitud militar y arrogancia infinita del comandante inglés, Lord Chelmsford, y en parte porque los british habían tenido una ferviente velada de gin and tonics.

El primer punto y aparte tiene una razón sustancial de ser, o del ser, como se le quiera ver (al cabo sabemos que también es sustancia). He aquí, pues, mi primera confesión y mea culpa de la temporada: normalmente sólo leo a escritores ingleses que, sé de antemano, escribieron novelas que empiezan o terminan en la barra o mesa de un bar. Cuando el bar aparece a la mitad es un poco más complicado, pues tengo que fumarme novelas enteras para encontrar esos momentos de androginia perfecta representados por el sonido de un vaso que choca con una mesa de madera. Es una aventura similar a las películas de Stephen King, que uno ve simplemente para encontrar esa escena de cinco segundos que es, sin exaltar la nota, de una épica sublime. Shit happens. Como los últimos días han sido de guardar, no porque lo haya dicho uno de los presidentes más ineptos que se recuerden en la historia de un país en forma de cuerno, sino porque no se puede hacer nada, me he dedicado a la contemplación pírrica y a depurar un coctel en el que venía trabajando desde hacía tiempo. Segunda confidencia: he llegado a la perfección en el preparado de margaritas. Hoy día, en el que los tapabocas son la prenda ideal de la temporada primavera-verano y en el que el deporte nacional por antonomasia es deshojar la margarita, hay que estar al tiro y ponerse las pilas. No os diré la receta secreta porque me ha quedado sin neuronas (como es evidente) tratando de llegar al toque excelso, pero sí puedo anticipar un elemento nodal: la alberca. No hay vuelta de hoja (menos de márgaras): las margaritas se paladean mejor dentro de una piscina (desde luego que no vacía, como me acababa de sugerir un distinguido y rupestre camarada). Como algunos mexicanos se caracterizan por su hombría ("yo me tomo el tequila solo. Ése es un trago para viejas pendejas"), otros por su honorabilidad bolchevique ("ese coctel es una invención gringa para promover el imperalismo a través del alcohol suave; además sólo lo beben yanquis gordos con camisas de palmeras") o por su distinguida estulticia ("no mames, la güera me pidió que le preparara una margarita y yo jamás he bebido otra cosa que no sea Tecate"), habría que empezar a derruir algunos mitos y reivindicar otros. En principio: las margaritas no son mexicanas; fueron inventadas en Ciudad Juárez pero por un gringo. El lugar de la antes mencionada gesta se llama el Kentucky bar y está a escasos metros de la frontera con El Paso. Como suele suceder, los inventos siempre son mejores en otros lados y no en el lugar de origen (insignes son los casos de los chocolates en México o las pizzas en Italia); así, el único placer de degustar una margarita en el Kentucky es el de estar en el lugar primigenio de uno de los grandes cocteles de la historia. Y ya. El toque fino pasa, entonces, por la alberca y por la cantidad de hielo que se le ponga. Además de que hay que utilizar sal gruesa en su justo medio y servirlas en las copas adecuadas. En realidad mi trauma con las margaritas viene desde la vez que una gringuita en Carolina del Norte, al enterarse de que yo era mexicano, cruzó la sala de la fiesta donde estábamos y me entregó un mix de Margarita, un tequila de medio pelo y una licuadora. Acto seguido, con sonrisa de trombonista de la banda de la escuela, dijo: "Haz margaritas". Yo, sintiéndome miembro honorable de la casa Gryffindor, las hice sin varita mágica. Nada mal salieron, aunque era una mezcla de supermercado (de hecho acabo de darme cuenta que empiezo a repetirme en las aburridas historias que cuento. Esa anécdota la había contado aquí. Cuando se acaben las palabras, pues). De la contemplación pírrica no hablaré porque todavía no sé bien a bien qué quiero decir con eso.

El segundo y último punto y aparte tiene que ver con varios temas. Uno, con lo que una amiga me dijo hace algunas semanas: "Qué bueno que escribes así, en un parrafito. Así no da flojera leerte". Como éste es el tercer párrafo, tengo la certeza de que no le apetecerá fumarse este infumable texto (a quien haya llegado hasta acá también habrá que decirle que se aprovecha mejor el tiempo viendo Los Beverly de Peralvillo) y, por consiguiente, tengo la obligación moral de hablar mal de ella ahora que no se dará cuenta. Como no es mi intención hacer leña del árbol caído, sólo diré, a propósito del número de páginas que deben leerse, que la antes aludida muchacha sólo lee libros si no tienen más de 150 páginas. Se sabrá, entonces, con lo que se ha cultivado. Una vez le dije que se había perdido el Quijote y me dijo que sí lo había leído, que había comprado en el puesto de periódicos una versión de 40 fascículos. Antes este tipo de confidencias me hubiera causado un síncope fulminante pero ahora con la invención de la margarita perfecta sólo levanto mi copa y brindo por tiempos mejores. Así, sin más, esta botella al mar ha servido para una intensa reflexión inocua en la que los días de guardar se han ido rápidamente. De hecho han estado acompañados de tres conspicuos sucesos que me han alegrado las tardes en mi veranda: Real Madrid 2, Barça 6, Manny Pacquiao KO en dos a Ricky Hatton y Andrés Iniesta y su delirante gol en Stamford Bridge (la mejor definición de don Andrés está aquí). Ahora sólo queda regresar a dar las clases para reprobar a mis alumnos, esperar que el Cruz Azul contrate a un entrenador intrépido, seguir escribiendo parrafadas para evitar que la gente se entere cuando hablan mal de ella y orar por que a uno no lo vuelvan a calificar como un hombre "inteligente" o "interesante". Si se me quiere endilgar algún adjetivo, last but not least, el único que aceptaré en lo sucesivo será audaz. Tschüß.
CAS


posted by Carlos Antonio at 5/04/2009 10:14:00 AM

sábado, abril 18, 2009

 

Botellas al mar V

Police station

K se hizo para atrás en la silla y se subió la minifalda. Tenía las piernas cruzadas y el triángulo diminuto formado por el calzón rojo dejaba salir un mechón imberbe en el bajo vientre. "Me bronceé bien, ¿verdad?", dijo mientras tapaba sus piernas. "No lo sé", musitó Q, al tiempo que suavemente le levantaba de nuevo la falda. K insistió en el fulgor de su piel tostada y movió un poco el calzón rojo hacia un costado. Ahora el mechón creaba un contraste entre la piel pálida y la cobriza: en el inicio del monte de Venus se atisbaba la intersección perfecta del vello púbico. "Muévelo un poco más", paladeó Q. Con la intensa delicadeza de dos mujeres que se enseñan sus bondades, K jaló un poco más la prenda escarlata y el ángulo inferior del triángulo se transformó en una línea eterna que ya mostraba el rocío de sus riberas. Q se quitó la blusa y lanzó la pregunta retórica: "¿Te gustan mis tetas?" ¿Te gustan las mías?, recibió como respuesta. Fue así como el triángulo de la tela roja convirtióse en un rectángulo humedecido; después, en oscuridad capilar que demandaba con urgencia un índice, un anular. Q y K se desnudaron pausadamente y cada una, en un descenso divino y armónico, fue en busca del pezón ajeno. El intercambio sutil de comisuras, de lenguas humectadas en esa semilla láctea, fue por unos segundos eternos una oda a la cadencia. Y ya con los dedos paseándose por dos vulvas inflamadas, buscaron una cama donde pudieran gozar la horizontalidad, la turgencia de sus cuerpos encendidos. Fue ahí cuando el hombre, que hasta ese momento era sólo un comedido observador, fue llamado a completar el nuevo triángulo. Dejó en la mesa el bourbon que había mantenido en la mano, repitió Roxanne en el estéreo y asistió en ayuda de dos canoas que habían iniciado su naufragio.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/18/2009 12:17:00 PM

jueves, marzo 26, 2009

 

Botellas al mar

IV. Circuito interior

Era una escalera interna de caracol. Entre la columna y la pared había muy poco espacio. Al subirla, blasfemé a la mitad: me había quedado atorado. Alguien me empujó de las nalgas y desde arriba me jalaron cuatro, cinco manos. Me destrabaron. Le pregunté al dueño si había otra manera de bajar. No. El departamento tenía dos niveles: en el primero estaba sólo la recámara; en el segundo, la estancia y un ventanal faraónico por el que se veía la ciudad y su encumbramiento. Dos horas antes, T había recibido una llamada. Es Clément, dijo. Tiene una fiesta cerca del Circuito. Me acordé de mis años mozos, ésos en los que los reventones salían debajo de cualquier piedra y llegábamos sin ser invitados para tomar el control del sitio. Un amigo conquistaba el estéreo; otro iniciaba el dancing; había uno que se hacía cargo del reven en la cocina. A mí siempre me tocó el asalto al bar. Nuestro lema, del cual dejábamos registro momentáneo en la ventana empañada, era "Salsa o muerte". Una vez adueñados del terreno, y habiendo instalado el cuartel general, empezaban los divertimentos. Nuestro juego favorito era quién se ligaba a la chava más guapa; si tenía novio, la emoción era doble. El problema era que el amigo con quien llevaba a cabo dicha gesta, tenía las prácticas por antonomasia del mal jugador: el miserable, después de agotar las estrategias acostumbradas y las chavas no cedían, lanzaba su última carta: se les hincaba y les decía que estaba dispuesto a ser su esclavo. Yo jamás me permití este tipo de prácticas desleales en un juego justo y por esa razón siempre perdí al son de dos contra uno (había algunas que lo pateaban cuando hacía eso y yo aprovechaba la oportunidad. Recuerdo a una peruana llamada Lucía. Sublime). ¿Vamos?, dijo T. Está bien.

En el trayecto T y M hicieron dos o tres llamadas mientras se metían mano por cualquier rendija de su ropaje. Adelante íbamos Z y yo, tranquilos, como debía ser; yo, por cierto, siempre consecuente con mi bien reconocida reputación de hombre íntegro. En ese momento me acordé de cuando Z me dijo "Vamos a dar vueltas al Ángel de la Independencia para que te haga una paja". Me negué. Ya en la fiesta, con la ciudad a los pies, el tecno estruendoso haciendo palpitar el ventanal como luna en el agua, la luz de neón de un espectacular de Samsung que me hizo sentir Atari y Harrison Ford, supe de esas llamadas entre jugos lascivos: M y T, la manera mexicana de decir MIT, le habían hablado al dealer. Tres horas antes también le habían hablado, los había despachado y todos quedaron contentos (como el nombre del antro que tendré que poner en algún momento: "Todos contentos y yo también"). Pero había una diferencia de matiz: no le habían llamado a ése sino a otro. En resumidas cuentas habían conectado al hijo. Ah. Sí, es también muy bueno. Además llega mucho más rápido que su papá. Es más, lo acabamos de invitar a la fiesta para que no nos haga falta nada. Ah.

Cada vez que le digo Morc que ya estamos viejos, se me queda viendo fulminantemente y dice No mames, siempre dices lo mismo. Es cierto. Pero lo estoy. No sólo no entré por una escalera de caracol (no soy lo que se podría decir obeso-obeso sino bajo de tórax) y tenía diez años más que cualquiera de los convidados sino que además sus prácticas nocturnas distaban mucho de las nuestras: ahora se invitaba a los dealers a las fiestas para no tener ningún desaguisado, erizado o lo que fuera. Lo demás fue lo común de todos los reventones: se fue el agua y una mujer con diarrea tuvo a bien florear el escusado; el dueño, algo así como Frank Poncharello joven, tenía resuelta la situación: en la bañera había 15 garrafones de agua La Purísima perfectamente formados; intenté hacerla de DJ pero la mezcladora había sido copada por los amigos del dealer (ninguno mayor de veinte años y, eso sí, todos con pistola); aventuré una idea sobre el suicidio que fue generalizadamente rechazada (un quinto piso y balcón, qué más); estoicamente quise salvar a Z porque había por lo menos cinco desarrapados queriéndosela ligar y una española que fue a por ella desde que llegamos y le metió mano dos o tres veces; M me preguntó en el baño si había tenido tríos (M, que es chef y aspira a cocinar una placenta); el trago se acabó y recordé que había una Caribe Cooler en mi chamarra. Salud y ya sin trago y el oxo enfrente. ¿Quieres más chelas?, dijo M. Oui y mientras tanto pues el Antillano con agua (pinches chamacos, cómo beben esto). Pas mal, pas mal. Y Z y un nuevo alfabeto: "¿Ya nos vamos?". Esperá 15 minutos. Volvete a dormir. YZ "ya pasó una hora". "Me voy". Y yo a por ella ("¡Empújenme para poder bajar"!). Siempre haces lo mismo. Mais oui. Perdón, será la última vez. Y el sol a plomo de las diez de la mañana y la música arriba (tengo que tomar ese estéreo. Chet. Pero no tengo ipod. Chet, chet). Me voy. Esperá, no llores. Cómo me dices eso si estás igual. Z, don´t go; Z... Le hablé a M para que me abriera y ayudara a pasar por la escalera. Ya en el balcón, los coches se perdían debajo del puente; iban y venían con la certeza de las línas rectas. Benditos balcones. Benditas verandas. Circuito interior de los cuerpos inermes; lo canales espurios por donde se dice que transita la vida. Era el ciruito interior, botella al mar hasta que se mezcló con plancton insano. Ábrete vena. Vámonos, cabrones, maestro Burroughs. Pero no hay salida. Circuito interioricemos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/26/2009 11:11:00 AM

lunes, marzo 23, 2009

 

Botellas al mar

III. Psoriasis

Hombre piedra. Porque es la piel abandonada; más bien la que ha abandonado su humanidad para hacerse reptil. El punto es el siguiente: la mutación es paulatina, como si de emparentar con una estalactita se tratara. Es primero el cocodrilo en movimiento; después mimetizado con el fruto de la caverna. En la antigüedad solía confinarse a los leprosos a las catacumbas, lugares mohosos donde la luz del sol era una utopía. Ahí permanecían porque habían sido tocados por el dedo gangrenado de la divinidad, por la llaga indemne de los altísimos, el vacilar omnímodo de los nortes. Y ahí morían: con la mancha blanca en la carne y la carne en la mancha blanca. Hoy día hay variaciones (siempre las hubo pero no en mis manos): la psoriasis la padecen aquéllos que han despertado el monstruo adentro, el alien encapsulado en busca de la luz matinal, el sistema inmunológico compartiendo el disfraz del cuerpo mallugado. Hombre piedra, piedra porosa, piedra de la piel caída, cambio de piel. Serpiente mineral escrita por sí misma. Medusa prosa. Hablaré del nacimiento de la escama. En la coyuntura, ahí dónde se distinguen los hombres de los animales, el pellejo deja su membrana de poros y sufre la metamorfosis. Dura poco y su alumbramiento es imperceptible. De pronto ya la capa epidérmica se ha decolorado y el color blancuzco adoquina las falanges de un presidiario inocente. Tac, tac, tac. En las mañanas, manos y codos me dicen que la única manera de bajar de la cama es arrastrándome. Casaurio. Ésa es la batalla cotidiana: luchar contra el lagarto por recuperar mi piel. Y hay ranuras de sangre. Y hay humanidad incomprendida, insuficiente. Y la escama sigue. Y duele como el carajo. Hombre piedra, pirita piedra, pirita piedra, pirita hombre. Ayúdame, Supervielle.


-Pequeños, grandes huesos, cartílagos
aun hay jaulas más crueles.
Paciencia, blancos relámpagos
en la cárcel de mi carne.

Tórax, deja sin temor
que te llene el aire claro
¿No comprendes tú que el sol
te alcanza desde los cielos?

Escucha, húmero sombrío
la noche carnal es dulce.
No hay que pensar todavía
en la flauta de los muertos.

Y tú, rosario de huesos, columna vertebral,
que no desgranará ninguna mano,
aleja de nosotros esa hora enemiga,
roguemos por el río que nos riega la vida
y hacia nuestras pupilas inquieto se apresura.


Escucho a Jazz is Dead al tiempo que observo mis manos enllagadas, los codos graníticos. Tomaré de nuevo mi energía líquida pasada por pelo de oso polar y esperaré a que la escama desaparezca. Pero volveré a quitarla y sangrarán sus surcos centelleantes. Y ella saldrá otra vez para hacerme hombre piedra, piedra hombre y el reptil vibrante. Quizás ser caimán no sea tan malo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/23/2009 10:42:00 AM

domingo, marzo 15, 2009

 

Botellas al mar


II. Temporada Radiohead

Si la vida es un juego, ¿habrá algo más que ganar que la vida misma? Naturalmente es un juego que se puede ganar, aunque siempre se pierda en el último minuto (seleccione su segundo). La ventaja es que, como Sísifo y su piedra, siempre empezará de nuevo.

-¿Quiénes son esos güeyes de Radiohead?

-Pues la banda más influyente de los últimos años.

-¿Son buenos?

-Sí, tienen algunos discos redondos -chet.

-Mirá, vos. Ya estoy viejo, mano.

-Estamos viejos, man.

La vida, decía ese magnífico bribón e. e. cummings, es un breve paréntesis. Sin despreciar a mi querido maestro, he de decir que para mí es más bien un párrafo, un fragmento indisoluble que busca un punto y aparte. A paso de cangrejo nos movemos los condenados de la tierra; entre cimarrones y la poesía de Octavio Paz; entre el salvajismo de las mujeres tontas; entre el orgullo y la dejadez en una facultad de letras; entre el murmullo y la redondez de un mundo que sigue siendo cuadrado; entre la pestilencia de los alientos y la tersa calma de la mirada depositada en la mesa de un bar. ¡Doy mi cuello, señor, por evitar las parrafadas!
Entonces te dicen nos estamos yendo; hemos acelerado el trote del corcel (caballos desbocados. Mishima y su sable). Temporada Radiohead y un cuarto de hotel. Temporada Radiohead y el lamido de las banquetas (es orín de perro, joven. Pero sabe dulce. Es de un perro diabético, joven). ¡Jamás volveré a ir a por un mezcal! Que se silencien los agaves y su ruido de hombres. ¿Eres Paula o Paola? El nombre que quieras, mi vida. Si quieres puedes llamarme Sherezada. Nos estamos yendo. Pero si es así, ¿de dónde vienen las lágrimas? Farewell. ¡Dadme un mezcal y perdonaré vuestra ingratitud! Pero si tú eres ése, el luchador (odio tu novela). Dejá el personaje, man. Dejalo, ya pasaron más de diez años. El radio y la cabeza. Y los lugares distintos que serán los mismos. Ahí con Sísifo y su piedra; con los regaderazos sin agua; con la placidez, la compañía y la amistad; ahí donde el juego continuará hasta que no exista más un vaso de whisky, un verso libre que me dé una lágrima y el placer, ¡el placer, chingao!, de seguir chancleando en esta comarca bienaventurada. It´s just a game, man, just a game.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/15/2009 09:59:00 AM

martes, marzo 10, 2009

 

Botellas al mar

I. Bombastic


La palabra se lee entre humos y produce un hedor alienígeno. ¿Será que los últimos días en la barra le habrán dado una nueva dimensión, un calibre inconfundible con algo que nunca fue? Bombastic, se escucha de nuevo y el tequila blanco en el paladar se transforma en la sustancia memoriosa, pero no la de los sueños sino la de los escalones y jornadas superpuestas. Pero es una escalera inexistente, no, más bien de peldaños que desaparecen con la subida. ¿O será bajada? Son días de furia, de minutos pirómanos. Bombastic, pues, y bánquese el dolor de nuevo como un Job fantasma. It´s just a game, dude, just a game. Deme el pedazo de esa banda de hermanos y repita su aliento hasta el cansancio. ¿Dónde ocurre el dolor? Mi médico brujo ha dicho que no es el dolor sino su construcción. Entonces me ha dado unas gotas para salir al paso: me puso piedras en el cuerpo como a un Anacleto Morones posmoderno y sustrajo mi energía equilibrada con dos o tres pases mágicos. Después la vació en agua (el filtro incluía pelo de oso polar) y dijo tómate una gota tres veces al día. Así llevo varias semanas, dopándome con mi propia energía líquida pasada por pelaje glacial. "¿Puedo morirme con esto, doc?". No necesariamente. De cualquier modo, con tu aliento encapsulado se pueden regenerar tus tejidos. Funciona como las células madre. Ah, Obama y su liberación; hossana en las alturas allende el río Bravo y Ciudad Juárez.


¿Qué ha sucedido? Nada nuevo, un poco más de lo mismo y el grito contenido (helo al Munch de la Del Valle). Porque hay que decir que los tacos del Rosita, los sopes del Gran Rábano, los pozoles de Toño, las tortas del Corona o las enchiladas del Chino es comida-espejismo. Pero no, el alimento es real. El náufrago invisible soy yo, el arquitecto de realidades que se pierden en la imagen volátil del crimen perfecto. Bombastic. Que los barcos se hundan y dadme el scotch solo y sólo de 12 años, 12 años tirano miserable. So idiota al que la misma patrulla detiene dos veces el mismo día. Pero bájale a los humos y busca una comisión bilateral para la extradición de la conciencia, encuentra a tu Carla Bruni de la piel, al Sarkozy de tu sistema nervioso. Y de nuevo hay que regresar a la barra, al game eterno de los vasos vacíos, del bazo vacío, de la bazofia embustera. ¡Mi reino por entender y poner en práctica el catenaccio del amor! Esa defensa combativa que gana con latigazos a las áreas rivales, la armadura perfecta de la bomba (stic) que echa sangre al cuerpo mallugado, acorado y acorazado y acorazonado. Soy un hombre que nació en fuera de lugar, cliente perfecto de los jueces de línea del purgatorio. Bombastic allá en el corazón del área y la estación transcurrida en ese segmento bodegonista llamado mesa con tarro y hombre muerto. Ya no la pena vale decir naturaleza. En la suspensión de las palabras, en el aire reprimido que ya no distingue los días, en la certeza de que somos réprobos, reprobados en los análisis de los escrúpulos, está el sentido de las caosas. Bombastic again and again and again. Y el tiempo roto, no del río sino de la ría y la risa, la media luna donde se sueña con corazones latiendo, la tiendo, la atiendo, doña Blanca, pero no hoy, que la bahía de venas y arterias no se ha secado. Y para eso, bombastic shit y tu halo estentóreo y estertóreo, falta mucho.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/10/2009 12:30:00 PM

martes, enero 20, 2009

 

José Antonio de la Vega, 1918-2009

El hombre agarró el limón mientras acomodaba la dentadura postiza con ondulantes movimientos de lengua. Después lo partió diligentemente y lo exprimió en el caballito de tequila. Buscó el salero sobre la mesa; al encontrarlo, levantó un poco las cejas como quien se sorprende por hallar un cofre con oro y le puso sal a la mezcla divina. Seis, siete veces sacudió el recipiente antes de esconderlo detrás de un vaso de agua fresca. Parecía decir "de esta sal no le pone nadie más". El tequila fue vaciado en dos sorbos que fueron directos al corazón: se alcanzaba a observar una pequeña hinchazón en los pectorales, pero no de las que vaticinan infartos o cosas de ésas. El pecho erguido era sinónimo de saberse vivo, una sensación que sólo podía percibirse con un aguardiente pasado por una garganta mallugada. El hombre repitió el ritual un par de veces más. Los surcos en la frente hablaban de sabiduría, qué va, de valentía por saberse baleado en el quiosco de un pueblo del Bajío. Porque hay que saber que este hombre brincó balas durante la primera mitad de su siglo. Cuando tenía 15 años ya había un precio por su cabeza; el miserable chamaco había llegado del seminario al rancho del padre recién muerto y no pudo permanecer más de 24 horas en su tierra. "Tienes que irte", le dijo la matrona encargada del lugar. "¿Por qué tengo que irme?", preguntó a su vez el joven con una incredulidad insuficiente. "Porque te buscan en dos estados por ser un "pinche capitalista cabrón". Así fue como ese muchacho, que muchos años más tarde bebería tequila como un gran señor, tuvo que andar a salto de mata por Querétaro y Guanajuato. La gente amiga lo escondía, le daba migajas de comer porque no tenía otra cosa; dormía en fríos guacales. Él, sin embargo, sólo sabía que tenía que huír porque había heredado unas tierras guanajuatenses y se había convertido, con el último aliento de su padre, en un "pinche capitalista cabrón". "¿Qué es eso?", seguía preguntándole a la gente.
El joven sobrevivió a las pesquisas y con el tiempo se hizo cargo del rancho, un lugar que vivió años de prosperidad hasta ser arrinconado por el embate de los nuevos dueños de las tierras que gozaban, ésos sí, de la salvaguardia del gran capital. El rancho cayó en una etapa de decadencia pero el hombre seguía pasando buenas temporadas en él: aunque la edad ya no lo dejaba en paz, era su testarudez la que lo hacía mantenerse ahí por meses y no con su familia de Querétaro o Cuernavaca. Un día, poco antes de cumplir los ochenta, un grupo de maleantes entró en la casa del rancho y lo amordazó a punta de golpes bajos; fue amarrado en una silla.

-¿Dónde está el dinero, pinche viejo?

-Aquí no hay dinero, cabrones de mierda.

-¿Dónde está el dinero o quemamos tu pinche casa?

-Yo sé quiénes son ustedes -le dijo a los enmascarados-. Tú eres de tal rancho y tú eres hijo de Pedro, el que vive atrás del Bordo. Así que los dos y ustedes también van y chinguen a su madre.

-Vas a ver, hijo de tu pinche madre.

Uno de ellos tomó un barril de petróleo y bañó al viejo de pies a cabeza. Acto seguido prendió un cerillo y se lo paseó por la cara.

-Nos vas a decir dónde está el dinero, cabrón, si no te prendemos.

-Mátenme, cabrones, y van a chingar a su madre.

Por una cobardía misteriosa del anónimato, la superioridad numérica, la edad, no le prendieron fuego; lo tiraron y patearon hasta dejarlo inconsciente. Como la estulticia suele acompañar a la maldad, los ladrones sólo se llevaron algunas armas. El cáliz de oro de la capilla permaneció intacto. El viejo había dicho la verdad desde el principio: no había dinero. Fue internado en un hospital de Querétaro pero el daño estaba hecho: por la golpiza perdió un testículo.

El hombre se empinó otro tequila en dos tragos y la orografía de su cara fue más nítida cuando intentó pelar unos cacahuates; también cuando su rostro cruzó lentamente el umbral de la luz del sol. En ese momento ya no se la contó a nadie pero esa historia la guardaba en la sapiencia de su entrecejo, otra arruga en cuya profundidad se leía "así fue". Un sorbo más de tequila al tiempo que su frente vaticinaba el destino: noventa años eran suficientes y el tequila, el chilcuague, el limón y la sal, los tacos de frijoles, la cecina dura, ya eran placeres que no se alcanzarían en la volatilidad del descanso eterno. Lo decidió con un raudo gesto, bajando la mirada y sintiéndose tranquilo: al cruzar el río ya había instituido una estirpe de gente buena. Ese gran hombre que dejó de respirar hace un par de semanas se llamaba José Antonio de la Vega y era mi abuelo. Yo sólo le digo ciao, abuelito, ya nos volveremos a encontrar cuando el tequila nos alcance de nuevo en una tarde de calor dominical.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/20/2009 10:25:00 AM

sábado, enero 03, 2009

 

Ignominia

La función de este tipo de notas ("Misterios y sinrazones del ser humano alimentaron a Lowry") es engrosar la estulticia de la humanidad. Es de sobra sabido la veneración a Malcolm Lowry de aquellos individuos que se sienten malditos, esto es, que se vanaglorian de grandes alcohólicos (¿quién podría enorgullecerse de ello?), que viven sus días a flor de piel o simplemente que le muestran al mundo su irreverencia porque nunca se pusieron una corbata. Lo que llama curiosamente la atención es que con normalidad se hable de la vida dipsómana de Lowry (murió ahogado en su propio vómito) y no de la grandeza de su única novela publicada en vida, Bajo el volcán (Ultramarina es un maquinazo de juventud). Ah, es cierto: se habla del Volcán porque se pretende a Lowry como un alter ego del Cónsul Geoffrey Firmin, el beodo protagonista de la novela al que matan en la cantina El farolito. Sucede, entonces, que se abandona el texto y se exaltan las virtudes etílicas de Lowry. Sin recalcar que habría que ser un soberano pendejo para pensar en esas cualidades como virtudes, hay gente que pretende inaugurar una religión lowriana, o por lo menos hacerlo santo (véase ese librín San Malcolm en las cantinas). A fuerza de ser sinceros, Lowry jamás hubiera sido mi amigo y los más probable es que, de conocerlo, hubiéramos terminado a las trompadas (pinche borracho). Pero como de tarados está lleno el mundo, dejemos que sigan publicándose notas de este tipo, sobre todo cuando se trata de periodistas con aspiraciones literarias (como casi todos) y que pueden decir que despachan en una cantina del centro de DF. Y así nada más, pues aquella persona que haya leído a conciencia el Volcán no tendrá escapatoria: odiará la novela como a los seres queridos y dejará por la paz a un tal Lowry que jamás escribió una novela llamada Bajo el volcán.


CAS


posted by Carlos Antonio at 1/03/2009 10:02:00 AM

martes, diciembre 30, 2008

 

Lectores del no

En Bartleby y compañía, Enrique Vila-Matas habla de los escritores del No. Siguiendo la gran frase "Preferiría no hacerlo" del Bartleby de Melville, Vila-Matas documenta a su entender las razones por las que algunos escritores dejaron de escribir en momentos culminantes de su producción. Entre otros menciona a Arthur Rimbaud, Juan Rulfo y J.D. Salinger. Así como existen escritores que en algún momento abandonaron la escritura por motivos misteriosos (en el caso de Rimbaud no tanto, pues descubrió que traficar armas y esclavos le retribuiría más dinero que hacer versitos), hay otros que se distinguen por su firmeza para evitar leer ciertos textos. En una sociedad globalizada en la que lo más importante son las apariencias, los lectores del No son aquellos insignes personajes que se niegan a leer porque sí, valga el retruécano. Como sugería Camus, un hombre rebelde es aquel que puede decir "No" (claro que si mis alumnos se niegan a leer una sola línea de las lecturas sugeridas durante el semestre, no serán jóvenes rebeldes ni nada sino estudiantes reprobados. Hay niveles). Por eso el lector del No tendrá como consigna principal atacar con vigor esa patraña de los grupúsculos de la ignorancia que reza "lee todo lo que te caiga en las manos", no importa que sea un misil inteligente israelí. Los lectores del No deben abanderar como causa el escepticismo, la duda; evitar ver las cosas como cristalinas. Al abrir un libro hay que considerar por principio que éste se puede incendiar en las manos. El lector del No deberá asumir con solidez su hesitación ante el entorno y tirar a la basura el volumen regalado cuando le digan "Me dijeron que está muy bueno; yo vi la película".

El lector del No se vanagloria de otras cualidades, entre ellas que jamás leerá un libro en la playa, sobre todo cuando hay gringos. Mirad. El pueblo gringo es un pueblo lector, de basura, claro, pero lector. Un gringo se distingue en la playa no sólo por su blondez sino porque está leyendo un bestseller que tiene entre ochocientas y mil páginas (al terminarlo lo dejará en el cuarto del hotel o en el asiento del avión. Los libros para ellos son objetos de uso personal y ya. Si alguien más quiere leerlo que lo compre, que le cueste). El nombre del autor del libro está en letras doradas o plateadas tres veces más grandes que el título (todo lector del No desechará al instante asunciones como "leo todo nuevo libro de José Saramago". Un lector del No tiene, por una cuestión natural, la lista de libros de Saramago que no hay que leer, ergo, más de la mitad de sus publicaciones). Leer en la playa es como aquéllos que se vanaglorian de leer en bicicleta o parados de cabeza. La única manera de diferenciarse de un gringo es no leer en la playa, es más: ni siquiera hay que llevar libros al mar. Lo ideal en la arena es beber vodka tonics campechanos hasta no distinguir el horizonte. El lector del No no necesita que lo vean con un libro entre las manos para que digan de él: "Mira qué inteligente es: está leyendo".

La lista de literatura del No o sus circunstancias es amplísima. No haré un recuento completo porque mi tiempo es oro y no voy a trabajar fuera de la jornada laboral, pero pondré a consideración un breve compendio porque estas fechas me inspiran un enigmático e incomprensible espíritu de bonhomía. No hay que leer ningún nuevo libro de Carlos Fuentes de aquí en adelante; tampoco las ediciones de lujo que han salido por motivo de su año ochenta (mirá que de repente lo mejor es morirse joven). Tampoco hay que caer en la celada de los cronistas deportivos cuando dicen que tal o cual entrenador leyó muy bien el partido. Es una trampa: usted podrá quedarse ciego viendo la cancha y jamás encontrará dos sílabas seguidas. Jamás lea a Edgar Allan Poe en francés, mucho menos en la traducción de Baudelaire. Evite, en la medida de lo posible, abrir libros que tengan en la portada nombres sospechosos como Friedman, Huntington o Fukuyama. Si se tienen tendencias suicidas no hay que revisar ni una línea de Isidore Ducasse, el gran conde de Lautréamont (él sí murió joven). Nunca en su vida compre un libro de Raymond Carver en una traducción española; es más: no lea ninguna traducción española, mucho menos de la editorial Anagrama. Pasados sus 22 años, y salvo Muerte sin fin y Jorge Cuesta, dígale que No a los Contemporáneos. Si usted es maestro de literatura en una universidad seria (y ésta es una observación de salud mental que le ayudará a mantenerse en sus cabales), jamás lea el poema que algún alumno kamikaze deslice por la parte septentrional del escritorio al son de "Es mi último soneto, maestro. Me gustaría que lo leyera and give me notes" (Mirá que la insololencia es doble: las Notas sólo se escriben en la Del Valle para un blog mediocre). Hay que aullar un No rotundo a las flamantes novelas de García Márquez, cualquier libro de Ángeles Mastretta, Carmen Boullosa o Laura Esquivel y toda la obra de Enrique Krauze (si es que se le puede llamar "obra"). Esquive también la lectura de articulistas de periódicos como El Universal, Milenio y Crónica. Asimismo, no lea nada que empiece así: "La verdadera historia de..." (salvo la de Bernal Díaz del Castillo, naturalmente, aunque eso de verdadera es un vulgar ardid publicitario del conquistador: ¡la escribió cincuenta años después de que "ocurrieron los hechos"! Me encantan las frases tautológicas; otra muy buena es "se trata de un acontecimiento histórico" o "lapso de tiempo"). Desconfíe cuando le digan: "Ay, como tú eres escritor, pensé que lo mejor era regalarte un libro. Espero que no lo tengas [como si fueran estampitas]. Toma" (y el "toma" es la soberbia bofetada cuando uno ve el libro. A mí una vez me regalaron uno de Armando Hoyos y mi sonrisa al recibirlo se recuerda a menudo por ser la más hipócrita de la ciudad de México en el año 99). Ante esta frase ni siquiera abra el presente: tírelo tal cual a la basura o úselo en la chimenea o límpiese con él.

Un último consejo para convertirse en un gran lector del No: jamás, ni siquiera por error, aunque sean las últimas líneas en una isla desierta; aunque tenga una pistola en la sien que lo obligue, se le ocurra leer a un bergante malnacido llamado Carlos Antonio de la Sierra.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/30/2008 11:37:00 AM

jueves, diciembre 25, 2008

 

Sweet december

He llegado a la conclusión de que el mejor momento para escribir es entre un plato de bacalao y uno de romeritos. La digestión es buena e, incluso, podría decir que uno tiene ideas avispadas. Es un ínterin que se disfruta cabalmente, sobre todo cuando hay unas maravillosas flores de nochebuena enfrente. También funciona como una suerte de terapia para expiar los desaguisados cotidianos. Pongo a consideración algunos aspectos de la ruta trágica de los últimos días. Estuve con S en mi casa de Cuernavaca. Todo iba muy bien; fueron tres días memorabilísimos difíciles de olvidar, en particular por lo que pasó el último: perdí mi coche, bueno, no lo perdí (cosa que ya me había pasado alguna vez en la Condesa al salir de un antro: no me acordaba dónde estaba), fue simplemente un desfase automovilístico. Di el boleto al valet, con tan mala suerte que no era él el valet sino un chamaco del que me había burlado al entrar al bar, ergo, lo hizo perdedizo. ¿Y su boleto, señor?, Se lo di a alguien allá atrás, Pero el valet es aquí, Sí, pero ya lo di, qué hago, Bueno cuál es su coche, Un Chevy azul, ¿A nombre de quién está la tarjeta de circulación?, De tal, Señor, no tenemos ningún Chevy azul en el estacionamiento, ¿Cómo que no hay ningún Chevy azul, de qué se trata esto!, ¿lo declaro robado?, y S: cómo se les pierde un Chevy azul. Fue así como desfilaron ante mi cinco coches distintos que no eran Chevys pero eran azules. ¿Es éste su coche? No, no es ése. ¡Cómo me voy a llevar un coche que no es el mío! Es que no hay ningún Chevy azul, señor. Acompáñeme al estacionamiento para que nos diga cuál es el suyo. Fuimos. Al entrar, pensando en que acusaría de robo a los valets, tuve una revelación divina que me endilgó con justicia el calificativo del idiota más grande del universo: no llevaba mi Chevy azul sino el Sentra dorado de mi madre. Lo vi en el estacionamiento y envidié a todas las avestruces de la tierra. Me negué a observar la cara del valet pero es la única vez que pude haber justificado un puñetazo en mi quijada. Mea culpa.

Esta situación guía a otra con la cual pagué el karma de ese desafortunado acontecimiento y de todos los demás en cinco vidas: algún delincuentillo clonó mi tarjeta de débito en un cajero automático y tuvo a bien vaciar mi cuenta del banco. Entonces a reportar el robo y lidiar con el ejecutivo de cuenta, oficio que, así en abstracto, aparece cada vez con mayor naturalidad en la lista de personas a las que hay que matar. No sé por qué le caí mal al pequeño individuo (era algo así como la Chiquita González pero con retraso mental) y no quiso darme mi nueva tarjeta. Tiene que ir a su sucursal a completar sus datos, Oiga, pero me dijeron que en cualquier sucursal me daban la tarjeta, Pues no sé por qué se lo dijeron (¡Mi reino por una sable para destripar a este enano!), Oiga, pero antes ya me han dado la tarjeta en una sucursal que no es la mía, Lo siento, pero no puedo hacer nada (¡Que se mueran todos los gnomos del universo!). Fui a la sucursal que pensaba que era la mía. Al llegar un nuevo ejecutivo de cuenta al que puedo quitar de la lista por su amabilidad, dijo No sé por qué no se la quisieron dar. Mire, ésta ni siquiera es su sucursal pero ahorita mismo se la doy. Shit happens.
Ahora sólo hay que esperar a que termine diciembre, me devuelvan mi dinero, no perder el automóvil (sobre todo cuando no es de uno) y pasar a comer un gran plato de romeritos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/25/2008 01:50:00 PM

lunes, diciembre 15, 2008

 

Infierno azul

Alejandro Vela tomó la pelota y la acomodó con dificultad en el manchón penal: después de 13 tiros, el pasto blanco era una dantesca zona donde el esférico no se quedaba quieto. El jugador azul caminó tres metros hacia atrás y se perfiló para darle con la pierna izquierda. Las manos en la cintura auguraban un desenlace prometedor: era la seguridad del número 19 en el dorsal (como lo hacen muchos jugadores a quienes no se les da la "10", el mediocampista celeste había escogido dos números que, sumados, dieran la cantidad divina). Enfrente estaba un portero que había coqueteado con la gloria al tocar varios balones en la serie previa. Vela miró el arco y pensó en la tenue línea que diferencia la heroicidad de la villanía. Segundos antes, el jugador contrario había errado su tiro desde los 11 pasos. Un penal que jamás debió contar: el balón reventó el travesaño y pegó como bala fulminante en el guardameta cementero que por fin había adivinado la dirección de un tiro. La pelota, trágica, no, indiferentemente y por capricho, cruzó la línea de gol. El vaticinio estaba hecho: el Cruz Azul no le ganaría al Toluca; aunque se le diera marcha atrás a la Máquina, ésta perdería por sus propios jugadores. Infierno azul. Vela, haciendo honor a su apellido, el único prohibido para el Azul en el Infierno, se enfiló hacia la portería. Trotó a paso cansino el trecho que lo separaba del balón y le pegó con la parte interna de la zurda. El universo físico se detuvo. Y fue sólo una mano la que se salió del script celeste, perdón, celestial, y su movimiento permitió el desenlace predestinado. Un final de cielo azul, apresado por llamas encolerizadas. En el área, ese olimpo que todo bienaventurado anhela, sólo quedaba una vela, una Vela que se extinguía entre fogonazos titánicos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/15/2008 11:39:00 AM

viernes, diciembre 12, 2008

 

Sufro

Perdón, había jurado no volver a hacerlo pero mi conciencia es demasiado tibia. Palabras clave (all of them) por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador:

"¿De qué quieres hablar? Yo ya sé que tú me quieres como amiga y que estás enamorado de ella y tú ya sabes que ambas cosas se me hacen insoportables. Aunque no lo creas en estas ocasiones soy una tía muy fuerte. Llevo toda la vida entrenándome en eso de ser la mejor amiga del que me gusta... Es increíble la capacidad que tengo de anular los sentimientos y jugar a amiga comprensiva con tal de tener al que amo cerquita de mí. Pero en estos últimos meses he aprendido a quererme más... ¿Sabes? A respetar lo que siento y estoy harta de rebajarme y de hacer el papel de tu confidente y de tu paño de lágrimas porque no me interesa tres narices lo que me digas de ella, sólo quiero oir:"


Jamás apareció qué quería oír. Sufro,

CAS



posted by Carlos Antonio at 12/12/2008 10:08:00 PM

viernes, diciembre 05, 2008

 

Instrucciones para calentar a una chava con palabras

Ayer un cibernauta llegó a Del Valle notes por la siguiente pregunta: "¿Cómo calentar a una chava con palabras?". Porque es algo de lo que no tengo ni idea, tuve a bien reflexionarlo para saldar las dudas que se presenten en lo sucesivo. He aquí mis observaciones.

Por principio de cuentas es menester invitar a la susudicha a una función de teatro y gritar "Fuego" antes de que termine el segundo acto. La mujer se calentará ipso facto, no por las llamas inexistentes del proscenio sino por la consideración también ipso facto de que usted es un pelele o un espurio o un caldero..., perdón, una caldera. Si, por el contrario, nada más quiere poner las cosas a fuego lento, contrate al conocido criminal de las canchas, Marco Materazzi, para que le dé una calentadita al son de "¡Vaffanculo, putanna!", léxico, naturalmente, incendiario. Si queremos ser implacables, la única opción es conseguir un Learjet para que caiga en el lugar preferido, y no sólo se caliente sino que se temple, se dore, se tueste, se encienda, se achicharre y los miembros (en los dos sentidos de la acepción) sean expulsados como palomitas (de ésas que no vuelan).
Otra opción, igual de ominosa pero menos trágica, es llevarla a Caliente, el insigne lugar de apuestas. Ahí no se tendrá que decir nada porque se da por descontado que, sólo viendo la marquesina, se sabrá que el lugar estará caliente. Si la individua es analfabeta, pida la bebida que bebe el patrón, Jorge Hankcito Rhon, y lentamente recítele los ingredientes al oído: "El tequila que estás bebiendo es un Herradura reposado que maceró una víbora de cascabel, una cobra, un pene de toro, un pene de león y un mechón de pelos de osos grises del Cánada". Ella arderá por dentro, bailará un poco de claqué inconcebible y caerá, asadita, en sus brazos. Si de plano estamos ante una mujer fuerte que puede soportar éstas minucias, encárguese de que, por encima de todas las cosas, sea amante de los perros (usted, por supuesto, no caiga en la vulgaridad de aprovecharse diciendo "¡GUAU!", s'il vous plait)) y dígale qué hace Hankcito en su cumpleaños: "Fíjate que organiza carreras de galgos... con chimpances como jockeys". Acto seguido, saldrá fuego de sus fosas nasales y usted deberá agradecerme por haberlo librado de emparentar con un dragón disfrazado de mujer.

Existen estrategias tangenciales que bien podrían funcionar, entre otras, asumirse como Xavi Villarrutis y decirle en tono cavernoso "Mi voz quemadura" (usted podría sufragar la falta de concordancia de un poeta malo y recitarle también "Mi voz quema dura"); si ama los cómics, no hay de otra y bánquesela. Ruja: "I´m Hellboy and you're my girlfriend"; cuando es de esas mujeres autogestivas, como buena feminista, hay que acorralarla: dígale que es fantástica y oríllela a la autocalentada por convicción. Es muy probable que tarde o temprano brame: "¡Llamas a mí!". La última sugerencia de nota a pie es un tanto vulgar pero puede funcionar: llévela a un antro aburridísimo y grítele "Pero mi reina, ¡préndete!".

Pero si de detalles avezados se trata, regresaríamos al célebre díctum de Octavio Paz: "las palabras, esas putas". Comience tranquilo y recítele la frase de don Octavio sobre Jaime Torres Bodet: "Leer a Dostoievsky era esperar cada mañana el incendio del sol". Más adelante: "Tengo una llama doble que me consume y anhelaría compartirla contigo"; por último diga contundentemente: "Somos piedra de sol". Habrá que tener mucho cuidado y no exagerar la nota, pues le podría suceder lo que a Paz: en un arrebato de ardor interno, poético, por supuesto, el miserable reventó e incendió su departamento. Por eso, la enseñanza final que debería retomarse de Paz es decirle, simple y tautológicamente, "Puta". Ella arderá de coraje por la sibilina palabra y pensará de nuevo, con toda razón, que los hombres siguen siendo seres básicos, procaces y gélidos.

CAS

PD. Después de publicar lo anterior, llegó al blog un nuevo cibernauta con la siguiente pregunta: "¿Cómo le asen para calentar a una chava?". Chet.



posted by Carlos Antonio at 12/05/2008 12:59:00 PM

viernes, noviembre 21, 2008

 

A los 36

Desde hace algunos años mi casa se mueve de un lado a otro. Las puertas amenazan con desprenderse y los vidrios de las ventanas vibran como quien mueve tenuemente el agua de un riachuelo. Al principio tenía miedo de que el cristal me estallara en la cara y tuviera un rostro con estalactitas. Hoy, con el tiempo, asumo la naturalidad del fenómeno y pienso en la vulgar mentira que Soda Stereo vendió por tantos años: "Cuando pase el temblor". Entonces el tintineo se incrementa (es como cada hora) y la paredes se menean al unísono como si estuvieran bailando cancán. He hablado con el casero, mi amigo Juan, para decirle que algo pasa. Él, fiel a su papel de casero modelo que le quita preocupaciones al inquilino, dice que no hay problema, que el edificio ha resistido los temblores del 57 y 85, que si se cae se derrumba con él toda la ciudad; además, que yo tendría el privilegio de desplomarme hasta el final. Le sonrío y naturalmente le invito un whisky. Es probable que la temblorina de mi depto se deba a los vehículos pesados que de un tiempo para acá pasan por el Eje donde vivo, pero es una tesis de avanzada que podría cuestionarse: las camiones siempre pasaron y jamás se sintió un movimiento tan estrepitoso. La única razón por la que el departamento se había zarandeado era por la turbulencia generada por las turbinas de los aviones. Porque hay que saber que arriba de mi casa es donde los jets doblan su curso para aterrizar en el aeropuerto de la ciudad. El sonido, pues, hace que la casa dé unos chispeantes saltitos, de ésos que mi amiga Ana daba cuando jugaba Avioncito. El verdadero tema es que las mujeres ya no quieren dormir aquí porque por las noches se conjugan dos momentos apoteósicos que les hace pensar en el juicio final: el movimiento oscilatorio de la cama cuando pasa un tortón a gran velocidad y mis épicos ronquidos de cuando he bebido de más. Dicen que es una sensación similar a la del Apocalipsis. Yo sólo digo para mis adentros que me haría millonario con esta mujer que acaba de descubrir la máquina del tiempo. Pero los ronquidos son lo de menos (a mí a veces me pasa que me despierto con los míos propios). El gran problema no es que mi casa oscile como piragua en el Atlántico o que yo ruja cada noche como el Gigante Egoísta. Lo realmente trágico tiene que ver con mi refrigerador. Como tenía uno ya de muchos años, que además congelaba el apio (un día congeló un vodka y concluí que eso ya estaba muy mal), opté por cambiarlo. Fui a comprarlo. Me decidí rápido por uno pero no pude pagarlo porque no llevaba la tarjeta de crédito. Regresé unos días después: el refri costaba mil pesos más. Compré otro. Regalé el viejo y tuve el mayor momento de felicidad de los últimos años cuando conecté el nuevo. Fue sólo un instante feliz, pues al día siguiente descubrí que me habían vendido un aparato habitado, esto es, que le incluía un grupito de duendes gitanos. Así, tuve que aprender a cohabitar con esos pequeños personajes; no es necesario darles de comer porque viven entre comida, que degluten aun echada a perder. Tampoco que salgan a la luz del sol porque es de sobra sabido que les molesta. Son, no obstante, muy divertidos. Cada dos horas llevan a cabo tremendas orgías y se escuchan ruiditos curiosos: "clan, clan, clan" y "glock, glock, glock". Nunca he querido imaginarme que están haciendo exactamente, pero aspiro a que no vean la crema ácida como el lugar natural para descremar. Mis amigos ya los han escuchado y dicen que debería cambiar el refri, sobre todo ahora que tiene garantía. No me queda más que confesarles que los nuevos habitantes son ya parte de este lugar y sería un crimen echarlos sin darles una explicación razonada, cosa, por lo demás, que tampoco haré. En lo sucesivo, las mujeres que pasen por esta casa deberán acostumbrarse a una cama que retiembla como en sus centros la tierra, a unos ronquidos superiores a los de Shrek y a unos duendes amigables que tienen a bien fornicar en mi nevera. La siguiente semana cumplo 36 años; creo que me quedaré soltero.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/21/2008 11:09:00 AM

jueves, noviembre 06, 2008

 

Un avión en la loma

El martes se cayó un avión en Las Lomas de Chapultepec. Al momento han muerto 14 personas, entre ellas el Secretario de Gobernación mexicano, Juan Camilo Mouriño. Sobre el acontecimiento se seguirán comentando muchas cosas. A la fecha, podemos destacar lo dicho por el gran Luis Téllez, secretario de Comunicaciones. Después del desplome, su primera declaración fue: "No se puede rechazar la hipótesis de un accidente". Más adelante, tras el regaño correspondiente y con la caja negra en poder de los peritos, dijo: "Pido al público mexicano que nos tenga paciencia; pero toda la información disponible que tengamos la daremos a conocer". No hablaré de la sintaxis de la afirmación ni en qué quiere decir nuestro ínclito secretario con "información disponible que tengamos": allá él y su conciencia semántica. Lo que sí es para poner lo pelos de punta es que, y lo intuyo sólo como hipótesis de trabajo para no herir susceptibilidades, la aparente confusión entre el sustantivo y el adjetivo "público" no es gratuita. De ahora en adelante los mexicanos seremos parte de un espectáculo mediático y nosotros seremos nuestros propios espectadores. Claro que la gente del gobierno dirá "Pero es un show que se vive a flor de piel; hasta hay avionazos y muertos en vivo. Es el reality show fuera de la pantalla grande". Y el público dirá "Gracias, más merezco", sobre todo el público que son las familias de los deudos. Asistamos, pues, a la muerte de nuestros hijos, al cabo vale la pena porque estaremos pagando por el espectáculo con nuestros impuestos y, lo más importante, lo veremos in situ. La última ironía que se ha acumulado al happening del avión caído es la nota de hace algunos momentos: "El cuerpo de Mouriño será cremado en la ciudad de México". Por lo menos el exsecretario de Gobernación, más allá de los homenajes que le harán en lo sucesivo, tendrá un privilegio único: ser cremado dos veces, y en la misma ciudad.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/06/2008 01:27:00 PM

domingo, octubre 12, 2008

 

Crítica de la razón cínica
Hace algunos años había unos personajes llamados Bankman y Roban. Hoy día, Roban ha matado a su mentor y se ha convertido en un nuevo Bankman, bufo y melancólico: dirige una baticueva llamada Banco de México y responde también al ominoso nombre de Guillermo Ortiz. Este muchacho, que es uno de los pocos mexicanos que sobreviven al cambio de sexenio porque mantiene su puesto, ha dicho varias cosas sobre la crisis financiera actual, que es, como todo mundo sabe, mucho más salvaje en nuestros países (donde nada más hay salvajes y, por ende, todo se parece a su dueño) que en otros. Pero también es uno de los nuevos adalides de la religión posmoderna por antonomasia: el cinismo. Para muestra un botón: yo doy clases de redacción en una de las universidades más prestigiosas del mundo (la UNAM, que según el ranking del Times inglés es la primera universidad de habla hispana), lo cual, si concedemos todo lo que haya que conceder, me da cierta autoridad para documentar los siguientes menesteres. Guillermo Ortiz dio una conferencia de prensa hace unas horas y, entre otras consideraciones majas, dijo que la crisis lo había tomado por sorpresa. Cosas veredes, pues fue el primero en asumir que la economía mexicana estaba completamente blindada (dijo que a los demás países les podía pasar todo pero que México era un Estado de excepción. Indeed: la única liga de futbol del mundo donde hubo partidos este fin de semana fue la mexicana). Después expuso con maestría: "Tres semanas atrás no sentíamos ningún contagio a través de los canales financieros, pero el contagio financiero se siente ya". La traducción a la docta afirmación del Dr. Bankman II es "Hace tres semanas no sentíamos la crisis porque no había crisis, pero ahora la crisis ya se siente, aunque no esté a punto". Ah, y el subtexto: "Elemental, pendejos mexicanos que entienden un coño de economía, finanzas y demás yerbas". Pero mi favorita, y lucharé por que quede inscrita en letras doradas en la Bolsa Mexicana de Valores, es: "El efecto de la crisis financiera en las economías emergentes está resultando más significativo de lo anticipado". Digamos que el espíritu de la frase es "en tiempo de crisis los que más se joden son los más pobres". Pero vayamos más allá y considero que necesitaré toda la ayuda del mundo para entender lo que viene: "el efecto está resultando más significativo de lo anticipado". No sé qué quiso decir el Dr. Bankman II con la palabra "significativo" ni mucho menos con la ecuación "de lo anticipado". Quizás la crisis les vino antes de lo esperado (en buen español, nos vino a nosotros no a ellos), osease, lo sabían (todo miembro del gabinete es un pitoniso consumado pero finge demencia). Lo que les tomó por sorpresa fue que no pudieron mandar el dinero de su última quincena a las Islas Caimán. Pero decir "efecto significativo" es asumir el bastón de mando del mayor cínico que jamás se haya parado en este mundo. No se dice "nos está yendo de la chingada" sino que el efecto de la crisis tiene un "significado" peculiar para los mercados (como el que se tiene en la Central de Abastos, naturalmente). No es complicado, pues, ser un cínico como éste, basta haber estudiado en Standford, tener un par de dedos de frente y asumirse como un perfecto berzotas y ser uno de los principales responsables de que la economía de un país sea la nueva fábula del vestido del rey: desde hace años sabemos que el rey va desnudo, pero al rey le valió madres seguir enseñando sus miserias; además mandó matar al niño hocicón.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/12/2008 10:55:00 PM

viernes, septiembre 26, 2008

 

Tránsito postoperatorio III
Hoy regreso a dar mis clases (dos amigas que trabajan de ángeles me suplieron durante un par de semanas). Veremos un texto de Terry Eagleton y "El malestar de la cultura" de Sigmund Freud. Quizás sea demasiado para mis alumnos pero I don´t care: para eso van a la universidad, para ser tratados mal y aprender. Previamente pasaré a comprar el libro de un amigo que me ha venido diciendo los últimos dos meses que si ya leí su novela. No. Pues cómprala. Ahí sí aplicaré aquello de "Dedícamelo, ¿no? Para que no digan que la compré". Cuando uno pasa por este tipo de desavenencias, el único consejo aceptable es leer a Robert Graves. Y ya, no al amigo que nos obligó a comprar su libro (las causas por las que lo haré son poderosísimas, lo juro). Ayer me escribió una amiga para decirme que ya salió un libro en el que aparecen unos textos míos. Es un volumen de crónicas sobre la ciudad de México editado en Alemania. Me pagaran la distinguida cantidad de cien euros. Cómo ya no puedo hacer la equivalencia a los pomos que compraría con esa marmaja porque ya no puedo beber, creo que alcanzaría para veinte kilos de queso cottage. Eso de dejar de beber momentáneamente tiene sus consecuencias: se gasta menos y los amigos tienen que reconfigurar los regalos. La dimensión trágica de la conversión sobreviene cuando una hermana que trabaja en la ONU como la mía, va a Praga y le manda al hermano exbeodo un Absinth beetle, ergo, un ajenjo con un simpático escarabajo de Papua Nueva Guinea llamado Eurycantha horrida. Creo que la opción es por ahí: empezar a vender aguardientes con insectos. En Oaxaca está, por ejemplo, el famosísimo mezcal de escorpión, ya patentado y con el que sus inventores se están haciendo millonarios. Dejaré, pues, que el bug se macere unas semanas más para que esté a punto cuando la herida haya cicatrizado. Una herida que, dicho sea de paso, tiene lavarse varias veces al día con agua tibia y jabón neutro. En teoría, por supuesto, porque llevo una semana sin gas, con el agua de la regadera saliendo en cubitos de hielo y una herida que se convertirá dentro de poco en alimento de los nuevos sobrevivientes de los Andes. Entonces es ahí cuando uno paga el pato de vivir en una colonia panista, comarca donde suceden cosas negruzcas. Vivo en una avenida en la que de seis y media a nueve y media de la mañana cambia el sentido del tránsito. Así nada más. Pero no cambia todo: hay un carril especial para que los microbuses circulen en contraflujo. En resumidas cuentas es un peligro cruzar porque no se sabe de dónde vendrá el golpe. Eso hace que el camión del gas que pasa entre siete y nueve haya dejado de hacerlo porque ya no tiene donde pararse. La ecuación vial funciona a cabalidad: yo me baño con agua fría desde hace tres días y sufro en la ducha; no puedo cocinar (hoy en la mañana hice unos huevos en el horno de microhondas y desayuné pudín de huevos a la mexicana) y mi vecina Juanita sigue viva porque los microbuseros son unos ineptos que no pueden centrar a una pobre vieja de 132 años (llevaba mucho tiempo sin hablar de ella, pero eso no quiere decir que la haya extraído de mi lista de personas a las que hay que matar). Por si fuera poco estoy tomado metrodinazol, una medicina en principio para las amibas pero que el doctor me recetó porque no creía que fuera a dejar el trago. Si uno ingiere alcohol con metrodinazol es equivalente a tener un poco de nitroglicerina en el estómago, osease, por principo de cuentas no es aconsejable porque un movimiento en falso y ¡bum! Pero ese hombre de poca fe no creyó en la mía que quizás no mueve montañas pero sí a Juanita si estuviera al borde de un quinto piso. Ni modos, pues: ya tendré que desquitarme con mis estudiantes y ponerlos a leer a Braudel. Después de tanto tiempo de dar clases me he dado cuenta de que además de ahorrarse la terapia, los alumnos se convierten en el punching bag perfecto ante la vicisitudes cotidianas; no sólo se tira la energía negativa en el aula y se les reprueba: también te pagan por ello.
He bajado ocho kilos en tres semanas y los pantalones se me caen. Debería operarme más seguido. Alea jacta est. Como diría El testigo en su columna de lucha libre: que la lucha sea.
CAS





posted by Carlos Antonio at 9/26/2008 10:15:00 AM

domingo, septiembre 21, 2008

 

Tránsito postoperatorio II

Odio los hospitales. En la mañana siguiente a la operación desayuné bien y olvidé rápidamente que no habían querido darme de cenar. La amiga que se quedó conmigo durante la noche esperó a que desayunara; después salió a comer algo y revisar su coche. Regresó a los diez minutos con los ojos vidriosos: el coche no estaba. ¿Crees que se lo hayan robado?, me preguntó. Lo más probable es que se lo haya llevado la grúa, pero de todos modos tienes seguro, ¿verdad? No. Chet. Doble chet. Imploré por que se lo hubiera llevado la grúa. Horas después pude darle gracias a la divinidad correspondiente porque, en efecto, estaba en el corralón. Lo peor de pedirle milagros a un santo es que te los cumpla.

Temprano llegó otra amiga y odié más los hospitales. ¿Qué hace esa zorra aquí?, me dijo en voz baja. Bueno, se quedó conmigo toda la... Sí, veo que ya elegiste. Y la otra en el sofá, a espaldas de la recién llegada, increpándome con la mirada: Pinche vieja pendeja, que se largue, ¿a qué vino? Sonó el teléfono. Contesté. Era N. Hola, hola -las otras sin hablarse, dirigirse la mirada y seguramente al acecho para responder al primer cuchillazo. ¿Quién era?, preguntó la histérica. N. Ah, perfecto: ya me voy, saliendo del cuarto, apenas despidiéndose de mí y barriendo a la pobre que había perdido su nave. Pinche vieja, ¿cómo pudiste andar con ella? No lo sé. Bueno, también anduve contigo. Sí, pero yo me quedo a cuidarte y no te trato mal. Lo sé: se enojó más porque ya sabes que con N anduve unos meses antes que con ella. Un día te van a matar, cabrón. Lo sé. En ese momento no odié los hospitales porque si una mujer histérica me baleaba, la terapia intensiva estaba a tres minutos. Voy a recuperar mi coche, dijo.

Me bañé. Un torrente de sangre se mezcló con el agua hasta hacerse transparente (qué difícil es bañarse cuando se está conectado a un catéter). Empezaron a llegar los amigos. Éramos muchos y ya casi no había dónde sentarse. Alguno sugirió que compartiera la cama. Los motivos de la tertulia hospitalaria eran inicialmente acompañarme en mi sufrimiento; no obstante, no sufrí lo necesario para ser convincente y olvidaron que tenía una herida abierta del tamaño de un mamey. Fue, entonces, un momento de comunión que trascendió las coincidencias y se hermanó con una circunstancia más importante que la convalecencia de un escritor mancillado: jugaba la selección. Vimos el partido (un amigo todavía me preguntó si podía llevar unas cervezas). México 3, Jamaica 0. El problema es que yo seguía operado, sangrando las sábanas y odiando más los hospitales (y a dos enfermeras que me picaron cinco o seis veces cuando se tapó el catéter; a otra la odié porque lo primero que dijo fue ¡Ay, qué alto estás! Me acordé de todas la películas porno en las que hay enfermeras y me entró un ataque de pánico). Bueno, besos, ciao, ciao, que te mejores. ¿Mañana no habrá otro partido?, digo, para vernos. Acorté las despedidas: ¡FUERA! La misma amiga se quedó esa noche. Vimos (again and again and again) la trilogía del capitán Jack Sparrow. El dolor seguía: el analgésico de la dama de la tortura ya no funcionaba. A la mañana siguiente abandoné la clínica: apenas podía caminar. Atrás dejaba una operación de alto riesgo, un pedazo de mi alma que iniciaría la marcha atrás de la rueda de la fortuna y una certeza: la verdadera amistad se encuentra y se reitera en esos lugares odiados llamados hospitales, campos de batalla sitiados por gasas, sueros y bisturíes. Es en esa comarca de patología y tránsito vivencial en donde se hallan los amigos vivos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/21/2008 10:10:00 PM

sábado, septiembre 13, 2008

 

Tránsito postoperatorio I

-Señor De la Sierra, despierte: acaba de salir de la cirugía -dijo una voz anónima.
-¿Cómo salió todo?
-La operación estuvo complicada pero esperemos que todo vaya bien.
-¿Qué hay de cenar?
-No lo sé, hay que preguntarle a las enfermeras.
Me pusieron oxígeno y me mantuvieron en la sala postoperatoria. A mi lado un desequilibrado gritaba "¡Estoy mareado!". La enfermera se acercó a tomarme los signos vitales.
-¿Qué hay de cenar, oiga? -"¡Estoy mareado!"
-No lo sé.
-¿No habría manera de que este hombre se callara?
-Vamos a darle algo para el mareo.
La enfermera no le dio nada y se escondió con la otra nurse para hacerse preguntas sobre un examen que seguramente tenían que presentar al día siguiente ("¡Estoy mareado!"). Yo inspeccionaba la máscara de oxígeno; me la puse al revés para ver si funcionaba ("Por favor, señor De la Sierra, no juegue con el oxígeno"). Vino un chalán de la Dama de la tortura.
-¿Cómo se siente?
-Bien, ¿qué hay de cenar?
-No lo sé. Ahorita le averiguo
-¡Estoy mareadoooooooo!
La enfermera se apiadó por fin del sujeto y le llevó un platito para que vomitara. El mareado dejó cualquier cosa que pudo dejar ahí, incluido un pedazo de taco de suadero acidificado que le pendía del labio inferior. "Sigo mareado, señorita", dijo.
-Ni creas que hacerme verte así hará que no cene. Claro que no me da asco. ¿Hay una carta o algo así, oiga? -dije.
Llegó un enfermero fuerte que dijo que ya era hora de subir al cuarto. En el elevador lancé mi última carta:
-¿Qué hay de cenar, oye?
-No hay nada. Es la una de la mañana y la cocina ya cerró. Además usted no puede comer nada: acaba de salir de una anestesia general y lo único que puede tomar es agua a sorbitos. Si no corre el riesgo de volver el estómago.
- No estoy mareado.
Un médico entró en el cuarto.
-¿Cómo se siente señor De la Sierra? ¿No se acuerda de mí?
-No.
Estuve en su operación.
-Doctor, durante la operación la Dama de la tortura me durmió de cabo a rabo y su ustedes hubieran querido hacerme cualquier cosa en el rabo yo ni en cuenta. ¿Cómo estuvo todo?
-Bueno, estuvo feíto.
-¿Feíto? Oye, doc, ¿sería mucho pedirte que fueras más explícito?
-Bueno, fue una operación de alto riesgo, pero todo salió bien.
Tengo la impresión de que los doctores siempre dirán este tipo de frases despues de salir del quirófano: "Fue una operación muy complicada", "La intervención fue justo a tiempo" o "Nos costó mucho trabajo pero vivirá". Todas ellas para agradecerles de por vida por la ídem. El doctor se fue y yo me quedé en la contemplación absoluta, pensando en la inmortalidad del cangrejo, una verdadera pavada, pues todo mundo sabe que los cangrejos son inmortales. No dormí en toda la noche.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/13/2008 11:26:00 AM

miércoles, septiembre 10, 2008

 

Un paseo por los bosques del quirófano

...

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/10/2008 05:15:00 PM

 

Tránsito preoperatorio III

Póngase esta bata, dijo el enfermero con voz adusta. Por primera vez me ponía uno de esos extraños ropajes que había visto millones de veces. Su característica es que uno anda con el culo al aire. ¿No habrá uno más grande? No. Acuéstese que ya vienen a hacerle sus análisis. Dos médicos llegaron con un electro para el correspondiente chequeo del corazón. Los electrodos no se quedaban en su lugar por el vello en el pecho. Hay que rasurar dijo ella con firmeza; tráiganme un rastrillo, dijo él, aburrido. ¿No le molesta que le rasuremos un poco el vello? Hagan lo que quieran (ahora tengo un brote de calvicie en el centro del pecho). Define ironía, doctor, lo increpé mientras ajustaba los electrodos. ¿Perdón...? Ironía es que te hagan un electrocardiograma mientras dan Dr. House en la televisión, señalándole el aparato. Ah, sí, je,je,je, como si el miserable estuviera tocando el ukulele. Está bien del corazón; la química sanguínea y la biometría hemática también salieron aceptables. Podemos operar. Nada más resta evacuar todo lo que falta. ¿Y cómo va a ser eso? Oh, my goodness, ¡we believe in Jesus Christ! No quedó ni un pedazo de mi alma en el antes mencionado cuerpo mallugado y ahora sí estábamos dispuestos a operar, ergo, apelé a la valentía de uno de mis alter egos: vaquero de Leningrado. Sala de preparación. El enfermero me entregó ya con las medias de compresión para evitar trombosis venosa (¡Ah, le Moulin rouge!) y la enfermera in charge me puso un gorrito como el de la mujer de los chocolates Milka. Todo iba muy bien hasta que llegó la dama de la tortura. Entró vestida ya con su uniforme de operación, incluido el cubrebocas, y un maletín muy sospechoso a cuestas. Soy la anestesista. A ver... a ver... a ver... Habíamos pensado en una anestesia local pero usted está demasiado obeso (si no tuviera el maletincito ése; pinche vie...). Anestesia general, por favor, gritándolo a los cuatro vientos. Voy a hablar con su médico. Se fue sin soltar el maletín de la tortura. The iron maiden, pues. Veinte minutos después ya estaba en el quirófano. ¿Lo va a anestesiar aquí, doctora? Sí, luego lo pasamos a la plancha de operaciones. No sería mejor que fuera directamente ahí, doctora: yo le podría facilitar el trabajo de pasarme a la otra... No, poniéndome una sustancia desconocida en uno de los numerosos y misteriosos conductos que llegaban a mi catéter. Entonces la hipnosis: va a tener mucho sueño, va a empezar a ver todo borroso (sí, cómo no); se le nubla la vista, está muy cansado (sí, cómo...

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/10/2008 10:45:00 AM

lunes, septiembre 08, 2008

 

Tránsito preoperatorio II

El doctor me auscultó durante treinta segundos.

-Es una infección muy grave que no se quita con antibióticos. Necesitas cirugía.

-Si tú lo dices doc, está bien: cirugía, pues. ¿Cuál es el riesgo?

-En principio el riesgo debería ser mínimo pero el absceso que tienes es muy grande. He ahí la gravedad de la operación

-¿Para cuándo sugieres, entonces?

-Lo antes posible, es muy peligroso lo que tienes. ¿Hoy en la noche?

-Hoy en la noche.

-Déjame hablar al hospital para ver si tienen quirófano [...] Ok, ya está: la operación está programada para las 9 de la noche.

-Está bien.

-Vete a tu casa, tómate un vaso grande de agua e ingresa al hospital por urgencias a las 5:30 para que te hagan los análisis preoperatorios.

Eran las tres y media y había mucho tráfico.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/08/2008 09:54:00 PM

 

Variaciones alrededor de una cirugía

Tránsito preoperatorio I

La punzada dominaba medio cuerpo. Caminar sin dolor era la mejor utopía. La cervezas y el futbol estaban ahí: fue fácil invitarlos (había que olvidar el daño). Dépor 2, Real Madrid 1. Más tequila. En los dos días siguientes la vida cambió y las decisiones vinieron sin ser tomadas. Ah, además se presentó una sobredosis de Leonardo Padura. El alfilerazo era de una violenta piel buscando salida (una explosión epidérmica se vaticinaba durante el sueño). Sin saberlo, ya en la cama había una mecha y aun así fui a dar mi última clase. Cuernavaca: dolor y 39 de fiebre; dolor otra vez y tras el mediodía 39.2 de fiebre. No pasa nada: es pasajero. Viernes en la madrugada en el aeropuerto. Un clon corriendo en la Terminal 2, dos mujeres lamentando un abandono y una lágrima en suspenso en un conocido cuerpo mallugado.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/08/2008 12:31:00 PM

martes, agosto 19, 2008

 

Quauhnáhuac, el dengue y ¿qué quieres, Van Gogh?

Escribo en este instante desde la alberca de mi casa en Cuernavaca. Tengo ante mí un caballito de Herradura blanco, una cerveza michelada perfectamente preparada con las salsas correspondientes y un plato de cacahuates versión "botana mexicana" de Sabritas. Recién nadé un kilómetro en una alberca que, por fin, está a treinta grados (la he checado diligentemente día con día y la variación a media tarde no ha sido de más de dos grados). También tengo el celular y el teléfono inalámbrico para no sentirme incomunicado. Juanito, la mujer que trabaja en la casa, vive aquí, integra una secta de adoradores del epazote y es, por supuesto, quien manda, está por traerme unos sopes previos a la comida. Siempre he dicho que son su especialidad. En la mesa hay cuatro libros: uno que traje para leerlo durante mi estancia acá (Hotel Nómada de Cees Noteboom, mi escritor favorito cuando estoy de viaje, aunque ahorita no lo esté) y tres que me he encontrado en la bibloteca familiar y no conocía: el Toledo de Luis Cardoza de Aragón, Desde el jardín de Jerzy Kosinski y con el que ahorita acabo de matar una avispa impertinente y las Cartas a Theo de Vincent Van Gogh (en este momento he tenido un déjà vu. Lo narraré con rapidez: a los veinte años tenía tres novias; ninguna de ellas sabía de las otras, lo cual hizo pensarme un verdadero Casanova; me hizo pensar eso hasta hace algunos años cuando descubrí, por su propia boca, que las tres me engañaban (¡bitches!). Un día una de ellas -recordemos que yo tenía veinte años- había quedado en hablarme en la tarde. No me habló. Pasaron tres días y no sabía de ella. Después me enteré que había ido en bicicleta a la Lagunas de Zempoala en un microshort que tuvo a bien modelarme semanas atrás. "Me lo compré para ti", dijo malévolamente. Era obvio que no había ido sola a las Lagunas; también era obvio que no había ido a las Lagunas porque nadie va de Cuernavaca a la Lagunas en bicicleta. Pero era muy joven para entender eso, así que me tranqulicé y escondí a Otelo y su puñal en la mesa de alberca de mi otra casa, también aquí en Cuernavaca. Sobre ella tenía varios libros. Entre otros estaban El Quijote, La ley de Herodes de Ibargüengoitia y el Mea Cuba de Cabrera Infante [en la presentación en México de este libro un personaje llamado Enrique Krauze -número 29 en la lista de personas a las que hay que matar- ordenó desalojar la sala correspondiente porque adujo que había una bomba en el recinto. Nunca la encontraron]. Por obvias razones tomé el de Ibargüengoitia y me salvó: concluí que la ciclista del microshort todavía me amaba. Meses después, cuando se enteró de que yo andaba con dos más, me abandonó por el bajista de La piel, un grupo de rock de Cuernavaca al que las jovencitas le lanzaban brasieres mientras tocaban. Al respecto, y aunque nunca haya escrito algo semejante, he de confesar que aquella mujer tenía unos senos portentosos. En esas épocas yo tenía una columna en El Universal de Morelos. La anécdota la sublimé con un título fallido: "La literatura como salvación". Ah, la juventud). Para evitar digresiones, réplicas fatuas, críticas infundadas o la asunción natural -que yo sufragaría ipso facto- de pensar que el autor de estas líneas es un memo memorabilísimo, reitero que se han cerrado los paréntesis de una vez por todas, goddamn. Son las cinco de la tarde, voy en el cuarto tequila, la laptop está a punto de quedarse sin pila y es la hora en que Juanito suele tratarme mal porque le tocan sus rezos al epazote. No tengo otra, pues, que esperar para que me dé de comer porque si me meto en "su" cocina lo primero que dice es "¿Qué haces aquí?", luego "No toques nada" y, por último, "Vete a ver el futbol". Esta frase es el típico acto de crueldad de las mujeres: como si el futbol lo pasaran todos los días del Señor, ni que fuera comer epazote.
El punto de quiebre viene por lo que pasó ayer, claro vaticinio de que no sería una semana fácil. Cuernavaca es una ciudad un poco extraña. Aunque hay gente que diga que no tiene identida propia, yo -un idiota que como pinche personaje de Dickens ha vivido más de tres décadas entre dos ciudades- sostengo que hay detalles que la distinguen, para mal, de las demás. Mirad. Hoy día existe en la ciudad, quién sabe por qué designio malsano, una epidemia de dengue. El dengue es una enfermedad tropical causada por cuatro virus y transmitido por un mosquito; se caracteriza por fiebre extrema y dolores intensos en articulaciones y huesos. Una variación es el dengue hemorrágico, mucho más peligroso que, si no se controla correctamente, puede ser fatal. Lo misterioso es que se trata de una enfermedad que aparece en lugares donde hay mucha humedad y de altas temperaturas, y Cuernavaca no es precisamente así. Pero hay dengue y los hospitales están al tope de su capacidad para atender a los enfermos a la brevedad posible y que no se extienda la epidemia. La Secretaría de Salud del estado, por ende, actuó en consecuencia. Ayer en la noche estaba viendo la televisión con mi hermana. Intempestivamente el jardín se llenó de humo y afuera había un ruido constante que era todo menos armónico. Están fumigando, dijo mi hermana. ¿Cómo fumigando?, pregunté azorado. Así, fumigando, como si echaran raid. Es por el dengue. ¿Están fumigando la ciudad? Sí, toda. Recomiendan que abran las ventanas. ¿Y no es peligroso? No, es una medida preventiva. Mi hermana Titi, insigne investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, por supuesto conocía los intríngulis del numerito nocturno y no se inmutó. Yo, incrédulo bergante que no hace más que beber y escribir sandeces, tenía que atestiguarlo. Fue así como se llevó a cabo una de las escenas más lamentables de la historia de un ciudadano morelense afincado en el DF. Abrí la puerta para constatar que, en efecto, se trataba de una fumigación masiva. No vi nada: la camioneta encargada de evitar subsecuentes casos de dengue en la ciudad me había fumigado directamente. Y cuando digo directamente no es que haya estado echando el insecticida hacia arriba para que luego cayera como rocío en las hojas. No. Me fumigó de frente como una ama de casa que odia a los insectos: vaciándoles el frasco matabichos en todo el cuerpo no para envenenarlos sino para ahogarlos. Me sentí Bill Murray en los Cazafantasmas cuando un fantasma desenfrenado lo babea en el pasillo de un hotel. Regresé con mi hermana no sin antes limpiarme un poco el rostro por aquello de los amaneceres y Gregorio Samsa. "Sí, están fumigando", sentándome a ver el final de Dr. House. "Te lo dije". Recordé la escena inicial de Short cuts de Robert Altman: aviones fumigando Los Ángeles por alguna epidemia. La película termina de manera apocalíptica: con un terremoto en el que el ahora muerto Chris Penn mata a una muchacha. Háganle como quieran, dice Altman: las desavenencias intempestivas jamás podrán driblarse. Un día, Tom, el papá alemán de una amiga, vio un alacrán en Tepoztlán; en lugar de aplastarlo con el zapato como lo hubiera hecho un ser normal, le descargó el frasco de insecticida al pobre animal. El alacrán sobrevivió y Tom terminó intoxicado en el hospital. Es cierto que el insecticida era para eliminar nada más al mosquito del dengue, pero la dosis que recibí, os lo juro, fue como para asesinar como a dos millones de mosquitos, que si juntamos en un molde y le damos forma bien podrían parecerse a mí, un uno noventa a cuestas y la dosis perfecta que pasaría de mis caderas e iría directa al heart. La botella de Herradura está casi vacía (una escena desoladora) y Juanito ha terminado sus plegarias. Creo que comeré un poco (algún pedazo de carne estará bien) y volveré a nadar, al fin ya traigo el agua encima. Antes leo el final de una carta que Van Gogh le escribió a su hermano Theo y que le fue encontrada en el bolsillo después de darse un balazo en el pecho: "...arriesgo mi vida y mi razón destruida a medias -bueno- pero tú no estás entre los marchands de hombres que yo sepa; y puedes partido, me parece, procediendo realmente con humanidad, pero, ¿qué quieres?". ¿Y tú qué quieres, Van Gogh, si nunca te fumigaron como una miserable cucaracha? Qué lástima que el tequila no tenga gusano en el fondo; nos habríamos guiñado un ojo, claro, si ambos tuviéramos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/19/2008 03:38:00 PM

jueves, agosto 14, 2008

 

Ellas no han muerto



Son rostros acompasados. La imágenes se pierden en un vértice invisible y piden paz. Atrás una iglesia cobija la indulgencia. También son mujeres. Y también son sujetos anónimos. Son retratos de personas muertas y con ellos se apela a su recuerdo. Algunas sonríen; otras asumen un semblante implacable que indica incertidumbre. Muchas de ellas sabrán que su cara ha sido atrapada en la eternidad cuando se vean en la plancha del Zócalo (el corazón de un país en forma de cuerno se diría: una plancha en la morgue). Toda sucesión de rostros expuesta en un espacio público implica, por principio, una circunstancia aciaga: desaparecidos, crímenes irresueltos, secuestrados, muertas en una ciudad fronteriza, acribillados en una terminal de tren o mineros asfixiados. ¿Quiénes serán estas miserables que ahora maquilan y maquillan la plaza pública? En el silencio llevarán la penitencia: el rezo es inevitable pues su adoquinado faccioso es el cimiento de la casa del Señor. Ésta es la imagen de una primera plana. Son mujeres y el decisivo obturador de una cámara fotográfica muestra que han muerto. Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Pero de la muerte también se regresa y el pie de foto sugiere algo más: la expiación de nuestras mujeres ha pasado por la voluntad sobre su cuerpo (he aquí la perogrullada. Hela y hela). Entonces decidieron no morir y evitaron el óbito en vida de seres humanos inocentes. Ahora sabemos que sus facciones pueden ser captadas en lo sucesivo para asumir las muertes necesarias y que si bien la felicidad no es prohibirle a un cigoto que se desarrolle y nazca, tampoco lo es un niño no deseado. Son ellas, más de 11 mil mujeres, las que han decidido abortar de manera segura al amparo de una nueva legalidad. El collage del Zócalo no es ya más el recuerdo funesto de las injusticias sino la memoria intacta de aquéllas que han podido elegir y que también morirán en algún momento. Pero eso ya no importa.

CAS

Foto: Carlos Ramos Mamahua



posted by Carlos Antonio at 8/14/2008 10:00:00 AM

sábado, julio 19, 2008

 

Una piel

Mi infancia transcurrió en una alberca. Mi papá, precupado por que no tuviéramos a bien amanecer en el fondo, nos enseñó, a mis hermanas y a mí, a nadar desde muy niños. Yo aprendí a los dos años. Así pasó mi niñez: llegábamos de la escuela y lo único que pensábamos era en meternos al agua fresca y centellante de Cuernavaca (la segunda ciudad con más albercas en el mundo). Mi mamá solía llevarnos pepinos, jícama con chile y agua de piña como botana mientras estaba la comida. Nunca, sin embargo, nos preocupamos por las quemaduras causadas por el sol: a nuestro modo, estábamos curtidos; además el concepto "asolearse" no existía: no sólo nos parecía aburridísimo sino que, sobre todo, lo considerábamos una perdedera brutal de tiempo. La idea de estar fuera del agua era inadmisible. Por eso, durante muchos años, los bronceadores, bloqueadores y demás pomadas tropicales fueron inexistentes en la casa. Con el tiempo, la inmunidad a los rayos solares cambió: ya adolescentes nos interesó broncearnos. Los métodos para tener la piel cobriza fueron variados y la gran mayoría muy efectivos: iban desde un par de pinceladas de aceite de zanahoria hasta llenarse el cuerpo de coca cola tibia recién abierta (el gas, hasta ahora no sé por qué, causaba un efecto implacable). Ése fue el principio del fin: la artificialidad de los bronceadores fue directamente proporcional a la vulnerabilidad de nuestros cuerpos ante el sol.
La primera vez que tuve quemaduras solares fue en las cascadas de Agua Azul en Chiapas. Estaba con una novia y, sabia como era (lo sigue siendo), sugirió que me pusiera bloqueador. Me ofendí: cómo alguien que había pasado su vida expuesto al sol tenía que untarse a paladas un filtro solar. Los siguientes cuatro días estuve acostado en un hotelito de Palenque sin poder moverme (como la abeja Maya pero en la cama). La novia me ponía, en tres sesiones diarias, la dosis respectiva de Caladryl para aliviar el ardor. Ahí decidí que lo mío no era el sol y mi piel blanca como la leche debía ser protegida por palapas, sombreros, sombrillas y todo lo que me hiciera pasar como un enfermo de lupus. Lo decidí ese día y ya: varias veces más volvió a pasarme lo mismo y siempre juré no exponerme otra vez al sol. Mentí de nuevo (las quemaduras solares son como las crudas: siempre se recae en ellas aun cuando se haya hecho el pacto con la divinidad correspondiente para no volver a beber).
Hace algunos meses estaba con una amiga tomando el sol en mi casa de Cuernavaca. Me había puesto dos manos de bloqueador para evitar el desaguisado: una de factor 50 y otra del 80, o algo así. Al día siguiente amanecí con la piel estómago abierta por la exposición a los rayos solares. Nadie se explicó lo ocurrido pero la evidencia era contundente: quemaduras de segundo grado alrededor del ombligo. Las heridas cicatrizaron al mes pero las manchas duraron mucho más. Hace una semana estaba asoleándome con la misma amiga en el lugar de la antes mencionada tragedia. Como no quería que me pasara de nuevo, me eché al sol con camiseta. Después de pensarme como un naco de época, me la quité y me puse tres manos de bloqueador (uno de ellos especial para la piel delicada de un bebé). Dos días después tenía las mismas quemaduras de meses atrás, ahora incrementadas con la carbonización temprana de un brazo. A continuación describo las heridas, pues la valentía de mi estupidez ha hecho que no vaya al médico o que me ponga algún remedio casero para evitar el dolor. Y la llaga sigue.
A lo largo del abdomen se percibe una franja roja como si hubiera sido improvisada por un pintor de brocha gorda. La línea, que bien podría ser una faja de smoking, tiene los suficientes grumos como para pensar que el pintor decidió hacer su trabajo al tirol. Al final de ella, se halla el punto de quiebre del cuarto: la pintura era mala y tiende a levantarse (me dicen que no era mala: sólo fue puesta sobre larvas de extraterrestres que, como La guerra de los mundos de H.G. Wells, habían esperado el instante propicio para salir. Ese momento fue la exposición al sol). Las larvas, pues, iniciaron su proceso de gestación en este mundo y se inflaron como globos acuíferos (mi hermana las ha llamado también "orugas geómetras"). Los entendidos consideran que los seres que nacen de estas esporas no pueden sobrevivir al oxígeno y tan pronto salen al mundo sensible mueren instantáneamente. Entonces hay en mi panza numerosas placentas en miniatura que se despegan del cuerpo (la transformación de la cutícula ha sido la correcta y ahora esa parte en la que se puso la pintura barata -el pintor de brocha gorda era chambón y se excedió en la plasta- tiene la consistencia de un chicle masticado por dos horas. La película de serie B se llama La incubación de los Motitas suicidas). La erosión de la otra piel (envídiame, serpiente) tiene vida propia. Creció en mi vientre un mundo hacia afuera. Espera a que reviente y sientas al alien muriendo en la piel sin piel, en la carne fresca expuesta al verdadero planeta. Ponle una veladora y reza por él. ¿Ese habrá sido el sufrimiento adecuado? Se sabe que no. Pon, pues, la veladora en la carne cruda y atiza la llaga con un poco de cera derretida. ¡Ah, el dolor! Pobre alien, pobre cuerpo, pobre (in)mundo. ¿Y ahora? Espera las cicatrices y el vuelo lánguido, tenue y perfecto de un colibrí. El punto, no obstante, es el siguiente: las faja roja que ahora ya es rosácea, menos exacta y más anárquica, insiste al final de la línea en la carne fresca, y cuando parece que está al dente para ser isla, naufraga de nuevo por el movimiento de los cadáveres nocturnos, por el inicuo e indeseable REM que roza las utopías e impide la sutura del cauce. De nuevo la cera y el tiempo detenido y el lóbulo de la oreja con sangre envinada (envidiada y enviudada, chingao) y la grieta endureciéndose para ser anegada tan pronto llegue la luna (¡mi reino por que muera esa mierda de azul celeste!) y el sol en silencio que con una mueca dice "Hermano, ya la he asesinado". En el brazo la herida no necesita soldadura nueva, aunque el músculo blando, rojizo y húmedo por estar sin piel, recuerda a un bife rosarino; el dolor es menos insano y la metamorfosis mucho más saludable. Las quemaduras de segundo grado han hecho de mi brazo una extremidad con branquias (la forma, lo más importante, ya la tiene); un bíceps endiablado para evitar la costura cerásea (cera-sea/se-era-así). Soy un hombre marcado en bronce; portador del pigmento malsano con el que se mancilla la podredumbre, la gleba de los barrios bajos. En la taciturnidad del Astro rey está la resolución al enigma, y ya en su hábitat, en su nave perenne de doce horas, me confieso perdido. Por eso juro, por mis branquias adentro, mi alien afuera, mi sol en la frente y las líneas marinas que cruzan el entrecejo, que lo volveré a hacer.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/19/2008 08:43:00 AM

martes, julio 08, 2008

 

War and alcohol

Mañana en la batalla piensa en el pomo de la casa; ya amanecerás en posición fetal en el clóset. Las verdaderas armas de destrucción masiva, pues.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/08/2008 08:07:00 AM

jueves, junio 26, 2008

 

Por eso no tengo hijos

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador de la red: "¿Hay que ir al médico si un bebé de nueve meses se cae de la cuna?" Chet.

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/26/2008 11:57:00 AM

miércoles, junio 04, 2008

 

México en los States

No es que sea muy susceptible, pero mi lectura entrelíneas del editorial del New York Times de hoy, me indica que la idea es militarizar la frontera. También que, más allá de lo que diga el zar antidrogas gringo sobre el Plan Mérida, las cosas se harán como lo dicte el Congreso norteamericano y pronto tendremos marines armados hasta el cuello entre nuestra otra selección de ratones verdes.

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/04/2008 09:25:00 AM

lunes, mayo 26, 2008

 

Abramovich

Roman Abramovich es el Jorge Vergara ruso: desde que tiene dinero se ha dedicado a dilapidarlo a la manera de cualquier nacazo nuevo-rico (en México también se les dicen wannabes). La única diferencia entre ambos (uno dueño del Chelsea y otro de las Chivas), además de las cuentas de banco (si comparamos las riquezas, Vergara parecería un indigente de la Portales), es que el mexicano no usa calcetines (una nueva nacada) y se casa en la India (meganacada) y el ruso compra obras de arte porque le han dicho que eso aumenta los dedos de frente en el ámbito de la socialité. Recientemente Abramovich reventó el mercado de subastas de arte al comprar cuadros de Francis Bacon (mi pintor contemporáneo favorito, lo cual no me hace ser un naco, aunque sea chido) y de Lucien Freud (nieto de Sigmund y por el que gastó lo más que se ha pagado por el cuadro de un pintor vivo). Se rumora que la compra se debió a un capricho de su nueva novia de 24 años, Daría Zhukova, quien se empeño a hacerle un pequeño e imperceptible scratch en su cartera de petroeuros.

Abramovich ha entendido que el dinero no da felicidad, aunque, en sus propias palabras, dé cierta independencia (eso me recuerda el insigne dictum de un amigo millonario: "Mira, Carlos, ya me di cuenta de que el dinero no me hace feliz ... ¡me hace INMENSAMENTE FELIZ!). No obstante, ha fracasado siempre a la hora de pretender ganar la Champions con su Chelsea (equipo que juega en el suntuoso y pudiente distrito de Kensington y Chelsea en Londres). El problema de Abramovich, al que Vladimir Putin no mata con talio simplemente porque no ha exteriorizado aspiraciones políticas, es que tanto él como su equipo han seguido al pie de la letra la famosa máxima del histórico Bobby Robson: "Los primeros noventa minutos son los más importantes del partido". Fue obvio que Bobby jamás pensó en el tiempo suplementario y mucho menos en los penales. Avram Grant, reputado vampiro que en sus ratos libres hace las escenas peligrosas de los entrenadores de futbol, tampoco lo supo y eso, a la postre, le costó la cabeza transilvánica. Abramovich deberá, en lo sucesivo, hacer dos cosas para que su Chelsea gane la Champions: una, aprender inglés y dejarse de ligar a meseras de Aeroflot y, dos, entender cuanto antes una de los grandes principios futboleros: "El futbol es la esposa del soltero, pero sobre todo la amante del casado". Ah, y también seguir las enseñanzas de la gran Máquina de la Cruz Azul cuando de ganar campeonatos se trata.

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/26/2008 12:45:00 PM

domingo, mayo 25, 2008

 

Sobre la literatura inglesa, el mejor equipo que se ha parado en una cancha de futbol y la comida conversa

Hoy día en que le he puesto punto final a una tesis de doctorado que duró siete años y la gran Máquina Azul está por conseguir el primer campeonato en un poco más de los ídem, vuelvo a ser testigo de la vileza humana. Todo hubiera estado muy bien si, por mi ociosidad-estupidez, no observo las palabras clave por las que la banda arriba a este execrable blog. En numerosas ocasiones las he mencionado, pero ahora mismo, en este momento en el que soy conciente de que no tendré vacaciones en una playa nudista griega y recién terminó una pizza de anchoas para morirme por el colesterol mañana temprano, he visto una frase que se enmarca en el tapiz histórico de las manchas voraces de la humanidad. Alea jacta est. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador del ciberespacio: "¿a quién dirigirme para convertirme en comida?" Espero que el desgraciado no haya encontrado a tiempo a la persona correcta y, al alimón, hayan decidido que la mejor opción era convertirse en anchoa.

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/25/2008 09:23:00 PM

domingo, mayo 11, 2008

 

Así es, Chema

"En el territorio de la impunidad, el cinismo es sin duda filantropía".

José María Pérez Gay


CAS


posted by Carlos Antonio at 5/11/2008 12:21:00 PM

martes, abril 15, 2008

 

Los días en la barra

Releyendo Las memorias póstumas de Blas Cubas de Machado de Assis me encontré una frase que le quedaría como anillo al dedo a cualquier persona que tenga blog: "Estoy matando el tiempo; el tiempo nos entierra". Y de ninguna manera habría que dudar de la frase, puesto que quien la dice, como aquel gran Matías Pascal, es un difunto: el doctor Cubas. Entonces la pregunta conducente, antes de tener esa última imagen primera que es el ataúd, es por qué cuando uno termina de comer pastel de carne con papas gratinadas con pimienta (según una receta recuperada en una casa del siglo XVIII de Grenoble) es seguir matando el tiempo a sabiendas de que no se llegará a ningún lado. Pues bien, no lo sé, y por eso hay que beber el tercer express del día y poner a Marvin Pontiac. Después bajar a recoger la revista de arte en la que uno escribe y por la que pagan un puñado de dolares que le cabe en el puño a un recién nacido. "Siempre serán buenos para una borrachera", dicen mis allegados (mis allegados son aquellos amigos que llegan a mi casa sin invitación y vacían la cava). Chet: no estoy para deprimirme el día de hoy. Una opción para sobrellevar el tedio posprandiático es disfrazarme de mujer e ir a apoyar a las adelitas amloadas-amoladas o reciclar alguna vieja credencial de periodista e ir a solidazarme con los legisladores hambreados. Esto último lo acabo de desechar: digamos que no soy un hombre propiamente gordo sino bajo de torax, ergo, de excelentísimo ver para un senador con hambre, y como la neta no quiero que le hagan honor a su distinguidísima investidura, mejor me quedo en casa. Pero la tarde está tequilera. Ya está: hoy nuevamente, como todas las semanas, recalaré en la barra favorita de mi bar no tan favorito para beber Herradura blanco, tomar cubanas sin hielo y evitar que Morc quiera madrearse a alguno de los parroquianos próximos cuando digan "Pinches estudiantes terroristas; se merecían que los bombardearan.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/15/2008 04:29:00 PM

domingo, abril 06, 2008

 

Rutas cortas

El problema de dedicarse a la literatura es que siempre se cohabita con frases incómodas que, por donde se las vea, son naturalmente inicuas. Recién leo: "Mi mente debe de algún modo, por intoxicada que esté, tomar atajos". Los atajos, se sabe, son rutas más cortas para llegar a buen destino; pero no necesariamente más confiables. De hecho, las únicas personas que conozco que sabían tomar los atajos correctos eran los Dukes de Hazzard, y ya. Cuando los taxidermistas de las ciudad de México -esos curiosos personajes que insisten en movernos la piel con su reputada habilidad para dar vuelta en U donde no se debe- deciden tomar un camino más corto, la certeza viene no de su posible conocimiento de la ciudad sino de las innumerables veces que han atracado a nuestros amigos cuando su chofer toma las veredas inextricables de la Doctores. No sé de qué manera la mente pueda acortar la ruta, sobre todo cuando está intoxicada (estadio en el que, todo mundo sabe, no hay que manejar, bueno, lo saben todo menos el conductor de la mente intoxicada). No sé tampoco cómo se hallan atajos (pensar nada más en las numerosas vías cortas de mi cerebro me causa regurgitaciones) y mucho menos sé por qué estoy escribiendo mamadas hoy día, domingo con cambio de horario, cuando debería estar terminando cosas no más serias pero acaso un poco más remuneradas y espiritualmente más honorables. No obstante, aunque cualquier vivo pueda reflexionar al respecto, todos sabemos quiénes tienen la respuesta adecuada: los porteros de futbol, esos gloriosos ases de la aviación bajo los tres palos que saben también atajar.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/06/2008 11:23:00 AM

lunes, marzo 31, 2008

 

Hugo fuera

Esperemos que la salida de Hugo Sánchez haga regresar a los mexicanos a pensar en los verdaderos problemas del país, por ejemplo, dónde festejaremos el campeonato del Cruz Azul ahora que lo consigamos en un par de semanas. En todo caso, para cerrar el vodevil, me sumo al clamor popular: Chucho Ramírez a la selección.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/31/2008 03:38:00 PM

viernes, marzo 21, 2008

 

Revalídeme, Vargas...

Cuando el alcohol produce un efecto en cierto modo ajeno a nuestros cálculos preliminares, hay una sola ruta posible: reiniciar nuestro disco duro, esconder las lociones dulces y buscar la cerveza más cercana.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/21/2008 01:20:00 PM

jueves, marzo 13, 2008

 

Exigencias
Mis clases en la facultad oscilan entre dos vertientes, en realidad los únicos temas que conozco. Por un lado está la dualidad alcohol-futbol, que siempre empieza con una apología contrapunteada del ajenjo y el Cruz Azul. Y por otro, tenemos el tema de las religiones posmodernas: el zapping y el cinismo. Todos sabemos que los hombres (esos beatos inmundos del sexo masculino) son seres básicos y basta que les den el control de cualquier cosa, aunque sea el de daños, para tenerlos felices (perdón por hablar de nosotros así, pero he sido alcanzado por el síndrome Hugo Sánchez: hablar de uno mismo en tercera persona. Ésa es la razón del porqué amo a las personas que, cuando les preguntan por teléfono si está Fulanito de Tal o San Juan de su Pinche Madre, responden "Sí, él habla. Cuando el mesianismo nos alcance: "Yo soy el que soy") (perdón por los numerosos paréntesis pero es un vicio congénito que me sirve de terapia y que me ha valido el mote de "El abominable hombre de los paréntesis". Así que llevo los paréntesis como el Duende verde carga sus bombas matarañas. Beware). Por eso el zapping se piensa como un acto avanzado de fe y las comunidades civilizadas lo han adoptado como una dinámica que puede evitar guerras, empezando por las domésticas (aquí hay que ser un poco tolerantes, todo en pro de la armonía, y dejarle en un canal cuando nuestra pareja lo exija. Lo dicho: seres básicos). El cinismo, por su parte, tiene un desarrollo más elevado por no menos común.
Pongamos como ejemplo la excrisis ecuatoriana-colombiana, aderezada por un ingrediente adicional que ya es natural pasar por alto: mexicanos muertos. Que haya paz en Sudamérica no tiene precio; que Chávez retire sus tropas de la frontera, no tiene precio; que Uribe diga, en un reconocimiento natural a su propa estulticia, que no pensaba que la política fuera tan difícil, no tiene precio; que Correa haya dado lecciones de timing político, no tiene precio; que no sé cuántos mexicanos hayan muerto en un bombardeo en un país extranjero, tiene el precio que se les ponga a su cabeza (muerta) por ser terroristas. Mirad, ínclito lector: no se pide una explicación, en principio al gobierno ecuatoriano -que fue donde los mataron-, sino que se les investiga por sus posibles vínculos con las FARC. Cómo se llama eso: cinismo. Entonces le leemos a "intelectuales", a los que hemos perdido desde antes de que nacieran, pavadas de época. "Sí, que lástima que hayan muerto, pero qué hacían ahí", escribe Héctor Aguilar Camín en su artículo de Milenio de la semana pasada. "Sí, hay que condenar el bombardeo a Ecuador, pero hay que señalar también que Chavez finacia a las FARC, un hecho más ominoso que el primero", comenta Mario Vargas Llosa en su columna del domingo que publica como en cien periódicos del mundo. El escritor peruano incluso dice que Ecuador debería dar explicaciones de qué hacía un campamento de las FARC en su territorio y que si no sabía de su existencia estuvo bien que Colombia lo hubiera bombardeado. Lo sé, inverosímil, pero qué se puede esperar de alguien que hizo una defensa sistemática de Margaret Thatcher cuando era primera ministra. En el caso de los mexicanos muertos, el gobierno de este país debería preguntar y exigir una explicación de la muerte de sus ciudadados. Si las razones no son las convincentes, tiene que iniciar un juicio legal (que debería seguirse casi de oficio), amparado en el derecho internacional, en contra de quien resulte responsable. Pero no estar buscando nexos de las FARC en México, un país en donde ese ejército (hay que llamarlo por su nombre: aunque el gobierno colombiano insista en llamarlos terroristas, diez mil efectivos armados con ubicación muy concreta no son una parvada de cuatreros) no se manifiesta, pone bombas o secuestra candidatos a la presidencia. La exhibición policiaca de Aguilar Camín sobre Lucía Morett sólo pretende desviar la atención de un problema inmediato que busca una resolución: ¿quién hirió a Morett, quién mató a los demás estudiantes mexicanos? ¿Fuenteovejuna? No: fue el ejército colombiano, mandado por su jefe, el presidente Uribe. Pero como el cinismo es ahora la mayor cualidad de los gobiernos conservadores de derechas que existen en el mundo, se pretenderá, entonces, tapar el sol con un dedo, evocando (no de Evo Morales sino de apelar) a un silogismo deprimente: estaban ahí, ergo, eran de las FARC; si las FARC son terroristas, entonces los mexicanos ahí eran terroristas. Y todo terrorista debe morir, no importa su nacionalidad, sin juicio previo. Así como Vargas Llosa habla del gesto mussoliniano de Hugo Chávez cuando envió a sus batallones a la frontera, yo también me pondré la camisa negra y, con Juanes (para tener un apoyo colombiano), diré: "A ver, señor presidente Felipe Calderón, sea un poco menos cobarde, haga su chamba y déle un poco de justicia a este país y sus ciudadanos".

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/13/2008 12:43:00 PM

jueves, marzo 06, 2008

 

Ya no hay moral (ese árbol que da moras)

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador:

"Tengo un cuadro de un bodegón en mi comedor, qué cuadros puedo poner en mi sala".

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/06/2008 10:55:00 AM

martes, marzo 04, 2008

 

Colombia-Ecuador

Mi reino por que Felipillo tuviera un poco de Correa.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/04/2008 12:32:00 AM

lunes, febrero 11, 2008

 

Nowadays

La pregunta ha dejado de girar en torno al olvido. Ahora es otra, más vasta, más entrañable. Es una colección de sílabas dichas en la barra de un bar (de un tiempo a la fecha, la morada perfecta). Ya no es, pues, cómo olvidar sino cómo acomodar las cicatrices para que su ordenamiento sea menos doloroso. Las mías ahora se confunden como agua tibia (unas son de sol; las otras son como de naturaleza muerta con flor). Por eso la sávila hay que ponerla ahí en la llaga para que la punzada disminuya. Ésa es, ya lo puedo saber, la duda: el origen de las lágrimas, porque son demasiadas y de nuevo el agua tibia, ahora con un dejo de sabor salado, una minucia indisoluble que pasa por ese gran corazón que, insisto goddamn, todavía late (aunque con mucho esfuerzo). El misterio pasa por el rostro de una mujer bella o por el amanecer indescifrable de los días Gehry o por el voluptuoso olor de todos los granos de café que hay en esta tierra y en esta Tierra. Deme un pulmón, señor, pero bien curadito; no, que no sea dulce, que esos sabores ya no los reconozco. Démelo, pues que ya dejo caer su savia por el bigote sólo para escuchar el ahora eterno no me nace. El tema es el de la carta que nunca fue escrita y nunca dejó de ser carta. La botella se ha roto en una marejada de plancton insano y el papiro ha pasado a ser la mímesis de Ahab y su redentor (otra vez el agua tibia y los seres minísculos que han salvado la letra de la carta. Mis palabras son ya organismos de mar, sirenas, chingao, para llamarlas por su nombre, aunque sea sólo una). Entonces el olvido pasará por una mujer quitándose la piel detrás de un automóvil mohoso o quizás por el frío vaho del que se desprendió la frase "vamos por unos taquitos". Rojo salubre y entibiado, y el amor entubado, claro ("¡Entiéndelo: jamás...!"). Ah, pero qué insulto a la piel es la obstinación, y sobre todo la obstinación frente la certeza (que no claridad) y el tiempo transcurrido. Y el tiempo transcurrido. Y el tiempo transcurrido. Que quemo mis naves por un teléfono de veintes; pongáselos a la voz y bánquese de nuevo la exhibición inicua del corazón abierto, del vientre enllagado y de unas gafas oscuras que jamás volverán a ponerse de la misma forma. En la certeza se lleva la penitencia: soy una ola ingobernable en un acantilado fantasma.

CAS


posted by Carlos Antonio at 2/11/2008 07:54:00 PM

viernes, diciembre 28, 2007

 

Hipertensión

Se dice que mata lentamente (aunque cada segundo de vida sea un asesino serial inevitable). También que una vez con ella es imposible echar atrás la cuenta regresiva (es el único reloj perfecto: jamás se descompone. Relojeros somos y en el camino...). Lo cierto es que la sensación es como de ahogo, como si la sangre quisiera salirse del cuerpo (un poco de lava en las arterias). Y empieza por la cabeza. Por eso la hipertensión ahuyenta los orgasmos: la eyaculación masculina es proporcional a la punzada en la cabeza (aunque bien pudiera ser, asimismo, un hachazo en el entrecejo). Pulsación y pulsión es la equivalencia perfecta en un henchido cuerpo de presión alta. Una vez que se detecta hay mil formas de engañarla, aunque al final siempre aparecerá su fugaz redentor. Las bolas altas, pues, pero no las destas sino las que se beben a lo largo de la jornada. Se baja la presión con jaiboles bien puestos en los vasos sanguíneos (también sirven si van directito a cualquier estómago mallugado, o sucio, como con el que amaneció Thomas Mann un día lluvioso de 1924). Bloody highball... and Mary(juana). Nevertheless, beware: el whisky puede ser contraproducente para aquellos de presión baja, digamos 90-60, pues puede llevarlos a un 60-30, 40-10, o así. A mi papá, que era abstemio (menudas paradojas éstas de las descendencias filiales: padre abstemio, hijo beodo), lo llevé al hospital mientras sufría una especie de infarto silencioso. Al llegar, el médico de urgencias me dijo que había llegado con presión cero. Mi papá, que padecía de presión alta, había descendido en pocos minutos a ese estadio en el que los corazones dejan de latir, la sangre de fluir y el llanto de la memoria empieza a buscar cicatrices que detengan la hemorragia eterna de los hombres justos. 16 horas duró vivo el cuerpo que en la mañana había amanecido sin ese caudal carmesí que inunda a los que todavía respiramos. Por eso la presión alta es un matador taciturno: avienta por la borda de precipicios inexistentes que se van formando a la par de la caída. Así es, pues: la vida depende de umbrales diastólicos y sistólicos, ahí donde los brazos y bazos apretados son mero pretexto para medir un poco más las vibraciones cotidianas. Es entonces necesario chochearse día a día, asumir que de aquí en adelante uno dependerá de una pastillita, mínima, inocua, pero que salvará corazones (a mi hermana, sin embargo, le curó los dos riñones y quizás ya no tenga que donarle uno). Bendito enalapril. Lo curioso de reflexionar sobre las patologías es que uno se hace más humano y, por extensión, más consciente de la vulnerabilidad personal, palmaria, indómita. Pero la sangre sigue fluyendo con sus vaivenes enérgicos, sus altibajos en su marea-cefaléa, su catarsis incompleta y fatua, sus orgasmos mal habidos (bánquese el dolor o asuma el ascetismo como los íntegros), su lenta e inevitable certeza de jamás hallarse (por lo pronto) en un baumanómetro de dos ceros y una línea horizontal en el electrocardiograma. Tengo 35 años y je m' acusse: soy hipertenso. Que la vida sea.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/28/2007 12:45:00 PM

miércoles, diciembre 19, 2007

 

Colin White

Conocí a Colin White en 1993. Yo estaba en el segundo o tercer año de la carrera y Horacio Cerutti, mi asesor, me dijo que fuera a verlo. Tenía una pequeña oficina en los pasillos de las coordinaciones de la facultad. Le dije que para mi tesis de licenciatura quería trabajar La tempestad de Shakespeare y su impacto en América Latina. Colin frunció el ceño y me dijo indignadísimo: "¿¡Impacto!? ¿Estás seguro de lo que dices? ¿¡Impacto!?" Fue por ello que en esa tesis, que ahora es un libro, jamás utilicé la palabra "impacto". La cambié por una menos arriesgada, menos temeraria: "resonancia". Pero ésa fue una palabra acuñada en mis labios por el propio Colin y, de alguna u otra manera, le dio un sentido distinto a ese trabajo.

Nunca fui alumno de Colin, pero cada vez que lo veía por los pasillos me saludaba afable, con esa sonrisa inescrutable e irónica que seguramente apuntaba a algo así como "ahí va otra vez ese güey impactante". Porque Colin, si algo tenía, era una memoria admirabilísima y un humor tan british que sólo alguien que construyó un barco en el jardín de su casa podía tener. Años más tarde, después de la tesis de maestría, aterricé de nuevo en los escritores ingleses cuando entré en el doctorado. A la hora de armar el comité tutorial, al primero que mencionó Hernán Lara Zavala, mi nuevo asesor, fue naturalmente a Colin. Ahí fue mi verdadero acercamiento a él. Habrán sido seis o siete veces en que nos sentamos en la cafetería de la facultad a platicar sobre mi trabajo. Entre otros sapientes comentarios sugirió que Graham Greene se hizo mal escritor desde que se convirtió al catalicismo, ergo, como desde los veinte años, y que Malcolm Lowry era un perfecto desconocido (nunca me lo dijo, pero podía intuir que ni siquiera lo consideraba escritor). Una vez me vio con un libro de Somerset Maugham; lo tomó, me miró con su célebre mirada sardónica y lo aventó sobre la mesa. "¿Por qué pierdes tu tiempo leyendo esto?".

Quizás la última vez que platiqué con él en forma fue hace un par de años durante mi examen de candidatura a doctor. De todos los sinodales fue el más bondadoso (y breve); los demás, como es natural en este tipo de evaluaciones, pusieron su crítica más baja en la yugular. Ahí me dio su último consejo: "Lee el último libro de ensayos de V. S. Naipaul". Ese mismo invierno lo compré en Estados Unidos. Colin White nunca fue mi maestro en el aula; sin embargo, sus enseñanzas trascendieron acaso el recinto universitario, pues de esos pocos aunque intensos encuentros pude aprender un poco más sobre la vida. Y eso a veces ni en el salón de clases se obtiene. Ciao, Maestro.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/19/2007 08:42:00 AM

lunes, diciembre 10, 2007

 

En el teatro

Dice Gerardo Vera que las plateas y galeras en un teatro le producen dos cosas: vértigo y esperanza. A mí también me sugieren dos cosas: vértigo y certeza, certeza de mi pobreza.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/10/2007 09:37:00 AM

jueves, noviembre 15, 2007

 

Anoche

El celular de Arturo sonó mientras tomaba su trago.

-¿Qué transa, pinche Nietzsche?

-...

-Ya te lo había dicho, Nietzsche, pero te encanta poner en mi boca palabras que no he dicho.

-...

-Tampoco las pienso, güey. Tú lo sabes bien, Nietzsche: cuando se trata de polemizar lo hago, pero ésas son mamadas.

-...

-¿Qué quieres ahora, ca'on?

-...

-No mames, pinche Nietzsche: tas pendejo.

-...

-Cámara, pues Nietzsche; ai´te ves.

Colgó.

-Ese güey es un ojete -dijo-. Ándale, sírveme otra cuba, pinche CAS.

Bebimos el resto de la noche.


CAS


posted by Carlos Antonio at 11/15/2007 12:26:00 PM

lunes, octubre 22, 2007

 

Certeza

¿Qué cosa hay más horrible que una botella de alcohol vacía?
R= Un vaso vacío

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/22/2007 01:33:00 PM

jueves, septiembre 06, 2007

 

Murió Pava

Desde la muerte de Octavio Paz no sentía tan fuerte un deceso ajeno. El tenor más grande, pues.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/06/2007 03:35:00 AM

martes, septiembre 04, 2007

 

12 horas de exilio en las rocas
(y en el agua)

Se dice que, un día, el gran Vincent van Gogh, después de pasar una tarde bebiendo ajenjo con Gauguin, su amigo y compañero de casa, se cortó el lóbulo de la oreja izquierda; acto seguido lo puso en un sobre y se lo dio a una amiga prostituta. La historia cuenta que le dijo: "Guarda este objeto cuidadosamente". La amiga, sobresaltada por la procacidad, llamó a la policía y Van Gogh fue puesto tras la rejas. La oreja fue conservada en alcohol como evidencia de la fechoría. Se dice también que Van Gogh había amenazado antes a Gauguin con la navaja utilizada para la mutilación. Algunos años atrás, en 1873, Paul Verlaine, borracho y en un ataque de histeria, le disparó en la muñeca a su examante, Arthur Rimbaud. Rimbaud salió corriendo a la calle y se refugió en un policía. Verlaine, que lo había seguido a punta de balazos, fue arrestado. Estuvo en una cárcel de Bruselas, sin beber, durante un año. Dylan Thomas y Malcolm Lowry, sin balacear a alguien o cortarse algún miembro querido, pero sí visitando las cárceles, simplemente murieron de sendas congestiones alcohólicas. Hart Crane, por su parte, por no haber sido correspondido por un marinero a bordo del buque Orizaba, y con más alcohol en la sangre que sentido común, decidió lanzarse por la borda en el Golfo de México. Como estos cándidos episodios, tomados así, como mero capricho azaroso, hay millones más sobre del trago y sus secuelas; la embriaguez y sus rutas insondables; el alcohol y sus exilios inescrutables.

¿Cómo se llega, como los antes mencionados bergantes, al exilio alcohólico? O más aun: ¿qué existe en esos senderos inconfesables donde ya no se hace pie y lo único que resta para la salvación, para la vuelta a casa, es el arrastre de lengua? Si alguna de estas preguntas puede ser contestada, pues no hay forma de radiografiar a plenitud la nebulosidad, será como una aproximación al estado in crescendo de la borrachera; como una suerte de sensación omnímoda cuyo único propósito al beber una cerveza sea estrictamente terminarla para pasar a la otra; como la narración, lujuriosa y bienandante, de lo que sucede en el juego de las rocas y el agua. Las consecuencias por beber alcohol son de las pocas certidumbres en el mundo sensible; la única manera de alcanzar esa fase es padeciéndola, pensando que la batalla no se tiene ganada ni perdida de antemano. Embriagarse es transformarse en Jacob y su lucha con el ángel para ser heridos; es haberle visto la cara a Dios y sobrevivir. Llamadme Israel.

El exilio alcohólico no es voluntario: es, más bien, el único camino posible aunque se desconozca el destino. Tampoco existe la certeza de un retorno natural. La delgada línea sobre la que se transita es lo suficientemente benévola como para permitir un regreso consciente. De ahí que se ande sobre ella en bicicleta, con una jabalina entre las manos para figurar el equilibrio. ¿Pero cuál equilibrio si tres botellas de whisky hacen trazar eses invisibles sobre el pavimento? Nadie recupera la ondulación de las eses; nadie camina de nuevo por la ruta explorada por un gran bebedor, por ese héroe expresionista cuyo mayor anhelo es un poste de luz. ¡Mi reino por que el suelo deje de moverse! No navegaré más por esta ría (nadie, sin embargo, bebe dos veces la misma agua). Ahí mismo, en ese estado al cual todavía no se llega, suelen venir reflujos incontenibles que dominan los esófagos; regurgitaciones bien puestas que hacen del poste, de la calle, de las eses, un fresco de época. Una instalación como la que hay ahora mismo en mi comedor. Sugiero una humilde estampa: Objetos inmorales ocupan la mesa. En su mayoría son botellas vacías (también hay restos de algo que alguna vez fue un vaso: mi amigo Fuc se encargó de comprobar la ley de la conservación de la materia haciéndolo añicos); sinceramente, le dan un toque místico al arreglo. Los ceniceros están llenos de colillas: podría aventurar que se acabaron cerca de cien cigarros. Dos vasos de vodka tonic a la mitad adornan una de las esquinas de la mesa; en uno, la cáscara de limón flota en la superficie al lado de una colilla. Es, sin embargo, una composición armoniosa. Vodkacigarretonic. Además hay mitades exprimidas de limón que desprestigiarían al más voluntarioso bodegón (valga la tautología). The remains of the night, my friends. La sucesión caótica de recipientes para hielo hace pensar que fueron otros los convidados a beber ese día, visigodos acaso. Ahora, a la distancia, es este cuadro la única evidencia de que acaso existimos alguna vez y no fue Dionisos el único testigo de nuestra suerte. Mi casa lleva así casi una semana y creo que la dejaré tal cual unos días más: no siempre tengo una instalación artística de alta escuela en mi comedor.

De esos viajes no se regresa jamás. Trago dado ni Dios lo quita. Pero hay que empezar por el principio, por la bebida iniciática, ésa que se ingiere antes del mediodía (y aquí lo aconsejable es esconder cualquier loción que esté al alcance, sobre todo las dulces). Electrolitos son lo que se exige por la mañanas para equilibrar la sangre; cerveza con limón y salsas hasta compensar la falta de sales, sopesar el cuerpo deshidratado; en suma, iniciar el proceso de desintoxicación. (Abro aquí un paréntesis para hablar de una infusión de tránsito que puede formar o no parte de la ruta: el pulque. De origen magueyero, el pulque debe beberse como agua y se sugiere llevarlo en caminatas por el monte. El primer trago de esta viscosa bebida siempre es un poco complicado pero, una vez que uno se acostumbra a su densidad espermatozoideana y a su terso y lento descenso por barba y bigote, los vasos entran en caída libre sin reflujo ni gorgoteo. Después de tres pulques adentro, uno ha engullido una comida corrida de la fonda de la esquina, pues es el equivalente a cuatro bisteces. El efecto de esta bebida suele ser afrodisiaco y, como se diría vulgarmente, aligera los cascos. Quizás el único brebaje que logre una sensación similar sea el mezcal. A la entrada de toda pulquería siempre habrá un personaje vendiendo objetos misteriosos al son de "¡A ver, jóvenes, qué les doy además de lástima!").

El puerto empieza a perderse de vista y el regreso podrá ser hasta dentro de veinte años, por más que hablemos de un sólo día (a Escila y Caribdis no se les vence en una jornada). El exilio alcohólico, insistiré para despejar las dudas, no es voluntario; por más que uno haya elegido la nave y la botella, los rumbos siempre serán fortuitos y las causas del abordaje inexplicables. Por eso es necesario hablar ahora de la isla al mediodía y del pomo vacío de tequila que deberá lanzarse desde ahí. Porque, se sabe, lanzar botellas llenas al mar no sólo es una tontería porque se hunden sino que (perdón por el oxímoron tan de mal gusto), a secas, es inmoral. El primer tequila se bebe de un trago y su consecuencia es un destierro abominable (de nuevo un oxímoron, doble ahora porque recordemos que seguimos en la isla al mediodía y no hemos regresado al agua, bueno, nada más al tequila, pero seguimos en tierra firme). Los tragos posteriores son para ir a galope firme en nobles corceles. En los caballitos de tequila no hay marcha atrás, ni siquiera una ínfima e insignificante mirada para amainar la nostalgia. Babieca y Rocinante en el derby del ostracismo El exilio tequilero es la búsqueda tenaz de horizontes. La isla al mediodía se abandona y el mareo por las olas removidas, por el agua ardiente del sol a plomo, se incrementa. A lo lejos, en la isla, unas vacas observan su sino eterno.

Entre la una y las tres, las cartas de navegación indican una ruta perfumada. Doblar a babor (a la izquierda, siempre a la izquierda) e iniciar el tránsito suave: la ginebra, la hora de los martinis secos (sin agitar). La temperatura aumenta y las comisuras se vuelven reflexivas; catan si es el momento de iniciar la fuga final, el confinamiento último a otras profundidades. La forma de tomar ahora es lenta y se levantan las cejas obscenamente (intuyen la expatriación); es aristócrata aunque el ceño ya sea piramidal; es implacable y las ranuras de la frente, parcas e inefables, perciben un destino indómito. Echemos el ancla para hacer de la carraca una barra interminable: el bar fugitivo para los que busquen refugio en el destierro. Que vengan el bourbon, el scotch (pero sostened los doce años, goddamn, doce horas al menos); que el ron sea el artilugio perfecto para negociar con los corsarios que vienen a por nosotros y la charanda la panoplia adecuada para dominar a los bellacos que planean el motín a bordo. Vodka para los vikingos malsanos y calvados para los mariscales de la alicaída armada francesa. Repartan sake, cachaça y ouzo entre los recién llegados. Háganlo, pero no toquen los toneles de mezcal ni de ajenjo: esas botellas son para beberse entre la gente seria.

Prolegómenos a una teoría para beber el mezcal

El mezcal se toma entre dos dedos y se vierte en la garganta como quien ingiriere la eternidad. Después se sabrá que la infinitud es vacua y el shot es sólo un instante perpetuo (aunque ahora, después de haber bebido gran parte del día, el intestino delgado y la vena porta son mangueras ideales para dotar de aguardiente a una multitud sedienta. Pero seamos respetuosos...). No obstante, el mezcal, a pesar de sus detractores, no es un trago que orille al exilio; es, más bien y en línea directa con su gusano de maguey que siempre busca tierra firme, una bebida de cabotaje. Con el mezcal siempre se regresa a tierra y se vuelve al mar: su característica particular es que cuando se está a punto de perder de vista la costa se regresa a ella (aunque la vista se pierda). El problema, y es acaso por lo que algunos estudiosos la han llamado una bebida propia del exilio, viene de que "tierra a la vista" es mero espejismo de los tripulantes. La navegación de cabotaje se transforma en ilusión: el crimen perfecto. Beber mezcal es estar a la deriva, en el exilio permanente donde la búsqueda por el camino de vuelta será siempre infructuosa. Beber mezcal es sentirse perro, un dog, un god malnacido al que lanzarán a una barranca desde la barraca. La barra se deshace de su ca. Beber mezcal para sentirse, a la vez, bala invisible de cañón y hada transparente suspendida en el aire.

Consideraciones sobre la repatriación en una botella de absinth

En la fée verte (el hada verde) hay anís, hisopo, toronjil, cálamo aromático, así como cilantro, manzanilla, perejil e incluso espinaca. Hipócrates, por ejemplo, la recomendaba para el reumatismo. Pitágoras sugería tomarla con vino para resolver problemas hepáticos. En la literatura, la palabra aparece en un pasaje de la Biblia (Proverbios: 5,4); también Hamlet dice dos veces la palabra wormwood (ajenjo) a la mitad de la representación del Asesinato de Gonzago en la tragedia shakespeareana. Manet, Maignan, Degas y Picasso pintaron botellas de ajenjo; Oscar Wilde escribió: "The first stage is like ordinary drinking, the second when you begin to see monstrous and cruel things, but if you can persevere you will enter in upon the third stage where you see things that you want to see, wonderful curious things". Si se piensa que ninguno de estos expatriados regresó sobriamente a su tierra (salvo a esa donde ya fueron alimento de los gusanos de maguey), la navegación en botellas de ajenjo no es conveniente. El absinth adormece las lenguas cautas y desanida las pasiones de los cíclopes marinos: primero es ver con un ojo; después con ninguno. El paladeo del hada verde hace seguirla, como canto de sirena, para llegar a Naxos, saludar a Ariadna y acuchillar al traidor Teseo; hace producir Polonios en serie y asesinar el bosque que se mueve; pero no es el bosque aunque sea verde; sigue siendo el agua y sus bondades, la navegación circular de los ochenta grados a estribor de alcohol: el follaje inalcanzable del horizonte. Sé verde, soy verde, verde que te quiero verde, merde que te quiero merde, y es ya la tierra en el agua. El hada suelta al monstruo en su laguna verde.

El retorno es incierto. La nebulosidad cierra los caminos posibles. La sangre es un líquido explosivo: un pequeño cerillo incendiaría sus arterias. Los pasos van de pared a pared y el aire del amanecer adormece más las piernas magulladas. Pero en este sendero puedo cagar, dormir. Creo que de aquí soy. Que se hunda el barco. Soy un náufrago irredento, un exiliado indisoluble.

CAS

Texto publicado en el número 48 de la revista Luvina.


posted by Carlos Antonio at 9/04/2007 11:05:00 AM

viernes, agosto 17, 2007

 

Mesa redonda en torno a Joseph Conrad


CAS


posted by Carlos Antonio at 8/17/2007 11:11:00 AM

 

Carlos Monsiváis sobre Sergio Pitol

"Nadie como Pitol en la tarea de desenmascarar a sus personajes. Recuerdo ahora lo que me refirió Margo Glantz de un viaje que hicieron a Cadaqués: Sergio la convenció de que dos dulces viejecitas que administraban un hotel eran una pareja de monjas húngaras que habían huido del convento por el temor a amanecer un día convertidas en santas. Y en ese mismo viaje Pitol concluyó del trajín de los meseros de un restaurante decadente su pertenencia a una organización secreta que a la medianoche le rendía homenajes poéticos a la comida indigerible, la que le preparaban a los clientes ya tan perdidamente adictos que se quedaban a vivir en Cadaqués para siempre".

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/17/2007 10:49:00 AM

jueves, julio 19, 2007

 

Ciao, Negro

De nuevo los grandes se van pronto: hoy murió Roberto Fontanarrosa.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/19/2007 10:02:00 PM

lunes, junio 04, 2007

 

Bienvenida, Juno

________"Transportarán un cadáver por expreso". Las horas han dejado de contarse en bloque; ahora los segundos se miden por suspiros insoslayables. Uno, dos; uno, dos. Hablemos, pues, de los náufragos invisibles y del preludio inacabable de lo que vendrá al rato. La sugerencia es la siguiente: saltémonos el verano y que venga octubre como bala de cañón. No sólo es el calor, sin embargo, el que enllaga las voluntades; hay también otras certezas que se abonan al tiempo diluido en la acera de enfrente. Vamos a recapitular. Hoy mataron a balazos a dos personas en una funeraria que está a seis cuadras de mi casa. No puedo tomarlo de otra manera más que como una señal divina: me salvé. Bueno, en realidad no tenía nada qué hacer en ese lugar, pero fue muy cerca, y quién quita que en una de ésas yo fuera pasando por ahí o se me ocurriera hacer una crónica o simplemente fuera a chupar un poco de café con ron ahora que mi cava está vacía. Pero no fue así; entonces congratulémonos de las veces en que me he salvado los últimos meses.

Ante todo, y es necesario dejar en claro mi posición, trato de ser escéptico en la vida, y digo trato porque desde que me obligaron a ser padrino en un bautizo hace un año, el trato con Nuestro Señor ha sido un poco más afable, un poco más fluido y en una de ésas hasta me convence. Pero como todavía no sucede, hay que enumerar los hechos uno por uno: me he querido matar a mí mismo tres veces distintas. Y es importante acotar el "matarme a mí mismo" porque es un acto que nada tiene que ver con el suicido; el suicidio es voluntario y normalmente uno tiene éxito (aunque existen tarados que no lo logran). "Matarse a sí mismo" es un acto involuntario, como es menester narrarlo a continuación. La primera vez ocurrió cuando se me olvidó cerrar la llave del filtro que uso para beber agua purificada. Como los dos pinches cuartos de azotea que forman mi célebre penthouse están uno al lado del otro, y la recámara está a tres metros de la cocina, el agua estuvo a punto de llegar adonde están todos los cables (así se va a llamar mi siguiente libro, Todos los cables): el de la tele, la compu, un adaptador de picos, el regulador, la impresora, la contestadora, el sacapuntas, etc. Sobra decir que si el agua hubiera llegado me rosariocastellanizo en el acto y en tres cuadras a la redonda se hubiera ido luz.

La segunda vez fue un acto de despiste similar pero mucho más misterioso. Cuando me levanto en las mañanas suelo poner la cafetera para empezar a trabajar. Aquel día, como todos, llevé a cabo la misma rutina, salvo por un pequeño detalle: no puse el recipiente del café. Entonces el café recién hecho de los Altos de Chiapas empezó a expandirse por varios aparatos eléctricos sobre los que está la cafetera. Insisto en la corta extensión de mi casa, así que para caber más o menos, la distribución de la cocina debe ser exacta. Está el refrigerador; encima, el horno de microhondas; arriba, la cafetera y la licuadora. A un lado, del horno hay un adaptador de picos en donde están las conexiones de los aparatos. El tema fue que el café de los Altos empezó a caer allá en los ídem y mojar sucesivamente la cafetera, la licuadora, el horno y la parte frontal del refrigerador. Estoy seguro de que fue ese conato de volverme converso en el bautizo, lo que hizo que el café no llegara a la cosa de picos y mi casa no se convirtiera en la bolsa de palomitas más grande de la historia. Ya veía los titulares del día siguiente con su encabezado bodegonezco: "Palomitas al café con escritor".

La última vez ocurrió hace poco. Yo venía de chupar tranquilo con unos amigos, como siempre lo ha exhibido mi conocida efigie de hombre íntegro. Como no había cenado, abrí el refrigerador para tomar un vaso de leche. Sin embargo, debido a que muy probablemente le había caído algo de café a la maquinaria del refri, mis alimentos, incluida la leche en su tetrapack metalizado, estaban congelados. Fue así como realicé uno de los actos más estúpidos de los que se tenga memoria en varias vidas: metí la leche deslactosada y sin grasa al horno de microhondas. No hubo de otra: el horno empezó a tronar como si sus entrañas sufrieran una sesión de fuegos artificiales de época. Al principio pensé que la leche en hielo y el calor del microhondas no se llevaban; ya después dije sapientemente que era el tetrapack metalizado. Apagué el horno, corriendo el riesgo de nuevo de rosariocatellanizarme, y saqué le leche. Seguía echa hielo. La tiré y me dormí todavía pensando en fuegos artificiales.

Después de la narración-terapia de estás tres anécdotas, he concluido que no se me da eso de matarme a mí mismo, aunque lo haya intentado con diligencia. Para ello será necesario un factor externo que colabore en la tarea, algo así como la mancha voraz, el tapiz macabro o el yogurt asesino. Así las cosas, no hay más que darle la bienvenida a junio, mes del calendario gregoriano en honor a Juno, diosa de la maternidad (chet) y protectora de las mujeres (doble chet). También otra manera de matarse a sí mismo es echándose la soga al cuello.

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/04/2007 04:08:00 PM

viernes, mayo 11, 2007

 

Las amargas lágrimas de un próximo doctor en letras

El mayor problema de la escritura son las equivocaciones visibles que, paradójicamente, nunca son vistas. Por ejemplo, como ya lo hemos sugerido, se puede escribir Sake speare en lugar de "Shakespeare" o pisco analítico en lugar de "psicoanalítico", deslices, por lo demás, justificables. Cuando los dislates son ubicados y corregidos, no hay problema alguno. No obstante, puesto que a Nuestro Señor se le olvidó un punto fundamental cuando creó al ser humano, ergo, la perfección, hay que lidiar de repente con los desaguisados propios de nuestra esencia terrenal. Hoy día en que recibo varias señales providenciales para hacer mi futuro inmediato más halagüeño (entre otras, que el Cruz Azul ganará el campeonato), he notado un error incorregible que hace que un mamotreto de casi cuatrocientas páginas pierda sentido lógico y vivencial: en un apartado mínimo y casi irrelevante, en lugar de poner la palabra "objeto" escribí "espejo". Sin quererlo, he escrito La invención de Morel II. Ya los segundos empiezan a repetirse...

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/11/2007 11:25:00 AM

viernes, abril 20, 2007

 

No puede ser, deveras no puede ser

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "¿Cómo les digo a mis hijos que son ingratos?"

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/20/2007 01:02:00 PM

martes, abril 10, 2007

 

Iniesta

Y para seguir con los comentarios futboleros, Julio César Iglesias sobre el fino mediocampista del Barcelona, Andrés Iniesta: "En esa aventura [el futbol] sólo está resignado a los altibajos de la intuición".

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/10/2007 09:50:00 AM

jueves, abril 05, 2007

 

Simpleza

Ahora que los sistemas futbolísticos son rebuscados y obtusos (arítmética pura, pues: 4-4-2, 3-5-2, 4-5-1, 4-3-1-2, etc.), me viene a la mente una frase del gran bigotón Vicente del Bosque. Cuando le preguntaron al discreto y humilde entrenador español cómo era posible que el Real Madrid jugara también, él respondió con absoluto sentido común: "Mi trabajo es muy sencillo: se trata sólo de armonizar 11 voluntades".

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/05/2007 10:44:00 AM

lunes, abril 02, 2007

 

Duda compartida

"¿Qué es una mujer?"

Jacques Lacan


CAS


posted by Carlos Antonio at 4/02/2007 12:23:00 PM

jueves, marzo 08, 2007

 

Porn movies

Lo más emblemático de las películas porno son los nombres. Entre los de las mujeres encontramos actrices de época llamadas Serenity, Mary Carey, Sydney Steele, Dru Berrymore o Nikita Denise y, entre los actores, que en realidad son los partiquinos porque el consumo de porno es mayoritariamente masculino, están el legendario Ron Jeremy, Randy Spears, Tommy Gunn o Evan Stone. Pero el tema no se reduce a los pornstars: también los nombres de las películas adquieren relevancia notabilísima en nuestras sociedades. Así, encontramos títulos como Todos los hoyos, Ass-hole mío, She´s not lesbian... she´s a vaginatarian, Red Hot Chili-Chochos o I saw mommy eating Santa Claus (esta última censurada por las denuncias de traumas infantiles en las cortes gringas). No obstante estas joyas, los productores del cine porno no dejarán de sorprendernos. Hace poco, después de salir del doctor, me encontré un título que jamás me hará regresar a un consultorio médico: Abre la boca y di "Ah".

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/08/2007 12:16:00 PM

lunes, febrero 19, 2007

 

Traducciones

Una de las mejores frases de esa película As good as it gets, que en México se llamó Mejor ... imposible, es aquélla entre Jack Nicholson y una muchachita afuera de un elevador. Nicholson hace el papel de un escritor histérico y la muchachita es la secretaria de su editora. Al no poder aguantar más, la chamaca se acerca a Nicholson para preguntarle: "¿Cómo consigue describir tan perfectamente a la mujer?" El gran Jack, sin pensarlo, responde: "Pienso en un hombre y le quito la inteligencia y la responsabilidad". En los subtítulos de la versión en español aparece así, tal como está en el original. Por pura ociosidad esperé esa escena ahora que el canal 7 de TvAzteca daba la película. En el doblaje la frase de Nicholson aparece así: "Pienso en un hombre y le quito la razón y discernimiento". No cabe duda de que a algunos traductor@s les falta razón y, de repente, una pizca de discernimiento.

CAS


posted by Carlos Antonio at 2/19/2007 10:37:00 PM

miércoles, enero 17, 2007

 

La mente del poeta

"When oxygen and sulphur dioxide are mixed in the presence of a filament of platinum, they form sulphurous acid. This combination takes place only if the platinum is present; nevertheless the newly formed acid contains no trace of platinum, and the platinum itself is apparently unaffected; has remained inert, neutral, and unchanged. The mind of the poet is the shred of platinum. It may partly or exclusively operate upon the experience of the man himself; but, the more perfect the artist, the more completely separate in him will be the man who suffers and the mind which creates; the more perfectly will the mind digest and transmute the passions which are its material".


T. S. Eliot, "Tradition and the individual talent".

CAS



posted by Carlos Antonio at 1/17/2007 01:10:00 PM

martes, enero 09, 2007

 

Ni modos IV (hay que vivir de algo)

¿Cuáles son los lamentos más comunes de un corrector de textos?

R= ¡Mi espada y mi corona por una miserable coma! ¡Mi reina y sus púberes doncellas por un modesto punto y coma! ¡Mi reino y sus vasallos indomables por un insignificante, Dios mío, punto y seguido!

No obstante, está claro que hoy día nadie quiere ingresar en la realeza, ni siquiera los escritores.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/09/2007 07:17:00 PM

jueves, enero 04, 2007

 

The beginning

La única ventaja de terminar una tesis de doctorado es que es el mejor momento para empezar a escribirla.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/04/2007 07:35:00 PM

miércoles, diciembre 20, 2006

 

Duda

En El país del domingo pasado leí el siguiente encabezado: "La heroína se disparó en España". Nomás espero que no haya sido Batichica.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/20/2006 09:42:00 PM

lunes, diciembre 04, 2006

 

I agree...

Un amigo que era engañado por su mujer, me dijo el otro día: "Debí otelearla mientras ella hoteleaba. Fui un cobarde". I do agree...

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/04/2006 09:42:00 PM

viernes, diciembre 01, 2006

 

Morir en el asfalto

Tres veces he estado a punto de morir atropellado por personajes célebres. El primero en intentarlo fue Paco Palencia, cuando todavía era jugador del Cruz Azul. Enfrente de la librería Gandhi, detuvo su Corvette rojo a veinte centímetros de mi culo. Como me di cuenta de quién era, me quedé con la mentada en la garganta y el traidor siguió su camino. Ya veía los titulares de la prensa: "Escritor vándalo abolló coche de futbolista". La segunda vez ocurrió cerca de mi casa. Yo estaba cruzando la calle después de los cinco segundos de rigor que tras el alto deben esperarse (en México, la luz amarilla preventiva sólo sirve para que el automovilista aceleré y logre pasar la calle antes de la roja). Cuando bajé la banqueta, como otras tantas veces en las que he estado a punto de morir, sentí que me hablaba la virgen de Fátima (es la única en la que creo). Se trataba ni más ni menos de un individuo que tuvo la osadía de expulsar al maestro Zinedine Zidane en un Mundial: Arturo Brizio Cárter. Y como ahora al que había estado a punto de expulsar, pero de este mundo, era a mí, a él sí se la menté, total, un árbitro es el único ser humano capacitado para recibir mentadas. Sólo sonrió entredientes pensando "Lo hubiera ensartado en la defensa y después hubiera barrido el asfalto con su cráneo". La última vez fue hace algunos años. Digamos que el país se encontraba un poco menos convulsionado que hoy y uno cruzaba las calles con más tranquilidad. Craso error. Pondré los antecedentes: exactamente en contraesquina de mi edificio estaba la sede nacional del PAN, un lugar histórico para los panistas. Después se fueron a un búnker que construyeron también en la Del Valle, pero mucho más ostentoso. De hecho mi casa estuvo franqueada los últimos meses por la casa de campaña de Felipe (a dos cuadras y en donde más de una vez quisieron golpearme) y la de transición (a diez cuadras y que los últimos días estuvo resguardada por más granaderos que los que hay en una manifestación en la embajada gringa). Pues bien, corría alguno de estos años y yo cruzaba una calle. Sin saber cómo, tuve que realizar una evolución propia del más diestro clavadista para que una suburban, que seguro ya me había centrado, no llevara a cabo la fábula de "La aplanadora y el colchón" en seres humanos. Insulté al conductor; él no se inmutó. Cuando puede levantarme, noté que el potencial asesino era el tipo más insignificante y de bajos vuelos que había visto en mi vida. Y sin embargo lo conocía bien: se llamaba Felipe Calderón, líder del PAN en ese momento. Ahora, como en toda empresa privada, lo han ascendido. Por eso, de esta experiencia y con la seriedad que me da mi reconocida cualidad de hombre íntegro, sólo puedo concluir una cosa: el presidente de México me quiso matar.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/01/2006 06:30:00 PM

lunes, octubre 30, 2006

 

Shit happens II

El gran problema de disfrutar cotidianamente las olimpiadas etílicas es que las gratificantes pruebas iniciales como Levantamiento de tarro, Barra libre o Lanzamiento de jaibolina, siempre terminan con competencias menos dignas, verbigracia, Medio litro cúbico de regurgitación bien puesta, Bateo triple en la pista de baile y los famosos Diez metros con obstáculos de arrastre de lengua para llegar al coche.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/30/2006 08:04:00 PM

viernes, octubre 20, 2006

 

Veracruz-Cruz Azul

Hace unos 15 años estaba en el puerto de Veracruz. Mientras esperaba que mis amigos salieran de trabajar para agarrar la farra de carnaval, decidí de una vez por todas conocer el legendario estadio Pirata Fuente. Digamos que en esas épocas los Tiburones no le ganaban a nadie (ahora siguen sin hacerlo pero su uniforme está bonito) y su mayor fan, como buen gobernador, era Dante Delgado (después Dante fue a parar a la cárcel; desde ahí armó un partido político que hoy lo tiene posicionado en la cámara de diputados). Eran como las dos de la tarde. El sol era atenazador: los cuarenta grados estaban cerca. Llegué al estadio; intenté entrar: no había nadie. Le di la vuelta y encontré una puerta abierta. Seguía sin haber nadie. La entrada dirigía directo a la cancha (se trataba de aquella famosa puerta por la que en una ocasión un árbitro no quiso iniciar el segundo tiempo de un partido. La razón: en el primero había estado cerrada y ahora la habían abierto. El árbitro argumentó que eso era inequitativo para alguno de los dos equipos, sin explicar bien a bien para cuál. El segundo periodo inició cuando por fin la cerraron). Caminé hacia la línea de meta y la crucé con el pie derecho. El estadio estaba vacío y desde el córner contrario se podían escuchar mis suspiros. Arriesgándome a una inevitable insolación, caminé hacia la media cancha. Llegué al círculo central y me paré en el manchón de inicio. Ahí concluí que debía hacer algo que sublimara mi presencia en ese lugar sagrado. Así, sin más, me acosté al borde del ecuador de la cancha y extendí los brazos a mis anchas para dejar que el cielo iluminara de azul celeste mi crucifixión. Acto seguido, enterré en el césped un amuleto que llevaba en el pantalón: era un escarabajo de plástico que mi primera novia me había regalado. Después de colocarlo lo más profundo posible, inicié el conjuro: "¡Que en 15 años el Cruz Azul masacre a los Tiburones y clave un gol por cada año que pase desde esta fecha! ¡Que clave 15 goles, carajo, si es que hay un Dios en la tierra!". Alea jacta est. El sábado sabremos si Dios existe, aunque el cielo, ¡goddamn!, seguirá siendo azul y no rojo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/20/2006 11:51:00 AM

 

Sin aliento

Y ayer... Ute Lemper. ¡Goddess!

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/20/2006 11:42:00 AM

martes, octubre 10, 2006

 

"El loco"
Marcelo "El loco" Bielsa es un entrenador de futbol sui géneris. Técnico de la selección nacional de Argentina durante muchos años, Bielsa es quizás uno de los mayores estudiosos del balompié, pues sus estrategias renovaron las tácticas modernas de juego. También, según la prensa intolerante, se caracterizaba por su testarudez. En el Mundial de 2002, por ejemplo, se negó a cal y canto a poner juntos a Batistuta y a Crespo, cuando el clamor popular lo exigía a gritos. Pero no sólo es un gran técnico sino que su mayor cualidad como ser humano es la histeria. Cuando dirige un partido desde la banca no deja de dar vueltas como loquito y su ritmo cardiaco se acelera considerablemente. Un día, en el linde de la ansiedad, no soportó más y tuvo que salir de la cancha, ¡en pleno juego!, y darle un par de vueltas al estadio. Al regresar sólo dijo "Ya me siento mejor". Hoy día está retirado de los terrenos de juego y vive en la campiña argentina. Ahí se dedica a leer y escribir. Además, desde hace algunos meses, no ve un solo partido de futbol. Pero para perfilar claramente a nuestro letrado entrenador, basta citar una de sus frases célebres. Corría un partido de la selección argentina y la albiceleste era un desastre: perdían balones, no llegaban al área e iban perdiendo. Entonces, en un arrebato ya no se sabe si de lucidez o de desubicación mental, Bielsa le gritó a Carlos Tévez: "¡Carlitos, verticalizá la oferta de pases!". Es fecha que el ahora jugador del West Ham sigue preguntándose qué le habían querido decir.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/10/2006 02:27:00 PM

jueves, septiembre 21, 2006

 

Calderón y Stalin
Una reflexión sugerida por mi gurú, Slavoj Zizek, ha impedido que termine mi torta de pavo. Cito textual un fragmento del volumen La suspensión política de la ética: "En Historia del partido comunista (bolchevique) de la URSS, la biblia stalinista, se encuentra una paradoja única cuando Stalin (que es el verdadero autor del libro) describe el resultado de la votación en el congreso del partido a finales de la década de 1920: 'con una enorme mayoría, los delegados aprobaron unánimemente la resolución propuesta por el comité central'. Si el voto fue unánime. ¿dónde desapareció la minoría? Lejos de traicionar cierto giro 'totalitario' perverso, esta identificación es constitutiva de la democracia como tal". No es por ser pesimista, pero todo apunta a que la estrategia de Felipe Calderón cuando sea presidente de México será ésa: invisibilizar a la banda crítica, aun cuando ésta sea, como se ha visto, mayoría. En lo sucesivo, la frase de los panistas en el Congreso mexicano será, con toda seguridad, "ganamos por una mayoría unánime". Bien dice Zizek que en estos tiempos postideológicos la característica por antonomasia de la ideología es el cinismo, la ironía. Por eso mi siguiente libro se titulará, sin más, De Karl a Groucho.
CAS


posted by Carlos Antonio at 9/21/2006 05:40:00 PM

lunes, septiembre 18, 2006

 

So do I

"Tengo escrito más de lo que escribo".

Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/18/2006 12:34:00 PM

 

Alcoholismo inconsciente II
Ahora en lugar de escribir "psicoanalítico", puse por error "pisco analítico". Ya entiendo por qué la semana pasada me compararon tres veces con Bukowski, lo cual, sin embargo, no erradica mi indignación: Bukowski siempre fue mal escritor.
CAS


posted by Carlos Antonio at 9/18/2006 11:43:00 AM

martes, septiembre 12, 2006

 

Alcoholismo inconsciente

Después de citar el siguiente pasaje:

Do not forget. This visitation
Is but to whet thy almost blunted purpose.
But, look! Amazement on thy mother sits;
O, step between her and her fighting soul;
Conceit in weakest bodies strongest works:
Speak to her, Hamlet.

escribí, por un error de dedo, que el autor se llamaba William Sake spear.

Habla con él, Hamlet, que tiene un cuerpo débil.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/12/2006 11:32:00 AM

jueves, septiembre 07, 2006

 

Señales (I´m back)
Jamás he creído en las señales del más allá; tampoco en las circunstancias inverosímiles de la vida, pues siempre las pensé meras coincidencias, caprichos mafiosos del azar. Sin embargo, hay convenciones de las uno no escapa y atentan claramente en contra del escepticismo. Y a veces triunfan. Lo vaticinios, por tanto, en la medida que se cumplan, se convierten en mecanismos de cohesión social. Ya lo había dicho el gran sabio mexicano, Ángel Fernández: "Lo peor de pedirle milagros a un santo es que nos los cumplan". Desde hace algunos meses me había negado a aceptar la realidad que acompaña la puerta de salida de mi casa porque la consideraba, perdón por el adjetivo pero ya me daban ganas de usarlo, espuria. Afuera de la casa, allá por donde están los tanques de gas que más de una vez han sido impregnados de aromas licenciosos, tengo una planta de sol y sombra (creo que así les dicen; por lo demás, la protejo a cal y canto; si algún truhán arremete contra a ella y pretende olerla, la defiendo a capa y espada. Los sablazos, se sabe, van a diestra y siniestra. Por eso la vida con mi planta es, sin más, a sol y sombra. ¡Que ha crecido en mi frente una planta pa' dentro!, ¡carajo!). Ahí, por obra y gracia de algún espíritu suicida, germinó hace algunos meses un trébol de cuatro hojas. Ahora, tiempo después y con mi ateísmo vulnerado, he visto crecer un bosque de tréboles de cuatro hojas en la maceta de mi planta a sol y sombra. Ante esta desgracia, y no pasa otra cosa por mi cabeza, mi penthouse será dentro de poco tomado por la rebeldía de esos trifolios insensatos, que además crecen igual de rápido que una uretra adolescente (también apuntan al noreste). Y puesto que la connotación de los tréboles de cuatro hojas es obvia, me pregunto hoy día que termino de releer a Althusser y acabo de comerme un chile en nogada, si la sucesión de tréboles no anulará el efecto favorable de encontrar uno. Sin más, concluyo lo siguiente: tener un trébol de cuatro hojas es señal de buena suerte; tener un bosque de tréboles en la maceta de una pía planta a sol y sombra, lo único que augura es el juicio final. Ahora mismo el cielo se ha ennegrecido y en los truenos se percibe una frase meláncolica que interpreto como "Yo soy el que soy". Althusser, que no era Dios pero de repente sabía lo que hacía, mató a su mujer. A mí me queda sólo una cosa por hacer antes de que los ríos de sangre inunden mi azotea: matar a mi vecina Juanita y tener unos segundos de bienestar y gracia en esta vida.
CAS


posted by Carlos Antonio at 9/07/2006 11:46:00 AM

jueves, agosto 31, 2006

 

Before the rain
Se dice que cuando Toussaint Louverture, el gran prócer de la independencia haitiana, determinó que la lucha había terminado, le escribió a Napoleón Bonaparte una carta. También se dice que esa carta selló su destino, pues empezaba así: "Del primero de los negros al primero de los blancos". La respuesta de Napoleón fue muy sencilla: envió a su yerno, el mariscal Leclerc, al mando de varias divisones del ejército francés para recuperar Haití . La manera de desembarcar de Leclerc en Puerto Príncipe fue sintomática: en una mano llevaba una constitución; en la otra, una guillotina. El ejército francés retomó la isla con relativa facilidad y a Louverture lo recluyeron en una cárcel de los Alpes franceses, en donde murió poco después por no estar acostumbrado al frío. Como la historia es circular, ahora que Felipe Calderón tome posesión como presidente de México, la imagen de la constitución y la guillotina se transformará en algo que todo mexicano ya conoce: la legalidad y la mano dura. Así, no queda otra que reconocer que nuestra vida política hasta hora es un inocuo chipichipi que vaticina, sin más, una tormenta inicua de seis años. No es por ser pesimista pero creo que durante ese tiempo también habrá una escasez de paraguas.

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/31/2006 03:02:00 PM

lunes, julio 24, 2006

 

Shit

Las desavenencias en la vida vienen por donde menos se esperan. No obstante, hay puntos determinantes que indican si las cosas tienen su origen en la tragedia o en la comedia, según las enseñanzas de ese conocido materazzi de la filosofía llamado Hegel. Así, también, habría que pensar que el mal no existe y los aparentes halos perniciosos que prefiguran a los hombres buenos son inducidos por un Dios idiota. Para muestra un botón: ayer no sólo volvieron a robarme la pimienta de la alacena sino que además me puse las gotas para los oídos donde van las de los ojos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/24/2006 11:25:00 PM

martes, julio 11, 2006

 

Alea jacta est
Confesión de mi amiga Turner unos días antes de la gran final: "Soñé que ganábamos el Mundial... pero sin el águila y la serpiente".
CAS


posted by Carlos Antonio at 7/11/2006 12:59:00 PM

lunes, julio 03, 2006

 

Felipe Houdini II
He did it. It's time to leave the country.
CAS


posted by Carlos Antonio at 7/03/2006 04:50:00 PM

miércoles, junio 28, 2006

 

Felipe Houdini

De cómo se puede evaporar un día de la semana, caso concreto el jueves, aunque sea de Corpus con Fiscalía especial, y de cómo las decisiones para consensar las semanas de seis días se dirimen en urnas seculares. También de cómo, así como se desaparecen los días de la semana a golpes de discursos en plazas medio llenas medio vacías, se pueden regalar los meses y hacerlos, sin más, julios regalados.

"No hay mañana. ¡El mañana se decidirá el domingo 2 de julio!"

Frase dicha por Felipe Calderón, candidato del PAN a la presidencia, hoy hoy hoy miércoles.

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/28/2006 10:53:00 PM

lunes, junio 19, 2006

 

Posgrado hirsuto

El Fuc y yo hicimos un pacto: no nos rasuraremos hasta que terminar nuestras respectivas tesis de doctorado. No es por ser pesimista, pero si los productores de la siguiente película de Harry Potter necesitan un nuevo Hagrid, ya saben dónde encontrarme.

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/19/2006 10:19:00 AM

martes, junio 13, 2006

 

Sorry again

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador:

"Índice de mortalidad e inmortalidad en México".

Ora sí que debiéramos tomar más en serio aquello de "Zapata vive".

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/13/2006 07:20:00 PM

lunes, mayo 29, 2006

 

Así nomás

"La ignorancia es la ignorancia".

Sigmund Freud, "El porvenir de la ilusión".

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/29/2006 01:37:00 PM

martes, mayo 23, 2006

 

Confesión escrita en un papiro Faulkner

Un hombre es la suma de sus desdichas y de sus imágenes primeras. Por suerte, las desdichas siempre terminan con una última imagen primera: la del ataúd.

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/23/2006 01:10:00 PM

martes, mayo 16, 2006

 

¡TIJUANA, SÁLVAME!

Presentación del libro
BAJO EL VOLCÁN Y EL OTRO LOWRY
De Carlos Antonio de la Sierra
Viernes 19 de mayo de 2006, 19:00 horas.
CENTRO CULTURAL TIJUANA
Av. Paseo de los Héroes y Mina Zona Río
TIJUANA, Baja California Norte
Entrada libre


CAS


posted by Carlos Antonio at 5/16/2006 01:20:00 PM

miércoles, mayo 03, 2006

 

El mito del hablador y las visitadoras

Decir "verbo mata cara" es un lugar común, uno de tantos mitos urbanos que adoquinan la esencia de sociedades en decadencia. Dicho con todas sus letras: es un recurso barato de los feos para justificar su monstruosidad y pavonearse socialmente con la bandera del gran orador. "Denme un balcón y yo recupero la presidencia", decía el exmandatario ecuatoriano Velasco Ibarra. Recuperaba la presidencia pero no necesariamente a su mujer. La persuasión del discurso tiene límites, fecha de caducidad. Su potencia se atomiza cuando la palabra cuelga de una aureola inexistente. La elocuencia, por esa causa, se va por la ramas (ramas secas) y provoca hilaridad por sus falencias. El disertante, entonces, pescado por su propio anzuelo, modula su voz por la penetración del garfio en la garganta y se convierte en el "perfecto hablador".

Enunciar esa típica frase haría pensar, así mismo, que las mujeres no son tontas y cuando se fijan en un hombre lo hacen viendo la espiritualidad de su interior, aunque sea un close up del colon. Así, suelen decir a menudo "No es nada superficial" o "Es un hombre interesante", en abierta intención de enarbolar la vieja cursilería de Pascal de "El corazón tiene razones que la razón no entiende". Pero también sostener esta vacilada puede, desde otra perspectiva, iluminar un aspecto normalmente imperceptible para la sociedad mexicana: su carga misógina. "Verbo mata cara" es una manifestación machista. Mirad: cuando se alude al dicho nunca se piensa en una mujer, es decir, se piensa en la mujer pero como el objeto de deseo, no como el sujeto activo de la seducción. Dicho de otro modo: es difícil concebir que una mujer fea pueda conquistar a un metrosexual de pasarela a través de las palabras. Esto por dos razones: 1) los metrosexuales son tarados y caminan para adelante porque para allá tienen los ojos y 2) los hombres sólo andan con mujeres feas porque ya no les queda otra y no porque así lo hayan deseado en principio. Jamás será porque ellas hagan una radiografía posmoderna de La crítica de la razón pura o por decir bajezas lascivas al oído. Estamos ante el mito del hablador y sus visitadoras.

De esta forma, no sólo aparece en el horizonte una fábula genial (quien hable bien tiene el salvoconducto perfecto para la alcoba de la mujer seducida) sino también la reproducción de otra forma de discriminación genérica (me viene a la mente un caso similar: cuando un hombre anda con una mujer veinte años menor, se le respeta y se le da su correspondiente acatempazo; cuando una mujer hace lo mismo, se dice "Pobre chamaco, esa vieja loca se está aprovechando de él"). No obstante, más allá de este efímero consuelo, se pueden sugerir otro tipo de motivos por las que las mujeres los prefieren feos. Me refiero a uno en particular, siniestro y foucaultiano, el tema del poder (aunque otro poder bien podría ser, como diría mi siempre fino y documentado amigo Gerardo de la Cruz, el poder de la verga).

La lógica urbana construye el siguiente razonamiento: varo mata cara; verbo mata varo; el bailarín se la mata al verbo; y, por último, el tamaño es un asesino serial que elimina en cuestión de segundos a todos los anteriores. Se trata de un silogismo casi indiscutible si se lo mira con naturalidad. Ahora bien, tengo la impresión de que aun aceptando estas condiciones, hay un factor epistémico que derrumba las tesis anteriores: que el hombre feo, como ese góber cuya mayor ironía es haber nacido precioso, tenga poder, aunque sea podercillo, como el de Felipillo. La circunstancia del hombre con poder, en cualquier ámbito, aventaja a las otras; es más: ni siquiera lidia con ellas. Por ejemplo, ¿quién en su sano juicio puede pensar que la señora Marta se casó con Vicente (ese viejo zorro borguesiano) porque se enamoró de él? Sólo José María Aznar, insigne testigo de boda que también le hace honor a su apellido. O Diego Rivera, desvirgador de alcurnia, ¿habría sido el legendario amante sin su presencia, impacto e influencia en los círculos artísticos, intelectuales y políticos de su época? En otro contexto, algún biólogo despistado habría sugerido, sin dudarlo, que su media naranja estaba en la familia de los batracios.

Pero vayamos adelante, y me excuso de antemano por las referencias personales, pero servirán para ejemplificar mi teoría: una vez una exnovia me dejó por un individuo que sirvió de modelo para una canción del maestro Rockdrigo (aquí dos nuevas excusas: 1] no es que me considere un majo pero los contrastes siempre tienen sus ventajas y 2] sé que a veces es de mal gusto aludir al físico de las personas, pero como éste es un texto sobre feos no hay manera de solventar el exabrupto; además siguen siendo feos). Su forma de conquistarla fue sencilla: el rufián ubicó perfectamente los detalle románticos que yo no practicaba, o me negaba a hacer, y empezó a llenar los vacíos existentes (all of them), entre otros, mandarle mensajes al celular con leyendas propias de paje insatisfecho, como "te extraño demasiado mi princesa diamantina". Independientemente de saber que nada más por dejarse seducir por esta frases tenía yo razones radicales para terminarla, me pareció indignante rivalizar, sobre todo a esas alturas, con alguien de una taxonomía zoológica dudosa (un amigo que lo conoció lo apodó "Excrecencias"). Lo curioso fue que, al principio del cortejo, ella me enseñaba los mensajes de texto que, su ahora novio, le enviaba cada diez minutos. Ambos nos reíamos de las cursilerías que se podían decir en una pantallita de teléfono. Ella cínicamente me mencionaba cosas como "Mi maestro cree que voy a andar con él", porque, hay que decirlo, era su maestro. De hecho, yo también lo fui, pero ese es otro tema. Por lo demás, el resto es historia: tanto fue al cántaro al agua que, en efecto, me dejó por él. Pero avancemos en la argumentación.

Usted, ínclito lector, podrá imaginar que, como diría el excanciller Castañeda, estoy ardido y aprovecho el espacio que me da blogger para disertar chabacanamente sobre un tema serio. En efecto: puedo estarlo, aunque no me estoy aprovechando del espacio (como nota a pie aunque sea entre paréntesis diré que la ardidez se quita; lo feo, ¡jamás!). Mi tesis al respecto, sin embargo, pasa por un planteamiento más escrupuloso. Si bien puede pensarse que el antes aludido bergante hizo su luchita con un lenguaje florido expuesto en un móvil, y si bien ella tuvo casi toda la culpa por dejarse cortejar como si fuera bella durmiente, sostengo que haberse ido con él no obedeció a su hipotética labia sino a su estatus social y laboral. Más de una vez escuché decirle "Me invitó [aquí evito su nombre, no por eludir hacerle mala fama sino para no manchar de excrecencias este honorable espacio] a una exposición en la que estará Fox y a otra que inaugurará Encinas" o "Es amiguísimo de no sé qué pintor" o "Normalmente se mueve con puros dealears de arte". Más allá de que yo sea un humilde escritor a quien la inopia alcanzará cuando usted termine de leer este texto, era claro que no me enfrentaría a algo así. No se trataba, por tanto, ni de varo, ni cara, ni de si bailara bien, mucho menos de elocuencia (aquí desconozco el tema del tamaño pero me justifico diciendo que Ron Jeremy sigue soltero) sino de un interés profesional mucho más significativo, que él le daba y yo no. En todo caso, entiendo que a una estudiante de veinte años le haya interesado mucho más el glamour y el vedetismo sin importar que su galán fuera el doble de las escenas peligrosas del Hombre elefante, y maquillara su inseguridad con un discurso artificial pero extraordinariamente prediseñado para conquistar mujeres bellas.
Repetir ad infinitum "choro mata cara" no sólo es una dinámica que se inserta una dialéctica utópica de mal gusto, sino que también propaga esquemas ajenos a una relación entre dos personas; es, más bien, una explicación desvergonzada y rústica a lo sorprendente de ciertas situaciones amorosas. Su perfil misterioso siempre tendrá una razón de ser, originada en trasfondos más contundentes que lo distancian del discurso vacío, aunque éste se enuncie con pinceladas retóricas. Termino mi reflexión con una anécdota que haría pensar a más de un feo. Una vez mi primo Cacho conquistó con cartas a una señorita. Y aunque eran de una elocuencia y vigor prosístico admirabilísimo, la damisela nunca sospechó que no eran de él y sus veinte años a cuestas. Se trataba, ni más ni menos, de la correspondencia completa de Simón Bolívar a Manuela Sáenz. Cuando rompieron, Cacho, en un gesto ya no sé si de honestidad o de estupidez, le dijo a la doncella la verdad (lo de las cartas y, quizás lo más importante, "No es lo que tú estás pensando", cuando lo encontró con las manos en la masa de un seno ajeno). Su reacción, aunque algo salvaje, la justifico a cabalidad: de una mordida le arrancó un pedazo de carne del antebrazo; acto seguido, en un momento de lucidez sólo entendible en una mujer engañada, le dijo a la amiga que la acompañaba: "Vamos a quemarlo". Mientras ambas buscaban un poco de gasolina, Cacho logró escapar, aunque dejara un pedazo de sí en ese memorable sitio. Desde ese día, sufre erupciones epidérmicas consuetudinarias si escucha la expresión "cacho de carne asada". Es el mito del hablador y sus visitadoras.
Texto publicado en la revista Picnic del mes de mayo.
CAS


posted by Carlos Antonio at 5/03/2006 02:30:00 PM

martes, mayo 02, 2006

 

Traducciones

Versión en castellano actual de la célebre "To be or not to be, that´s the question":

"Lo que realmente me saca de onda ahora es si debo matarme o no".


Y a propósito de suicidios:

Curso sobre escritores suicidas
Mtro. Carlos Antonio de la Sierra
I n g e n i e r í a C u l t u r a l, S. C.
Orizaba No. 127, Col. Roma, México, DF.
Tel. directo: 55.84.87.83 (fax) y 55.74.06.34 / 52.64.30.39
Inicio: 16 de mayo de 2006

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/02/2006 11:19:00 PM

martes, abril 25, 2006

 

...
Siempre he pensado que los suicidas son unos miserables. Varias veces he impartido cursos sobre escritores suicidas e invariablemente concluyo que, más allá de su literatura, jamás compartiría su opción de vida. El sábado mismo platicaba con unas amigas sobre un compañero de la primaria que se voló la tapa encefálica en una sala de cine; su mamá estaba al lado. Hoy día voy llegando a la casa y me entero de que un gran amigo se quitó la vida. Cosas veredes: independientemente de los motivos, los suicidas son unos miserables, pues son causantes, aunque no lo sepan (ya qué les importa), del sufrimiento y zozobra de los otros.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/25/2006 12:20:00 AM

jueves, abril 20, 2006

 

Coincidencias
Ayer se cumplieron ocho años del fallecimiento de Octavio Paz. El 20 de abril, un día después de su muerte, fue velado en el Palacio de Bellas Artes. Como buen joven emprendedor de la letras, estuve ahí. Sucedieron varias cosas: 1) me encontré a una amiga con quien había tenido un encontronazo místico: nuestr@s respectiv@s ex cumplían años el mismo día. Para evitar hablarles (nos habían hecho mucho daño) nos pusimos una borrachera de época el día del cumpleaños de ambos; 2) al azar había hecho que Paz fuera velado el día del nacimiento de Hitler. Todo hubiera sido un velorio normal si no hubieran aparecido los neonazis mexicanos que, cada aniversario de su señor führer, se reúnen en el monumento a Beethoven, que está enfrente de Bellas Artes, para gritar consignas fascistas. La anécdota, no obstante, fue más allá, como si necesitara la cereza del pastel: en ese tiempo yo escribía en el suplemento "Lectura" de un periódico que todos, por obvias razones, conocíamos como El Nazi. El siguiente texto apareció hace ocho años, a proposito de la muerte de Octavio Paz, en el hoy desaparecido periódico El Nacional.


Octavio Paz: el oficio de vivir

para Fabiola, por las coincidencias

Hay que sincerarnos: en definitiva los versos de viva voz del poeta no acompañarán más la visión de su alma. Ha escampado, como se sabía que algún día no muy lejano sucedería. Las gotas de Paz son ahora rocío perenne. Así, los que estuvimos en el Palacio de Bellas Artes para percibir el último suspiro de un cuerpo mallugado, cruel como el de todos, indulgente entre la niebla y el hedor de las lágrimas, supimos que el cielo ya no sería para nosotros.

Octavio Paz ha muerto y en el resquicio de su mirada ausente se percibe todavía un parpadeo sospechoso que sólo Dios podría definir. Únicamente los avezados, los de mente preclara y lúcida, aquéllos ingratos que han flagelado eternamente a las palabras, sometiéndolas con mala intención y ejemplificando el sentido de vivir con intensidad, son los que se acercarían acaso al sentido exacto de sus letras, si es -desde luego- que en el mundo sensible existe la exactitud. Tres minutos decía Baudelaire; tres también argucía el viejo Paz. Las palabras, las putas, sus putas, las de todos y de nadie; de inconformidad, de paciencia, de tolerancia, de denuncia casi ensangrentada. Corriente alterna. Paz, el hacedor de la lluvia. Paz, el domador de las llamas.

Por él aprendí que los signos de tinta, esos símbolos obtusos en ocasiones infieles, son la panoplia que acoge la hospitalidad de mi entrecejo ante la adversidad de los instantes. También, entre la bruma del silencio, entendí que los rostros se reconocen por el tacto, del tacto, de la palma trastornada, de la yemas, con la yemas pequeñas que ofrecen el perdón a los iniciados. La siluetas del sonido son la libertad bajo palabra del difunto.

Bastará sólo una voz, un solo vocablo aperdigado, un término claramente balbuceante para descender al blanco paralelo que construye la memoria; para rehacer una piedra de sol que alguna vez fue de luna; para incendiar los senderos oscuros de las trampas de la fe. La consigna es arribar a ese lugar inimaginado e indescriptible; ahí donde se encontrará un rincón inhóspito, decididamente sulfuroso, inicuo, vedado para los privilegios de la vista.

El tiempo se nubla constantemente y sabemos que seguirá lloviendo; lloviznando en veredas pedregosas o en fango alienado donde las penas no son producto de los vicios, sino del recelo de los hombres débiles. Por eso Paz, osado transgresor de lo oculto, evocó eternamente circunstancias fortuitas: las vicisitudes ineluctables de los hombres de azar.

Ha muerto el poeta. ¿Acaso las lágrimas serán necesarias para debatir la idea del olvido y apoltronarnos indiscriminadamente sosteniendo que la vida se ha detenido? ¿O, como hijos de las casualidades, tendremos que jugarnos el destino en un volado, en un águila o sol? Las coincidencias son justas, como justo también es el destino, el de Héctor. Aunque no por ello intuimos que la suerte de los libros es asimismo justa. Será pero en el sentido de Sócrates, una suerte, entonces, casi divina. Los libros de Paz la tendrán en la medida que su misericordia se los permita, y será una justicia palmaria, indiscutible. Son volúmenes refugio de hombres lánguidos, de esos que creamos laberintos eternos en una soledad imaginaria, abyecta. Octavio Paz no sólo escudriñó con pulcritud cada uno de los oficios del alma, también documentó con sabia precisión lo que Pavese alguna vez llamó el oficio de vivir. Un arquitecto certero de su vida y sincronizador de los segundos de los otros en la ladera este de los corazones fracturados.

Ha muerto el poeta. Le subsisten las peras del olmo, los monos gramáticos, los hijos del limo, del aire y de Rapacini. También hay noticias de que todavía viven, todos de su estirpe, un ogro filantrópico, unos hombres en su siglo y una llama doble, perversa, insana, que logra apaciguar la fiebre maligna del deseo porque lo explica con metáforas pecaminosas, la mejor forma de explicar las cosas cotidianas. Ha muerto el poeta. Que Dios nos agarre confesados ahora que las putas no saldrán mas de su inefable boca.
CAS



posted by Carlos Antonio at 4/20/2006 12:34:00 PM

martes, abril 11, 2006

 

Argentinian way of life

De los argentinos se pueden enunciar muchos lugares comunes, entre otros que, así como los mexicanos descendemos de los aztecas, ellos, a su vez, descienden de los barcos. O, parafraseando a Umberto Eco: "Un argentino es un hombre preguntándose en la barra de un bar qué es un argentino". O eso de que nos haríamos millonarios si compramos a un argentino en su verdadero valor y lo vendemos en lo que él cree que vale. En fin: innumerables patrañas, convenciones infamantes que, como buenas mentiras, siempre tienen algo de verdad. Hay, sin embargo, un tema novedoso que sería susceptible de más de un estudio antropológico. Anoche, platicando con mi amigo Gabriel, pianista argentino radicado en Austria, me enteré de una nueva forma de ver el futbol. Gabriel, hincha moderado de Boca, tenía cuatro años de no regresar a su tierra. Más allá del recibimiento familiar, natural para cualquier hijo pródigo, hubo un detalle que le llamó la atención: la flamante modalidad para transmitir los partidos de futbol. "Hay un canal, me decía, que durante el partido lo único que transmite es a la hinchada en las gradas. Si querés ver ese partido, vos tenés que pagar. Como la mayoría de la gente no tiene dinero, ahora el grueso de los argentinos ve los partidos de la tribuna y reacciona de acuerdo con los gestos de los hinchas". Sin decirle que en México se podría reducir el índice de delincuentes en la ciudad nada más transmitiendo a la porra del América durante noventa minutos, me vino a la mente lo siempre dicho por Ángel Fernández cuando decidió ser cronista de futbol. El gran maestro del mircrófono se dio cuenta de que el verdadero espectáculo no estaba en la cancha sino en la tribuna. Esto cuando vivió en carne propia el incendio del viejo parque Asturias. Y no estaba equivocado: cuando el futbolista millonario aduce que el futbol es sólo un juego y no pasa nada si pierde su equipo, debiera entender que, por extensión, ellos son también los motivadores de las alegrías y tristezas de una comunidad. En Argentina, ese potencial estado de bienaventuranza no pasa ya por lo que ocurra en la cancha sino por el momento de comunión y solidaridad que se puede encontrar con alguien que comparta el mismo goce, el mismo desencanto o el mismo sueño. Por eso no podemos hablar de futbol cuando se celebra un partido a puerta cerrada. Aunque la televisión diga lo contrario, se tratarán siempre de encuentros que nunca existieron.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/11/2006 08:42:00 PM

domingo, abril 02, 2006

 

El hombre de La esquina del mal y otros artificios para recuperar el Yo

El otro día Sandrine me preguntó: "¿Tú sabes quién eres?". La pregunta no sólo me cayó por sorpresa sino que me desconcertó porque era demasiado temprano para ese tipo de increpaciones. Balbuceando, y después de darle un trago a mi pulque de avena, le dije que la vida se me había ido tratando de resolver el enigma (todo empezó, no obstante, por una canción de Nacha Pop llamada "¿Quién soy?"). Recurrí, entonces, a la vieja frase del Ojitos Meza para considerar el intríngulis: "Todo está escrito pero no todo está leído". Acto seguido, consideré que la respuesta podía estar en las últimas tres veces que visité la Esquina del Mal (dicho sea de paso, un sitio en donde he documentado a plenitud la vileza humana; otro día, no tan de paso, platicaré mis motivos). Una noche, mi amigo Carlos Martínez Rentería, y a increpación expresa de mi parte por considerarlo foxista, me dijo "Tú no sabes quién soy yo". Segundos más tarde, me injurió mientras daba la vuelta a una de las tantas esquinas malignas que tienen esos congales. Una semana después me lo encontré en el Covadonga; vino a mi mesa y se disculpó por el exabrupto, lo cual no impide que yo lo siga considerando foxista. La penúltima vez fue un poco más peligroso pero igualmente edificante. Mientras yo bailaba un poco, tranquilo como lo demuestra mi siempre conocida efigie de hombre íntegro, se me acercó un narco con su guarura; me increpó, creo, o me dijo algo que ahora no recuerdo porque, aunque hombre íntegro, mi estado en ese momento era poco conveniente. Más adelante entendí lo que había pasado y me acerqué a su mesa; se paró; su guarura hizo lo mismo llevándose la mano a un costado. Sin embargo, su jefe lo atajó y le dijo que no había problema. Discutimos. Le hice ver que uno puede ser generoso con la banda, aun estando en la Esquina del mal, y cohabitar armónicamente con los numerosos rara avis que acuden con regularidad. Concedió. Nos acatempeamos. Ya cuando me iba me dijo: "¿Tú sabes quién soy yo, verdad?". Asentí al tiempo que él hacía un gesto de apuntarme con una pistola y disparar. La última revelación fue la semana pasada. Yo estaba chupando tranquilo con María y, de buenas a primeras, alguien me brinca al cuello, me da un abrazo efusivo y me dice: "Tú y yo somos iguales". Después de decirle que yo no podía ser igual a nadie, precisamente por las particularidades de mi ya mencionada naturaleza de hombre íntegro, observé que era un individuo al que yo había visto desnudo en una publicación poco seria. Era Pancho Cachondo. Después de seguir brindando por algún rato, me dio su teléfono. "Podemos hacer muchas cosas juntos", dijo.

Leemos en el Quijote: "Yo sé quién soy". Más allá de considerar que la conclusión del maestro Alonso Quijano era un artilugio para despistar al enemigo, no nos ayuda mucho para resolver el dilema. Quizás si acudimos a la vieja frase "No sé lo que soy, no soy lo qué sé", acuñada por ese viejo lobo franciscano Angelus Silesius en el siglo XVII, nos acercaríamos un poco más. Sin embargo, está claro que, al final, para saber quién es uno, hay que acudir siempre a la sabiduría de Nuestro Señor. Cuando Moisés, en el Sinaí, le preguntó a Dios quién era, Nuestro Señor, con su bien conocida solvencia, respondió: "Yo soy el que soy". Pasado el lapsus, le dije a Sandrine que debíamos probar el curado de maracuyá. Estuvo muy bueno, por cierto.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/02/2006 12:07:00 PM

lunes, marzo 27, 2006

 

...
Se ha escrito mucho sobre la memoria. Hoy día, y lo considero una tautología, me vinieron a la mente esos momentos en que me gustaron las ardillas. Aunque rabiosas, sabría también lidiar con ellas. Aunque rabiosas...
CAS


posted by Carlos Antonio at 3/27/2006 11:03:00 PM

miércoles, marzo 08, 2006

 

Futbol de cama
Entre las miles de connotaciones ocultas del futbol, las sexuales tienen un lugar especial. En principio los futbolistas suelen definir el gol como un orgasmo. Más allá de la vaguedad conceptual, y si bien la analogía es válida para una comunidad delimitada (los niños, por ejemplo, no saben qué es un gol), la comparación no es gratuita (por lo demás, está claro que un gol anulado es equivalente a un coitus interruptus). Así, en el entendido de que todo futbolista tiene como objetivo la penetración... de la portería, la simbología del juego no pasa como una práctica erótica sino como sexo duro.

En el futbol hay circunstancias, dentro y fuera de la cancha, que se convierten en íconos de un deseo muy extraño. De esa forma, David Beckham es más famoso por casarse con una Spice girl y ser el estereotipo de algo llamado metrosexual y no por sus virtuosos tiros libres. Hombres, mujeres y quimeras se humedecen cuando el Spice boy sale con poca ropa en una revista o yace en la cancha después de una patada violenta. Tengo amigas que pretenden ver qué hay más allá de su entrepierna y se agachan un poco delante del televisor. Un futbolista es el referente de fortaleza, virilidad y billetes verdes. Por eso el mediocampista del Arsenal, el sueco Freddie Ljungberg, además de desbordar por la banda derecha de Highbury, modela la ropa interior de Calvin Klein.

El futbolista, a su guisa, aviva sensaciones lujuriosas. Una vez Madonna dijo: "Siempre que veo a Iván Zamorano pienso en sexo". El chileno, en ese momento en el Inter de Milán, agradeció la deferencia con una sinvergüenzada poco cortés: "Y eso que no me ha visto desnudo". La euforia, el orgasmo, el olor del sudor, de repente son representados de manera gráfica para que el público entienda qué es estar en el campo. Hace algún tiempo, Martín Palermo -memorable jugador argentino que falló tres penales en un partido y un día se fracturó la pierna cuando pateó una tribuna y ésta se le vino encima- tenía insatisfecha a la afición del Boca (insatisfacción=sequía-de-goles=a ya sabemos). Cuando después de mucho tiempo marcó un gol, el festejo fue así: corrió hacia el banderín de corner y se lanzó de avioncito sobre el césped. Antes de eso, en un momento de inspiración ilustrado, decidió enfrentar su bronca con una respuesta fálica. Entonces se bajó el pantaloncillo celeste y, por unos segundos, dejó al descubierto el miembro de los verdaderos orgasmos. Sus compañeros, al ver la imprudencia, se lanzaron sobre él, no precisamente en un gesto de "ésta es nuestra oportunidad" sino para evitar que el árbitro lo viera.

Las situaciones pasadas de tono son cotidianas. Quién olvida el ilustre beso francés entre Maradona y Caniggia o el mítico bocinazo de testículos de Michel a Carlos Valderrama en 1989. Hace un par de años un jugador del Sevilla festejaba un gol. En la euforia, sus compañeros se le echaron encima. Uno de ellos, -el conocido criminal de las canchas, Javi Navarro-, decidió pasar a los anales con una rauda maniobra: ubicó el pene del anotador con la mano; acto seguido, para constatar -como el dinosaurio- que todavía seguía ahí, lo mordió con placidez. En general los festejos suelen ser orgasmos sostenidos: muchos son los jugadores que se tocan los genitales para decir que lo hicieron con sus "desos" (no puedo olvidar la última final que perdió la gloriosa máquina celeste. El gol del gane anotado por Alejandro Glaría fue, literalmente, pitero).

Aunque las situaciones eróticas o sexuales son interminables, sostengo que la mejor es el calendario de las Matildas, la selección australiana de mujeres, quienes se desnudaron para obtener dinero para sus viáticos. En fin, como uno no es inmune al futbol de cama, ahora cada vez que voy a un estadio, mi súplica es mínima: "Un orgasmito, por amor de Dios".
CAS


posted by Carlos Antonio at 3/08/2006 04:09:00 PM

lunes, marzo 06, 2006

 

Desamor y consecuencias
En dos meses he bajado 15 kilos de peso. Ni duda cabe: debo terminar más seguido con mis novias.
CAS


posted by Carlos Antonio at 3/06/2006 11:47:00 AM

miércoles, marzo 01, 2006

 

Buscadores

Perdón, pero es necesario. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en buscadores de la red:

-"Redacción de mi Tecate"
-"Encontré a mi esposa cogiendo"
-"Fornicar sin pecar"
-"¿Cómo matar a mi esposa?"
-"Carlos Antonio de la Sierra puto"

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/01/2006 08:09:00 PM

viernes, febrero 03, 2006

 

¿Cómo olvidar?

El cielo se ha adentrado en una de sus tantas tonalidades grises. Sin saberlo, es ya el compañero ideal para visualizar un horizonte imposible, aunque tampoco intuya que el fuego real desanida el cuerpo por dentro. ¿Cómo olvidar?, es la súplica de la epidermis. ¿Cómo hacerlo sin dejar de ser justo y el palmo de piel menos visible quede fuera de una eclosión siniestra? El tema no es el vigor de los hombres íntegros o la falsa ilusión de una antigüedad reciente o borrar la cinta de la memoria como se lo haría con la palabra escrita a lápiz. El conflicto, mayor y solitario, es saberse desprendido del palmo de piel y seguir siendo hombre: desajustar la cuerda que sostiene el pasado como hilo perenne, como enlace sublime con lo que alguna vez fue bello. ¿Cómo olvidar?, pregunto de nuevo y el halo de la respuesta me cercena como si de cortar gargantas se tratara, como si el tiempo detenido se remitiera sólo a la lágrima en el pómulo, fría, indecisa, estancada eternamente. Gota, agua, río eterno. ¡Por dios, pongo mi cabeza en la tabla para que el cauce fluya! ¿Cómo olvidar, carajo?, si entre la bruma perpetua estarán las efigies e instantes que construyeron el esbozo de las miradas, la complicidad magnífica de lo sabido, el silencio pobre y obtuso que llama a los mortales a su inevitable lecho. La perversión domina de nuevo los cuerpos débiles y oculta el sufrimiento. Y sigue ahí, en un lugar intacto llamado huella. ¡Malaya sea el tiempo! ¡Va mi espada en prenda por una pedestre cicatriz! Pero la sangre fluye por fuera, crea formas perniciosas en las monturas y lanza su ingenuidad hacia fuera para reafirmar su presencia. Raudo carmesí. ¿Cómo es el dolor si el pasado lo muestra opaco, como si por una genialidad cruel hubiera saltado los años? Ahora la conmoción es otra, más rabiosa, más entera, acaso también, quiero creerlo, más noble, de esa nobleza que sin embargo no eclipsa el puñal que cortará las venas. ¿Cómo olvidar? Házmelo saber, señor, y empeñaré mi palabra, pondré mis sílabas al amparo y voluntad del juez perfecto. Soy, lo sé, un bombero que no puede, no sabe, apagar el fuego. Por favor, quiero saber cómo olvidar y prometo ser hombre muerto.

CAS


posted by Carlos Antonio at 2/03/2006 10:23:00 AM

jueves, enero 26, 2006

 

Sólo Dios sabe

Encontré en mi clóset un brasier negro. Le dije a mi mujer que lo había olvidado en mi casa. "Yo no dejé ningún brasier, mucho menos negro". El misterio se intensificó, pues la fidelidad es la única virtud que he alcanzado a mis 33. ¿Cómo habría llegado? Ella, extrañamente, no buscó el cuchillo para cortarme el cuello o sacó la vajilla barata para vaciármela en el parietal. No. Ella, por el contrario a cualquier reacción violenta que yo, aunque inocente de los cargos imputables, habría sufragado, sólo dijo "tíralo a la basura". Y ahí fue a dar, entonces, ese brasier negro y la culpa ajena.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/26/2006 08:32:00 PM

lunes, enero 02, 2006

 

Diario de Carolina III

Cuando un mexicano está en el extranjero es natural que le hagan referencias convencionales acerca de su país. Una vez Epigmenio Ibarra, durante la guerra de los balcanes, se salvó de que las tropas serbias lo pasaran por las armas cuando el sargento en turno vio su pasaporte. "¿Mexicano? ¡Hugo Sanchez!", dijo sin más, y abrazó eufórico al reportero mexicano. Conmigo la referencias a mi país no han sido tan gloriosas o, para decirlo más claramente, entusiastas. Hace un par de noches, en una fiesta donde los convidados sumaban mas de diez nacionalidades, la anfitriona me dijo "A ver Carlos, aquí están los ingredientes: haz margaritas". Sobra decir que nadie me había informado que debía embriagar a la gente, entre otras motivos porque 1) el tequila que yo había llevado era para tomarse solo y 2) nunca había preparado una margarita. Pero era obvio que mis razones no importarían en ese momento, así que puse cara de yes, metí la mezcla gringa de margarita recién comprada en un Food Lion en la blender (aparato adquirido ex profeso para la ocasión) y un tequila regular mexicano, comprado también ex profeso en caso de que se me presentaran situaciones como éstas. Las margaritas fueron un éxito, esto es, la banda se había emborrachado con dos tragos, todos dijeron que estaban excelentes (aunque creo que a la eslovena a la que me quería ligar le faltó una más para que me dijera que yes y abandonara a su novio holandés, que había vivido en Australia y hablaba con pedante suficiencia sobre los aborígenes australianos) y, a la postre, me hermané con uno que otro convidado, como Prakash, ese viejo lobo de India que afirmaba que si, de él dependiera, le regalaba Cachemira a los pakistaníes y que me abrazó diez minutos seguidos cuando le dije que habia leído con mucho cuidado a Rabindranath Tagore (intenté explicarle que teníamos una primera dama que pensaba que Tagore, además de mujer, era rabina pero no lo entendió bien a bien). Ya al final, no sé como (el efecto de las margaritas me había alcanzado), entendí un poco más acerca de Carolina del Norte y su esencia, un lugar en donde para sobrevivir sólo hay que hablar con personas marginales. Por eso cuando me despedía, y sin que hubiera más razón que mi arduo y largo deseo de ser fiel a la verdad, confesé: "Las margaritas son gringas".

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/02/2006 01:04:00 PM

sábado, diciembre 24, 2005

 

Diario de Carolina II

El tiempo en la montaña dura distinto. En las mañanas es apacible; por las noches, vertiginoso. No hay nada que prologue el atardecer ni que reafirme el aura. Las horas en la montaña son acéfalas, indecifrables. Hay, por demás, varias inclinaciones anímicas motivadas por este caos rutinario. Las horas muertas sirven, entre otras cosas, para notar que los temas importantes en la vida tienen que ver con los dolores y resistencias de los seres queridos y no con las minucias y pequeñeces personales. El sufrimiento tiene sus decibeles, y mi escala sigue siendo nimia. Aquí en Asheville, lugar donde nació Thomas Wolfe, desde esta colina inmensa donde escribo, me he propuesto recuperar la sobriedad de mis juicios y la templaza de mi conducta (acaso nunca la tuve). Desde aquí también, en esta pequeña atalaya donde he radiografiado los incendios cotidianos del sol, se mira mi tierra y sus tribulaciones; ese lugar habitado por los otros seres queridos que cada vez son menos. Aquí en Carolina del Norte, un lugar donde la fauna es variada, hay una ardilla que me observa juguetona. La pobre pretende verme la cara.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/24/2005 02:06:00 PM

miércoles, diciembre 21, 2005

 

Diario de Carolina I

Dos ardillas se comen entre ellas. Lucía dice que así es. Siempre. Daler, de Tajikistan, se acaba de ir. Se asombraba porque yo bebía con mi mamá. "En mi país no puedo beber con mi padre; más bien le sirvo los tragos", dijo. Me acordé cuando en una cantina de Praga conocí a un maestro de Arabia Saudita que debía que viajar por algún tiempo con su papá. "No mames", le espete, "¿Por qué debes, man?". "Porque tengo que cargarle su pinche equipaje". Ahora, a la distancia, sonrío anárquicamente sin de nuevo entender bien a bien qué pasa. Siempre pensé así, en ubicar los tonos jerárquicos, en saber sobre los temas mundanos que van más allá de un vaso de tequila. Pero soy intolerante: Amal sigue insistiendo en que su país (Palestina) no existe. Me incomodo un poco y transgredo mis límites. Sólo digo I agree y termino el tequila. Mañana vamos a Asheville; dicen que es frio. Ya compraré unos guantes.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/21/2005 09:23:00 PM

lunes, diciembre 12, 2005

 

Ni modo...

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "¿Cómo puedo dejar de amar?". Tengo que empezar a cobrar.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/12/2005 05:22:00 PM

jueves, noviembre 17, 2005

 

Confesión
Los nombres de libros siempre me vienen a la mente antes de escribirlos; sin pecar de inmodestia, podría hacer uno completo con los títulos de los volúmenes que me faltan por redactar. En la portada se leería, a secas, It. Pero como de libros no vive una persona seria (tema por el que me he quedado afónico tratando de convencer a mis alumnos), he pensado ya en el nombre del bar que me sacará de pobre y abriré tan pronto me den el changarro-crédito que pedí: Todos contentos y yo también.
CAS


posted by Carlos Antonio at 11/17/2005 05:40:00 PM

lunes, octubre 31, 2005

 

Dicho por Hugh

Releyendo un pasaje de la novela que estoy trabajando (lo he aceptado: el sino de mi vida), encontré una frase que sintetiza los misteriosos eventos ocurridos los últimos años en un penthouse de la colonia Del Valle de la ciudad de México: "Si nuestra civilización tornara a la sobriedad por un par de días, al tercero, moriría de remordimiento".

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/31/2005 11:58:00 AM

jueves, octubre 27, 2005

 

So be it
La ingenuidad no es un tema cultural. El punto pasa, en contraste, por una dinámica fundamentalista. Cuando se cree estar cerca de Dios, la mano invisible cercena mitos y creencias que se ubican al amparo de las divinidades. En la ciencia providencial no se contempla asumir con supuesta seriedad un fanatismo chafa. De ello se desprende, por tanto, la siguiente pregunta: ¿acaso esos pendejos del América creyeron que podían ganar en el heroico Estadio Azul? El mundo está lleno de ingenuos.
CAS


posted by Carlos Antonio at 10/27/2005 01:27:00 AM

lunes, octubre 24, 2005

 

Buscador
Perdón, había prometido no volver a hacerlo pero la realidad me ha rebasado de nuevo. Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Cómo hacer un pacto con el diablo para hacerse millonario".
CAS


posted by Carlos Antonio at 10/24/2005 02:14:00 PM

lunes, octubre 17, 2005

 

Groucho Marx

Conocí a Groucho Marx en Chihuahua hace tres años. En realidad no era el verdadero maestro Marx, pero con esas espesas cejas y pronunciadas entradas en la frente, consideré que con un bigote bien puesto y un puro entre los dientes sería el doble de ese viejo lobo de la comedia. Las enseñanzas de Groucho, entonces, se contaron por montones desde nuestro primer encuentro en las Barrancas del Cobre. De entrada dio cátedra de los principios fundamentales para ser millonario. "Hay que dejar la literatura y ser empresarios", dijo con la solvencia propia de alguien que sabe aprovechar in extremis los beneficios de la plusvalía. "Pero si tú eres editor de una transnacional culera", respondí en defensa de mi inopia. "Pues sí, pero tú no tienes mil cabezas de ganado en Nogales". Tuve que capitular: no sólo era, y sigue siendo, el segundo de abordo en Random House-Mondadori sino que se había revelado como un próspero ganadero del norte mexicano. Nuestra experiencia chihuahueña (todo mundo sabe que la gente de Chihuahua considera este gentilicio como una ofensa; "no somos perros", aducen. Y aunque prefieran "chihuahuenses", los chihuahueños siguen siendo perros caros y de moda, aunque sean aterradores) terminó con un encuentro con el ejército mexicano. En la sierra, rumbo al pueblo de Creel, nos topamos con un retén militar. Un sargento subió al camioncito repleto de escritores drogadictos y, ante el pavor de los ídem por que fueran a revisar el equipaje, le preguntó al conductor: "¿Es usted el chofer?" Está claro, por este tipo de preguntas, que el ejército mexicano se encuentra entre los menos capaces del mundo y un solo contingente de artillería de la milicia hondureña acabaría con el total de efectivos mexicanos en una semana. Sin embargo, fue Groucho el que evitó que nos pasaran por las armas (cualquiera que éstas hayan sido). El sargento lo vio, lo auscultó con la pericia de alguien que ve por primer vez a un cíclope y le preguntó a su cabo: "Oye, cabrón, ¿no es éste un actor muerto hace algunos años?" El cabo, fiel al designio de no contradecir a un superior, asintió sin más. Así, después de que el sargento olió a Groucho un poco más, determinó que no éramos narcos y podíamos seguir nuestro camino si el actor era lo suficientemente generoso y le daba un autógrafo.

No obstante, la presencia providencial de sus cejas y entradas en la frente tipo trompa de camión foráneo, contrasta con su actitud ante la vida. Dicho por una amiga, Groucho, después de David Beckham, es el estereotipo del metrosexual. Imaginad, fiel lector, lo siguiente. Un hombre sale de su casa y desayuna un café con bollos y un poco de huevo con machaca; antes de llegar a la oficina, compra un bocadillo para la media mañana, léase las 11, para que la digestión no se suspenda. A la una y media en punto, la hora del lunch, sale a comer no un lunch sino una bien preparada y nutrida comida que alimentaría con creces a dos bueyes maduros de la huasteca potosina. Café y regreso al trabajo con el tentempié de media tarde. A las siete u ocho, merienda de churros con chocolate caliente y a las diez, cena fuerte de bife de medio kilo casi crudo. Y es que Groucho tiene mal el metabolismo y, aunque eso no lo hace metrosexual, es un primer dato que denota su exquisitez culinaria. Una vez en Morelia observó el menú y una sonrisa envidiable evidenció sus dotes histriónicas. "Voy a tomar el cocodrilo", le dijo al mesero. Así, en lo sucesivo recorrió la carta de comida exótica que preparaban en ese lugar y no regresó al DF hasta que pudo probar todos los platillos. Cuando por fin estuvo de vuelta, le preguntamos cómo había estado la cocina exótica. "Estuvo bien, salvo por las tapas de escorpión, eran nada más tres y costaron cuatrocientos pesos". "¿Y a qué sabían?" "Pues a escorpión, pero me tocaron unos un poco salados".

El punto culminante de su esencia como metrosexual, amén de su guardarropa de Soho o las cremas nocturnas traídas de Marrakech, lo ubiqué la semana pasada. Nos invitó a una carne asada en su casa. "Les voy a preparar carne sonorense y van a ver lo que es una verdadera parrillada: carne, tortillas y salsa, y ya". La experiencia no fue mala, incluso puedo decir que resultó insuperable en muchos aspectos, incluso en los detalles técnicos: cuando Groucho vio que el fuego de la carne no iba a prender de ninguna forma, recurrió a un recurso implacable, propio únicamente de un habitante de time square: sacó del baño la secadora de pelo y encendió el fuego para asar más memorable que jamás existió en la colonia Del Valle de la ciudad de México. Y con la aparato en la mano, una arrachera seca por el aire caliente, diez beodos discutiendo sobre el fin del arte, un alma en pena puso en el estéreo "Light my fire" de los Doors. Sin embargo era la rola equivocada: sin dejar que terminara la canción, la música dio una vuelta de tuerca generacional y, los presentes, ya borrachos o algo, comenzamos a bailar la épica "Fuego" de Menudo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/17/2005 11:52:00 AM

jueves, septiembre 29, 2005

 

De cómo se puede dominar la voluntad humana en el Más Allá

"Yo no declino en favor de Roberto Madrazo, ni vivo ni muerto", Arturo Montiel.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/29/2005 09:26:00 PM

jueves, septiembre 22, 2005

 

El lenguaje mexicano I

Es de sobra sabido que para los mexicanos el acuerdo internacional más importante es el que su país sostiene con la divina providencia. Y esto no es porque nos saque de pobres mañana mismo, eufemismo que debe utilizarse al llegar a Los pinos, sino porque ha facilitado nuestra comunicación a través de los años. Esto es: la conexión lingüística de todo mexicano para comunicarse con su prójimo pasa por un designio fundamental acuñado en el Más Allá. Empecemos por el principio, por la más pequeña y breve construcción lingüística del castellano: la palabra "no". La negación para el mexicano es una categoría cósmica que se representa invariablemente con su contraparte afirmativa: en México "no" quiere decir en realidad "si". Cuando la mamá le dice al invitado a comer de su hijo, "¿te sirvo un poco más de chayotes, Pedrito?" y el susodicho responde "No, gracias", se sabe con certeza que en el plato aparecerán dos chayotes más. Si se dice, "Vamos al cine, ¿no?" Ese no es asimismo un . El momento culminante es cuando se pretende confundir mañosamente al contrincante y se le aplica el inefable "¿sí, no?"

Hay, de igual forma, construcciones que se han revelado como sublimes conceptos filosóficos. Por ejemplo suceden cuando les aplico un examen oral a mis alumnos y me responden inicialmente con "te lo voy a decir con mis propias palabras, profe". No cabe duda de que estamos ante una nueva definición del tópico "propiedad privada" y hay que empezar a considerar el válium como opción matutina. Más allá de decir la obviedad ("¿con qué otras palabras que no sean las tuyas me lo vas a decir, so güey?") asiento de manera republicana y responden con SUS propias palabras. Otra categoría definitoria de la mexicanidad es la frase que se escucha cotidianamente en los medios de comunicación: "¡Estamos ante un acontecimiento histórico!" Siempre me he preguntado qué piensa la gente cuando se dice esta frase. ¿Será que en efecto todos estamos expulsados de la historia y sólo ciertos eventos podrían ser considerados como históricos? Quizás la coyuntura actual haga repensar las dinámicas cotidianas al grado de concluir la historia de México es la transición a la democracia, y ya ya ya. "El 2 de julio de 2000, se dice, fue un hecho histórico". Menos mal pues de repente podríamos pensar que el sobrenombre de Fox pudiera ser Juan Preciado with boots. Lo notable es que el origen de la transición a la democracia (whatever that fuckin' means in this fuckin' country... club) es cada vez más lejana. La génesis de la alternancia (siempre quise utilizar esta palabra) en México, según un reciente discurso del presidente Fox, está en los terremotos del 85 (de nuevo aquí hay dos cambios políticamente correctos: durante años, los mexicanos utilizamos la palabra "temblor del 85" para referirnos a la tragedia natural más terrible que ha vivido el país; también nos referíamos a un solo "temblor". Hoy día ya hablamos de los dos que hubo con su correspondiente y correcto apelativo genérico: terremoto y terremota).

Existe un apartado del lenguaje mexicano que no hay que pasar por alto: el de los políticos. No haré de nuevo referencia al presidente Fox, pues es inmoral hacer leña del árbol caído (me acordé de la famosa frase de Gonzalo N. Santos: "la moral es un árbol de moras"), pero sí de su exsecretario de Gobernación: el siniestro y escalofriante Santiago Creel. Antes del debate y la primera derrota en la urnas panistas, Creel sostuvo un ilustrado debate con su redentor, Felipillo Calderón. Cuando el equipo de asesores de Creel sacó la famosa playera con la "S" impresa en el pecho, en clara alusión a Supersantiagocreel, Felipe aceleró el envío de kriptonita que ya había conectado en Tepito; acto seguido, dijo: "Tengo la kriptonita para vencer a Santiago". Era obvio que Creel tenía un plan "B" y raudo respondió: "Yo quisiera decirle a mi amigo Felipe que la kriptonita nunca venció a Superman, ni los cuentos ni mucho menos en la realidad". Ya vemos que por lo menos en la realidad sí lo venció. Esto me recuerda a una lección que la gente de mi generación aprendió de una película fundamental: Stand by me. Uno de los niños protagonistas le pregunta a otro:

--¿Quién es más fuerte, Superratón a Supermán?

La sapiente respuesta ante semejante perogrullada no se hizo esperar.

--Pues es obvio que Supermán; Superratón es sólo una caricatura.

Y como el exabrupto se ha convertido en una constante en mi vida, dejo por momentos el tema para regresar a él más tarde. Eso de los abusos no es conveniente, aunque ante ellos me viene una frase patentada por este muchacho delincuente que debiera estar en la cárcel, Óscar Espinosa Villarreal. Sobre los conflictos que le causaba la polícía cuando era regente del DF, dijo: "El problema es que hemos dejado que la policía se corrompa en exceso".

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/22/2005 07:05:00 PM

miércoles, agosto 31, 2005

 

Dicho por Bush

Por lo menos ya sabemos quién es el autor de los últimos atentados terroristas: Katrina.

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/31/2005 10:46:00 PM

domingo, agosto 28, 2005

 

Pumas 0, Cruz Azul 5

¿Algún minino tiene algo que decir?

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/28/2005 02:02:00 PM

viernes, agosto 19, 2005

 

Existe el fetichismo, goddamn!

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Vista aérea de mujeres encueradas".

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/19/2005 06:27:00 PM

lunes, agosto 08, 2005

 

Ociosidades y perversiones literarias en la colonia Del Valle

D. H. Lawrence era un hombre disoluto que tenía una mujer llamada Frieda. Durante muchos años, un escritor católico converso, conocido en el mundo del espionaje como Graham Greene, tuvo a su servicio a Frieda, sirvienta que le sacaba de apuros a la hora de ir al mercado. El hermano del mencionado renegado había sido bautizado como Hugh, mismo nombre del hermano menor del excónsul Geoffrey Firmin, que según consta en una novela intitulada Bajo el volcán -escrita por un tal Malcolm Lowry- había tenido sexo con la esposa del excónsul. Los tres narradores antes aludidos son ingleses; los tres escribieron sobre México; los tres también, last but no least, se pusieron de acuerdo en el Más Allá para tener puntos en común y hacerle la vida de cuadritos a un bergante malintencionado que pretende escribir majaderías sobre ellos. La única conclusión que se desprende de las observaciones anteriores es que, el antes citado bergante, tiene ya el nombre de su siguiente novela: Frieda y Hugh.
CAS


posted by Carlos Antonio at 8/08/2005 03:32:00 PM

miércoles, julio 20, 2005

 

Cruz Azul casi roja

Dopados, secuestrados, procesazos... Ni duda cabe: hay un compló contra la Máquina.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/20/2005 12:56:00 AM

martes, julio 19, 2005

 

Julio regalado

Las horas se cuentan en bloque y la humedad del verano bien podría ingresar en las prácticas de tortura del nazismo. Es cierto: bastaría sólo un puñado de playa para ahorrarse los exabruptos y pensar en la indulgencia de un país bananero (aunque al pintoresco señor Fox le hace falta sólo una declaración veraniega más para convertirse en el clon de Batista, Somoza o Trujillo; debiera tener cuidado, pues el señor Aguilar [Talamontes] está de vacaciones). Ni modos: va mi reino por seguir el laberinto entre nubes y halos solares. Aun así, quedan en puerta una tesis de doctorado y una estrella más en el pecho (será la comprobación, señores, de que Dios es de sangre azul). Julio, a los ojos de cualquier gente decente, es un mes regalado por los hacedores onomásticos. ¿Qué se hace en ese mes? Viajar a las playas como cualquier griego rupestre, matar al gato de la familia con una sobredosis de eructos sabor a chile relleno, redactar capítulos doctorales sobre escritores incomprensibles, esperar agosto -que siempre está más cerca de septiembre y del inicio de las posadas, perdón, de las fiestas patrias- y, por último, que escampe por las noches para fornicar en el jardín sin temor a que nos parta un rayo.

Haré un ejercicio al azar para clarificar mi pesadumbre. Cuando empezaba a publicar, digamos hace unos 15 años, ver mi texto impreso incluso en cualquier pasquín era equivalente a una sucesión de orgasmos con las top models de la época; después, su lectura era la repetición de esos orgasmos cinco minutos más tarde (sobra decir, también, que los tiempos de joven mancebo en los que eran posibles esas hazañas ha quedado atrás). Ahora esa dinámica es radicalmente opuesta, pues de repente hay que coadyuvar con las causas justas -aunque la justicia personal en ese tenor sea equivalente a una suerte de imbecilidad rutinaria- y enviarles textos a los amigos que se lanzan en una nueva empresa literaria (el mayor eufemismo existente en castellano). Para ser claros: no se puede cobrar, lo cual, a estas alturas del partido en que cualquier mozalbete de veinte años le dice a uno "señor", es alarmante. Lo peor es cuando hay personas que creen que uno ha perdido sus contactos con el medio literario y ha pasado a ser un fósil más de la vieja guardia y no un joven emprendedor de mañas antesalistas. En realidad, y es como comentario al paso, por lo que a mi respecta nunca tuve contactos con el medio literario, pues siempre me causó una pereza mayúscula; y lo afirmo convencido, aunque en boca de alguien que, como un servidor, vive (nuevo eufemismo) de la literatura, suene a una frivolidad cartesiana. Pero regresando al ejercicio (la digresión es parte de mi estado de ánimo, una flama al acecho de una sapiencia apócrifa), tengo frente a mí diez ejemplares de una revista en la que colaboré hace un año y me acaban de enviar. Es la publicación del instituto de cultura de un estado desértico del país. Lo primero que me vino a la mente cuando las recibí es ¿qué voy a hacer con tantas revistas? Después, evitar leer a toda costa lo que publiqué ahí (en realidad no me acuerdo) e impedir que alguien cercano lo intente. Me causa temor releer algo que escribí hace tiempo, sobre todo cuando no sé qué es. Los tiempos de joven escritor han pasado, pues con los quinientos pesotes que me pagaron hace un mes por dicho texto, no porque fueran buenas gentes sino porque tenían que justificar ante hacienda el presupuesto otorgado, bien pude irme de vacaciones años atrás.

Julio, el mes con nombre de escritor-argentino-que-fumaba-mariguana, se viene sobre los hombros como figuración malsana, como espectro apócrifo, como papá de Hamlet con sombrero de charro. En las próximas semanas veré a mis amigos que triunfan en el extranjero y han venido a México nada más para constatar que uno sigue en caída libre. Mi amigo Raúl, clavecinista que vive Ámsterdam junto a dos vitrinas en la zona roja, recién ganó un importante concurso con su ensamble; Adriana y Gabriel, pianistas de Graz, acaban de ser contratados en Barcelona para dar varios conciertos; en el verano usualmente los llaman para tocar en Ibiza. Jerónimo, ese viejo lobo fotógrafo, empieza a exponer con éxito en Berlín y Colonia. Y todos vienen a México a visitar a los amigos y hacerles ver un poco más acerca de su desazón, su abatimiento, su medianía. Así, escribir sobre escritores ingleses malos, como lo he hecho durante los últimos cinco años, no pasa de nuevo de una frivolidad necia que nunca hará que me aplaudan en Praga, Viena o Atenas. Ale jacta est. Entonces, ahora que el panorama es claro como el agua, lo mejor será lanzarme a la Comercial Mexicana y comprar esa promoción de Johnny Walker con dos Guinness por 136 pesos: estamos a mitad de mes y queda poco tiempo de ofertas.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/19/2005 02:29:00 PM

jueves, junio 02, 2005

 

Todos los nombres

Tengo una alumna que se llama Guadalupe Félix Cruz. Al principio pensé que ella era "él" porque en la lista escribía su nombre como Félix Cruz Guadalupe. Por supuesto cuando dije "el alumno Félix" nadie contestó hasta que agregué "el alumno Félix Cruz". Sabiendo que me refería a ella, dijo soy yo y me vino a la mente aquel muchacho futbolista, exdefensa central de los Mininos y de la selección nacional y que fue pretendido por un equipo inglés. En realidad no era muy bueno pero, cómo todo minino, le echaba ganas. Le dije que había un futbolista con su nombre. "No, maestro", dijo un poco ofendida por compararla con un futbolista malo. "Mi nombre es Guadalupe. Los demás son mis apellidos". Ya entonces caché que escribía su nombre empezando por el apellido, que también es nombre. Aprovechando un poco la supuesta sapiencia de los que están en el estrado, le sugerí la cualidad dual de sus tres nombres: "¿Te has dado cuenta de que tus nombres, además de ser nombres y apellidos indistintamente, pueden ser usados tanto por hombres como por mujeres? Tampoco le hizo gracia mi sugerencia y subió un poco las cejas como diciendo "mi reino por un poco de inteligencia". Dicho en mi defensa, debo agregar que no tengo la culpa de que haya hombres Guadalupes, como aquel prócer de la Independencia de México y primer presidente del país, Guadalupe Victoria. De hecho se trataba de un seudónimo, pues Victoria en realidad se llamaba Félix, Manuel Félix Fernández para ser exactos. No estaría mal que mi alumna se pusiera nada más Lupe, como el gran Lupe Pintor, que tuvo bien matar a un adversario en el ring y del que mi amigo Sergio estaba haciendo su biografía; una biografía que nunca salió y que más bien fue el pretexto perfecto utilizado por Sergio durante años para no pagarme los tragos que me debía por el sinnúmero de veces que perdió las apuestas futbolísticas. "Tengo que ver al maestro Pintor, se ufanaba". Hablando de pintores, me acuerdo de un Pintor que trabajaba antes en mi casa; aunque no se llamaba así (se llamaba Luis pero había tres Luises más, aunque sin números romanos), su profesión era pintar, así que le decíamos Pintor. Nunca hizo otra cosa. Un día desapareció y nunca volvió a la casa. Mi papá siempre dijo que lo mataron en una cantina. Pero regresando Félix Cruz Guadalupe, creo que se molestó bastante con aquello de su naturaleza dual y, en lo sucesivo, sus trabajos los firmó aleatoriamente como sigue: Cruz Félix Guadalupe, Félix Guadalupe Cruz y Guadalupe Cruz Félix. Un día, incluso, firmó Guadalupe Cruz Feliz, así, a secas. En realidad el único nombre que me perturba un poco es Cruz, pues de inmediato pienso en la gloriosa máquina celeste; también en mi amigo Gerardo de la Cruz, otro que dobletea su apelativo, pues su nombre de pila es "Gerardo de la Cruz", como San Juan de la Cruz o los Juanes de Dios, de los que nunca se especifica bien a bien de qué Dios hablamos y luego nos endilgan a cualquier mocoso. Pienso, asimismo, en el hijo natural de Pedro Infante ("hijo natural" es un concepto que hace que se me ericen los pelitos de la nuca y piense en Raymond Carver y pavorreales) y luego en la Cruz(ada), que tienen como actor a otro muchacho llamado Bloom, quien es el descendiente idiota de dos luminarias fundamentales: Alan y Harold. Por cierto, el joven Orlando, al que sin duda hay que decirle quién es Ariosto y Virgina Woolf, es especialista en profesiones de alto riesgo: herrero (Cruzada y Piratas del Caribe), arquero (El señor de los anillos) y cobarde (Troya). Sobra decir que en esta última se mueve como pez en el agua. Recién termino de calificar el examen final de Guadalupe Félix Cruz y donde va el nombre hay una suerte de oda al cubo Rubik:

GFC
FCG
CGF

No lo leí y acepté con cabeza baja mi derrota. Así, sin más, le puse 10.

CAS

PS. Para los curiosos que se preguntan por qué firmo CAS, es simplemente porque soy fan de Cien años de soledad.


posted by Carlos Antonio at 6/02/2005 08:58:00 PM

martes, mayo 03, 2005

 

Trivia

¿Quién dijo hoy en la mañana "me siento más empresario que político"? No es por hacer leña del árbol caído, pero el interfecto tiene la astucia de un zorro.

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/03/2005 11:10:00 PM

jueves, abril 21, 2005

 

Érase alguna vez una cosa llamada México

Ayer, dos asambleístas del PAN pagaron la fianza de Andrés Manuel López Obrador para que éste no fuera encarcelado. Lo curioso fue que tan pronto se presentó el expediente ante el juez, a los asambleístas les bastó unos cuantos minutos para presentarse en el juzgado y pagar la caución correspondiente. Dijeron que se trataba de un gesto de buena fe (algo así como fuego amigo defeño). El subprocurador Vega Memije aseguró que la fianza era para velar por los derechos humanos del tabasqueño. El procurador Macedo de la Cancha, a su vez, declaró que López Obrador nada más quería ir a la cárcel porque "eso le va a dar la posibilidad de seguir siendo víctima".

Desde las épocas de La Paca, cuando el entonces fiscal especial Chapa Bezanilla armó un operativo espectacular porque una vidente les había dicho dónde estaba la osamenta del diputado Muñoz Rocha, no asistíamos a un momento histórico-literario tan memorable. Veamos. Los legisladores panistas son aquellos que en algún momento quisieron irrumpir violentamente las ahora viejas conferencias matutinas de Peje. Nunca los dejaron entrar y, en un momento de lucidez, afirmaron que nadie les podía impedir la entrada a la conferencia, pues eran ciudadanos común y corrientes y, además... tenían fuero. Acto seguido les cerraron la puerta en las narices (perdón, lector, por el recurso retórico. No es que crea que los legisladores panistas tienen dos narices sino que eran dos). Esa táctica de utilizar a militantes panistas de baja estofa como punching bags no es cosa nueva. Recordemos que Federico Döring fue el emisario de Diego Frenández de Cevallos para llevar a la televisión los videos de René Bejarano y su famosísimo maletín del dinero.

Por otro lado, quién en su sano juicio va a creer que no se les instruccionó con tiempo y tiento a los antes mencionados asambleístas, excluidos por supuesto de tener juicio y acaso de estar sanos por aquello de las dos narices, y se les ordenó que fueran a pagar la fianza. Nadie. El léon (los panistas) creen que todos (los mexicanos) son de su condición (idiotas). La razón es que ahora sí alcanzan a ver al final de horizonte algo que siempre negaron como posibilidad real: una cosa quimérica llamada costo político. Se dieron cuenta de que un Peje en la cárcel podría tener mucha más fuerza que la que tiene ya hoy día. Aquí es cuando la iluminada declaración del titular de la Procuraduría adquiere una dimensión de cámara de notables. "Quiere ir a la cárcel porque eso le dará la oportunidad de seguir siendo víctima". Todos los mexicanos sabemos que Macedo de la Cancha es, por principio de cuentas, un hábil jugador de futbol; después General de División del H. Ejército Mexicano (hay que mencionar que en México hay más generales que soldados rasos). En sus ratos libres es (¡por favor, si todos tenemos derecho a divertirnos!) Procurador General de la República.

La denuncia contra Peje-my-man fue hecha por la Procuraduría General de la República. Esto es: aquéllos que solicitaron ante la Cámara el desafuero y presentaron el expediente ante un juez para exigir la orden de aprehensión son precisamente empleados del llamado abogado del país. Luego entonces, y es que, mi querido procurador, no son ganas de chingar pero la neta los silogismos no me salen, ¿no es la Procuraduría la que ha estado pugnando por que el exjefe de gobierno vaya a la cárcel? Porque eso, hay que saberlo, no le ocurre a cualquiera; sólo a los que han cometido algún supuesto delito (ya sabemos que México es el único país del mundo en el que todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario). Por eso quiero pensar que ayer, cuando el general-procurador dio su conferencia de callejón del área, le vino un lapsus pernicioso, una laguna mental que le ocurre a pocos, un halo de insuficiencia que sólo padecen aquéllos que manejan un país como si fuera un changarro. El procurador dice que López Obrador quiere ir a la cárcel porque quiere hacerse víctima cuando es él mismo quien lo está mandando tras la rejas. Ahora sí, señores míos, estamos ante una historia que ni La Paca hubiera imaginado, ni La Paca.

CAS

PS. Pregunta para gente sabia: ¿cómo se llama la Fiscalía especial encargada de los delitos de López Obrador, apoyada por un poco de aparato de Estado?

R= Peje R (si ya hay un Big Brother 3-R, ¿por qué no puede haber una Peje R?)


posted by Carlos Antonio at 4/21/2005 10:46:00 AM

sábado, abril 09, 2005

 

Contestadoras II

Los mensajes en las contestadoras, reitero, dejan una extraña sensación de sentirse queridos. Esto independientemente de que sean para cobrarnos las cuentas de la tarjeta de crédito o proponernos un plan a la medida de nuestro ataúd cuando tengamos a bien pasar a mejor vida. En mi colección, la agencia funeraria Gayosso aparece en varias ocasiones. Existen, sin embargo, también mensajes de odio. Como comentario al margen, y acaso con esto estaré echándome la soga al cuello, por lo general no contestó el teléfono cuando estoy en la casa. La contestadora es, en este peculiar caso obsesivo, el filtro perfecto que me permite, más allá de privilegiar a un interlocutor, sentirme halagado por escuchar de viva voz a gente que se preocupa por mí, lo cual, he de decir, creo que no me merezco. En fin, dejando el margen, mis mensajes favoritos, decía, son los de desprecio absoluto. Por ejemplo, tengo uno que me dejó el equipo completo de los Borregos Salvajes del Tec de Monterrey; argumentaban (lo sé, lo sé, es concederles demasiado) que yo era un vulgar hijo de puta por no pelar a su amiga, la campeona nacional de 800 y 1500 metros planos. También hay otros en los que se menciona "¿cómo pudiste hacerme esto?", "¡contesta hijo de tu pinche madre o te corto las bolas!" o "sé hombre ahora que perdió el Cruz Azul". Estos últimos, sobra decirlo, son escasos hoy día.

No obstante, nunca me había tocado alguna injuria que no fuera para mí. Ayer, por una equivocación motivada por los duendes de las líneas telefónicas (piénsese en Carlos Slim con gorrito verde) o por alguna ominosa canallada de la AFI, un alma en pena dejó un mensaje en el teléfono equivocado, ergo, el mío. Después de escucharlo me entró una bucólica sensación de orfandad por no haber sido el verdadero destinatario. Lo trancribo a continuación para poner al lector al tanto de esta digresión:

Por favor quiero hablar contigo. Te mandé un mensaje al celular [aquí pensé en las veces que he dado el número de mi celular; cabe destacar que no tengo celular]. Xavier... [obviamente entoné la canción de Los toreros muertos]. Sé que me estás estás escuchando. Por favor, contéstame. Al menos dame la oportunidad de explicarte, ¿no? [¿qué esto no sólo lo decimos los hombres?]. Xavier... Por favor. Xavier, Xavier, por favor PUEDO EXPLICARTE [okey, explícalo, querida, al cabo que ya tenía pensado cambiarme de nombre; firmaría con una X, por supuesto]. Xavier, sí puedo explicarte o no puedo explicarte [hombre, que nos explique ya de una vez por todas]. Porque mi amiga también ella comete errores y sin embargo yo no la estoy ventaneando contigo [¡uy!, qué fuerte]. Creo que me merezco que por lo menos me escuches o que me digas, sabes qué vete al Diablo [y aunque somo buenos amigos, jamás la mandaría con él].

Después de escuchar semejante intento de réplica, me sentí un poco menos hombre, un poco más mundano y un poco más idiota. Maldije con conciencia de causa el momento en que mis padres obviaron el nombre Xavier en la pila del bautizo, así como mi incapacidad inmediata para poder ir ahí, a ese lugar de ensueño, en donde las tinieblas hablan y los mansos hierven. Ya será en otra ocasión.

CAS


posted by Carlos Antonio at 4/09/2005 02:33:00 PM

jueves, marzo 31, 2005

 

Where is the money, Lebowsky? Where is the fuckin' money? Ni modo: van mis cenizas por un puñado de duros.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/31/2005 03:11:00 PM

miércoles, marzo 09, 2005

 

México 1, Argentina "C" 1

Nacho Trelles es un caso extraño del futbol mexicano. Conocido como uno de los mayores estrategas nacionales, don Nacho tenía un largo y brilloso colmillo que lo hacía lucir como un connotado viejo lobo. Cuando era entrenador del Zacatepec, por ejemplo, media hora antes del partido ordenaba regar la cancha del legendario estadio Coruco Díaz . Así, la selva cañera, conocida bien porque los jugadores del equipo visitante sufrían insolación al minuto veinte del primer tiempo, se convertía para el segundo en un sauna perfecto sólo comparable con el de algún spa serio de Ixtapan de la Sal. Otra de sus cualidades era que si su equipo iba ganando, entraba a la cancha aparentando ser un viejo despistado y obstruía el ascenso del lateral rival; también, arrojaba balones a su área cuando un delantero pretendía horadar su valla. Una vez, en un partido amistoso, la selección mexicana jugó contra Inglaterra en el histórico y desaparecido estadio de Wembley. El resultado fue revelador: Inglaterra 8, México 0. Nacho Trelles era el entrenador. Cinco años más tarde, en el Mundial del 66, la selección azteca corrió con tan mala suerte que le tocó enfrentar otra vez a Inglaterra, el equipo anfitrión. Pero don Nacho había aprendido la lección y juró que no lo volverían a golear: alineó a nueve defensas en el pasto sagrado de Wembley para jugar contra el equipo de la rosa. El resultado también fue revelador: México sólo perdió 2-0.

Parece que, hoy día, las enseñanzas de don Nacho siguen vigentes; lástima que los nuevos técnicos nacionales las hayan entendido mal. Ricardo Antonio Lavolpe, entrenador actual de la selección mexicana de futbol, alineó hoy en la noche a seis defensas nominales frente a una tercera o cuarta selección argentina. Aquí hay de varias sopas, pues es una perogrullada decir que con una formación así es imposible ganar: 1) que Lavolpe es mal entrenador, 2) que, por ser argentino, le puede ganar al equipo de su país sólo por casualidad y jugando mal (como sucedió en la pasada Copa América), y 3) que es un cobarde. No es por ofender, pero me inclino por la última opción, pues Argentina "C" no es una selección que ganara un Mundial, como Inglaterra. Habría que regresar a los tiempos de don Nacho Trelles y autonombrarnos, de nuevo y sin más, ratones verdes.

CAS


posted by Carlos Antonio at 3/09/2005 11:57:00 PM

lunes, febrero 21, 2005

 

GCI

Ella cantaba boleros, ahora sí, en una Habana para un Infante difunto. Se fue el último grande pero, huelga decirlo, lo cabrereado nadie nos lo quita, aun cuando ya no seamos infantes.

CAS


posted by Carlos Antonio at 2/21/2005 11:55:00 PM

miércoles, febrero 02, 2005

 

Se cree que la gordura es signo de opulencia. Y nada más eso: se cree, pues en mi caso el sobrepeso, si bien me define como aristócrata, también me haría ingresar como miembro distinguido de la Perra Brava toluqueña, porra formada por gente pudiente, ergo, que durante un partido puede comerse 23 tacos de suadero y 12 órdenes de chorizo verde. Y nada más eso, pues yo sigo sin ser famoso o algo, además de gordo y sin varo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 2/02/2005 05:36:00 PM

domingo, enero 30, 2005

 

Entonces, hablemos de la Cruz Azul...

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/30/2005 01:42:00 PM

martes, enero 25, 2005

 

Faltaba más

En México no hacen falta ni marines ni Tomahawks para liquidar a nuestro ejército: se matan ellos mismos.

Chocan dos helicópteros militares; cinco muertos

Associated Press

MEXICO - Dos helicópteros militares mexicanos chocaron en el aire y cayeron a tierra cuando realizaban maniobras de rutina. En el accidente murieron cinco militares y cuatro resultaron heridos.

El choque de los dos aparatos MI-17 de la fuerza aérea mexicana se produjo cerca de la Base Aérea Militar No. 1 en el pueblo de Santa Lucía, informó la Secretaría de Defensa en un comunicado.

Las víctimas fueron identificadas como el capitán Carlos Campos Guzmán; el teniente Noel Chávez Ortiz; el teniente Salomón Hernández Olmedo, el subteniente Sigifredo Chamu Barbosa y el sargento Edén de la Calleja Mejía.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/25/2005 11:14:00 PM

martes, enero 18, 2005

 

Ni modos

En los baños de la facultad, arriba de un mingitorio, se lee: "Carlos Antonio de la Sierra es un farsante". Mientras orinaba tranquilo pensando en la frase, me vinieron a la mente toda las veces en que anhelé ser maestro de la UNAM, que digo de la UNAM: de la heroica facultad de Filosofía y Letras. No sólo vislumbraba el estatus que me daría pertenecer a la máxima casa de estudios, sino también la posibilidad real de ligarme a hermosas estudiantes que tuvieran a bien enseñarme sus lindos muslos durante una clase sobre Faulkner. Ahora, a la distancia, sólo alcanzo a ver que las ilusiones pedagógicas son meros pretextos para socavar la líbido de los mansos y ser maestro universitario, en sentido estricto, es la plataforma perfecta para acumular deudas bancarias. Dicho de otro modo: la inopia y la repulsión son peculiaridades ineluctables de aquel que cruza el umbral de la educación pública. Así, sin más, escribí abajo: "Estoy de acuerdo".

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/18/2005 01:37:00 PM

viernes, enero 14, 2005

 

Gravesen

El gran maestro danés Thomas Gravesen es ya jugador del Real Madrid. Qué Dios agarre confesados a los galácticos de Chamartín que el ogro comenzará a devorar niñas. La primera tiene nombre y apellido: David Beckham.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/14/2005 08:57:00 AM

martes, enero 04, 2005

 

En Cuernavaca

--Vamos a ir a casa de mi amigo Carlos --le dijo Georg a su hijo León de seis años.

--¿Y él quién es? --respondió el niño, intrigado.

--Un amigo escritor.

--¿Y cómo es un escritor?

--Son tipos serios que inventan historias.

Durante la comida el pequeño León no me quitó los ojos de encima. Cuando llegó el postre musitó entre dientes:

-Papá, Carlos el escritor se parece más bien al Gigante egoísta --Georg me dijo, a manera de disculpa, que León estaba ansioso por saber cómo era un escritor.

--León también hace cuentos --dijo Yael, la mamá del pequeño.

--Así que escribes cuentos, León --pregunté.

--No, no los escribo: los invento.

-Ah, muy bien.

Ya cuando se iban, el pequeño León le preguntó a su papá "¿Crees que le haya dado tiempo de hacerse el gigante bueno para que nos dé unos dulces a mis hermanos y a mí?" Georg lo subió a la van para silenciarlo y me dio un abrazo. Yo sólo pensé que nunca más leería a Oscar Wilde ni escribiría cuentos, únicamente los inventaría.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/04/2005 11:37:00 AM

viernes, diciembre 24, 2004

 

Me dijeron que la mayoría de la gente festeja hoy la venida del Señor. Lo que son las cosas: en mi casa sólo celebramos la Nochebuena con pavo, bacalao y romeritos. Hasta ahora entiendo, en todo caso, por qué hay algunas mesas navideñas en donde siempre se ha visto algo parecido a la leche Nestlé.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/24/2004 01:10:00 PM

miércoles, diciembre 15, 2004

 

"Prefiero ser mala que fea", confesión invernal de una conspicua historiadora del arte.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/15/2004 06:59:00 PM

miércoles, diciembre 08, 2004

 

¡Despertad!

Hoy, después de aplicarles a mis alumnos un examen imposible de aprobar, llegué a mi casa. A la entrada del edificio me encontré con sendos textos que, a simple vista, se veían sospechosos. Uno era el Diario Oficial de la Federación y otro un pasquín que nunca había visto llamado ¡Despertad! Tomé este último porque intuí que se trataba de una nueva experiencia literaria de emprendedores jóvenes literatos que se lanzaban a una flamante empresa literaria; por supuesto me sentí con la obligación moral de decirles que ninguna empresa literaria funciona en este país a menos de que a priori se incluyan en esta ínclita disciplina las novelas del Subcomandante Marcos. Pero ya viéndola con cuidado noté que, más bien, era uno de estos pasquines religiosos que intentan propagar la palabra del Señor, que siempre puede ser cualquier señor, incluso el de las nieves (este hombre, ahora que termina el año y por una misteriosa matamorfosis, deja de ser el abominable hombre de las nieves y se convierte en el abominable hombre de las rentas).

El tema del boletín, según vi en la portada, era el de cómo también los científicos pueden acercarse a Dios. Como no tenía destinatario (seguro alguna alma caritativa lo había dejado como quien esparce el cuerpo de Dios con agua bendita), lo tomé para revisar las modas religiosas de principios de siglo. En la suerte de directorio de la revistita se leía: "¿Quisiera más información? Escriba a la sucursal de testigos de Jehová que corresponda". Y aquí vienen las direcciones de las sucursales de los testigos que le corresponde a cada país. Por ejemplo, si uno vive en Belice tiene que escribir a la sucursal en México, aunque eso de sucursal suena un poco extraño, pues lo único que aparece es un apartado postal. Seguramente estos muchachos, por algún pacto providencial con la divinidad, tienen la cualidad de encogerse cuando les venga en gana y poner una oficina en la caja de un apartado cuan así lo dispongan. Los nuevos nichos, también les dicen.

Como se trata de un número especial sobre los científicos y Dios, la miscelánea de artículos es variopinta. Se leen cabezas como "Es Anticientífico creer en Dios", "Razones por las que creen en Dios algunos científicos", "Enigmas que desconciertan a los científicos" o "¿Cómo puedo impedir que me maltrate mi novio?", en la sección para jóvenes (esta es mi parte favorita). Después de concluir que tenía que suscribirme a la publicación o acudir a una sucursal cercana y negociar con algún liliputense, vi que en la portada, escrito con pluma y casi imperceptible, aparecía la leyenda "depto. 7". Si bien está demás decir que se trata del mío, lo que me ocupa ahora es encontrar a esa persona de bien que pensó en la perdición de mi alma y tuvo la bondad de acercarme la palabra del señor. Aunque no soy científico, he cohabitado por años con un ser de otro mundo llamado Juanita, que cercena cualquier dictum científico; además tiene la estatura suficiente para trabajar también en una sucursal. Por eso, la única manera de entender esas vicisitudes es suicidarse o leer documentos nodales como ¡Despertad! Gracias

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/08/2004 07:42:00 PM

jueves, diciembre 02, 2004

 

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Qué significa la palabra verga (mínimo dos cuartillas)".

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/02/2004 07:23:00 PM

jueves, noviembre 25, 2004

 

De los misteriosos sentimientos motivados por cumplir años, hay dos que debieran quedar en la siniestra lista de la ignominia. Hoy día que llego a los 32 se confirma la venta de Luciano Figueroa al Villarreal en una cantidad risible y, de nuevo, como ha ocurrido por más de tres décadas, recuerdo como un hombre cabal y conspicuo que Augusto Pinochet nació el mismo día que yo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/25/2004 10:19:00 AM

viernes, octubre 22, 2004

 

Su precio, unos dólares

Todos sabemos que las tragedias de Shakespeare no son de Shakespeare sino de un desconocido que se llamaba exactamente igual. Es vox populi, también, que Jorge Luis Borges no era él sino un sagaz embaucador que se hacía pasar por el argentino y conmovía a la gente por estar ciego. Cervantes, por su parte, nunca escribió el Quijote; más bien fue el editor de las dos partes. Se rumora que pagaba muy mal las traducciones. Jonathan Swift no es autor de algo llamado Los viajes de Gulliver simplemente porque el gran capitán Lemuel Gulliver no escribía novelas de aventuras sino serios tratados de moral (Swift, a lo largo de su vida, fue especialista en dar gato por liebre). Pessoa, Lewis Carrol y Nerval nunca fueron ellos mismos sino que abusaron, sin el menor remordimiento, de la sensibilidad de personas dignas y trabajadoras a las que les fueron robados sus nombres. El Günther Grass que de repente se presenta con bombo y platillo a dar una conferencia es en realidad un doble perfecto que antes de conseguir este trabajo de alto riesgo era carnicero en Kreuzberg. Tampoco Alfredo Bryce Echenique es al que conocemos por las portadas de sus libros o por el famoso récord de haber bebido 17 martinis en dos horas en un hotel de Bogotá; el verdadero Bryce es una suerte de monje inca que vive en una cueva insalubre en los Andes peruanos. Ahí sus editores recogen su nuevo libro a cambio de un poco de queroseno y un par de botellas de pisco añejo. Stendhal, Neruda y Flaubert fueron, asimismo, autores apócrifos, máxime el último cuando dijo "Madame Bovary soy yo". Por eso, aquí, hoy y siempre, aquel interesado en los libros deberá asumir como mandamiento providencial la vieja frase de Hugo Loetscher en El inmune: "Allí donde se hable de amor de forma irregular y sin escrúpulos, cabrá sospechar con razón que el escritor se encuentra cerca. Rogamos una atención especial a este tipo de trampa".

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/22/2004 09:10:00 AM

martes, octubre 19, 2004

 

Tagore revisitado

Rabindranath Tagore, el poeta. Difícil será encontrar a un escritor que conjugue tan intensamente las fantasías místicas y la labia de la poesía. Galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1913, después de un cruento debate entre los integrantes de la academia sueca, Tagore (Calcuta, 1861-1941) fue también un libre pensador que pugnaba por la independencia de su amada India y la emancipación cultural de su nativa Bengala. Si bien su lucha fue por la separación política y cultural de Occidente y Oriente en dos constructos distintos en el mundo, su labor seminal fue la revalorización y reivindicación de su propia cultura ante el mundo dominante. Aun cuando vivió varios años en Inglaterra, Tagore siguió escribiendo prácticamente todos sus textos en bengalí. El inglés podía ayudarle a ser conocido en otras partes, ¡en muchos otros lados!, pero sus argumentos para no hacerlo eran, sin embargo, irrefutables: "La música de las distintas naciones tiene una fundación psicológica común; no obstante, esto no significa que no exista una música nacional. Lo mismo opino acerca de la literatura". Dicho de otro modo: sólo aquel que conozca el bengalí entenderá con plena intensidad y palmaria profundidad, todas y cada una de sus líneas, de sus palabras adoloridas.

En una conversación sostenida en 1930 con H. G. Wells, el autor de La máquina del tiempo, progresista tecnológico irredento, le reclamaba a Tagore su negativa a que existiera un lenguaje común que predominara en el mundo, de tal forma que el entendimiento entre las distintas culturas fuera más extenso. Rabidranath respondía con sapiencia y tranquilidad abrumadora: "La tendencia en las civilizaciones modernas es hacer un mundo uniforme. Calcuta, Bombay, Hong Kong, son más o menos iguales, y usan máscaras que no representan a un país en particular [...] Nuestra fisonomía individual no necesita ser la misma. Dejemos a la mente ser universal". Está de sobra comentar que en él encontramos a uno de los primeros un globalifóbicos.

Fiel a una tradición hiératica que arrastra reminiscencias de los Vedas, pasión por los Upanishads y omnipresencia del Mahabarata, la conducta de Tagore fue en todo momento consecuente con su pensamiento. En 1919 renunció al título de Sir, que le había otorgado la corona británica en 1915, en protesta por la matanza que tropas inglesas realizaron en Amritsar: aproximadamente cuatrocientos indios que protestaban contra las leyes coloniales fueron acribillados. Este proceder no dejará de causar asombro, sobre todo porque fue también la bandera de uno de sus mejores amigos, y acaso también un discípulo: Mahatma Gandhi.

Gintajali es probablemente su obra más importante, y fue -en todo caso- la que le dio entrada en las letras occidentales. En inglés fue publicada en 1921 (ocho años después del Nobel); W. B. Yeats realizó el prólogo. Ya en pleno auge tagoriano, Ezra Pound escribió que siempre será mejor citar a Tagore que reseñarlo, en clara mención de que después de leerlo no hay nada más qué decir. En América fue traducido y celebrado por Pablo Neruda y Victoria Ocampo. Albert Einstein y Romain Rolland figuraron entre sus numerosos interlocutores, y hay transcripciones célebres de sus discusiones.

Tagore revisitado. Su importancia hoy día es vital; fue de los primeros en poner en entredicho el hoy tan mentado canon occidental. Su enseñanza final entre nosotros, inexorables occidentales, será que aun ganando un Nobel se puede seguir escribiendo en bengalí.

CAS



posted by Carlos Antonio at 10/19/2004 09:41:00 AM

martes, octubre 05, 2004

 

Hay gente que insiste en decirle a la banda "yo no soy pendejo". Hay otros que blanden un látigo afable y lo someten a la voluntad de los tibios ("I´m the author", they say). Existen aquéllos que roban alcantarillas, después van a la cárcel y, por alguna circunstancia divina, se hacen abstemios (de cierta manera huyen de la justica). Sabemos de los que vomitan ropa sucia o mean casas de menonitas insomnes; también subsiste la banda que nos obliga a decir (hoy día, sin importar las horas de la noche) que no son viejas tontas (aunque odien el mundo, goddamn). Habrá, según la intuición de algunos, una tersa savia, dos vasos de ron nicaragüense y una ficha de dominó que oficializará el sentido de la partida, aun cuando uno siga siendo estúpido y blasfeme palabras sucias al atardecer.

CAS



posted by Carlos Antonio at 10/05/2004 01:55:00 AM

lunes, septiembre 13, 2004

 

Los encuentros de escritores sirven para ver de nuevo a amigos queridísimos de toda la vida, conocer a los que serán nuestros nuevos enemigos y hablar en lo sucesivo de su exuberante estulticia, asumir los encontronazos íntimos con hombres, mujeres o quimeras al grito de "mi corazón está en casa pero mi coño no", constatar que los poetas son personas sensibles y respetables pero no escriben una sola línea de prosa decentemente, enumerar las veces que se preguntó "¿dónde está el whisky, badulaques?" o "¿quién ha osado beber de mi Tecate?" y dejar un insigne pedazo de nuestra sensibilidad vía una regurgitación bien puesta en el water del hotel. Lo demás es lo de menos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/13/2004 04:40:00 PM

martes, septiembre 07, 2004

 

He aquí un reto serio que va más allá de mero desplante de bravucón: aquél que dude, desconfíe o conjeture que el Cruz Azul no será campeón esta temporada, puede ir preparando los floretes.

CAS



posted by Carlos Antonio at 9/07/2004 10:05:00 PM

lunes, agosto 30, 2004

 

El viernes pasado me operaron de los ojos. Al parecer todo salió bien, aunque nunca olvidaré el olor a carne quemada de cuando me aplicaron el láser. Al día siguiente fui a ver al oculista (siempre quise escribir esta expresión). La sala de espera estaba llena y tuvimos que esperar afuera del consultorio. Ahí, al fondo, en un lugar cercano a los elevadores y como quien planea una fuga, una doncella leía un libro. Lo reconocí por la portada y un frío incendiario se apoltronó en mi cuello. Era Ensayo sobre la ceguera.

CAS


posted by Carlos Antonio at 8/30/2004 04:10:00 PM

lunes, julio 26, 2004

 

Cursos y talleres para agosto y septiembre de 2004

Alguna vez un amigo me dijo que yo no hacía nada por mi autopromoción y por eso seguía viviendo donde vivo. Sin explicarle que la luz matinal por mi ventana me hacía sentir como la princesa Rapunzel, sólo le dije que era por modestia. Ahora, sin embargo, creo que he sido demasiado modesto, o idiota, y decidí cambiar un poco la dinámica, pues no quiero que mi nevera (y mi estómago, of course) permanezcan vacíos los próximos seis meses. Por eso, si es que existe algún interesado (siempre he preferido esta palabra a "ingenuo") en tomar algún cursito, va a continuación la información, con su link correspondiente, de las clases para el resto del año.

-Escritores suicidas

-Edgar Allan Poe revisitado

-Taller de redacción

-Cine y Literatura. Más allá de la tinta y el celuloide

 
Todos los cursos serán en el Distrito Federal, ergo, México City. Para abundar en cualquier información mi correo es cadelasierra@hotmail.com

Vale,

CAS





posted by Carlos Antonio at 7/26/2004 10:35:00 AM

martes, julio 20, 2004

 

As good as it gets
 
El verano en la Del Valle ha sido de desasosiego. Quizás no sea precisamente así, pero siempre quise utilizar esa palabra: d-e-s-a-s-o-s-i-e-g-o. Me suena como a una frase réproba: "De ésa, so ciego, ¿que no ves?" Hay otros términos que me atraen, pero más dichos que escritos. Cuando escucho "combustión" o "licuado" tengo la impresión de asistir al nacimiento de la teoría de la relatividad o a la culminación de un gol del Cruz Azul. Pero decía, pues: el verano ha tenido como común denominador la literatura y el alcohol. El objetivo inicial fue leer un libro diario, cosa que -aunque pedante- he llevado a cabo con suma diligencia. Eso, claro, cuando no interfiere otra de las intenciones veraniegas: un pomo diario. El alcoholismo, según rezan sus más fervientes denostadores, cercena un número inimaginable de neuronas y es una enfermedad que reprime la evolución de las sociedades. Tienen razón. Ahora bien, otra cosa es hacerles caso y tirar al retrete el bourbon que tengo frente a mí. Hace unas horas tuve una discusión con mi ex, que como toda ex cree poseer todavía autoridad para gritar improperios por el auricular o impedir el número indicado de sorbos de whisky en quince minutos. 
         -Ahora voy muy seguido a las cantinas -me dijo con sobrada suficiencia. 
         -¿Y por qué conmigo nunca quisiste ir? -pregunté indignado. 
         -Porque tenía migraña; aunque ahora ya sabemos que no era migraña sino neuralgia. Me inyectaron en la cabeza y ya estoy sana. 
         -¿Y qué bebes? 
         -Whisky con agua quina 
         -Ese trago te lo enseñé yo. 
         -Ya lo sé. 
         -¿Con quién vas? 
         -Con amigos.
         -¿Qué amigos, si no tenías amigos? 
         -Qué te importa. Has de saber que ahora tengo un vida propia, ¿o crees que me iba a quedar esperándote toda la vida? 
         -Entonces veo que yo era el causante de todos tus males, ahora hasta te emborrachas.
         -¡No seas ególatra! ¿Acaso crees que tú eres el centro del universo.
         La psicología femenina, probablemente de una vehemente complejidad alejada de la futilidad masculina, es objeto de numerosos estudios académicos. Por lo general, las conclusiones pertinentes dejan más dudas que respuestas, aunque de alguna manera señalan el origen del entramado enigmático. La metodología al respecto debe centrarse, entonces, en tres mujeres primogenias: Helena de Troya, Eva de Adán y Blanca Nieves de los siete enanos. Asimismo, hay un elemento mediático, según he leído, que no debe perderse de vista: la manzana, o la idea de la manzana, o la flecha en la manzana. En fin, se dice que las investigaciones deben incluir sin falta, no sé bien a bien por qué, las historias personales de San Sebastián y de Guillermo Tell. La conclusión, que secundo firmemente desde mi penthouse en la Del Valle -hoy día en que debería estar en una playa nudista de Barcelona y no escribiendo memadas-, es: los hombres son seres inferiores.
         Pero el verano se rompió técnicamente ayer. Hay que acotar que en la tarde llovió durante cinco horas seguidas, la luz se fue el mismo tiempo y los accidentes de tránsito estuvieron a la orden del día. Leí unos minutos con velas pero lo dejé, no tanto por forzar la vista como por pensarme como una lamentable musaraña. Entonces concluí que había dos posibilidades: sentarme en un sillón a ver llover o masturbarme. Escogí lo primero más por pereza que por otra cosa, al tiempo que sonaba el teléfono. Era Joe. 
         -¿Carlous? 
         -¿Joe? 
         -¿Cóumo estás? Oye, necesito que me hagas un favour. Mañana vienen a mi casa unos amigous a hacer una película pornou y necesitou que alguien se encargue de la iluminación. 
         -Ya. Y quieres que yo lo haga, ¿verdad? 
         -Sí. Me van pagar treinta mil pesos.
         Quizás las explicaciones respecto de quién es Joe sobren, pero a lo mejor son menos aburridas que mi narración acerca de cómo caía la lluvia afuera de mi casa. Joe, como mucha gente que viene a México, es un gringo loco que llegó hace algunos años a reencontrarse con algo que él llamó en su momento "la madre ambiente". Por más que le insistí en que a lo mejor sería más apropiado si dijera "el padre ambiente", aun cuando no entendiera un carajo de lo que eso significaba, se negó rotundamente. "La madre ambiente, Carlos; es un asunto metafísico". Tiempo después entendí que su encuentro con esa señora era vestirse con bermudas hawaianas y mocasines, manejar un jeep del año 75, comprar aparentes antigüedades en Tepito y jugar tenis mal los sábados por la tarde. "Ve este daguerrotipou", me dijo una vez, "es original. En los Estadous Unidous lo podría vender diez veces mas carou. Si sigo así me puedou volver millonario en unous meses". Sobra decir que nunca se volvió millonario y más bien sus escasas llamadas eran para que le invitara una cerveza cuando no tenía dinero. De hecho vive de ser fotógrafo para algunas revistas de viaje y transar a uno que otro incauto que le pide videos para su boda. He olvidado decir que aparte es un disoluto miserable y de repente fotografía a mujeres encueradas. Las engaña con el viejo truco del desnudo artístico y de que él es el gran fotógrafo que puede catapultarlas a la fama, para lo cual su pendejo acento de gringo inofensivo le funciona perfectamente. Suele pagarles una miseria y después clava las imágenes en su computadora, en un acto de fetichismo que sólo entiende un oriundo de Iowa. Aunque no le hago mucho caso, se vanagloria de tener cien gigas de pornografía. Nunca supe, no obstante, que se dedicara ahora a hacer videos porno, aunque dicho sea de paso, era por todos conocido que se presentaba siempre como filmmaker y no como fotógrafo.
       -De hechou es apenas el segundo que hago -respondió a mis dudas-. El primerou pensé que podía hacerlo solo pero la luz estuvou de la chingada.
       Lejos de extrañarme que hubiera podido escogerme a mí, un simple maestro universitario de vacaciones-de-verano-sin-playa-y-con-azotea-diluviada, me llamó la atención su uso cada vez más adecuado de las maledicencias en español.
       -Te doy seis mil varous si me ayudas -me sobornó el culero-. Son sólo unas horas.
        -Ocho.
       -Hechou -respondió rápidamente: seguro le habían ofrecido más dinero.
       En realidad la idea de observar el making of de un video porno no es algo que me quite el sueño, pero necesito dinero para operarme los ojos y con esto junto lo necesario. Además hoy en la noche no tengo nada que hacer y una chelita mientras recuerdo mis años de luminotécnico cuando hacía teatro, no me caerá mal.
       -Te veo en la noche, Joe.
       -OK. Nada más hay una cousa, que sólo porque eres mi amigo te digo. La escena será entre dous chavas y un güey...
       -Está bien, está bien, no me importan tus preferencias voyeuristas, Joe.
       -Menos mal, Carlous. Sin embargou, lo que te quería decir es que las chavas son menores de edad, pero ya veo que eres igual de cinicou que yo. Te veo al ratou, pues -y colgó.
 
 
CAS 
 





posted by Carlos Antonio at 7/20/2004 06:00:00 PM

lunes, julio 05, 2004

 

"¿Eres De la Sierra?", me preguntó mientras se echaba un trago de charanda con jugo de naranja y acomodaba sus hermosas piernas de bailarina en el tapete. Yo, curiosamente, estaba con los pantalones abajo debido a un incomprensible juego de apuestas. Contesté sí al tiempo que, en un acto instintivo, ocultaba discretamente el abultamiento de mi entrepierna. Sólo torció un poco la boca como diciendo "lo sabía, hijo de la chingada" y no me dirigió más la mirada. El castigo más perverso de la velada, sin embargo, se lo llevó Fredy: le tocó bajarse los pantalones con todo y sus calzones con mancha amarilla. Fue obvio que el chavo de la esquina se enamoró de él. La semana pasada, después de 12 años, me encontré de nuevo a la bailarina. Fue en una de esas presentaciones de libros de los amigos. A la hora del vino, mientras platicaba con el autor (de un libro de cocina formidable), unas manos tomaron mis hombros y al oído escuché la frase de años atrás. "¿Eres De la Sierra?" (hubiera preferido, no obstante, un "¿eres tú, Carlos?"). Después de mirar que mis pantalones estuvieran en su sitio, me volví hacia ella. La mueca era la misma de la primera vez, aunque esa arruga que viene de la nariz y enmarca la boca era ya mucho más visible. Creo, aunque temo mucho equivocarme, que ahora la injuria maquinada mentalmente años atrás se había transformado en un "me da gusto verte, sobre todo con los pantalones arriba". Sonreí y brindé con ella. Después de recorrer su figura, me percaté que se sostenía en una muleta: le faltaba una pierna. Busqué el semblante adecuado para matizar mi sorpresa; nunca lo encontré.

CAS


posted by Carlos Antonio at 7/05/2004 12:24:00 AM

miércoles, junio 16, 2004

 

Una de diarios

Cuando apareció en México el periódico Reforma, éste se caracterizó por dos cosas memorables: 1) sus dueños se pelearon con los voceadores porque pretendían vender la publicación en días sagrados como 1 de mayo y 2) por sus exuberantes faltas de ortografía en encabezados a ocho columnas. A casi una década de vida, el Reforma sigue con una línea editorial bastante singular: todos sus encabezados empiezan con un verbo (una suerte de "pasado histórico" de alta escuela). Y si bien es probable que los dueños hayan tomado el nombre del diario por el Paseo de la Reforma inaugurado por don Porfirio y no por las leyes de Reforma, tan poco conocidas en ciudades prósperas como Monterrey, hay que reconocer que a veces las faltas de ortografía hacen ganar más dinero que escribir correctamente. No obstante, hay frases que merecen ser enmarcadas en letras de oro y ser subastadas entre los insignes miembros del gabinete foxista (está de más especular: todas se las llevaría Carlos Abascal; Lino Korrodi ya no está). Así, minutos después de explicarles a mis alumnas de redacción la diferencia entre "incluso" e "inclusive", me topé con el siguiente encabezado en la sección "Justicia" del Reforma: "Pierde mujer a hijo nonato al peregrinar". Ni Carlos Fuentes lo hubiera imaginado, señores, ni Carlos Fuentes.

CAS


posted by Carlos Antonio at 6/16/2004 10:29:00 PM

jueves, mayo 27, 2004

 

Hacia el mar blanco en la bodega

Las andanzas de los últimos días han sido sinuosas. Recuerdo que vi cómo era mi ciudad hace un siglo. Un auténtico rastro pero dotado de hermosura. Además en una esquina del Centro Histórico perdí mi sombra; a la fecha no la he recuperado (sé que sólo a los boxeadores malos les sucede). Por suerte Dios tiene nuevo nombre y viste casaca azul (Luciano Figueroa, señores, no mamemos). Siendo sinceros, todavía hay un doctorado en puerta, dos amantes en espera de que alguien recorra el patio trasero de sus muslos y un poco de cerveza trigueña, ese néctar que hace de la villanía un estadio de bienaventuranza. Repito: perdí mi sombra como un memo cualquiera. Pero eso no es todo: desde hace unas semanas mi rostro ya no aparece en el espejo del cuarto de baño. Atónito, me vinieron a la mente vampiros invisibles. Entonces, así, como quien renace en un WC, intenté la vuelta de mi imagen al espejo. Después de horas sempiternas en las que mis manos ensangrentadas llenaron de círculos el azulejo, desistí. Por eso llevo casi un mes sin rasurarme y he tenido problemas con la policía; dicen que mi look Ahumada es políticamente incorrecto, que me ande con tiento (mi reino por el dormitorio dos). Por si fuera poco libré una orden de arrestó que libraron a mis espaldas (estaba en la barandilla y el MP que lo ordenó atrás de mí). Quizás sea un error y mi epitafio dirá que nunca aprendí a tocar con destreza el ukulele, pero regreso después de casi cinco meses para ver si acaso recupero la efigie en el espejo y evitar que en lugar de Carlos me llamen Hagrid (no obstante, el eterno retorno es uno de mis temas más queridos. Shit happens. Nadie, pues). Confieso, por último, que mis apreciaciones ante la vida cambian de acuerdo con las sabiduría de los grafittis de los baños de la facultad. La vez que vi "Piensa que en este momento tu novia puede estar cogiendo con otro güey", entendí a Proust y, por extensión, la vileza humana. Pero hay uno que sigo pensado muy seriamente, como si al leerlo me observaran desde una entidad divina (esas pavadas como pensar que al masturbarse uno está siendo observado por nuestro señor). El texto, ubicado apenas arriba del mingitorio de la derecha, reza: "Dios ha muerto", Nietzsche. Más abajo, ya casi llegando a los sensores de agua, hay otra pintita, con perdón de los entendidos, más reveladora: "Nietzsche ha muerto", Dios.

CAS


posted by Carlos Antonio at 5/27/2004 10:07:00 AM

martes, enero 06, 2004

 

Once upon a time

Un día lluvioso de 1924, Thomas Mann amaneció con el estómago sucio. Durante horas no pudo levantarse de la cama y blasfemó decididamente en contra de la existencia. En Francia, algunos años antes, Charles Baudelaire se había mandado hacer una levita con botones azules, según una pintura de Johann Wolfgang Goethe en la que el escritor alemán lucía radiante una prenda similar; más adelante, Baudelaire sería traicionado por su musa, la actriz negra Jeanne Duval, quien le había pedido que aceptara en casa a su primo por una temporada. Por supuesto, el primo era el amante de la Duval. En la efervescencia armada de la segunda guerra mundial, un país del trópico denominado México le declaró la guerra al Tercer Reich; cuando el Führer lo supo preguntó “¿Dónde está eso?” México, o eso, envió a la guerra el insigne Escuadrón 201; dos pilotos murieron de sendos síncopes antes de abordar sus cazas. El 26 de julio de 1952, un grupo emprendedor de jóvenes cubanos intentó tomar el cuartel Moncada de la ciudad de Santiago, la segunda en importancia de la isla. La experiencia, aunque planeada durante mucho tiempo, fue corta: uno de los automóviles en los que iban los jóvenes a hacer frente al ejército de Fulgencio Batista, se perdió al entrar en la ciudad; el resto del convoy se topó con dos camiones llenos de soldados; se espantaron; empezó la balacera; sólo dos insurrectos sobrevivieron. Uno de ellos sigue vivo hoy día y se le distingue como el “caimán barbudo”. También existió algo conocido como Waterloo; ahí, se dice, el mozalbete Fabrizio del Dongo buscaba una batalla sangrienta. La más mínima batalla hubiera bastado para saciar su sed aventurera. Encontró una: la de la derrota. Sin saberlo, había asistido a un momento medular de la historia del hombre. Todos somos Fabrizio del Dongo (y no Mohamed, como han sugerido algunos pillos embaucadores). Zorros y erizos isiahberlinísimos, claro. Una mañana soleada de la primera mitad del siglo XVI en el Perú, el obispo Valverde le entregó al emperador Atahualpa una Biblia. El gran señor de los incas observó con cuidado el libro; le dio vuelta; lo olió y escuchó diligentemente. Iracundo por sentirse timado, arrojó el objeto lo más lejos posible. Acto seguido, el comandante Pizarro ordenó a sus subalternos que, por haber imprecado e injuriado la palabra de Dios, apresaran al emperador. Una noche de calma, después de un combate funesto, Andrómaca le dijo a Héctor “Por favor no salgas a luchar mañana; te van a matar. Piensa en tu hijo, en tu padre, en el reino, en mí”. Héctor contestó sin pensar mucho “El destino de todo hombre está escrito: yo me voy a morir cuando me vaya a morir”. El 30 de octubre de 1938, Orson Wells realizaba una adaptación de la novela La guerra de los mundos de H. G. Wells para la estación de radio de la CBS. En un momento de iluminación, el gran Orson modificó un poco la historia original y dijo que los marcianos acababan de aterrizar en Nueva Jersey. Minutos después, la carretera federal a Washington se tapizó de autos repletos de familias que buscaban huir de los platillos voladores (en Latinoamérica, existen variaciones al respecto: para Cortázar se llamó “La autopista del sur”; para los mexicanos, Mecánica Nacional). Orson Wells fue obligado por un juez a dar una conferencia de prensa y desmentir lo que había dicho; no desmintió nada, sólo dijo que había narrado la historia tal cual. Un tal señor Wilson se levantó y lo increpó: “¡Pero nos hizo creer que eso había pasado!” Wells contestó: “En efecto, muy señor mío, sucedió así porque soy un excelente narrador y logro que se me crea, así como el papá lo hace con sus hijos al contarles Caperucita roja para que al final los niños sientan pavor por el lobo". Y si de miedo se trata, un día, un muchacho austriaco tan disímbolo como para apoyar el régimen de Slobodan Milosevic así como para hacer profundas novelas acerca del miedo de los porteros ante un penalty, decidió hablar por fin de su propio miedo (la melancolía del horizonte, suele decirse). Dijo, entonces, que no sabía qué era, pero el sentimiento respectivo era parecido al de Bambi. Peterhandkenitis. En 1936, la actriz infantil Shirley Temple presentó una demanda por libelo en contra del escritor inglés Graham Greene. En una reseña, publicada en Night and day, Greene escribió “con curvas a la Dietrich, atuendo y bailes insinuantes, la impoluta actriz infantil, al hacer girar su bien torneado trasero con experta lascivia, enardecía la lubricidad de incautos clérigos y exacerbaba los ardores mortecinos de hombres maduros”. La demanda quedó en el olvido y Greene, con los años, se enteró de que no era tan buen escritor como para obtener el Nobel. Durante muchas temporadas, una araña memorable tejió redes exquisitas sobre las ya hechas en vértices perfectos. Era negra y algunos la llamaban Lev, Lev Yashin. Sus precursores, hay que decirlo, habían sido otros personajes que solían vivir bajo esos tres memorables postes, no porque así lo desearan sino porque era la posición en la que menos se gastaban los zapatos. Uno era francés y se llamaba Albert; el otro, ruso o gringo o whatever y le decían Vladimir. A principios de la década de los 1990, el gran maestro holandés Marco Van Basten, después de regresar a las canchas por una lesión en la rodilla, y a pregunta expresa de cómo se sentía, respondió: “He podido volver a jugar, pero nunca más sin dolor”. Un día de otoño de 2003, el entrenador del Cruz Azul, el mejor equipo que jamás se haya parado en una cancha de futbol, acuñó una frase que ahora puede grabarse en letras de oro: “Todo está escrito pero no todo está leído”. En la ciudad donde juega el antes mencionado heroico equipo, un hombre de lacia cabellera y escasa resistencia al alcohol se robó la tapa de una alcantarilla perteneciente a la Nación. Se abrió el pantalón a sus anchas y la escondió en alguna parte de los calzones. Todavía se ignora cómo consiguió semejante hazaña. La coladera fue abandonada, sin mayor explicación, afuera de un penthouse en la colonia Del Valle de la ciudad de México (la gente insiste en llamarlo “dos pinches cuartos de azotea”). Ahí mismo, Juanita, una mujer que ha decido vivir más tiempo del debido, le seguirá haciendo la vida de cuadritos a un interfecto que a partir de hoy dejará de escribir una cosa llamada Del Valle notes.

CAS


posted by Carlos Antonio at 1/06/2004 11:54:00 PM

lunes, diciembre 29, 2003

 

"El autor no hace felaciones", confesión invernal de un conspicuo amante de escritoras.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/29/2003 01:29:00 PM

jueves, diciembre 25, 2003

 

Cuernavaca I

Cuernavaca fue una ciudad planeada para diez mil habitantes; ahora tiene más de un millón y en temporadas vacacionales aumenta en un cincuenta o sesenta por ciento. Como la zona céntrica está enclavada en sendas barrancas, las veredas para pasar en auto no tienen marcha atrás (dijimos que eran diez mil habitantes, es decir, calles para una sola diligencia); esto, aunado a la omnisciencia de la policía de tránsito --en su mayoría compuesta por memos de época--, hace de mi pueblo natal una urbe incomprensible prefigurada por el caos y la zozobra. Durante muchos años Cuernavaca no tuvo un sistema de drenaje civilizado y los deshechos (léase excremento, orina y guacaras) se iban sin más a las barrancas. Y aunque fueran muy hondas, cuando uno pasaba por ahí debía abstenerse de prender un cerillo para no causar una explosión prodigiosa. El grave problema era que para llegar al desagüe principal, los desperdicios pasaban por numerosos y anchos riachuelos que se extendían a lo largo de la ciudad. Esto es: no había cañería alguna o sistema de entubado por el que pasara asépticamente aquellito. Por eso, los gobiernos locales solían arreglar esos "riachuelos" armando parques y zonas de recreación para maquillar los vertederos; no obstante, la fetidez y uno que otro mojón bien dado revelaban el engaño.

Varios inconvenientes alternos se sumaban a esta ya de por sí crítica situación. Al ser una ciudad mal planeada y, sobre todo, con una topografía sumamente accidentada, las temporadas de lluvia siempre fueron (y son) un suplicio mayúsculo. Sucedía lo siguiente: el drenaje era insuficiente para que circulara tal cantidad de agua, por tanto, en los días de tromba el vital líquido solía salir de las alcantarillas emulando géiseres mesiánicos. Sobra decir de qué iba acompañado semejante expulsión. A más de uno escuché decir "la tierra tiene disentería". Por ese motivo, y para evitar ahogarnos en nuestra propia mierda, alguna autoridad decidió abrir hoyos, de tamaño considerable y en "lugares inofensivos", para que el agua se fuera por ahí. Las consecuencias, por lo demás, siguen comentándose hoy día. La planeación de una ciudad así, en resumidas cuentas, debía ser distinta a la de cualquier lugar plano (hay ciudades planas con otros problemas; por ejemplo, la ciudad de México está en un lago y cada año sufre algunos centímetros de hundimiento. No estaba tan mal don José Vasconcelos cuando hablaba de la Atlántida como el origen de todo en su Raza cómica), pero en Cuernavaca esto nunca sucedió. En esas aciagas temporadas de lluvia, la montaña desborda su fogosidad y las calles en declive se convierten en el acto en ríos memorables. Hay, de hecho, propuestas específicas para, en esa temporada, hacer en Cuernavaca el campeonato nacional de rafting en lugar del río Balsas. Es probable que lo anterior suene a una irrisoria exageración. Impertérrito lector, créalo, no lo es. Por ejemplo, aquel día de esa tormenta espectacular una amiga se bajó del autobús. Había un torrente furioso en la calle. Mi amiga, con sus bien puestas y corpulentas piernas, lo desafió ("que me dura este charquito"). Sólo cuando logró agarrarse de un poste de luz doscientos metros más abajo entendió que con el maestro Tláloc no se jugaba. Su conclusión fue sabia "si no logro sujetarme a ese último poste, me ahogo". Por suerte sólo sufrió raspones y una que otra luxación (por lo demás, esta amiga es un caso perdido: un día se atropelló a sí misma con su auto, pero eso lo contaré en otra ocasión).

Pero no todos sufrieron la misma suerte. Cuando existían esos hoyos de los que hablaba, hubo mucha gente que al ser arrastrada por la violencia de la corriente, se iba por ahí. Los cadáveres eran encontrados cuatro colonias después, sin ropa y con mordidas de rata en el cuerpo. Los hoyos fueron tapados y ahora, por lo menos, la gente ya no acostumbra aparecer en esas ominosas alcantarillas. Todas esas situaciones hacen que Cuernavaca sea, por definición, un ciudad áspera para habitar en tiempo de lluvia. Sin embargo, hace poco sus habitantes fueron testigos de un suceso que la hace asumir más que nunca el mote de ciudad de los muertos (cabe mencionar que durante 22 años de mi existencia, viví en una casa que había sido cementerio prehispánico). Durante los últimos aguaceros, ésos que arrasaron varios poblados de México, el sur de la ciudad no se fue indemne: las calles se inundaron casi un metro en algunas zonas. Una de ellas fue la del panteón de La Paz, acaso el más grande de la región. El agua, en las partes más ostentosas del cementerio, sólo cubrió tumbas y criptas; empero, los predios populares no corrieron con tanta suerte. La tierra mal puesta sobre ataúdes de mala calidad provocó que éstos salieran a la superficie; obvio: al chocar con algún objeto sólido, las cajas se desbarataron y los esqueletos se desperdigaron por el afluente. A la mañana siguiente, ya que había escampado, los habitantes de la zona se transportaron al desenlace de una batalla prehispánica en la que se había olvidado enterrar los cadáveres: cráneos, fémures y columnas vertebrales adornaban las aceras en franca venganza contra los mexicanos por tener esa rara costumbre de burlarse de la muerte. La nota no apareció en ningún periódico; supongo que fue más por autocensura de los editores que por una orden explícita del gobierno. Entre la gente de esas colonias, se supo de la frase de un teporochín que acaso resumía con sapiencia el hecho: "No andaban muertos, andaban de parranda".

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/25/2003 03:18:00 PM

 

Crónica de la conquista y visión de los vencidos

"La ciudad de México se venga de todos sus conquistadores. Nadie que haya hecho una entrada triunfal se ha librado de una salida humillante y catastrófica", JEP.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/25/2003 11:40:00 AM

martes, diciembre 23, 2003

 

Mi hermana Lucía preguntó: "¿Por qué los enfermos de la garganta no se pueden reír?" Mi otra hermana, la doctora Titi, respondió con su estetoscópico sentido común: "Porque los enfermos no tienen derecho a ser felices".

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/23/2003 04:21:00 PM

miércoles, diciembre 17, 2003

 

Ahora sí lo dejo...

Palabras de un buscador que hicieron llegar a este blog: "¿Cómo se apaga el fuego?"

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/17/2003 11:52:00 AM

martes, diciembre 16, 2003

 

Palabras clave por las que Del Valle notes apareció por última vez en un buscador: "Pasos para calentar a una chava". Tengo que pensar seriamente en dejar este blog.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/16/2003 11:22:00 PM

 

Etapa Nabokov, pues. Shit happens.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/16/2003 02:42:00 PM

lunes, diciembre 15, 2003

 

Saturday night live

¿Cómo narrarlo? Más allá de las convencionales rupturas de tiempo (ésas que ahora los jóvenes consideran iñarrituanas), partiré del origen: la imagen de la niña con los calzoncitos sucios, trepada en un árbol para ver los funerales de la abuela. Bueno, no es esa imagen pero una similar: Turner diciéndole al guitarrista de Café Tacuba "eres malísimo". Yoknapatawphacondesa. Y como la narración que se impone no es precisamente de cortes temporales sino estrictamente caliginosa, trataré de poner a consideración del lector una sucesión de figuras como si se las viera a través de un cristal empañado. Todo empezó en mi casita de la Del Valle, con el Fuc haciendo una exposición sobre la debacle priísta y Turner bebiendo de a vodka por minuto. El Herradura reposado, por su lado, quedó a la mitad y como ejercicio de política cartográfica enumeramos, como quien recita las preposiciones, los últimos diez secretarios de gobernación de este país. La comida nos agarró en La Barraca; comimos tortas inescrutables y paella fría. Fue entonces cuando vino uno de los puntos de ruptura: una mujer se acercó a la mesa; nos besó. Era Azul, pero no Azul la que le hizo una felación a Jermoc hace algunos años en una azotea, bajando me besó y ahora anda con un judicial, sino Azul de Coco, que en ese momento era como Azul y Buenas Noches porque el cabello ya no lo tenía de ese celeste intenso de cuando la conocimos y con el que no quiso bailar conmigo en un antro gay. Supimos quién era cuando vimos a Coco; nos increpó ("¿por qué no fueron a la venta de foto?"). No dijimos nada, pues en nuestros rostros era evidente la realidad cruda; Turner tuvo un conato de vómito. Ciao, ciao y un café. La Selva. Las revelaciones. Haré, sin embargo, un breve paréntesis para que se sepa un poco más acerca de uno de los convidados (el Fuc es un hombre serio: es un economista del Colegio de México que tiene como principal objetivo en la vida usar pantalones de pana y sacos de tweed; además empezó a utilizar anteojos, en parte porque hace intelectual y en parte porque el ocul(t)ista le dijo que de no hacerlo podía matar manejando a una mujer en silla de ruedas. Después de confesarme que ésa era su mayor ilusión, le hice entrar en razón y se compró los lentes. Bien, pues no se los compró una vez sino cinco en dos años. Los primeros fueron a imagen y semejanza de un muchacho que se llama Carlos Elizondo Serra Mayer, tecnócrata que aparecía en un programa que se llama Men and women in black y ahora es asesor foxista; después unos más baratos pero anaranjados y al final unos iguales a los de Henry Kissinger. El caso es que siempre los perdió: unos en el concierto del zócalo de Manú Chao, otros en un antro de ficheras, unos más se los rompí yo al comprobar que su armazón no era, como él había dicho segundos antes, "irrompible"; los últimos desaparecieron el sábado no sabemos en dónde. Perdón, lector, por el paréntesis, pero ya el maestro e.e. cummings lo había dicho: "La vida es un pequeño paréntesis"). El Centenario fue el siguiente paso y ahí se desgajaron las cosas. Tequilas, cervezas y vodka (sobra decir que les gané en dominó) De repente, como si las increpaciones fueran un designio celestial, un hombre feo (como Elba Esther pero en masculino) se acercó a la mesa. Le preguntó a Fuc si era tatuador (minutos antes había pintado en el brazo de Turner CON MI PLUMA CROSS algún símbolo diabólico). El dijo "sí". ¿Me puedes hacer uno aunque sea con pluma --MI PLUMA CROSS CON NUEVO REPUESTO--? Dijo cómo no. Le pintó algo; llegó su mujer, bueno, una niña que acababa de conocer que le besaba el cuello ("Tengo que llevarla a su casa temprano porque vive con sus papás", musitó minutos antes). Así, mientras el Fuc tatuaba a un güey desconocido con MI PLUMA CROSS CONOCIDíSIMA, yo le decía a la chavita que se echara una chela. "No puedo, apenas los conozco y... la verdad me dan miedo". Y cuando pensaba como un tipo como yo podía dar miedo llegó el güey de ¡Toques, joven, toques!... sí, el güey de los toques. Y Turner yo quiero; y el güey siendo tatuado o crossado, Yo también; a ver quién aguanta más, va, una apuesta, va, quien pierda invita la ronda que sigue. ¿Tú no quieres, Carlos? No, gracias, con tanto tequila adentro ahora mismo me rosariocastellanizo. Turner ganó; otra ronda. La niña le decía vámonos. El otro accedió; nos dio su tarjeta. Era editor. Publico bestsellers, mándenme uno. Dijimos que sí. Se fueron. El Fuc sonreía: sintió, con su obra, haber patentado una empresa como Publi Xlll pero en seres humanos.

El primer punto y aparte se debe a que en este momento debimos ir a dormir. Pero, como siempre, algún idiota dijo (es probable que haya sido yo) un último traguito, ¿no? Y mientras buscábamos un congal decente (un eufemismo en la Condesa) alguien tomo mi hombro. Sé, por las películas, que cuando alguien te hace eso es porque te van a pegar, entonces me adelanté. Cuando el puño estaba casi sobre el rostro del miserable, una vocecita dijo "¡Soy yo, Carlos, soy yo!". Era mi amigo Roberto Frías de Barcelona que departía en el antro de al lado con su chava, mi amiga Iliana, y otros cuates. Mua, mua, qué hacen aquí, cenando, ¿cuándo nos vemos? pronto, pronto, Me acuerdo, Roberto, de la vez que en Barcelona nos llevaste a tres bares inexistentes el mismo día, Sí, me acuerdo, lamento, por lo demás, no haberte traído tu absinth, Ejem, ejem, me esperan allá. Abrazos, besos, nos llamamos, bye. Turner y Fuc estaban en la barra. Yo les iba a decir que nos fuéramos, que ese no era el lugar indicado para beber, pero Fuc ya había pedido una bebida azul. El Fuc cada vez que va a algún antro pide siempre una bebida azul sin saber qué es, lo importante es que sea azul. Entonces, ya ahí, ordené un martini ("sin agitar, por favor, mano"). Mientras el dj que estaba enfrente de nosotros en la barra ponía lounge malo, terminábamos nuestros tragos rápidamente, cosa que lamentamos después por el dinero que tuvimos que pagar. Antes de irnos Turner dijo "ella quiera incorporarse a la plática". Atrás de mí había una mujer fatal tomado sola; me hice a un lado, la incorporamos; le pregunté si venía seguido, dijo que sí, diario, ¿Siempre te sientas en la barra? Sí, Sí, siempre se sienta en la barra, interrumpió el dj de enfrente con ojos saltones y espuma en la boca: es mi novia. Ah, la otra sonrió. Odié a Turner. Así, todavía sin saber lo que nos iban a cobrar después, hice una apoloradiografía de las barras de los bares gringos y europeos mientras la-novia-de-diskchucky asentía con pereza. Nos fuimos y entramos a un lugar donde nunca debimos hacerlo, entre otras cosas porque Turner tan pronto vio al guitarrista de Café Tacuba se le lanzó a la yugular ("¡Cómo puede haber alguien tan poco serio para titular un disco Oso!"). Rescatamos al pobre güey; Fuc se la llevó a la calle y yo me encontré al uruguayo (el uruguayo era novio de una amiga que había andado con el mayor dealer de Coyoacán y con el que Olis estuvo a punto de pelearse --sobra decir que yo también le iba a entrar-- un día que el dealer llevaba pistola y nosotros no. Dios bendito no pasó nada. Después el novio fue el uruguayo; recuerdo que en las fiestas aguantaba muy poco alcohol y solía recalar en el sillón de la esquina para dormirse. Tan pronto su novia lo veía ahí, muerto, solicitaba una charola llena de cubas. Acto seguido le habría la boca y le metía una tras otra. Una vez el pobre uruguayo tuvo una congestión). Hola hola, ciao ciao. Era necesario irse.

A la distancia, y al final de esta narración-terapia, es mi deber hacer una reflexión que nos ilustre dónde andamos; sobre todo evidenciar de nuevo la vileza humana y, por extensión, nuestra estulticia: ¿qué chingados hacíamos en la Condesa en antros insufribles, pagando a 95 varos el trago? Al día siguiente, delante de unas soberbias micheladas, nos lo preguntamos. Nadie supo la respuesta. Turner se miró el brazo y vio el crosstatuaje de Fuc. Ya casi no se percibía; se difuminaba en un palmo de piel blanca como la leche y nos hacía pensar, de nuevo, si lo vivido había sido real o una ilusión más, una trampa cotidiana del tiempo, de una perversión mnemotécnica. Cada quien dio su versión de las cosas. Las escenas venían por flashazos, por recortes transversales turbios. La memoria colectiva. Al final coincidimos que de todos modos había sido un sábado más y, como diría el Morc, el siguiente estaba cerca.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/15/2003 07:35:00 PM

 



CAS


posted by Carlos Antonio at 12/15/2003 12:44:00 PM

sábado, diciembre 13, 2003

 

Las razones por las que los futbolistas mexicanos no tiene suerte en el extranjero son muy sencillas. Por ejemplo, Rafa Márquez no es titular en el Barcelona; para el partido de hoy frente al Español, por la lesión y suspensión de Puyol, pudo jugar de titular y en su posición natural de defensa central. Hace un momento empezó el segundo tiempo en Montjuic y a Márquez lo acaban de expulsar justamente. Por eso sabemos que en el caso del futbol mexicano, pase lo que pase, la suerte está echada.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/13/2003 01:57:00 PM

viernes, diciembre 12, 2003

 

Hoy este block de notas cumple un año. Salú.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/12/2003 03:00:00 PM

jueves, diciembre 11, 2003

 

Instantánea cementera del Defe

--Oiga, ¿a qué equipo le va? --le pregunté al taxista.

--¡Uuuh, joven! ¿Pues de qué color es el cielo?

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/11/2003 11:05:00 AM

miércoles, diciembre 10, 2003

 

No comments

Una vez, cuando era gobernador de Guanajuato, le preguntaron a Vicente Fox cuáles eran sus lecturas favoritas. Fox respondió, con toda seguridad como debe hacerlo un mandatario, que los libros sobre liderazgos internacionales: Mahatma Gandhi, Juan Pablo II, Vaclav Havel, Lech Walesa, Mihail Gorbachov; asimismo, dijo que le encantaba leer sobre los cristeros, "ésos son los que me inspiran, me dan fuerza, esa autenticidad de la gente humilde, esa entrega total y absoluta, esa pasión por luchar por un ideal..." Cuando le preguntaron de qué político o pensador había aprendido, no dudó en responder que de Tony Blair, Alberto Fujimori y William Clinton (El Nacional, Suplemento "Lectura", 16 de mayo de 1998). Por eso hay que seguir los consejos de Fox cuando dice que sin la lectura vamos a ser más felices.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/10/2003 01:11:00 PM

lunes, diciembre 08, 2003

 

Gastritis

El reflujo viene como letra capitular en una edición decimonónica con lomo de oro: implacablemente. Sucede, entonces, el sudor y la falta de oxígeno por lo de la revolución interna. La opresión en el pecho, no está de más decirlo, es la del toro al ser marcado por un fierro al rojo vivo (quizá su nombre sea Asterión). Se dice, por tanto, que la única manera de calmar el estallido es atacarlo por dentro. ¿Cómo se apaga el fuego interior de una entraña indescifrable? La espada, Tristán, la imposibilidad. Y aunque el revulsivo sea contundente, los minutos de punzada son similares a parir un dragón. ¡Damas y caballeros, el parto del fuego! En sí, las tesis más arriesgadas revelan una postura conservadora. P-E-R-O-G-R-U-LL-O; explican un asunto acerca de hoyos, de úlceras dantescas duras de combatir. Haré, pues, una analogía: la ebullición en ascenso es como el instante antes de la muerte de los suicidas. El lago Wannsee y dos corazones detenidos o el buque Orizaba y un Hart Crane ahogado; quizás la sensación pueda ser la misma que observar a dos mariquitas pelear a orillas del río Neckar. Mi idea, sin embargo, es la siguiente: verter alcohol en la herida para cauterizar el pasado, al cabo es nuestro deber olvidarlo. El contraveneno correcto hay que llevarlo invariablemente en la cartera; es de sabor espeso y, se dice, hace que a los hombres les crezca el pecho, casi como senos de mujer lactante. Para aquéllos que duden del antídoto, diré hoy y siempre: va mi sable en prenda por una ranitidina.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/08/2003 12:49:00 PM

viernes, diciembre 05, 2003

 

"La destilación es bella".

Primo Levi


CAS


posted by Carlos Antonio at 12/05/2003 11:16:00 AM

jueves, diciembre 04, 2003

 

Parque México

El agua se acerca, me dijo. Tenía razón. Dejé de pensar en el sinnúmero de nimiedades que ataban mi memoria y nos levantamos. Sabes para qué sirven los parques, me preguntó. Alcé las cejas pensando que las maravillas son imposibles de enunciar porque se tratan de los juguetes de Dios. Pero ella esperaba que de mi boca saliera cuando menos una palabra. Para vivir, creo, contesté. Pareció satisfecha y seguimos caminando. Olía a lluvia. Más adelante concluí que acaso ella buscaba un respuesta más mundana, circunstancial. Rompí la estela del silencio de varios minutos y agregué: también para jugar, ¿no te parece? Sonrió complacida y se arropó entre mis brazos. Lo curioso fue que no abandonamos el parque, más bien dimos vueltas alrededor. Mientras su espalda se entibiaba con mi cuerpo, me acordé del complejo de surco del que me había hablado. Tres niños lozanos pasaron frente a nosotros persiguiendo una pelota gris. Ella apretó su cintura con la mía. No te parece simpático que se llame Parque México, preguntó. Asentí sin muchas ganas: sabía adónde encaminaba la plática y no quería llegar hasta ahí. Si los parques son para jugar, prosiguió, entonces lo que sucede aquí, en este lugar con este nombre, es el devenir de un espacio bienaventurado, extendido a muchos otros más, indivisibles y perversos. Todos ellos son el país del juego. Caminamos una hora más en silencio. La lluvia nunca llegó.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/04/2003 02:02:00 AM

miércoles, diciembre 03, 2003

 

"Necesitamos un triunfo; es todo", Ricardo Tuca Ferreti.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/03/2003 11:11:00 PM

martes, diciembre 02, 2003

 

Argos, di que mi nombre no es Nadie

El calendario cuenta todavía los días de julio, un continuum magnífico que sugiere años apócrifos. Las convocatorias para premios y los avisos de libros nuevos están ya amarillentos, pero sus efigies distinguidas siguen intactas. Sin saberlo a ciencia cierta, es indiscutible que los días de dedo gordo se han multiplicado y dejan visos de tiempo detenido. Es probable (aunque el vértigo eclipse cualquier visión) que sea la imagen del agrimensor frente al castillo. Ahí, en una parte del Aleph, hay una caja con botellas de alcohol; están en la cajuela de un automóvil azul y llevan, si el tiempo de la simultaneidad permite la interpretación, un par de días agriándose por la luz del sol. Tequilasunrise. Quien abra el refrigerador de inmediato pensará en un invierno cruel, de nazi en San Petersburgo por aquello del frío y la falta de alimentos. No es por intrigar pero hablamos de un lugar de crímenes perfectos, calles Morgues extendidas ad infinitum como si se pensara en rieles quebradizos, en durmientes piramidales. Entonces ocurre el sueño, la expresión estética más antigua como lo intuyó Borges. Los pesares, y no hace falta ser oráculo para saberlo, hacen a los hombres artistas potenciales. La diferencia entre ellos estriba entre los que cuentan los segundos de cada minuto y los que no. Acaso también sea la imposibilidad de cohabitar con la mujer amada, la repetición de dinámicas perniciosas día a día o intuir que las opciones de conocimiento son de facto inexistentes. Además hay una cava vacía, dos relojes sin extensibles y el hall es el set idóneo para una selva tropical. La capa de polvo en la pantalla de la televisión hace que los rostros de los hombres se opaquen y se difuminen como si fueran fantasmas perfectos. Y aunque los indicios de una casa en ruinas sean claros porque los libros son patas de mesa, hace falta que el dolor deje de ser mero eufemismo y funcione para lo que fue creado. ¡Va este reino por una miserable cicatriz! Así, Argos, me dirás al fin que mi nombre no es Nadie.

CAS


posted by Carlos Antonio at 12/02/2003 11:48:00 AM

jueves, noviembre 27, 2003

 

No lo había querido decir, pero por un ejercicio expiatorio lo haré de una vez por todas: el 25 de noviembre fue mi cumpleaños. Ese día, varios años antes, había nacido otro insigne sagitario: Augusto Pinochet.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/27/2003 11:33:00 PM

 

Hace rato estuve chupando con Willy Fadanelli. El güey me preguntó: "¿qué es un blog?" No mames, si tú tienes uno. "Yo no lo hago, pero me han dicho que existe". No mames. ¿Neto...? Creo que es de un fan. Nomames. Por Dios.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/27/2003 04:02:00 AM

martes, noviembre 25, 2003

 

Bien: en estos momentos estoy cumpliendo 31 años. Me siento contento. Más adelante platicaré por qué. Gracias.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/25/2003 12:00:00 AM

lunes, noviembre 24, 2003

 

Chelito se queda.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/24/2003 02:48:00 PM

 

Le dio una chupada al cigarro y miró el cielo, como anhelando que la lluvia inexistente trabara las palabras. Adolorido la miró de nuevo y tiró la colilla con el índice. El aire era tenue y amable. Ella puso la mano en el hombro de él y lo apretó un poco. Así, con la complacencia encontrada en ese tendón desconcertado, ella musitó desviando la mirada:

--Aprende a perdonarme.


CAS


posted by Carlos Antonio at 11/24/2003 12:31:00 PM

sábado, noviembre 22, 2003

 

Las gallardas secuelas de una Revolución

Dificilmente se puede escapar a la ley de la gravedad, ésa que hace que las cosas vuelvan a ser como antes y aparezcan, sin más, diligentemente depositadas en un inodoro (fue el día de la Revolución y tuve, de nuevo, que consultar esto para no sentirme solo). Ayer Turner pasó por un café y Nicoménicus por un tónico. Los eufemismos sobran en esta vida: no fue uno de ninguno de los dos. Turner se fue por lo de Isa y Nicoménicus y yo recalamos en el Corona. En el camino repitió sin cesar "amo a una mujer"; ya con la cerveza enfrente confesó: "quedé con ella de contratar a alguien para madrear a su marido". Alcé mi trago y brindé por tiempos mejores. Acto seguido, él se levantó y le declaró su amor a cada una de las mujeres bellas que departían tranquilas en tan insigne sitio. Sólo cuando llegó a una mesa del fondo supe que debía ir a por él y llevarlo a descansar; pero esperé un poco. La escena fue reveladora. Justo cuando unos malhechores golpeaban a un desarrapado, Nicoménicus aprovechó para abordar a la mujer de la víctima. "Te amo", le dijo. Un chisguete de sangre invadió la mesa. "¡Ayúdenlo, por favor!", chillaba exasperada la mujer. Domingo y sus hijos acudieron a la cita y separaron a los rijosos. Nicoménicus insistió: "Le decía que estoy enamorado de usted". El otro sangraba con la boca reventada. Domingo terminó también con la camisa enrojecida. Bebí un sorbo de cerveza al tiempo que Domingo llegaba a la mesa sumamente enfurecido: "¡Llévate a ese cabrón; le está declarando su amor a la vieja del güey madreado. No quiero otra madriza aquí!" Fue así como tuve que ir a por Nicoménicus y hacerlo entrar en razón, aunque todavía en el camino me obligó a pararme en plena colonia Obrera. Había una patrulla. Pensé en una regurgitación. Fallé: meo la patrulla. Huímos. Él dijo eres Automán. No contesté nada, aunque era cierto que le estaba salvando el pellejo. Así, al final todavía cruzamos dos alcoholímetros con la destreza de dos chilangos que han vivido un par de meses en la ignominia. Al llegar a mi casa cometí un error más que pasará a formar parte del volumen Efemérides de un mortal erróneamente conspicuo: le telefoneé a la única persona a quien no debía.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/22/2003 02:04:00 PM

martes, noviembre 18, 2003

 

A mí me sucede lo que a Guillermo Cabrera Infante: los libros que no he escrito son mi Proust valía.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/18/2003 09:46:00 AM

lunes, noviembre 17, 2003

 

Silveti

No había querido escribir acerca del suicidio de David Silveti porque era hacer leña de árbol caído; eso independientemente de que a los suicidas siempre los he despreciado. Pero ayer, platicando con mi mamá y unos amigos, pensé, sin cambiar de opinión sobre las personas que se quitan la vida, que quizás debiera hablar un poco de Silveti, sobre todo porque, sin yo ser un experto en toros, fue al primer torero que vi y por el que me aficioné a la tauromaquia. Me parecía sorprendente que un ser humano hubiera podido tener tantas operaciones y seguir dando naturales con la destreza del más fino esteta. Era entonces Silveti el estereotipo de un hombre biónico y el referente inmediato de la insanidad, si se me permie el término. A ningún torero he visto acercarse tanto a los pitones, mucho menos, con tanta quietud, con tanta temeridad, con tanta, perdón, estupidez. Quizás hoy día sólo José Tomás lo logre. Y está claro que Silveti lo hacía simplemente porque sus rodillas no daban para más y la manera de maquillar su mella física era quedarse quieto como los hombres y esperar la embestida fatal. Lo mejor que le podía pasar era que el toro lo enviara por los aires sin cornarlo y esperar que con la caída no sufriera una rotura de vértebras. Varias veces lo vimos terminar la faena con la taleguilla destazada y someterse a memorables y ovacionadas vueltas al ruedo. Y eso de terminar, lo sabe cualquiera que lo haya visto torear, es un miserable eufemismo, pues Silveti no sabía matar. Al momento de la suerte suprema todo espectador sabía, el propio matador en carne propia sabía, que la posibilidad de una estocada bien puesta era, en sus manos, una broma de mal gusto. Silveti, quizás sin tener conciencia de ello, intuía que a algunos rivales había que dejarlos vivos en el campo de batalla, sin esperar la posibilidad de indulto del juez de plaza. Es probable que su regreso a los ruedos (fue el triunfador en la pasada temporada grande de la Plaza México) estuviera relacionado ya con la idea de quitarse la vida, pues torear en sus condiciones era, en sí, un suicido declarado. Pero nos quedó mal. El miercoles pasado llegó al rancho de su familia en Salamanca; después de saludar a su padre le dijo que se iría a su cuarto para meditar unas horas. Al poco rato un sonido seco y estruendoso le quitaría la vida.

Sigo sin justificar los suicidos, pero he de reconocer que la vida de Silvetti por la gloria de las causas y efectos, sólo pudo tener ese desenlace. Quizás lo que defina su vida de matador sean las palabras que R. Vaillalobos escribió para El País, a propósito de su última corrida en el coso de Insurgentes: "David Silveti perdió cuatro orejas porque no se puede estar peor con la espada, pero tampoco más sublime con la muleta. A pesar de escuchar tres avisos, lo sacaron a hombros y el público salió toreando".

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/17/2003 01:54:00 PM

jueves, noviembre 13, 2003

 

El factor epazote

En mi casa de Cuernavaca viven Juanito, su marido Pedro y su hija Silvia. Pedro es jardinero y una vez a la semana se encarga de jardín; Juanito, por su parte, del quehacer de la casa. Silvia estudia la preparatoria. Los tres armonizan perfectamente el ambiente familiar junto con mi mamá y una de mis hermanas. Por cierto, para evitar suspicacias de la gente inteligente, Juanito es mujer. Cuando la bautizaron, en algún lugar de la sierra de Hidalgo, sus papás le dijeron al cura en cuestión que querían que se llamara así. "Pero ése es nombre de hombre", atajó el sacerdote. Después de la subsecuente traducción a los padres que nada más hablaban náhuatl, éstos dijeron en tono molesto que se llamaría Juanito y se lo fuera poniendo así, rapidito, si no quería una rebelión indígena en su parroquia. Por eso es Juanito y no Juanita (por lo demás, con una Juanita tengo; por cierto tengo planeado ahogarla a la medianoche), como mis amigos se empeñan en llamarle. Cuando dicen "Buenos días, Juanita", ella lo toma como una ofensa y defiende su verdadero nombre: "Buenos días, señor Francisca", responde fastidiada.

Como paréntesis diré que no pasa nada si a las mujeres se les ponen nombres masculinos: ellas se han cansado de hacer a los hombres a su imagen y semejanza y ponerles nombres femeninos como si pretendieran la castidad divina, entre otros, Guadalupe o María. Algunos padres también andan con la brújula norteada (si se me permite, lector, la tautología) e insisten en llamar a sus hijas "José". Ambos pueden ser, en todo caso, el antecedente de los misteriosos she-male (cuando era niño y aprendía inglés uno de mis traumas era que nunca pude traducir al español el nombre He-man). En Caminos sin ley, la crónica de Graham Greene sobre su primera visita a México en 1938, el maestro inglés hablaba que durante su recorrido por el sórdido estado de Tabasco --recuérdese la persecución católica de Tomás Garrido Canabal y sus camisas rojas-- no dejó de escuchar acerca de un cura alcohólico que deambulaba por ahí. Cuenta Greene que este personaje solía, en estado inconveniente, bautizar a los niños; normalmente daba gato por liebre. Se sabe de una vez en que unos campesinos querían llamar a su niño Fernando y el Padrecito insistió en llamarlo "Brígida". "Pero Padre, si es un hombrecito", "¡Se llamará Brígida, señores, y no quieran enfrentar la ira del Señor!", gritó el cura bebiendo un sorbo de whisky. Sobra decir que este personaje es el origen del whisky priest de El Poder y la gloria. Un caso similar y reciente, le ocurrió a un futbolista de los Tigres. Sus padres querían llamarlo Sidney, como la capital de Australia. Cuando la secretaria que llenaba el acta les preguntó cómo se escribía eso, los padres deletrearon la palabra para que fuera escrita "Sindey". Ahora, algunos compañeros le llaman "El pecado de Dios".

Juanito, más allá de ser la dueña de la casa, pues es la que más tiempo está en ella, tiene ciertas mañas que he intentado quitarle pero no he podido. En particular hay una que me angustia un poco: tiene una extraña propensión al epazote, esto es: le causa un placer místico. La he observado cuidadosamente y su goce es similar al de un raver bebiendo una tacha. No obstante, el problema no es ése, pues propiamente sería un asunto que me tendría sin cuidado. Lo verdaderamente preocupante es que TODO lo cocina con epazote: huevos, frijoles, ensaladas, salsas y un día le puso a un arroz con leche. Vanos han sido mis esfuerzo cuando le digo que, por lo menos-por lo menos-por lo menos, no se lo ponga a los frijoles, pero siempre hace caso omiso de mi sugerencia. Un día estuve tres horas frente a la olla de los frijoles para evitar que les pusiera, pero no sé cómo me distrajo y les puso un poco. Un día mi mamá le dijo a Pedro que quitara algo de epazote del jardín (una franja de diez metros está llena de la plantita) y le contestó muy preocupado que a Juanito le gustaba mucho. Era obvio que le temía más a su esposa que a mi mamá. Por lo demás, cuando Juanito está nerviosa toma un poco de café con epazote y prepara infusiones concentradas para aromatizar el hall de la casa; las visitas dicen siempre que la casa tiene un olor "muy peculiar". Por eso creo que esa distintiva filiación con tan penetrante yerba tiene que ver con el problema de su nombre y ha decidido, acaso sin saberlo, vengarse del mundo miserable que ha tenido a mal nombrarla con nombre de hombre. A fuerza de ser sinceros, he de decir sin cortapisas que ha triunfado.

CAS




posted by Carlos Antonio at 11/13/2003 10:38:00 AM

lunes, noviembre 10, 2003

 

"¿No crees que tiene una sonrisa de oreja a oreja, como ropa puesta a secar en una cuerda entre dos edificios?"

António Lobo Antunes.


CAS


posted by Carlos Antonio at 11/10/2003 12:31:00 PM

sábado, noviembre 08, 2003

 

Pareciera que el simple hecho de realizar películas familares es una garantía de calidad fílmica. El tema, por ejemplo, de que un hermano escriba el guión y otro dirija es tópico común hoy día (aunque, a fuerza de ser sinceros, en esa dinámica sólo se salvan Ethan y Joel Cohen). En México, dicho sea de paso, tenemos la propuesta autóctona y empeñosa de los hermanos Cuarón. Pero también existen hermanos que llevan a cabo proyectos individuales y sumamente contrastantes, como el maestro Ridley Scott y su hermano idiota, Tony. El término Bros es, entonces, un ícono histórico de la cinematografía que la gran industria de Hollywood se ha dedicado a reproducir como una patente antológica. En ese tenor, los hermanos Wachowsky han comprobado que los genes dominantes en la consanguinidad fílmica son aquéllos que hacen a los hombres un poco más crueles, un poco más frágiles y, sobre todo, un poco más pendejos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/08/2003 01:05:00 PM

miércoles, noviembre 05, 2003

 

La idea era tener una sesión de películas de los hermanos Cohen. Era de suponer lo que iba a pasar, pero como la buena voluntad todavía existe planeamos todo a la perfección, incluso pusimos fotos de George Clooney en la pared y compramos palomitas. La tragedia empezó cuando alguien dijo "un traguito, ¿no?" Acabo de salir al lugar de los hechos y sólo hay vasos a medias y ceniceros a plenitud. Sobra decir que las películas las dejamos para mejor ocasión. Ahora tengo que ir a dar mi clase a la universidad y no sé qué les voy a decir a los alumnos. Creo que les pasaré Fargo, la tengo aquí a lado; también puedo hacerles una historia del Cruz Azul; quizás lo mejor sea hablarles de las mentiras en la cocina, ésas que abanderan pillos de baja estofa. Así, podré decirles que en Suiza no hay enchiladas suizas, que el pan francés es exclusivo de México, que el café americano sólo se puede pedir en un Vip's o que las milanesas no son de Milán.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/05/2003 08:47:00 AM

martes, noviembre 04, 2003

 

Además es mi santo. Gracias.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/04/2003 02:42:00 AM

 

Qué horror: acabo de ver que estoy en Amazon. El único problema es que los culeros me mandan mails para que compre mi propio libro.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/04/2003 02:34:00 AM

 

Entonces fue el ajenjo: Rubem Fonseca, Big Lebowsky, Jardín Balbuena, Sargent García, Rebeca y Dianchen, y un poco de hada verde.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/04/2003 02:16:00 AM

lunes, noviembre 03, 2003

 

El maestro Arnulfo, que vive enfrente de mi casa y con quien me estoy poniendo de acuerdo para liquidar a Juanita, vino a arreglar mi repisa. Lo que hizo fue resanar el hoyo de la pared y poner de nuevo los remaches. Cuando acabó le dije "¿Cuánto le debo, maestro?", como siempre que me hace un trabajo. "Ahorita nada, pero ahí se las voy acumulando" (hace poco me había arreglado el bóiler). Entonces me espanté y le di cincuenta pesos ("Tome aunque sea esto ahorita, maestro"). Mi duda es la siguiente: ¿le di poco?, pues cuando lo recibió hizo un gesto así como de "pinche güey malagradecido". Ahora creo, tristemente, que abortará la misión Killing Juanita.

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/03/2003 06:23:00 PM

 

El grave problema de los aficionados de los Pumas es que cada vez más se parecen a los fanáticos del América; de ahí se desprende, entonces, que su equipo empiece a ser tan odiado como los Cremas. Por lo demás, siempre olvidan la historia y que un equipo grande se hace con estrellas, y los Pumas sólo tienen dos. ¿Alguien sabrá cuántas tiene el Cruz Azul?





CAS


posted by Carlos Antonio at 11/03/2003 10:26:00 AM

 

La insoportable levedad de vivir en México

En el documento en el que aparentemente se libera el Paraje San Juan, se lee que el predio es de 298 hectáreas "cuadradas".

CAS


posted by Carlos Antonio at 11/03/2003 09:18:00 AM

viernes, octubre 31, 2003

 

Creo que hoy más que nunca padezco la crisis del doctorado. Recuerdo a mis amigos muertos y sus efigies magníficas. También, y hasta hoy lo percibo, las horas se mueven más lento, como esperando desencantadas a su redentor. Sísifo. Hace unos días, mientras dormía, estuve a punto de morir aplastado por una sección amarilla que se cayó de una repisa. Me salvé, pues la guía de la ciudad de México le aplana el cráneo a cualquiera. Ésa es una ventaja de dormir de lado. Además, de nuevo me doy cuenta de que necesito una señora que haga el quehacer: por más que me he esforzado, no logro que los recovecos del escusado queden limpios. Por eso, después de más de doce años, he decidido volver a componer canciones; mis guitarras siguen en buen estado y están menos empolvadas que mi casa. Supongo que eso será mejor que elaborar un modelo teórico sobre descolonización y resistencias culturales. La gota que derrama el vaso es que al rato voy al aeropuerto a conocer al hijo de Jermoc (el miserable no quiso presentárnoslo: "no le voy a enseñar a mi hijo una banda de borrachos perdidos"); le llevo un suetercito que le regala Miriam. Es multicolor. Seguramente, como el chamaco es mitad alemán y crece rápido, se lo pondrán sólo algunos meses. A Miriam le gustó mucho, dijo que estaba divino. De hecho fueron sus últimas palabras: hoy en la mañana, después de tres años, decidimos tomar caminos distintos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/31/2003 04:20:00 PM

martes, octubre 28, 2003

 

Me acabo de encontrar este texto; lo escribí hace casi siete años. Quizás publicarlo sea un exceso pero me sirve de terapia. Así me ahorro el psicoanalista.

Paz

Fue Sergio Valero quien me dijo, "vamos al baile, Carlos". Yo en realidad no supe qué decir. Por un lado soy pésimo bailarín, sobre todo cuando se trata de salsa. Pero lo que más me causó aversión fue que el celebrado baile tendría lugar en el comedor universitario de CU, el lugar que más odié durante mis primeros años en la licenciatura. Quién haya comido alguna vez en el comedor sabe a qué me refiero. La comida cuesta --hace cinco años costaba-- entre tres y cuatro pesos, y le servían a uno algo así como salchichas, de muy dudosa procedencia, con algo de papas; en el mejor de los casos había huevos estrellados, que la gente comía con la boca a escasos cinco centímetros del plato en aquellas mesas solitarias y desencantadas. Patético. Sólo fui un par de veces y juré no regresar.

Sin embargo esa noche había que hacer algo, teníamos que movernos. Estaba con Sergio y Alan Sandoval en el metro Miguel Ángel de Quevedo y accedí a ir al baile. Sergio, con el aire de seguridad propio solamente de quien da órdenes, dijo: "Perfecto, nada más llamo al chofer". El chofer que pasaría por nosotros era la chava en turno de Sergio, de la que por razones de pudor, autocensura y seguridad, omitiré su nombre. Por supuesto que no es gratuito. Para empezar se trataba de una mujer que era ex de otro amigo nuestro, con el que había pasado los últimos siete años y que la cambió por una niña de dieciocho que escribía cuentos sobre gatos y choques eléctricos. Cuando esta mujer, que para darle cierto rasgo de carácter llamaré Juana Inés, fue abandonada por el otro (por cierto, la última vez que los vimos juntos fue en una comida en casa de Rodrigo Alemany y Claudia, cuando éstos todavía andaban juntos; el ambiente fue inquisitorial y peligroso por los ojazos de pistola que se echaban entre todos), intentó cerrar un capítulo en su vida y se dedicó a ligarse a los amigos de su ex. El primer intento fue con Cuitláhuac Quiroga, con quien quedó de verse un viernes en el bar clandestino en casa de Natalia Toledo. Pero Cuitláhuac, muy hábilmente sabiendo de qué tipo de mujer se trataba, no llegó nunca a la cita. Lo peor fue que yo ese día también estaba en casa de Natalia y, como es de suponer en un lugar tan pequeño, me la encontré, no sin que antes pasara tres veces frente a mí como diciéndome I?m here, you stupid bastard. Hubiera sido ridículo que pasara una cuarta, así que decidí saludarla. Platicamos un buen rato, habrá sido una hora, en la que ella habló 58 minutos y yo dos y únicamente con onomatopéyicos. Después le dije que tenía que ir con mis amigos. Nos despedimos, no sin que antes me escribiera su teléfono en un papelito, diciéndome con sonrisa entrecortada que fuera a su casa para que me preparara un café turco.

Hay veces que uno presiente cierto tipo de cosas, como arriesgadas o comprometedoras, y es cuando se deben seguir los pasos de los amigos. Como lo hizo Cuitláhuac, no le hablé nunca, no tenía ganas de averiguar los enigmas nocturnos del café turco. El que sí lo hizo fue Sergio. Uno de esos días famosos a principios de 1996, estaba yo en mi casa con Rodrigo, quien se ponía un borrachera de miedo. Entre una cuba y otra me dice: "Sabes que Sergio anda con Juana Inés. Ya viven juntos". No era posible. Acababa de ver a Sergio una semana antes y me había dicho que su corazón estaba en Jalapa. Como no le creí a Alemany, que para ese momento ya había vomitado por primera vez, le hablé a Sergio a su nueva casa y me contestó Juana Inés. Después de las formalidades que implica un saludo por teléfono me pasó a Sergio y pude constatar que Alemany tenía razón: Sergio, efectivamente, había sucumbido ante Juana Inés. Después me enteré que se habían encontrado en casa de Natalia y Sergio había decidido probar el café turco esa misma noche.

Sergio y Juana Inés vivieron cuatro meses juntos, mismos que Sergio padeció un sentimiento encontrado: quería irse y no; aun cuando no sintiera nada por ella, no pagaba un centavo de renta, pues vivían en casa de ella, pero, sobre todo, por instinto de supervivencia: las primeras tres semanas Juana Inés ya le había echado el coche encima un par de veces cuando Sergio le decía "Ya me voy". Era tal el grado de esquizofrenia de Juana Inés que un "ya me voy [al trabajo]", lo interpretaba como un "ya me voy [de la casa]". Cuatro meses después, cuando Sergio ya había aprendido a lidiar autos, decidió tomar el toro por los cuernos y marcharse de la casa. Me parece que la osadía le costó golpes y mordidas en brazos y piernas, un encierro de una hora en la farmacia de la esquina porque Juana Inés no lo dejaba salir y haber perdido en la trifulca el ejemplar de mi tesis que le había regalado. Pero antes de que todo esto sucediera, en una noche lluviosa de junio, el chofer pasó por nosotros a la estación de metro Miguel Ángel de Quevedo.

Al llegar al comedor, entramos muy seguros de nosotros mismos, con caras de Antonio Banderas dispuestos a ligar a la primera chavita que pasara frente nosotros. Pasaron varias y ninguna quiso saborear las delicias de un escritor en brama, que les recitaría versos repletos de lascivia al oído mientras bailaban con los cuerpos pegados, hinchados, llenos de sudor y las mejillas en el pecho, escuchando los latidos de un corazón pedestre y arisco, que en clave morse expresaría frases tan imprescindibles como las de los hombres verdaderos, aquéllos que le faltan al respeto al más pintado para después ser puestos en el suelo con volados retardados de izquierda.

Lo primero que vimos fue a Claudia, la ex de Alemany, acompañada de varios amigos. Teníamos como tres meses sin verla porque, cuando terminó con Rodrigo, decidió cortar de tajo la relación con todos los amigos de Alemany. Ya cuando la dejábamos para pasar a lo que íbamos, el tiempo se detuvo por algunos minutos. Ahí estaba ella, esa mujer vestida de negro que no dejaba de mirar al frente como observando la eternidad, como arguyendo sílabas inconexas que se le quedaban en la garganta, detenidas al subir sus cejas de escuadra, su sonrisa altiva pero seductora, su cabello que por la oscuridad se proyectaba seco y parco pero brillando sobre toda la mesa. Era, sin saberlo, el leit motiv de mis impulsos, de la estética, de la única mujer que me había capturado con sólo verla en los últimos diez meses. Saludó a Sergio muy efusivamente, como lo había hecho conmigo también el día en que nos conocimos. Quise hacer los mismo pero mi pudor, la ausencia de una razón extremadamente poderosa para seducir a alguien nueve años mayor o quizás la calma, la oscuridad, Claudia, Alan, Juana Inés que nos miraba sorprendida, me evidenciaron y fueron capaces de que mi ingenuidad disfrazada de indiferencia, transgrediera de nuevo las reglas naturales, haciéndome dar la vuelta y encontrar la pista repleta también de mujeres hermosas, que pasaban otra vez sin verme, para encontrarse con sujetos arrabaleros, de playeras rotas y aretes dorados en las fosas nasales. Sin voltear me di cuenta de cuando Sergio la dejó, para que volviera a sentarse y ubicar sus brazos chilenos sobre la mesa, beber un sorbo de la cerveza de seis pesos y sostener de nuevo la situación sobre sus cejas. Era Paz, chilenísima como la Claudia, como Alemany, como las empanadas de carne molida que había comido los últimos meses. Era Paz Echenique, que después sería como también en un instante dejaría de ser. Supe que puso la cerveza sobre la mesa y me miró. Nadie me lo dijo, lo sentí sobre mi espalda, como caricia. Supe que me miró una segunda vez y me di cuenta de que la noche no sería corta.


PD. El tiempo, sin embargo, es pernicioso: mi amigo Alan murió dos años después, a los treinta; a Sergio lo sigo viendo seguido y, además de ser vuevamente becario del Fonca, escribe la biografía de un exboxeador; en Monterrey, Cuitláhuac salió del clóset; Juana Inés se casó con un muchacho 15 años menor que ella, tuvieron un chamaco y ya se separaron; yo aprendí a bailar salsa y me cambió la vida; de lo que pasó con Paz ya hablaré después. Hacía tiempo que no sabía de ella, pero me encontré a un ex suyo y me dijo que tenía un hijo y era feliz.


CAS


posted by Carlos Antonio at 10/28/2003 11:51:00 AM

lunes, octubre 27, 2003

 

Pronóstico para el fin de semana: Pumas 0, Cruz Azul 4.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/27/2003 06:36:00 PM

viernes, octubre 24, 2003

 

Además, el futuro es el ascetismo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/24/2003 11:59:00 AM

 

Las presentaciones de libros deben desaparecer.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/24/2003 11:24:00 AM

martes, octubre 21, 2003

 

Mañana miércoles presentamos el libro colectivo de ensayos Juan José Arreola. Aproximaciones. El bisne es en la sala Adamo Boari del H. Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México a las siete de la noche. Los presentadores serán Felipe de Jesús Hernández, Felipe Vázquez, Alberto Cue y su servilleta. Habrá chupe y bocadillos de honor. La importancia de asistir al antes mencionado convite es que ahí se darán los detalles, señales y pelos de la fiesta del próximo viernes patrocinada por Pinkililinki. Va y salú.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/21/2003 04:28:00 PM

domingo, octubre 19, 2003

 

El miércoles una alumna me preguntó: "¿Podemos traer a nuestros novios a la clase?" Siempre he sido un obstinado del lenguaje y más allá de que la palabra que más utilice, como buen mexicano, sea el término "güey" (según el docto criterio de los maestros del Diccionario de la Real Academia, "persona tonta o palabra para dirigirse a alguien que se ha tropezado"), hay términos que me ponen entre la espada y la pared. Recuerdo que en Historia del cerco de Lisboa de José Saramago, el corrector del libro sobre el cerco aumenta una palabra, un insignificante "no". La historia portuguesa, entonces, cambia en su totalidad. Asimismo, me viene a la mente la vez en que este muchacho delincuente que debiera estar en la cárcel, Óscar Espinosa Villarreal, en una entrevista de banqueta dijo "El problema es que hemos dejado que la policía se corrompa en exceso". Esto cuando era regente del D.F. Y ahora que mis bienamadas alumnas me pedían lo anterior, sólo pude pensar en una horda de bárbaros atomizando mi clase, haciéndoles cuchi-cuchi a sus respectivas susodichas. Además, la comisionada de dicha increpación no me preguntó "¿Puedo traer a mi novio?", sino que utilizó impunemente un plural caótico y, digamos, incomprensible para un servidor. La palabra "nuestros" de entrada me hizo pensar en una cofradía de sementales que, entre otras muchos servicios, se prestaban como siervos de compañía en las clases de redacción y si en algún momento el maestro osaba corregir a su ama(da), le cortaban un dedo al mentor con una daga escrupulosamente escondida en su librea. Eso independientemente de que más de uno ya le ha gruñido al antes mencionado personaje cuando llega a impartir cátedra cada semana. No habría problema, por lo demás, si ese personaje fuera alguien desconocido, cosa que, hoy día, es algo que empiezo a anhelar, pues nuestros nombres coinciden en todas sus letras. Creo que de hoy en adelante empezaré a enviarlo a él para quedarme en casa. Finalmente, pensar en esa ya consumada legión de novios, puede tener sus ventajas: utilizarlos como mulas de carga y fuetearlos cuando levanten la mirada. De eso me encargo, pues esto de ser maestro tiene sus prerrogativas y beneficios. Por eso, sin pensarlo mucho y emulando a Saramago, dije sin más "no".

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/19/2003 10:24:00 AM

miércoles, octubre 15, 2003

 

Proxenetismo y De la Cruz

Si alguna vez me veo en dificultades y el lado ingrato de la literatura me atrapa para ya no darme de comer, me dedicaría a proxeneta. La habilidad para facilitar amores ilícitos o peligrosos la arrastro desde que a mi primo Xavier le presenté a mi amiga Libertad, un affaire incomprensible que tuvo sus instantes endémicos en un cuarto de azotea en la H. colonia de la Sta. María La Ribera de la ciudad de México. La ruta trágica siguió con el romance entre mi amigo José Carlos y mi prima Cris, que terminó cuando la ingrata, que vivía en Irlanda, tuvo la oportunidad de engañarlo con un Johnny Walker cualquiera, quien por cierto tenía la osadía de beber Guiness. Otro éxito como empresario amoroso fue cuando presenté a mi primo Cacho con una vieja compañera de la universidad llamada Laura. Creo que se llevaron bien mientras duró, esto es, cuando Laura se enteró de que Cacho tenía un par de novias más. Enloquecida después de beberse un litro de tequila, se tragó un frasco de tranquilizantes y quiso electrocutar a mi primo con la puerta eléctrica de su casa. Minutos después, en un momento de lucidez, concluyó que lo mejor era echarle gasolina y prenderle fuego. Cacho logró convencerla de que eso no era lo adecuado, pero lo que no pudo evitar fue que le arrancara un pedazo de carne del antebrazo. Además, también hice lo propio con el Serge y Dianchen y, tiempo después, con el Fuc y otra amiga de la que todavía no puedo decir su nombre.

Estas experiencias me llevan a la conclusión de que tendría mínimo las cartas credenciales para poderme dedicar a tan digna profesión, sobre todo cuando empiezan a suceder en mi casa y el mismo día en que introduzco a los actores. Mi amigo Gerardo de la Cruz, escritor, domador de gatos, bebedor de café con marihuana y corrector del Plan Nacional de Cultura de Sari Bermúdez, llegó un día a mi casa. Cabe destacar que, en ese tiempo, vivía a tres cuadras en un departamento que conocí antes que él, incluso hice una fiesta ahí. Era casa de una amiga gringa, Kim Silver, muy parecida a Delacroix pero con la salvedad de que su gato estaba lisiado por haber perdido una de sus vidas al caerse a la calle desde el tercer piso. Coincidencias de la vida, y yo que pensaba no volver a ver ese insigne sitio. Pero regresando, Delacroac-bebedor-además-de-whisky llegó a mi casa cuando yo estaba con dos amigas. A este miserable siempre le brillan los ojitos cuando la aritmética tiende tanto a los números pares como a las igualdades genéricas, en este caso, dos güeyes y dos viejas. Pero tampoco existió la posibilidad de decirle que la cosa era tranquila. Al cabo de unos tragos, una de ellas se fue y quedamos sólo tres, si las matemáticas no me fallan ahora, como me fallaron esa noche. Dos segundos después entendí qué pasaba; les dije que me iba a dormir pero no me hicieron caso. Sólo alcancé a estirarle un condón y darle una palmada paternal en la espalda. A las seis de la mañana me despierta mi amiga diciéndome: “Acompáñame al metro”. Las mujeres, en sentido estricto, tienen ciertos momentos en que carecen de cualquier sentido, incluso del estricto, y ahora, después de haberse tirado a Delacrush en la sala de mi casa, venía a que la acompañara.

–Dile a ese güey que te acompañe, al cabo que vive por ahí.

–Pero si apenas lo conozco.

El conocimiento entre los seres humanos, bien dicen los especialistas en la materia, sucede con el paso de muchos años, y a veces ni siquiera se logra. Por eso se piensa que el entendimiento del alma es lo más complicado que existe en la vida; el contacto físico, en cambio, se lleva a cabo sin que nos enfrentemos a problemas éticos o morales. De ahí que podamos saludar de mano a un desconocido, besar en la mejilla a alguien que recién nos presentaron, darle un abrazo a quien nunca hemos visto y acaba de perder a un ser querido o cogerse a la amiga de un amigo después de escasas tres cubas.

Pero Delascruzadas aparece en otra anécdota oscura que bien cabría de nuevo en la temática. Un día, viernes en la noche, me habla:

–¿Qué onda?

–Pues hay una fiesta en casa de Tom, un amigo belga –le digo.

–OK. Te caigo ahorita en tu casa para calentar motores.

De la + llegó con una amiga de la que me reservo el nombre, pues es la protagonista de la historia. Llegamos en banda, como diez amigos más, a la fiesta. Nos abrió la puerta Kent, camarada que tiene una chava que se llama Barbie Malibú; los dos son pintores. Parece que en París vendían bien su trabajo, pero en México se dieron cuenta de que la cosa sería más difícil. Así, tuvieron que trabajar de modelos. También les iba bien. Ahora me dicen que están en Milán dedicándose a lo que verdaderamente les alimenta el espíritu: el arte. No quiero ser inmoral, pero en Milán están los diseñadores y las pasarelas más importantes del mundo.

–¡Quiubo, Kent! ¿Cómo estás?

Como sucede en las fiestas de extranjeros en cualquier país, en ellas se encuentra por completo la legión extranjera, y ésta no fue la excepción. La amiga de Delacroce ubicó de inmediato a un alemán que parecía diez años menor que ella. Después de un rato, como debíamos ir a otra fiesta, tuvimos que arrancarla literalmente de esas garras teutonas, muy a su pesar desde luego, pero ella manejaba una de las naves. El otro reven nos decepcionó, no porque no estuviera prendido sino porque era pura música electrónica y todavía faltaban tres dj’s por tocar. Regresamos a la fiesta de Tom belga y la amiga preguntó por el alemán. Se había ido. La cara de la pobre se descompuso. Instantes después recuperó el semblante cuando alguien le dijo que era muy probable que estuviera arriba. Entonces... la azotea. Delacrucifixión y yo nos sentamos en un sillón de primera fila, al tiempo que el alemán bajaba y hacía el gesto de inflar un globo a todo mexicano que veía. Por fin encontró a un benefactor oleaginoso y pudo regresar arriba. Creo que fue una hora lo que tardó en bajar la amiga de Delacrujía13. Su cara de felicidad sólo la entendimos cabalmente cuando espetó: “Tenía un año sin hacerlo”.

Parece que una semana después el alemán, del que hay que repetir tenía diez años menos que ella, se fue a vivir a su casa, aunque según cuenta Delacrusli, sólo fueron tres meses, cuando ella se dio cuenta de que dos horas más con el chamaco y hubiera terminado en la ruina económica.

Ser alcahuete en todas sus vertientes es una labor caprichosa pero benévola. En lo particular me gustaría encontrarle un galán a mi vecina Juanita; el problema es que el candidato debe ser algo así como Dorian Gray para que estén en igualdad de condiciones. Y pido muy poco: sólo quiero que se la lleve a otra casa, a otro país, al otro mundo. Siempre he fracasado pero no pierdo la esperanza, pues eso de ser celestino es una actividad divina que, si se realiza con devoción, puede abrirnos incluso el reino de los cielos, aunque sea porque alguien nos pegue un balazo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/15/2003 10:58:00 PM

viernes, octubre 10, 2003

 

Loor de una contestadora

En una sociedad disipada en la que los vehículos de comunicación pasan casi estrictamente por los mass media o la prensa escrita, es necesario señalar un canal alterno, acaso menos pernicioso que los demás (ya lo ha dicho el presidente Fox, "que bueno que no leen, se sentirán mejor"). Sin saldar cuentas con los que no estén en favor, aludo sin más a las contestadoras telefónicas. Herederas de una tradición que pasa por las misivas decimonónicas, la cinematografía de Fritz Lang y las misteriosas señales de humo, estos aparatos documentan una historia extravagante que se extiende hasta el presente: son portadoras de una inmediatez sostenida, pues las voces cuando suenan después de apretar play se reproducen en un estadio de insondable actualidad. Los mensajes en una contestadora, como sucede con las cartas, son en principio deseos esperanzadores que tienen como esencia la expectativa de ser escuchados y luego respondidos con otra llamada telefónica. Quien deja el registro de una voz, propicia, sin saberlo pues no hay tiempo para pensarlo, su inmortalidad.

La secuencia de voces anónimas, un bodegón caótico al más puro estilo de Lichtenstein, simula el coro de las tragedias griegas: un mural acústico cuya principal función es iluminar la parte oscura del depositario de los mensajes, su alter ego, su historia de hombre ilustrado a la manera de Ray Bradbury. Pero la expectativa de quien habla también tiene su contraparte en quien escucha. Cuando la persona que llama no deja un mensaje y se oye simplemente el teléfono colgado, el oyente crea una expectativa a la inversa y se lamenta ad infinitum por la privación de un potencial mensaje, nunca dicho y, por tanto, perdido en una realidad alterna; la cuarta dimensión, dirían los científicos. Una contestadora puede ser, asimismo, un arma perniciosa que atente contra uno mismo; esto si no existe el cinismo suficiente para asumir con sobrada responsabilidad un "me valen madres las llamadas colgadas". No obstante, quien lo asuma como tal es un vulgar mentiroso.

Las contestadoras sirven también como un momento de suspensión entre su dueño y la realidad exterior. Dicho de otro modo, promueven la posibilidad de privilegiar al interlocutor o aventajar a quien llama al responderle la llamada en un momento más adecuado, es decir, cuando le venga en gana. En la taxonomía de gente que enfrenta a la grabadora se incluyen varios personajes: los que dejan mensajes, los que cuelgan y los persistentes que se niegan a hablar con una máquina y amedrentan violentamente con un "¡Contesta, hijo de tu pinche madre; sé que estás ahí!" Consideremos, sin ánimo de ofender a nadie, que esta persona guarda un trauma de infancia del orden "mis papás nunca me pelaron y pensé en matarlos". Sobra decirlo, pero en estos casos hay que contestar sin considerarlo mucho. Otro caso sucede con los mensajes de amor o las voces desconocidas que invitan ir al Más Allá o al véngase pa' cá. Aquí hay que irse con mucho tiento, pues uno se puede llevar un chasco de dimensiones espectaculares. Sin misoginia implícita, a esas mujeres hay que dejarlas en la contestadora.

Mención aparte merecen los mensajes de bienvenida, verbigracia, "no estoy, deja tu mensaje", "te hablo después" o "si quieres mandar un fax inicia la vaca porque no tengo fax". Mi amigo el Mat es especialista en ellos, pues van desde grabar el último comunicado del Supmarcos hasta un "¡Arriba los Pumas, cabrones! Deja tu mensaje si eres tan amable", cuando ganan los mininos. Están los que aman el arte conceptual y ponen completa una rola de Velvet Underground antes de que suene el bip para dejar el mensaje. Evidentemente ya no hay espacio para el mismo y sólo se alcanza decir "Hola, soy...", y pluc, uno se hace Ulises en el acto (para los escépticos, "Nobody", in other words). Aquí suele darse una circunstancia que me encanta: los mexicanos padecen en gran medida, y sin saberlo, el síndrome "Hugo Sánchez", es decir, hablar de uno mismo en tercera persona. Así, los mensajes que abundan en la cintas de contestadora, empiezan contundentemente con "Habla Lupita, Pedrito o Juan de las Pitas" o "Es María, José o el Niño Dios", en lugar de decir "Soy tal o cual güey".

Otro uso de las contestadoras, quizás poco practicado pero sumamente funcional, es el chantaje. Los mensajes grabados son la evidencia perfecta para la coacción de los amigos que tarde o temprano se harán famosos. Por ejemplo, en mi colección de cintas de contestadora hay varios que puedo utilizar en mi favor cuando me encuentre en la inopia. Hay uno alalimón del Fuc y el Olis antológico, que bien podría ser objeto de estudio para los especialistas en problemas alcohólicos; se trata de una borrachera in crescendo. Ese día yo estaba con ellos pero me fui temprano, como a las tres de la madrugada. Así, en lo sucesivo, mi contestadora se llenó de mensajes increpadores que empezaban invariablemente con un "Pinche puto". La última llamada llegó a las nueve de la mañana. La voz del Fuc hacía imaginar lagañas diligentemente incrustadas en su garganta: "Pinche güey, nos abandonaste; necesitamos ayuda, estamos muy mal. Ya salió el sol; mira, salgo a que me dé un poco y tú jetón. ¡Culero, nos abandonaste!" Como ambos aspiran cuando menos a sendos nóbeles, ya estoy preparando mi carta intimidatoria para recibir la parte del premio que me merezco. Otro caso fue el de Jermoc. Un día, cuando vivía todavía en México y abusaban de él en La Jornada, le pidieron un trabajo vejatorio. Corría el 31 de diciembre de 1999 y le tocaba hacer guardia en el periódico para esa noche de año y siglo nuevo (aunque fuera sólo por el primer dígito); su jefe lo llamó para decirle "Jerónimo, se me acaba de ocurrir una idea genial: vamos a publicar el primer nacimiento y la primera muerte del siglo en México; a ti te toca la segunda". Sin estar de acuerdo con la orden del jefe, pero con la firme certeza de que no podía perder la chamba, el buen Jermoc se dirigió el Hospital de Cardiología de la ciudad de México, según las estadisticas, el hospital con mayor índice de mortalidad en el país. Así, mientras la mayoría de la gente festejaba el nuevo siglo, Jermoc acompañaba a los familiares de una persona a punto de morir, aunque él estuviera ahí para hacer su trabajo. "Vida de mierda", pensó al tiempo que injuriaba también a su jefe. Pero el primer muerto del año no llegó en Cardiología sino en la calle. Minutos después de las doce, un abuelo salió con su nieta a comprar unos refrescos. Nunca llegaron: un imbécil alcoholizado a bordo de su auto los arrolló. Las fotos de Jermoc son de la niña en la morgue; cabe decir que nunca la tomó de cuerpo entero sino que fueron placas de muchísimo sentido común: de los pies desde abajo, del cuerpo con la sábana, etc. Las fotos, por suerte, nunca salieron en La Jornada. Lo que vino a continuación fue una serie de disquisiciones acerca de la ruindad humana dejadas en mi contestadora. Todo eso lo escuché una semana más tarde, después de que regresé de vacaciones, y fue algo estremecedor. La última llamada había sido desde un puente del Periférico, adonde se había ido con una amiga a beber champaña. Por algunos días consideré borrarlo, pero después de pensarlo bien, creí que podía utilizarlo para cuando Jermoc gane el Pulitzer. Está de más mencionarlo, pero estamos ante una joya.

Las contestadoras, en resumen, son artefactos que una vez adquiridos no se puede vivir sin ellos. Están a la altura de un refrigerador, una computadora o una wafflera. Sin exagerar la nota, con ellas hay una extraña sensación de sentirse queridos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/10/2003 01:12:00 PM

lunes, octubre 06, 2003

 

Me ha escrito gente para decirme que no existe alguien que pueda robarse una tapa de alcantarilla en el pantalón y mucho menos alguien lo suficientemente idiota para autonombrarse Nicoménicus. En efecto, tienen razón: lo inventé. Lo curioso es que mi mitomanía me ha traído problemas mayores, como el llamado síndrome Monterroso, verbigracia, que hoy cuando desperté la pinche alcantarilla seguía afuera de mi casa.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/06/2003 11:34:00 PM

 

Siempre me gustó el box. El sábado pasado, por azar, vi la pelea de Guty Espadas frente al maestro Erick "El terrible" Morales. Sin esforzarse mucho, "El terrible" noqueó en el tercero con un certero volado a la oreja. Yo estaba en un antro cubano con una amiga, calentando motores para lo que vendría después: una noche de salsa de carrera larga. Por la pelea y el lugar, quise recordar un poco más a los grandes boxeadores cubanos que hicieron su carrera en México. Pensé en Mantequilla, en Ultiminio. El baile pasó, por unos instantes célebres, a segundo término; no obstante, regresó al primero cuando me acordé de que ahora Mantequilla tiene un grupo de salsa. Lo que vino después no tuvo que ver propiamente con box, aunque también se incluyeran ejecuciones cuerpo a cuerpo y cara a cara. Sin saber cómo, de repente y sin proponérmelo, me encontré chupando al lado de jugadores del Zacatepec. Mi amiga me dijo "Te acuerdas que una vez me dijiste que Mario Grana sería el hombre de mi vida, pues creo que sí". En realidad no tenía ni idea de por qué le había dicho eso y ni siquiera de habérselo dicho, pero ya estabamos ahí chupando tranquilos con ellos por los buenos oficios de mi amiga. Resulta que lo vio y dijo ahorita vengo. Lo ubicó cuando el jugador argentino salía del baño y se topó con él, pero no toparse de "cruzarse con él" sino de literalmente clavarle su nariz en el esternón. Perdón, sonrisa y ciao: no funcionó. Pero como el que persevera alcanza, de nuevo el baño, la salida y el esternón. Y ahora sí "Estamos predestinados, ¿verdad?". Y bueno, pues los tragos, eso sí, sin dejar de increparlos: "¿Cómo se revientan si mañana juegan?" "No, jugamos hoy contra las Cobras (equipo de Ciudad Juárez que creo que por allá no conocen) y ganamos 2-0". Sin en algún momento de mi vida tengo que hacer una confesión dura creo que será ahora: el Zacatepec fue mi equipo de la infancia pero dejé de irle cuando descendió la última vez a segunda división y los hinchas cortaron la porterías a machetazos (con qué más). Era ese gran equipo del Harapos Morales, Mario Hernández, Blanco, Castro, los Larios (de hecho Pablo Larios fue el último jugador de segunda división que estuvo en la selección nacional). En fin, ignoro si mi amiga logró hacer migas, llamas, camas o algo con Grana, pues mientras ella hacía su luchita, yo le cuestionaba a Jorge Jerez su mal carácter y qué pensaba de la palabra "hácesela". El Zacatepec es ahora dirigido por el turco Antonio Mohamed y están haciendo una buena campaña.

Todo esto sucedía en el lugar de salsa y yo en ese momento quería, ya fuera, bailar o acordarme de boxeadores importantes y no platicar con futbolistas argentinos de segunda división. Por suerte se fueron temprano y pasamos a la segunda fase de la farra: la borrachera, el dancing y los desaguisados. Puedo decir, sin cortapisas, que soy una persona tolerante, pero hay momentos en que mi tolerancia la canalizo de otra forma; según dice mi mamá, me transformo en un hombre ideático. Yo le llamo, más bien, salud mental. En general hay pocas cosas en la vida que no soporto: los triunfos del América, un tenedor que no esté paralelo o un martini mal preparado; sin embargo, hay situaciones que me desagradan sobremanera, pues me hacen ver la vileza del ser humano. Y es algo, por lo demás, un poco raro. Me refiero a los mingitorios. Y digo "raro" porque normalmente el olor a baño o una orina recién puesta, esto es, con espuma, los soporto sin muchos problemas; incluso una de las mayores diversiones en la vida --permitidas sólo para los hombres-- es tratar de partir el bloque de hielo que se pone en los mingitorios (a esta actividad se le conoce como romper el hielo). Empero, hay una circunstancia que, como las caricaturas, puede hacerme llorar: no soporto orinar en un mingitorio que tenga una colilla de cigarro. Ese día fui al baño, ya no aguantaba y tenía que hacerlo en algún lado ya. El único libre era uno en el que había una colilla. En realidad hubiera optado por un lavabo pero también estaban llenos, así que cerré los ojos y dije va. Me deprimí; olvidé a los boxeadores, al Zacatepec, la táctica de estenón de mi amiga y salí del tocador como alma en pena buscando la indulgencia del mejor postor. En la mesa, mi amiga bailaba con el mesero (más adelante me diría "Voy subiendo de nivel, ¿no?" La última vez había bailado con un garrotero). Mi desgracia era sólo con mi conciencia. Ya en su casa, con la minifalda subida más allá de donde debe subirse una minifalda, me dijo "¿Quieres que te haga un strip tease?" Sin contestarle, terminé mi mezcal y le dije me voy. En el coche de regreso, pensé en la posible derrota de "El Terrible" y las consecuencias al respecto. No había vuelta de hoja: me hubiera deprimido antes de tiempo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 10/06/2003 06:19:00 PM

viernes, octubre 03, 2003

 

¿Qué tiene que pasar para que a António Lobo Antunes le otorguen el premio Nobel de Literatura?

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posted by Carlos Antonio at 10/03/2003 12:36:00 PM

martes, septiembre 30, 2003

 

Mañana comienzo a dar una serie de clases sobre Conversación en La Catedral de Vargas Llosa; sin duda estaría en mi decálogo de las diez mejores novelas de Latinoamérica.

CAS

PD. Como breviario cultural, pongo a consideración del lector el decálogo del maestro Julio Ortega: Las memorias de Mamá Blanca (1926): Teresa de la Parra; Pedro Páramo (1955): Juan Rulfo; Los ríos profundos (1958): José María Arguedas; La muerte de Artemio Cruz (1962): Carlos Fuentes; Rayuela (1963): Julio Cortázar; Paradiso (1966): José Lezama Lima; Cien años de soledad (1967): Gabriel García Márquez; El obsceno pájaro de la noche (1970): José Donoso; La vida exagerada de Martin Romaña (1981): Alfredo Bryce Echenique; El cuarto mundo (1988): Diamela Eltit.


posted by Carlos Antonio at 9/30/2003 12:05:00 PM

 

Hace un momento volvió a visitarme el hada verde. Y aunque dudé un instante en abrirle, al final le permití la entrada. Fue de nuevo, lo sé muy bien, como se le narra en los cuentos: un poco seductora, disfrazada de Marie Brizard y encantada con la música de Rubén Blades; además, fiel a su costumbre, durmió lenguas a setenta grados.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/30/2003 12:19:00 AM

lunes, septiembre 29, 2003

 

Said

Desde la muerte de Octavio Paz, no sentía tanta desolación por la muerte de alguien a quien sólo conociera por su producción artística o intelectual, como me sucedió este fin de semana con Edward Said. Defensor a capa y espada de Palestina (hay fotos de él apedreando al ejército israelí), Said fue sobre todo un especialista en los estudios culturales y autor de dos libros fundamentales para la historia del pensamiento occidental: Orientalismo y Cultura e imperialismo; hace un par de años había publicado su autobiografía, en la que al parecer (no la he leído) están los enigmas intelectuales de este hombre salido del melting pot perfecto: nació en Jerusalem, era católico y tenía pasaporte estadounidense. He de confesar que aunque discrepaba abiertamente de muchos de sus planteamientos, como ver la llamada literatura colonial inglesa estrictamente como una expresión de imperialismo, las lecturas de Said fueron importantísimas en mi desarrollo intelectual. En mi libro sobre El volcán de Lowry hay un capítulo que se llama, sin más, "Said". Desde hacía varios años yo sabía --por amigos en común-- acerca de su leucemia y de que entraba y salía de los hospitales cotidianamente. El martes pasado Hernán Lara Zavala me había dicho que Said vendría a la ciudad de México en un mes. Me emocioné como pocas veces. Ahora, como si las palabras de Hernán hubieran sido emitidas en un pasado indefinido, pienso de nuevo acerca de la vita brevis y, por supuesto, en que los deseos elementales de la vida no son perennes. Por eso, a veces, uno se cuestiona ingenuamente pertenecer a esa extraña taxonomía llamada "ser humano".

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/29/2003 10:13:00 AM

viernes, septiembre 26, 2003

 

El martes pasado en Casa Lamm, uno de los lugares en donde doy clases, se presentó un libro de Natividad González Parás, gobernador electo de Nuevo León. La presentación era al lado de mi salón de clases y mientras don Nati ilustraba su riguroso ideario político, yo les comentaba a mis alumnas cómo no hay que hablar. Pedí un poco de silencio y escuchamos a los comentaristas del libro; más adelante agregué: "Hablando de políticos, quien hoy tiene la patente del verbo cantinflear es Diego Fernández de Cevallos". Me miraron incrédulas pero al final, luego de dos o tres explicaciones contundentes, me dieron la razón. Terminada la clase noté que la crema y nata de la clase política mexicana (incluidos priístas, panistas y perredistas) se hallaba ahí bebiendo vino francés y los acatempazos estaban a la orden del día. Salí en puntas de pie de ese lugar indigno y pedí me coche. La calle había sido tomada por guaruras y los últimos modelos adornaban la acera. Mientras me traían mi coche y como quien pernocta en el limbo, traté de cohabitar con esos rara avis que existen en este país. Fue sólo en ese momento cuando entendí que para ser guarura de político no sólo hay que estar dispuesto a dar su vida por el big chief sino que, sobre todo, ser un poco parecido a él. Uno de ellos les narraba a sus compañeros las vicisitudes futboleras del fin de semana: "No mamen, el pinche Cardozo falló un penalty de la manera más pendeja: el güey estaba solo frente al portero y mandó el balón a un lado".

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/26/2003 09:13:00 AM

lunes, septiembre 22, 2003

 

Durante una semana entera traté de eliminar a Juanita. Después de muchos intentos, incluido el viejo truco del hoyo profundo utilizando la tapa de alcantarilla de Nicoménicus, fracasé (Juanita pasaba y pasaba sobre ella y nada ocurría; cuando yo me paré encima para ver qué sucedía, casi me voy de hocico hasta el primer piso). Ya fuera de mí, ensayé una última opción: como quien tira una colilla de cigarro, dejé una cáscara de plátano camuflada en las escaleras. Por varios días no supe nada de mi conspicua vecina y me dio por celebrar eufórico mi triunfo bailando claqué sobre la mesa. Pero una mañana que salía a dar mi clase, noté que al lado de su puerta había colgado un muñequito con lentes; arriba, una cruz azul bastante mal hecha y, en medio de ambos, la antes mencionada cáscara de platano de color negro. Sobra decir que ni la maté ni hice que se rompiera nada y lo peor: usaba MIS métodos en MI contra (¡bitch!). Desde ese día el Azul no gana un miserable partido y es probable que yo termine pronto en una celda sucia y hedionda, ya sea porque Hacienda se encargue de hacerlo o por reventar cualquier alcoholímetro que tengan a bien ponerme en la boca (olvidé decir que en el paquete pernicioso en mi contra va el hecho de que casi me mato en la carretera: una de las llantas de mi coche tenía como menos ocho libras). Ahora, como todos los lunes, iré con el barbero, con mi contador, y no sería malo, en lo sucesivo, conseguirme un brujo de cabecera que contrarresté la conjura, al cabo que la suerte está echada y cosas peores ya no pueden suceder (esto último no debí decirlo pero ya está: mañana cierran el Corona, Juanita vive hasta los 210, Ana María Lomelí sucede a Marthita en la carrera presidencial y el Chelito Delgado regresa a Argentina por no soportar jugar en un equipo tan malo).

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/22/2003 10:02:00 PM

lunes, septiembre 15, 2003

 

Nunca escribí acerca de la naturaleza del blog. Siempre me pareció algo irrelevante, intrascendente, pues no pasa de ser un divertimento seudoliterario de unos pocos (por supuesto, incluido estoy). No obstante, ahora sé que puede ser un arma dañina que atente contra uno mismo; una navaja de doble filo y sin asidero que secuestre la última parte real de vida que nos ata a esta tierra y a esta Tierra. Entonces es necesario dejarse de mamadas y pensar las cosas en perspectiva, con un poco de cabeza fría, y decirlo de una vez con todas sus letras: el blog no es, como pretenden algunos pícaros neurasténicos, la nueva forma de hacer literatura ni tampoco una moderna fuente de conocimiento; acaso llegue a ser sólo un ejercicio de escritura para algunos (muy pocos, si se me permite decirlo). Y hago esta disertación por lo que pasó el sábado. Eran las cuatro de la madrugada y queríamos una última chela; compramos unas y fuimos a casa de Paty. Ahí, el Fuc --que no podía permanecer parado mucho tiempo más-- cayó fuera de sí en un sillón. Yo serví unos vasos y guardé la cervezas restantes en el refrigerador. Paty, por su parte, fue a su computadora (que dicho sea de paso está en el comedor) y se conectó a la red. Sólo hasta que pasaron varios minutos y yo chupaba solo en la sala con el cadáver del Fuc, entendí que Paty estaba en el blog, obsesionada por saber los comentarios de sus posts. Sentí abatimiento, hastío, y pensé qué estoy haciendo aquí. Terminé mi cerveza y me fui. Ella se quedó escribiendo frente a la computadora: vivir para bloguear era ahora el asunto inmediato (Nicoménicus me dijo después "A mí me hizo lo mismo la noche anterior"). Al día siguiente me acordé de Until the end of the world, la película de Wim Wenders. En ella, al final de una caótica persecución, los protagonistas recalan en el desierto australiano (el fin del mundo), donde un hombre escalofriante ha creado la máquina de los sueños; esto es: un aparato que permite proyectar en imágenes los sueños de las personas. Las imágenes son borrosas, casi sólo de siluetas; funestas. La obstinación por conocer los sueños, entonces, se potencia y la gente empieza a vivir para ello. La mitad de su vida duerme para soñar; la otra, para observar las imágenes oníricas. Un día hay una crisis de energía en la Tierra y la máquina deja de funcionar; los soñadores, al carecer de su razón para existir, buscan el suicidio. Al final lo que perdura, y es en parte la tesis de la película, es la palabra escrita, es decir, la historia de esta máquina formidable escrita por otra de mayor alcance y perdurabilidad: una Rémington decimonónica. El peligro del blog es no darse cuenta de que acaso uno es el creador de seres humanos de "Las ruinas circulares", el fotógrafo de "Las babas del diablo". De repente no sería malo regresar al papel así como los melómanos lo hacen con los acetatos. Ahora que releo a Onetti pienso que él, como muchos otros, nunca tocó una computadora; sin embargo, es alguien que puede hacerme llorar. Si alguna certeza tengo en este instante es que un blog jamás podrá hacerlo (ni siquiera los que están para llorar).

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/15/2003 03:30:00 PM

sábado, septiembre 13, 2003

 

Desde hace una semana tengo un billete falso de cincuenta pesos en la cartera. Y aunque ignore quién me lo dio, hay que hacer notar que el maestro Morelos aparece un poco deforme. Cualquiera que no lo conozca pensaría en él como un vulgar facineroso, un hombre más cercano a Chucho El Roto o a Luis Candelas que a un ilustre prócer. En todo caso, sería una circunstancia agradecida por el gran Juan Nepomuceno Almonte, quien perdería ipso facto su bastardía. El billete sigue en mi cartera y, por designios inexpugnables de mi memoria, he intentado darlo tres veces. Las tres me dijeron "su billete es falso, joven". Yo, quizás por desidia o vértigo, sigo sin aceptar que sea falsificado. Acaso ahora que se acercan las fiestas patrias sea bueno recapitular y pensar que si un héroe aparece en un billete falso sea porque él mismo es un personaje apócrifo.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/13/2003 02:43:00 PM

viernes, septiembre 12, 2003

 

Las consecuencias de los encuentros de poetas son desastrosas por varias razones: 1) no soy poeta, 2) son amigos a los que no se ve muy seguido, pues no viven en la ciudad, 3) son alcohólicos y drogadictos, ergo, hay que gastar mucho dinero, 4) las mesas son tan aburridas que la banda lo único que desea es que se acaben cuanto antes para emborracharse, 5) bailan mal, 6) son carnales y hay que estar dispuestos a por lo menos un día de dedo gordo, 7) uno desea que se vayan cuanto antes si es que se desea vivir algunos añitos más.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/12/2003 07:31:00 PM

martes, septiembre 09, 2003

 

Leo, en el último Proceso, que Julio Sherer se tomó unos "huisquis" con Salvador Allende. Más allá de hablar de uno de los momentos medulares en la vida de "Don Julio", me interesa aludir a la manera de enunciar tan importante bebida: huisqui. Hay que acotar varias cosas. Por un lado, hay una diferencia en la forma de escribirla por parte de escoceses y gringos; cuando se habla de un scotch se escribe whiskey y cuando nos referimos a un bourbon ponemos whisky. Asimismo, para castellanizar la palabra algunos escritores vanguardistas escriben "güisqui" (cosa que no deja de extrañar, pues estoy seguro que nunca escribirían Froid en lugar de Freud, Rambó en vez de Rimbaud o Camiú donde va Camus). Yo jamás, en todo caso, he escuchado decir "huisqui", así, con la "h" muda como debe ser en español. Es como si dijéramos, por ejemplo, "me da hueva" en lugar de güeva. Por lo demás, cualquier despistado podría pensar que Huixquilucan es el lugar de origen de este licor. Creo, sin ánimo de ofender ni polemizar con don Julio (quien merece mi admiración y respeto), que bien podríamos escribir en castellano "whisky" y pronunciarlo, sin más, güisqui, pues en español la "w" se pronuncia como "gu" y la "h" es muda. Hay palabras, por otra parte, que han sido castellanizadas por completo para evitar errores de pronunciación, verbigracia, jaibol (whisky con agua mineral), que viene de highball, una copa alta (algunos dicen que el jaibol puede ser, además, ron, tequila, ginebra o vodka con soda, ginger ale o agua quinada, pero es una vulgar falacia). Otro ejemplo es la palabra jonrón, de home run, y así sucesivamente. En fin, salú.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/09/2003 01:30:00 PM

 

Mañana doy una clase sobre La invención de Morel de Bioy Casares. Coincido con Borges en que no es una hipérbole calificarla como perfecta.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/09/2003 11:04:00 AM

lunes, septiembre 08, 2003

 

Los llamados globalifóbicos son personajes que, por lo general, me desagradan. Sobre todo porque sus sapientes apreciaciones como que un McDonald's representa el capitalismo y, por lo tanto, hay que apadrear sus ventanas, rebasan por completo mi panorama hermenéutico. Sin embargo, y siempre habrá que decirlo, es una exageración lo que de ellos se dice en los medios a propósito de la reunión de la OMC que se realizará esta semana en Cancún. Pensemos que acaso puedan rayar algunas bardas, escupir uno que otro Burger King o mearse un poquito a las afueras del Centro de Convenciones donde se realizará la Cumbre; pero de ahí a pensar en ellos como auténticas hordas de fieros astrogodos hay una gran diferencia. Por esa razón, Cancún es ahora una moderna ciudad amurallada y la sede de la cumbre uno de los lugares más seguros del mundo. Me da curiosidad, por lo demás, cómo nuestro H. Ejército Nacional contrarrestaría un scud bien puesto. No olvidemos que se acercan los festejos.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/08/2003 11:56:00 PM

domingo, septiembre 07, 2003

 

El mejor jugador, según la prensa argentina, en el empate de ayer de su selección fue el Chelito Delgado. Ojalá algún equipo europeo no nos lo quite a la malagueña.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/07/2003 11:52:00 AM

sábado, septiembre 06, 2003

 

Hoy es un día aciago. La ausencia de una señora que me haga el aseo ha empezado a rendir frutos; me acabo de encontrar un ciempiés al lado de una maceta. Sobra decir que vivo en un tercer piso y la maceta está dentro de mi casa (lo pisé; no murió. Me debatí con cada uno de sus pies pero siguió vivo. Entonces tuve que quemarlo parte por parte). Además, la tapa de alcantarilla de Nicoménicus sigue aquí afuera, Playboy Channel lo han doblado por completo al español y al rato tengo que acompañar a Miriam a que le saquen las muelas del juicio. Esto último no tendría ningún asegún si ella llegara, se sentara tranquilamente, la doparan como Dios manda y, sin más, se las extrajeran; pero no es así y sufro por ello. De entrada puedo decir que no soporta que alguien más le meta nada en la boca (lo único que acepta, con trabajos, son los cubiertos). Está de más decir que los dentistas la padecen, pues les quita la mano cuando intentan observar con un explorador de qué se trata su dentadura. Tenía diez años de no ir al dentista y ahora le van a quitar un par de muelas. Me preguntó si se podía morir y le contesté que dependía de que se estuviera quieta para que el dentista no le clavara la jeringa de anestesia en la glotis. Por supuesto me arrepentí en el acto porque, por lo demás, es una probabilidad muy alta. El Fuc dice que debiera tomarse unos valiums para que esté más tranquila; yo, por si las dudas, ya tengo preparado un lazo que utilizaré a la menor provocación. Por eso concluyo que hoy es un día aciago: un ciempiés, una alcantarilla, Playboy Channel en español y una mujer con dos muelas menos, que seguramente dirá que el futbol acrecienta su dolor y mejor apague la televisión.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/06/2003 02:52:00 PM

viernes, septiembre 05, 2003

 

Esta crónica apareció publicada hace algunos años en La Jornada, cuando a la comandancia del EZLN se le ocurrió darse una vuelta por el país. Con ella me gané a nuevos y distinguidos enemigos que no me han dejado dormir desde entonces. Sirva este recuerdo para mover las fibras sensibles de Marcosín y nos ilustre con un nuevo comunicado.


Esperando a Marcos

No hay nada que hacer... Empiezo a creerlo. La plaza de Armas de Cuernavaca es una verbena popular. Lo vendedores ambulantes, tendidos a un lado del asta bandera, ofrecen suvenires para todos los gustos. Hay muñecas Ramonas, múltiples pasamontañas y, sobre todo, playeras con la efigie del subcomandante Marcos. Las que más se venden son en las que hace una seña obscena. Marcos, todos lo sabemos, es en principio un provocador. En el improvisado templete se gritan consignas en favor de los neozapatistas y grupos "alternativos" se avientan rolas de protesta. El grito más común entre la gente es "¡Pinche gobierno!". También, quien tiene que bailar con la más fea es el buen Marco Tafoya al echarse numerosas canciones cocinadas allende Xoxocotla y enserñárselas a un público revolucionario que no quería aprender. Hasta adelante, la muchedumbre se arremolina para ganar un lugar y poder ver de cerca al Sub. Es muy probable, incluso, que alguna mujer esquizofrénica haya aventado un sostén al escenario. Nadie se mueve de su lugar. Marcos no tiene seguidores; tiene fans.

Las consignas en favor de los zapatistas son numerosas y atávicas. El grito de "E-Z-L-N, E-Z-L-N" permea el centro de esta ciudad. Parece que las viejas revoluciones sesentayocheras regresan con nuevos bríos a una época de falsas ilusiones y realidades virtuales distintas a las de antaño. Al final siempre serán iguales. Es, entonces, el zócalo de Cuernavaca un espacio abigarrado y lúdico; de encuentros y desencuentros instantáneos; de máscaras danzantes y humanizadas; de recuerdos oscuros y acaso inciertos. Es este lugar de dudas y lamentaciones una tierra de nadie (hay quien dice que es la de Zapata), a la que llegarán personajes sin rostro salidos de una obra de Pirandello y que buscan ser incluidos en un nuevo libreto. "Zapata vive", escucho decir a un niño al lado mío que no debe pasar de 16 años. Es cierto, Zapata vive, así como el Che, así como Marcos. Todos son imágenes vivientes pertenecientes al pop art, a la cultura de masas, a las banalidades comerciales que hacen que Marcos aparezca por igual en la portada de Time que de Vanity fair, que Mike Tyson tenga tatuado un "Che" en el pecho y que Antonio Banderas quiera interpretar a Zapata y hacerlo ver un latin lover. Son, como muchas cosas de la vida, imágenes vacías. Siguiendo a Baudrillard: el origen del crimen perfecto.

Es mediodía en la capital morelense. En los periódicos se ha dicho que el arribo de los zapatistas al zócalo será a las doce en punto. Sólo los ingenuos lo creen así, pues desde que empezó la marcha no han llegado puntuales a un solo mitín. El mismo Marcos se disculpa cada vez que cierra con broche de oro las participaciones de la Comandancia Zapatista. La expectación, sin embargo, es descomunal. La gente espera a los comandantes como una teenager a su artista preferido afuera del hotel donde se hospeda. No obstante, el tiempo es implacable: sigue su curso. Con unos amigos, concluímos que estos muchachos tardarán mínimo dos horas en hacer su entrada triunfal. Por eso tampoco puedo dejar de pensar en el ejército Trigarante. Los neozapatistas ya lo superaron: han tenido entradas similares en muchas más ciudades, no sólo en una. Durante las primeras cervezas, empiezan los rumores: se accidentaron a la altura de Huitzilac; Marcos está con el pescuezo quebrado; David se ha quedado sin piernas. Al final son eso nada más: rumores. Regresamos a la plaza y ya la gente empezaba a quejarse: "Hemos ido a tres cafés y no llegan estos cabrones". También por ahí, un muchacho, desconsolado, buscaba a un zapatista que se le había perdido. Le pregunto si llevaba pasamontañas y me responde que es un viejo combatiente zapatista, que tan pronto lleguen los comandantes lo va a trepar al templete para que esté con ellos. Me imagino entonces que no debe ser difícil encontrar a una momia en el centro de Cuernavaca.

Aunque "La universal" está llena tenemos suerte de encontrar una mesa libre. Consideramos que es un buen lugar para ver cuando lleguen. Antes de ello, tenemos que driblar dos o tres cinturones, creo que les dicen de paz, para llegar a un sitio menos aburrido. Desde ahí observamos que el sol ha hecho que la banda se ponga como loquita; algunos intolerantes empiezan a insultar a los comandantes. Todo ello hace que la cosa no me quede muy clara y piense que es muy probable que la Comandancia Zapatista esté en contubernio con los restaurantes de los centros de las ciudades que visitan. Así, ellos llegan tarde, la banda consume cerveza y café como degenerada, y los zapatistas reciben una partida por las ganancias a través de su representante: el comandante Germán.

Son ya las dos y empiezo a considerar la posibilidad de perderme el magno evento, pues doy una clase en la ciudad de México y tengo que salir a más tardar a las cuatro. Godot y la carta del coronel empiezan moverse fantasmalmante. Sin embargo, como en los partidos de futbol emocinantes, nadie se mueve. Pero se desesperan. Entonces Javier Sicilia aparece vestido de beduino, con algún trapo extraño en la cabeza, y quejándose: "Llevo aquí desde la nueve". Carlos Monsiváis, por su parte, se camuflajea de la mejor manera posible y sale rápidamente de su escondite en "La universal" para que ningún reporterillo le pregunte "¿Qué opina usted de la marcha, maestro?" Por cierto, ese día confirmaría mi tesis de que hay varios Monsiváis deambulando por ahí: en la noche me encontraría con otro en la presentación de un libro en la ciudad de México. En pocos minutos, los compañeros, compañeras y compañer@s piensan que la supuesta visita sólo es una estrategia publicitaría zapatista para hacerse promoción. Otra cerveza más y a lo lejos se escucha a la maestra de ceremonias diciendo que había gente en la azotea de Palacio de Gobierno, como sugiriendo que son espías oficiales. Algo está claro, si hay "espías del gobierno" no van a ser lo suficientemente idiotas para ver a los posibles "revoltosos" desde la azotea de Palacio de Gobierno. A veces subestimamos demasiado los servicios de Inteligencia de este país.

Otra cerveza y empiezo a entristecerme porque la posibilidad de ver a Marcos se esfuma. Hasta mis binoculares llevo para ver si en efecto el Sub tiene barba o no; por lo menos quiero escuchar que lea su lista del supermercado. A lo lejos, los cinturones de paz empiezan a cansarse y sus hebillas se aflojan. Para qué se mortifican: los zapatistas prefieren los cinturones italianos; dicen que son de mejor calidad y aparte blancos. Tres y media y la cerveza empieza a hacer su efecto; esos cabrones siguen sin llegar. Pienso de nuevo en Marcos y su hablidad para fumar pipa en medio de un aguacero endemoniado. Debe de haber alguna táctica especial. En eso alguien grita que están por la glorieta de Tlaltenango; la gente se pone de pie para ganar un buen lugar. Quién haya estado alguna vez en el carnaval de Veracruz sabrá a qué me refiero. Yo también me levanto pero para dirigirme a la terminal de camiones y partir al Defe a dar mi clase. Me he perdido la posibilidad de ver en vivo y directo a los zapatistas, que por cierto regresan a su tierra, una tierra que, dicho sea de paso, nunca han pisado. A mi clase llego tarde y tengo que decirles a los alumnos que la culpa es de los zapatistas. En la noche medio veo las noticias y medio me entero del discurso de Marcos en Cuernavaca. Al día siguiente, los periódicos destacan sobre todo que el gobernador panista dio el día de asueto, seguramente obligado por el gobierno federal, y los textos de los cronistas oficiales del zapatour son como demasiado ambiguos y soporíferos. Como se espera a Godot, aguardé a Marcos para ver si en efecto era alguien de carne y hueso y si tenía algún parecido conmigo, pues por ahí se dice que todos somos él. Pero nunca llegó, o por lo menos a mi nunca me constó. Lo que vi fue solo la pirotecnia aparentemente revolucionaria de la llamada sociedad civil, un ente abstracto que a nadie le queda claro qué es. Lo único transparente en ese momento, y por eso creo que no me fui con las manos vacías, fue conocer el último grito de la moda revolucionaria: pasamontañas, huaraches, blusas de manta y pipa. ¿Qué? ¿Nos vamos?... Vamos.

CAS






posted by Carlos Antonio at 9/05/2003 02:26:00 PM

miércoles, septiembre 03, 2003

 

Otro texto escrito hace siete años:

Crónica de un primer año clínico y convulso

El ejercicio de recordar rebasa las cualidades humanas y trasciende como una verdad extraña. La memoria se impregna de un escepticismo viscoso y oculta los límites entre el pasado y el presente. Como si el ser humano se llamara REMEMBER. Nací el 25 de noviembre de 1972, en una familia que en teoría era de clase media alta, pero en la que inexplicablemente a veces sólo había dinero para comer arroz y frijoles. Mis padres, Tere y Carlos, enfermera y cantante de ópera, vivían con mis abuelos paternos en la colonia Lindavista de la Ciudad de México y pasaban largas temporadas en la casa de mis bisabuelos de Cuernavaca. Desde el vientre materno tenía ya esa cualidad dickensiana de vivir entre las dos ciudades.

Corría la mitad de noviembre del 72, y mi mamá empezó a sentir mis pataditas en su vientre, que dicho sea de paso no tenían nada de pequeñas porque ahora calzo del 33, y dijo que había llegado la hora. Toda la familia, ante la expectativa de que la llegada del primer nieto varoncito se acercaba, salieron de inmediato hacia el sanatorio Guadalupe Tepeyac, al que entraron en fila india, para salir de igual forma veinte minutos después cuando el doctor le dijo a mi mamá que todavía faltaba para que me recibieran en el mundo exterior.

No fue sino hasta finales de mes que los alcancé en el tiempo para que me padecieran en el futuro. Siguiendo la mecánica acostumbrada, entró toda la familia al hospital, anhelando que no se repitiera el ridículo de días anteriores. En esa ocasión no los hice quedar mal. Mi mamá, al verme, dijo hola niño y mi tía, enfermera también y que había estado en el parto, cómo que hola niño, si es tu hijo. Mi papá, como buen tenor y avezado en las cuestiones vocales, comentaría después que su hijo había llorado con voz de bajo. Yo lo primero que vi fue la radiante intensidad de un foco de 100 watts.

Puede pensarse que el primer año de cualquier infancia es monótono y aburrido porque uno no recuerda nada; sin embargo, por la solicitud demandante de mi falsa modestia, me es obligatorio relatarlo, si no con lujo de detalle, sí con ciertas particularidades que me parece importante resaltar. Como puede suponer la gente allegada a mí, nunca fui un niño remilgoso, es más, si a mis padres se les olvidaba darme leche caliente con chocolate antes de dormir, lo más seguro es que recibieran de mi puño un recto al mentón, acompañado de lágrimas y gritos que les harían pasar una noche insufrible. Por lo tanto, la decencia de quien siempre ha tenido buen diente se imponía en el lugar y le dio un giro radical a la cotidianidad que existía en una casa en la que el jefe, mi abuelo, era excelente vendedor de desinfectantes para baño, que podía tener, como todo, buenas y malas jornadas, pero que cuando se trataba de las segundas, lo más probable era que no hubiera dinero para comer el día siguiente; y mi papá, artista y promotor cultural, habiéndose quedado en el sexto semestre de derecho, hacía el nada agradable papel de gato-gato en la compañía de Patentes y Marcas del jeque de la familia, mi tío abuelo José de la Sierra, alias Bubi. A los seis meses de trabajar con él, abandonó su despacho y se dedicó a hacer conciertos por toda la república. Mi mamá era su representante y yo su hijo, al que trataban de dejar a como diera lugar con su misma madre y los abuelos, porque si me llevaban lo más seguro habría sido que me quedara encerrado en el baño del hotel y él tuviera que gastar el dinero ganado por el concierto en un cerrajero, como había sucedido en San Luis Potosí y en Querétaro. Habría que acotar aquí que aprendí a caminar a los nueve meses, a hablar para que me entendieran como al año y medio y a pegarles a mis hermanas pequeñas tan pronto salieron del útero materno.

Y como el contacto a los nueve meses era constante con el piso, la primera palabra que dije, para indignación de mis padres, fue Peki, nombre de la perrita pekinés con maltés (siempre me dijeron que esa era su raza), que teníamos en la casa. ¡Cómo no fue a decir lo que dice cualquier niño normal, mamá, papá o caca!, dijeron. El caso es que cuando uno tiene un año de edad lo que importa son las cosas importantes, así que para mí la Peki, de eterna mirada melancólica y pelo hacia atrás como peinado con gel, lo era. Después aprendí las palabras acostumbradas, formadas por repeticiones de sílabas, y mis papás se tranquilizaron.

Siempre fui un niño muy sano, salvo contadas excepciones coyunturales en las que nada tuve que ver. Al año de nacido, ya vivíamos casi todo el tiempo en Cuernavaca y, como buen lugar caluroso, las inclemencias del clima jugaron un papel fundamental en la vida cotidiana. Por razones que todavía no me explico y ante las que mis papás, sufriendo una demencia muy sospechosa, me dijeron que no supieron qué pasó, me deshidraté en un tiempo record: tres horas. En el hospital el médico dijo que la siguiente expulsión habría sido la del intestino delgado. Para fortuna de todos, en algunos días ya estaba recuperado.

A los pocos meses, una epidemia de sarna invadió la casa. Todos teníamos que bañarnos mínimo dos veces diarias, lavar las sábanas también dos veces, aplicarnos una pomada infumable, etcétera. Yo sé que en esos momentos de preocupación había que extremar los cuidados. El problema fue que mi mamá las extremó en extremo y, sin mala intención, ingenua y clandestinamente puso insecticida en mi cuna cuando no estaba. Ni para darme cuenta. Como ya lo había sugerido, yo era un niño inquieto, fuerte y simpático, pero ante una ración doble de DDT entre las sábanas no pude hacer nada. Trataba de pararme en la cuna para pedir mi leche y me desvanecía rápidamente sobre el colchoncito. Mis papás me vieron y pensaron que estaba jugando. Qué chistoso, mira cómo se cae. Pero no fue chistoso cuando ya no me levanté y vieron que tenía los ojos desorbitados, como los del chimpancé eléctrico que tocaba lo platillos, mi juguete preferido en mi temprana niñez, que estaba al lado de la cuna.

El cantante de ópera y la maestra de enfermería se espantaron y salieron como Dios sólo sabe dar a entender, directo a la Cruz Roja. Y nada. Me estaba muriendo y los incompetentes médicos del hospital, seguramente con la característica típica de los hospitales provincianos, dijeron que con unas aspirinas me aliviaba. Mis papás ni siquiera esperaron que terminaran de decir la palabra aspirina y salieron del hospital. ¿Qué hacer? Pues la última opción: una ambulancia y vámonos a México. Y así fue como por primera vez me sentí en una serie televisiva estadounidense. Mi papá adelante en su coche, abriendo paso a una ambulancia cuyo chofer en su vida había manejado en la gran ciudad y atrás mamá, con lágrimas en las mejillas diciendo "no te mueras mijito, por favor" y su servidor pensando, "ya mamita, ni es para tanto. Sólo fue una pequeña dosis de insecticida. Ya me recuperaré, no te preocupes". Llegamos al hospital, no recuerdo cuál, pero seguramente fue uno bueno, en donde –en teoría– pudieran salvarme la vida. Así fue. Sin embargo, no todo en este mundo es tan maravilloso. A mis papás les dijeron que estaba a salvo de la intoxicación, pero que durante mi breve paso por la Cruz Roja de Cuernavaca había pescado una bacteria que sólo vive en los hospitales. Mi mamá, con su experiencia en este tipo de lides, entendió de inmediato lo que era una seudomona. Yo todavía sigo sin comprender qué es.

Con estas primeras experiencias en los hospitales, cada vez que me acuerdo o paso por uno se me enchinan los pelillos de la nuca y estornudo entre nueve y diez veces. Mi hermana menor es médica (en la casa se le conoce como la doctora Titi). Cuando de repente me sale un fuego en el labio, en lugar de que me diga tienes un fuego horripilante comenta, con propiedad médica, tienes herpes zoster. Yo sólo encojo los hombros y me chupo las comisuras; para eso no hay que ir a atenderse a una clínica.

CAS


posted by Carlos Antonio at 9/03/2003 09